martes, 31 de mayo de 2011

PERSONAJE LITERARIO



Personaje literario

Soy crédulo y paciente
aunque mis días recorren
una topografía de sucesos mágicos.
Otros criticarán mi mansedumbre.
La voluntad merece
un exiguo salario,
una pequeña nota a pie de página
en clave de novela policial.
Tengo fe en quien me escribe:
en los renglones últimos
resolverá el misterio,
ahuyentará las nieblas y el cansancio
y hará las oportunas correcciones
para que en la partida prevalezca
la propia identidad.
Es el orden común de la supervivencia.
Salvo magulladuras, sigo intacto.

             (Mapa de ruta, pág. 76)

domingo, 29 de mayo de 2011

UN PASEO POR LA FERIA DEL LIBRO


  Si el aguacero se instala en el cielo de finales de mayo es una buena señal. Comienza  la FERIA DEL LIBRO DE MADRID, una algarada multitudinaria de casetas, libros y paseantes desperdigados por las avenidas del Retiro. Desde el angosto espacio interior un rostro más o menos conocido ofrece con su mejor sonrisa ejemplares impolutos de su novedad literaria. Incluso los que no están, permanecen en la retina de los habituales:  permanecen las sombras de José Hierro, Carmen Martín Gaite o José Saramago... Pertenecían a la casta fuerte de escritores de raza que convoca grandes colas  sin que importara demasiado el género literario de su última salida.
   Otros son ahora los preferidos por el mercado: Javier Marías, Almudena Grandes, Carlos Ruiz Zafón, Mario Vargas Llosa... y con ellos se vuelve a cumplir el mismo rito de paciencia para que el ilusionado lector vuelva a su casa con una dedicatoria personal.
   Firmaré en la FERIA la tarde del 11 de junio, en las casetas 169-173 de ANAYA-CÁTEDRA, ejemplares de Ropa de calle y en este blog dejaré constancia del encuentro imprevisto con el lector, de ese diálogo apresurado en el que el libro tiene la última palabra.
    

viernes, 27 de mayo de 2011

UNA TARDE CON LUIS GARCÍA MONTERO


    Decíamos ayer...

 Es un verdadero placer presentar la edición de Ropa de calle en La Central, a la sombra amable del Reina Sofía. Quiero comenzar este acto agradeciendo al coordinador, Manuel Asín, su hospitalidad y  disposición.
    Este trabajo no hubiera sido posible sin el apoyo y el empuje de Josune García,  directora de la editorial  Cátedra y de Letras Hispánicas, una colección nacida en 1973 con un catálogo de clásicos de la literatura española y universal que ha propiciado la educación estética de varias generaciones.
  Es obligado recordar ahora la colaboración del poeta y fotógrafo José Javier González, de quien es la imagen de cubierta que tan acertadamente resume el sentir del libro.
  Ropa de calle tiene un protagonista central, Luis García Montero, cuyo quehacer es brújula de estas páginas y cuya amistad solventó dificultades  y dudas.
  A todos muchas gracias. A ustedes también, por su compañía. Hay literaturas que no permiten la indiferencia. Por eso, aunque  la idea de esta edición tomó forma hace dos años, es un sueño antiguo que maduró con las sucesivas entregas del poeta. La generación novísima estaba casi al completo en el canon de contemporáneos en Letras Hispánicas y pensé que Luis García Montero era el nombre fuerte, destinado a abrir senda a la promoción siguiente. Su calidad y su apoyo de crítica y público lo demandan; nunca ha sido un poeta misterioso y recóndito sino una identidad en la que se manifiestan con sosegada convencía el escritor y el ciudadano, estética y actitud del ser individual en lo colectivo.
   Mi propuesta es una invitación cordial a la lectura. Uso un adjetivo machadiano; cordial significa que la voz poemática comparte un itinerario vital que aglutina pensamientos, sensaciones y sueños; que habla desde la cercanía y se muestra asequible, que reivindica “la dignidad humana, la conciencia encendida y el diálogo con los otros “.
  Esta edición también confía en el alcance de futuro; frente a marbetes coyunturales y escrituras efímeras, Luis García Montero está llamado a ser figura tutelar de la poesía del siglo XXI "


 
     

martes, 24 de mayo de 2011

JOSÉ JAVIER GONZÁLEZ. FOTOGRAFÍA

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   Para los aficionados a la fotografía la práctica del blanco y negro conserva todavía un prestigio clásico. La gama de grises y el contraluz incrementan la expresividad y conceden al movimiento una dimensión estática. Pero el color en la imagen es más vital, fomenta la calidez de diálogo, se torna descriptivo y demanda al espectador respuestas sensoriales.
   Desde que conocí las primeras fotografías de José Javier González (Madrid, 1956), a principios de 2005, sentí una clara afinidad hacia sus instantáneas. Las distintas series constataban un trabajo riguroso en la búsqueda de acercamientos a lo real, en la conexión entre individuo y entorno. 
   Disfruté con sus retratos personales –su cámara buscó la expresividad de mis manos ante el folio en blanco- y cada una de sus propuestas captó las sensaciones que me concedía el libro Mejores días, una colección de aforismos que amanecía entonces de la mano de la editorial emeritense De la Luna Libros.
   La fotografía de cubierta de Ropa de calle (Letras Hispánicas, Cátedra, Madrid, 2011) resume las ideas que vertebran mi estudio crítico sobre Luis García Montero: el realismo transcendido, el ambiente urbano, un protagonista verbal de perfil difuso, la calidez del rojo, la ropa de calle que cubre cada una de las certezas…
   El jueves 26 de mayo se presenta el libro a las 19,30 en La Librería  La Central del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Luis García Montero leeré sus poemas. Yo sentiré, con el temblor de siempre, el afecto y la compañía de unos cuantos amigos que han acompañado mi viaje por la literatura.  Y habrá una fotografía de José Javier González que refleje ese instante.

domingo, 22 de mayo de 2011

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ: SUJETO ACTIVO.

Una aproximación al desconcierto
Javier Sánchez Menéndez
SIM/Libros, 2011

    Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) personaliza una voluntad plural. En el municipio de la literatura, nomadea entre la edición, el ensayo, la crítica, el articulismo y la poesía. Mientras prepara la compilación de su itinerario lírico iniciado en 1983 con Motivos, entrega Una aproximación al desconcierto, poemario breve, pese al largo paréntesis de silencio desde La muerte oculta.
  El título del poema inicial alude a un consensuado concepto de la infancia que, exento de cualquier metafísica, quiebra la representación idealizada, esa leyenda de un paraíso temporal lleno de luz: “Todos los niños éramos cabrones”. Tal afirmación sugiere que en el roce con lo diario los alevines no pueden desasirse de la trama de sentimientos contradictorios que marcarán el recorrido hacia la vida adulta. Es lo que constituye el aprendizaje; la superación de estadios previos conlleva además un sistema lingüístico; la palabra define la propia personalidad.  
   Pero ese ejercicio de recreación del ayer no es un acto solipsista. El yo sale a escena con la alteridad, comparte historias, dialoga con otras dubitaciones, apuntala creencias mientras lo vivido se torna materia de elegía: “Las tardes del verano de mi vida / adquieren el recuerdo, / los cien años de historia compartida, / las horas del reloj que no funciona. / No presentas batalla si te odio. / No suena el corazón de la nostalgia, / así nos muestra el humo su reclamo.”
  En su variada coloración por el prolongado periodo de escritura, la poesía de Javier Sánchez Menéndez se enuncia en tono menor; cuida el afán comunicativo y rebaja la solemnidad del discurso. De cuando en cuando, lo popular se abre hueco. Así sucede en “Primer amor”, donde el neologismo, la rima y las palabras de uso coloquial componen un sencillo puzle para divertimento del lector: “Pides que te quiera más. /¡Oye, las chuches son mías¡ / y para ti el geyperman“. Las interferencias de la oralidad dibujan sonrisas.
   En la progresión del libro están presentes registros bien conocidos. Así la ironía, una ironía leve que erosiona las tribulaciones de la queja existencial, recuerda a la del asturiano Ángel González – también algunos títulos de poemas – y otras a las expresivas humoradas del sevillano Javier Salvago. No falta el homenaje amical en el poema escrito al modo de Abel Feu, ni esa delgada llama del haiku, no siempre con el esquema métrico habitual. La escueta estrofa abandona su lánguido color de ambiente para acercarse al dictado aforístico: “Esta soledad / requiere alguna dosis / de egoísmo”.  
  En torno a lo cotidiano siempre merodea el desconcierto, esa indefinición de lo posible que empuja a confundir las direcciones, a perderse en los vericuetos urbanos, como resume la imagen de cubierta. El hablante lírico comparte su optimismo confesional: si algo enseñan los años es la oportunidad de volver a intentarlo;  hay que optar por la desobediencia y huir del latido rutinario. La imaginación sueña con las posibilidades de lo inédito, con el impulso de aquellos que defienden que “Amar siempre se escribe con hache intercalada”.

                                                               

viernes, 20 de mayo de 2011

TEORÍA DEL SUEÑO


Teoría del sueño

Todo sueño cumplido es prematuro.
Su tácita presencia pone en duda
que hasta ayer mismo fuera
objeto de un afán cuyo rescoldo
no se apagara nunca.
La posesión no acalla
esa voz inquietante
que aspirara a lograrlo
ni da paso a la tregua
que permite el sosiego.
Intangible y fugaz
como el vuelo de un ángel,
los perfiles del sueño no conocen
la hondura hospitalaria del espejo
ni el peso de la luz.

           (Mapa de ruta, pág. 62)

miércoles, 18 de mayo de 2011

LOS OLVIDADOS DEL ORFANATO

Los olvidados del orfa
Alfonso Gutiérrez Villacañas
ZoomArt Diseños, Madrid, 2011

   En los inicios de la década del sesenta, en el pasado siglo, la existencia diaria era difícil, casi un ejercicio de supervivencia. El consolidado  régimen de Franco celebraba sus veinte años de paz  aislado de la comunidad  internacional y una España rural proclive al luto, en la que aparentemente nada ocurría, soportaba jornadas laborales extenuantes y modos de vida decimonónicos. Mientras, un nuevo invento, la televisión, con interferencias e imágenes en blanco y negro abría una pequeña ventana rectangular al escaso ocio festivo.
   Ese es el trasfondo histórico de Los olvidados del orfa, un conjunto de minirrelatos escrito por Alfonso Gutiérrez Villacañas (Madrid, 1954), huérfano de padre desde los cinco años, internado en un orfanato durante  tres lustros, y con una larga experiencia como profesor en Rivas-Vaciamadrid.
   El avance argumental es fragmentario; acumula historias muy breves, a veces narradas en primera persona, como estampas autobiográficas, y otras con la voz distanciada del narrador omnisciente. Son secuencias que describen el trasiego diario del Orfanato nacional de Carabanchel, cuyas instalaciones hoy reconvertidas en edificios institucionales grabaron el aprendizaje sentimental de varias generaciones empeñadas en seguir adelante a pesar de esa angustia que consume a quien desea huir pero no sabe dónde. Era un lugar lleno de limitaciones y ángulos ciegos, pero también un ámbito encerrado entre muros que fomentaba la emoción y el sentimentalismo, que permitía esos momentos de comprensión que ayudan a entender las contradicciones del otro y los resquicios y huecos de la propia personalidad. La niñez no es ese paréntesis diáfano sino una nube con las señas diferenciadoras de la sociedad adulta: la tangible violencia a cada paso, el hambre y la falta de recursos, el ejercicio del poder, representado por los internos mayores, o por los auxiliares con un constante afán corrector que vigilaba ocio y estudio, o arbitraba  la convivencia.
   Las distintas historias toman el pulso a un magma de relaciones hecho de elementos dispares en el que se marcan huellas de fortaleza o debilidad, de comprensión y estímulos que van moldeando el decurso existencial.
   El autor elige un vocabulario comunicativo y directo, que manifiesta una vocación de diálogo y selecciona anécdotas que no quiere perder para que cautericen heridas; para escribir la crónica de unos días que son el germen del ahora.
   Este retrato en grupo de la infancia está hecho con soledad, aislamiento, solidaridad y ternura. Define un pasado de bordes amarillos, inseguro y mudable, pero que no ha perdido la esperanza de que algún día sople un viento favorable.