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sábado, 24 de enero de 2026

14 AFORISTAS 14 (ANTOLOGÍA)

14 Aforistas 14
Antología de aforismos inéditos
VV.AA
Javier Sánchez Menéndez (Selección y edición)
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2025

 
 AFORISMOS DE JOSÉ LUIS MORANTE
 
El aspirante a personaje concede al ombligo un interés escénico.
 
Discreto, en la mirilla de la mañana pide asilo el esqueleto de un dinosaurio.
 
Mientras se aquieta la bruma, el sol es una lámpara minúscula, de segunda mano.
 
Los insectos sobre la tierra fría del sendero.  Soledad camuflada de vida.
 
La trastienda mental de quien sustituye amigos por animales domésticos.
 
Como gesto de autoprotección, espío los versos sueltos de mi vecindario.
 
La rutina carboniza el asombro.
 
Aquel vegano mantenía un oficio rentable con sus contradicciones; practicaba la ganadería extensiva.
 
Guarecidas en la laringe, las fibras del hambre se digieren mal.

Aforismos inéditos
 
 

lunes, 17 de marzo de 2025

14 AFORISTAS 14 (ANTOLOGÍA)

14 AFORISTAS 14
Varios autores
Ediciones de la Isla de Siltolá
Colección Aforismos
Sevilla, 2025

 

PAISAJES CON LUZ


   Libro a libro, el aforismo contemporáneo propicia un paseíllo continuo de practicantes. El pensamiento breve se ha convertido en fiesta nacional, si se me permite el símil taurino. Así lo corrobora 14 Aforistas 14, la primera antología del género en el tramo auroral de 2025. El conjunto atestigua que la brevedad y el laconismo sapiencial se han consolidado y sacan a la luz sus estimulantes picotazos verbales.
   El volumen muestra una cubierta, ilustración interior y postal conmemorativa diseñadas por Salvartes Desing cuyo criterio artístico exhibe la originalidad de lo paródico. La nómina integrada abandona el ensimismamiento del taller de autor para convertirse en protagonista de una celebración con plaza abierta. Tarde de alternativa para superar la condición de novilleros y afrontar a pie firme la bravura de la tradición; los seis astados de G. C. Lichtenberg y otros tantos morlacos de Baltasar Gracián. En este ámbito reescribe su voluntad expresiva la razón aforística y hace notar el paisaje con luz.
  La recopilación carece de prólogo; no hay introducción justificante de seleccionados y excluidos. Sin duda, el proyecto editorial muestra una confianza esencial en el texto para que el simple orden nominal de los apellidos trace la pertinente cronología. La constelación reitera molde en cada autor: fotografía, breve perfil biográfico y contenido de cuarenta textos inéditos.
  Comienza senda Miguel Agudo Orozco (Tarragona, 1976), profesor, artista visual, poeta y aforista. La materia verbal refuerza el sentido exhaustivo de la poda verbal, o como define el mismo autor: el formato ahorro; en el renglón vacío, menos es más y en esa escritura lineal se refugia lo paradójico, la ironía proclive a la ruptura de la solemnidad, y un humor limpio y transparente: “Si tuviera alas, me mosquearía”, “Cuando pienso en el espejo, me lo pienso dos veces”. Sus textos guardan con frecuencia el destello inteligente de lo ingenioso a través de parónimos y neologismos luminosos: “Quincalla otorga”, “Eyaculación precoz: cortocircoito”, “Entendía el pacifismo como no pegar golpe”.
   La polivalente escritura de Ricardo Álamo (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1965), profesor y filósofo, ha sondeado diferentes facetas del aforismo, como la edición y el análisis de relevantes autores o la práctica de la brevedad. Sus breverías caminan entre el pensamiento filosófico y la comprensión sociológica de quien se siente testigo de un ahora que muestra a cada instante mutaciones y signos: “El pesimista mira el presente con gafas de lejos. El optimista con gafas de aumento. Y el realista…El realista no lleva gafas”, La razón de ser de la escritura también se hace venero recurrente: “Al verdadero escritor le distingue que tenga algo importante que decir, no que escriba para ser alguien importante”, “El colmo de un aforista sería escribir sin palabras”.
   La geografía creadora de Isabel Bono (Málaga, 1964), narradora, poeta y practicante del minimalismo, es un sondeo de interiores. La conciencia almacena y trasciende, propone itinerarios que encienden interrogaciones y misterios mediante un lenguaje sugerente y elusivo. Lejos de cualquier enunciado explícito, los aforismos persiguen con los ojos vendados, son “casiaforismos” en busca de moldes en los que tome asiento lo evidente. De ahí que muchos textos sean híbridos, sin lindes entre el poema en prosa, el microrrelato y el aforismo.
   Carmen Canet (Almería, 1955) impulsa una fértil cosecha en el arte de comprimir que hace de la escritora, junto a Dionisia García en la mayor impulsora del laconismo. Su territorio trasmite cercanía, es intimista y confidencial, con una sensibilidad reflexiva en la que caben instantáneas domésticas, experiencias biográficas y estratos culturales que derivan de sus lecturas y críticas en prensa.  En sus mínimas se acoge también el ingenio lúdico del juego verbal y una reivindicación continua del yo femenino como asidero de voluntad igualitaria y riqueza sentimental. La escritura asevera que “Existen dos lenguajes: el del corazón y el de la razón. Cada uno tiene sus razones y sus corazones”.
   Los escuetos datos biográficos de Michel F. señalan su predilección por el aforismo irónico. Los breves reunidos, con magisterios a medio camino entre Cioran y Bobin, no olvidan buscar los ángulos ciegos de la realidad, esos rincones donde se cobija el matiz o la sonrisa: “Si el psicólogo te entiende tan bien es porque está peor que tú”, “Nadie me conoce como mi enemigo”, “He visto a muchos jugar con fuego, ninguno era un dragón”. Atento a las contradicciones de la experiencia, Michel F. postula que el  quehacer lacónico es un inciso aconsejable para quebrar cualquier monotonía, para quitar el grito a lo trágico y que la queja quede en simple carraspeo.
   La inclusión de Daniel Mocher (Hamburgo, 1977), con obras recientes, puede servir para constatar los signos variables y las matizaciones del aforismo en curso. En el cauce verbal del minimalismo “Un matiz es una plenitud desconocida”. En su ideario estético hay un claro epitelio lírico: “A diferencia de los pájaros, un hombre solo nunca puede ser sinfónico”, “Lo difícil es emboscarse en un pétalo”, “El alba es un ocaso desmentido”. El escritor sondea la intemperie vital y sus contradicciones para buscar el equilibrio justo de cada idea entre palabra y silencio.
   Natural de San José de las Lajas, Cuba, donde nació en 1959, León Molina vive en España desde su infancia y es uno de los impulsores del momento cenital del género breve con sus antologías y con sus libros de textos propios. La aforística del poeta tiende a lo reflexivo. Camina por orillas conceptuales como la muerte, el legado sentimental, la escritura o la ideología. Si la duda es un viaje de conocimiento, el aforismo muestra un taller abierto al tiempo donde se formulan incertidumbres: “El sentido del humor hace digerible la inteligencia”, “Si el poema no te quema, quema el poema”, “Un sistema de pensamiento es una máquina bélica para exterminar dudosos”.
   Mi inclusión en esta antología, me deja entre las manos gratitud y alegría, pero también la oportunidad de pensar sobre la razón de ser de mis inmersiones en la brevedad. Cuando escribo aforismos, vivo la claridad de su despojamiento y la respiración fatigosa de una voluntad que busca lo que no pudo ser: “Tengo una brújula para extraviarme en mí”, “Persistencia del ojo para recorrer en la pared intacta una ranura”, “Cuántos manantiales sin agua potable”. Entre pensamiento y poesía, mis brevedades mantienen su ficción narrativa sobre el transitar existencial y el personaje que guarda dentro nuestra extrañeza.
   Con un aforismo expandido, en cuyo formato prevalecen el enunciado fragmentario, la instantánea autobiográfica y el apunte ensayístico, Mario  Pérez Antolín (Stuttgart,1964) ha construido una obra reconocida con importantes premios. Su tendencia a la indagación filosófica está presente en las introducciones de sus libros, siempre escritas por relevantes pensadores contemporáneos. En los aforismos del poeta abulense conviven la presencia intacta y germinal de la naturaleza y el conocimiento de la dinámica social, junto al sondeo sobre los mecanismos de la escritura  :”Un buen aforismo debe lucir en lo más hondo”.
   Benito Romero (Santa Cruz de Tenerife, 1983), cinéfilo, profesor y asiduo practicante del picotazo irónico, practica un laconismo confidencial que hace del humorismo un reclamo de cercanía: “Hasta los fantasmas que rondaban en su cabeza se distraían con el teléfono móvil”, “Quien no tiene claro para qué escribe es el que claramente dedicará su vida a la escritura”. Proclive al aforismo de definición, los conceptos que ponen lindes a los sustantivos elegidos nunca encierran una superficie semántica concreta; siempre abren ventanas al remozado urgente y al cambio de guardia verbal: “La sutileza es la utopía de la muchedumbre”, “CREENCIA: casa con llamativo patio interior que refresca en verano  y proporciona calor en invierno”.
   Poeta, narrador, ensayista y editor, Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) hace del aforismo una indagación conceptual; más que el enunciado abierto, su laconismo verbal explora una luz interior, los espacios intermedios de la existencia empeñados en plantear sendas interrogantes a la conciencia. La soledad, la muerte, la escritura o el desconcierto son tramas del pensamiento que agitan la certeza de que la madurez conlleva un caminar continuo hacia la pérdida y el deterioro.  En la escritura de Javier Sánchez Menéndez se expande un incansable bagaje lector, más que como referente erudito, como soporte germinal de la idea; cada concepto no es una semilla en ciernes sino un sueño recordado, una toma de conciencia de un balance interior.  
   Valenciano nacido en Danton, Texas, en 1963, Roger Swanzy es aforista y experto traductor, especializado en textos jurídicos, técnicos y comerciales. Su mirada hiperbreve, con frecuencia bilingüe, está incluida en varias antologías y en algunas revistas digitales. Siente el aforismo como un susurro de la filosofía. En sus asuntos, de amplia variedad, conviven el sentir metaliterario y el intimismo, la instantánea ambiental y los estratos de la conciencia, marcados por la emoción y el deseo. Los textos concisos reflexionan sobre sí: “Los aforismos pretenden ser un hilo en el laberinto del pensar”, y sobre el desasosegante transitar del tiempo: “VEJEZ: sentir el cansancio de la luz en nuestra propia piel”.
   Heterónimo de José Luis Trullo (Barcelona, 1967), vértice sólido del renacer aforístico por sus papeles de editor, gestor cultural y escritor, Félix Trull mantiene en el habla  lacónica una perspectiva pensante. Los textos hacen de la indagación un quehacer de búsqueda. Un remanso de verdades, certezas e imposturas de la naturaleza humana. Más allá del armazón cambiante de la realidad, la voz de la conciencia abre la estela de lo transcendente para superar paradojas y contingencias; para poner en la existencia hondura moral y el hálito de sanación de lo que permanece: “Para quienes sólo creen en lo que ven con sus propios ojos, el arcoíris tiene menos colores”, “Más que en dar, la generosidad consiste en darse”.
   El plural entusiasmo creador de Ricardo Virtanen (Madrid, 1963) ha firmado en los últimos años un copioso aporte de libros de aforismos, complementado con varias antologías. Sus textos mínimos entienden la escritura como senda en los laberintos interiores del yo, mientras el pensamiento fortalece su capacidad de adaptarse a un entorno saturado de itinerarios y complejo en su estructura: “Cargarse de razones es irracional”, “Quien elogia se parapeta en exceso”, “Cuando alguien le da la razón a otro, en realidad la pierde”, “Todos queremos ser Borges, pero nadie quiere morir ciego”, “El poeta conoce más que lo que sabe; el aforista intuye más de lo que calla”. 
  Una compilación de aforismos inéditos es una aspiración a comprender el momento presente del género breve. La antología 14 aforistas 14 dibuja un horizonte propio.  Determina una yuxtaposición de ángulos de interés con voces fundamentales junto a amanecidas que suman experiencia y lenguaje, esos pasos necesarios que intensifican el largo recorrido hacia el futuro.

JOSÉ LUIS MORANTE
 


martes, 13 de febrero de 2024

TINTA BOTÁNICA

Presentación de Aforismos e ideas líricas. Juan Ramón Jiménez
Librería Isla de Siltolá, Sevilla, mayo de 2018
Con Javier Sánchez Menéndez y León Molina

 

DESDE LA ISLA DE SILTOLÁ


 En el trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que pauta planteamiento, nudo y desenlace.

 La autobiografía convierte a otro en protagonista.

 Los minimalistas dogmáticos pueden confundir un haiku con un cantar de gesta.

 El agónico vocacional tiene una visión cabizbaja de la realidad inmediata.

 Cerca del mar todo se borra, salvo el silencio roto y el efecto emocional de la contemplación.

 Contra los insectos utiliza el reproche  didáctico.

 No siempre fue pasado e invisible.

 La conciencia egoísta piensa que un cielo menesteroso cobija a los demás.

 El insomnio acumula ruidos con cautelosa paciencia.

 Las falsas verdades dejan ruinas que se veneran largo tiempo.

 Cuando despierto regreso de un oasis que no existe; entre las manos tengo un puñado de arena.

 A diario la realidad comparece con la piel sucia y agujeros en la suela de los zapatos.

 (Selección propia)

Se desplaza con disciplina de trazado ferroviario.

 

 

Tinta botánica: libros de hoja caduca y libros de hoja perenne.

sábado, 4 de febrero de 2023

ROSARIO TRONCOSO. NO ES LOCURA, ES CLARIDAD

No es locura, es claridad
Rosario Troncoso
Ediciones de la Isla de Siltolá / Aforismos
Sevilla, 2023

 

RASTRO DE AUSENCIAS
 
 
 
   Cualquier senda literaria tiene mucho de exploración y búsqueda; de voluntad que sale al paso, dispuesta a adentrarse en recorridos que propicien un retrato más nítido y preciso del taller, en su empeño de enlazar sensaciones, pensamientos y actitudes: “Escribir es ensanchar la mirada”. Rosario Troncoso (Cádiz, 1978), docente de Educación Secundaria de Lengua Castellana y Literatura, editora, articulista y gestora cultural mantiene en su presencia una creación abierta que conjuga géneros como la poesía, el comentario de prensa, la crítica y el aforismo, aunque sus itinerarios expresivos disgregan entre sí un diálogo abierto, sin disonancias.
  Su producción concisa amaneció con la entrega Relámpagos (2019). Algunos textos se integraron poco después en la antología 11 Aforistas a contrapié (Ediciones Liliputienses, 2020). Aquellos pensamientos lacónicos aglutinaban fragmentos reflexivos, anotaciones autobiográficas, impresiones de ambiente, versos sueltos y algunos haikus; en suma, una travesía por la dicción sapiencial marcada por la pervivencia del lirismo y un claro epitelio afectivo.
   Retorna al quehacer hiperbreve con la entrega No es locura, es claridad, una compilación definida, con hermosa precisión, por Carmen Canet, en su texto de contraportada: “como en un atlas de geografía humana nos despliega las pequeñas cosas de la existencia”. En la perspectiva escritural de Rosario Troncoso se sientan en la misma mesa la experiencia vital, el sentido común como brújula de regulación del estar diario y la nostalgia de un tiempo edénico, asociado en general a los días de infancia y a la plenitud auroral de la niñez.
   Con citas de Emile Cioran y Javier Sánchez Menéndez, Rosario Troncoso emprende ruta con el apartado “Certezas feroces”, al que añade la voz de Luis Rosales que recuerda “Quien no duda nunca, se miente a sí mismo”. Desde ese estado de introspección que suma resonancias interiores para definir las coordenadas propias, la escritora explora y descubre los relieves anímicos del mapa personal. Encerrada en su propio fluir, la conciencia trata de hallar el equilibrio básico que aporte una identidad nítida y luminosa: “Cuánto de ti en los ojos de los otros”. Se sabe vulnerable y frágil, hecha cristal en las manos del tiempo y en la percepción del otro. La existencia recrea con demasiada frecuencia un movimiento pendular entre el amor y el dolor y en esa trayectoria se ubican abundantes certezas de la escritora, esos estados anímicos marcados por la perplejidad: “He aprendido a vivir sin pensarte, ahora no estoy pensando en ti”, “Nada como el dolor, para amar lo que no duele”, “Prender, arder, desprenderse”, “Si han brotado las alas duele más la condición de pájaro”, “El más profundo desconcierto está en despedirse, otra vez, de quien ya se había ido”.
   Recordé, al inicio de esta reseña el tacto lírico de estos aforismos; Rosario Troncoso argumenta el pensar tras una sensibilidad poética que busca claridad en la belleza: “Los lugares más hermosos son sueños que no recordamos al despertar”, “Su boca en mi espalda cose mi corazón”; “Cuando el abismo sea la sombra propia se ha de abrir el pecho al más mínimo destello de luz”, “La libertad duele porque está hecha de heridas”, “No temo que me hieran, temo cómo seré yo después de la herida”.
   La crecida digital ha volcado en las redes un reguero de asuntos personales que, por su exposición, se convierten en muestrario público de lo privado, aunque sean evidencias intangibles, fantasmales, huidizas. Aun así, mantienen una pulsión social estridente. De esa circunstancia de hace eco la escritora para moldear impresiones reflexivas que adquieren la condición de reflejos del yo: ”Amor Instagram: no soy capaz de soñarte sin filtros”, “Firmeza en los planteamientos: filtrado de individuos sobrantes”; “El onanismo en las redes sociales se ha convertido en un valor a compartir”. Rosario Troncoso vierte en sus aforismos la experiencia digital y una fuerte mirada crítica, pocas veces benevolente, como si personificara una sensibilidad de náufrago que advirtiese sobre el tejido frágil de ilusiones y sueños: “Si constantemente hay que demostrar inteligencia a los demás son los demás los que deben demostrarla”, “A veces creemos ser espejo para alguien y solo somos espejismo”, “Exigimos a los demás que sean oasis para nosotros, mientras ofrecemos un erial”.
   La carga explícita del título, sirve de apertura también a la sección final. De nuevo la soledad y el ensimismamiento dictan la caligrafía escritural de un presente de inquietud y melancolía, donde los sueños tienen vuelos rasantes y donde la voz de la razón contradice idealizaciones y esperanzas: “El estado de ánimo es una lámina frágil en manos de los demás”; “Locos y pájaros no tienen miedo a las alturas”, “Se debe amarrar bien la cordura: es volátil”. Queda a solas la orfandad del solitario. El empeño de quien despliega el mapa del corazón para asumir, como un legado básico, hecho de aspiraciones quebradas, que “Crecer, mirar y no volverse loco es el verdadero éxito de la vida".

        
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 

miércoles, 5 de enero de 2022

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. MUNDO INTERMEDIO

Mundo intermedio
Javier Sánchez Menéndez
Ediciones Trea, Aforismo
Somonte-Cenero, Gijón, Asturias, 2021

 

POR LA MIRILLA

 
   El deslumbrante ascenso del aforismo al primer plano de los géneros literarios, en el tramo inicial del siglo XXI, tiene en Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) un responsable principal y directo por su triple activismo como editor de La Isla de Siltolá, estudioso del género y cultivador del decir breve, con cuatro entregas hasta la fecha, Artilugios (2017), La alegría de lo imperfecto (2017), Concepto (2019) y Ética para mediocres (2020). Esta continua fluencia concede a su itinerario creador una solidez perdurable que añade al esquema constructivo del aforismo la nueva entrega Mundo intermedio.
  El laconismo breve y concentrado de esta compilación elige para su pórtico paratextual las citas de tres autores de marcado contexto: el narrador Jesús Ferrero, Lichtenberg, vértice fuerte del canon fragmentario, y W. H. Auden, poeta y ensayista empeñado en capturar la esencia del pensamiento poético con la brújula firme de la razón, siempre lejos del concepto romántico de arrebato fulgurante e inspiración.
   También la lógica es elemento esencial en las codificaciones lacónicas de Javier Sánchez Menéndez, que organiza su entrega en cajones abiertos que denomina cuadernos. El primero toma la palabra desde la distancia irónica de Ambrose Bierce, quien diluyó la voz confidencial entre estratos de sarcasmo e ironía. Nace así un conjunto textual que asienta su eficacia exploratoria en la indagación profunda del fluir del pensamiento. El dinamismo expresa la convicción de que nada de lo percibido es dogma sino requisitoria temporal. Al cabo: “Todas las verdades nos resultan elocuentes en el inicio de su necesidad. Después pierden eficacia”. Los textos constituyen una amalgama heterogénea de asuntos que despliega una fuerte mirada crítica ante el yo colectivo. El afán expansivo del yo para colonizar el entorno social con su vanidad, el incansable despliegue de sombras de la política en las aceras de lo cotidiano, o la pérdida de referentes culturales y educativos provocan una percepción crepuscular de nuestro tiempo.
  El avance de Mundo intermedio muestra un sólido espacio de intereses. Como aportes complementarios, los cuadernos comparten la misma sensibilidad creadora. No hay quiebros ni rupturas. Solo asentamiento de una postura crítica que propicia el cuestionamiento de lo subjetivo y la fragilidad de construcciones semánticas colectivas (lo que se ha dado en llamar “lo políticamente correcto”): “El honorable gobernante, el honorable empresario, el honorable familiar. Acatamos las normas como las moscas sobre un plato vacío”. También un escepticismo pujante, que bordea los acantilados del nihilismo: “El suicidio es un regalo para la muerte. Es una muerte dulce”, “Censurar es la asquerosidad de eliminar la existencia de los otros imponiendo la propia debilidad.”, “Extrañas situaciones que resultan insoportables. Vivir y amar”.
   La pujanza de lo paradójico condensa una situación de conflicto que convierte el devenir existencial en un tanteo de decisiones al paso, donde las certezas callan, hablan al oído y solo permiten percibir los destellos escuetos de la luz por la mirilla: “La vida es un pasaje sin retorno donde el futuro es el presente y el pasado también es el presente”, “La aurora despierta cada día para volver a dormir”, “Todos los estúpidos siguen pensando que algún día serán inteligentes”.
   La conciencia reconoce desde la extrañeza: “Todas las definiciones son limitadas”, “Responder con una pregunta, dudar con otra, vivir con cientos de dudas”. Busca entender la caligrafía ilegible de lo cotidiano y postula las posibles interpretaciones. Sabe que, con frecuencia, se engaña a sí misma y soporta los espejismos del entendimiento, esas desconcertantes situaciones en las que somos protagonistas secundarios.
   Javier Sánchez Menéndez clausura la entrega con dos apartados muy breves, “Mundo intermedio” y “Estado principal del orden”. Ambos muestran un fuerte epitelio reflexivo en torno al vacío y la aniquilación, como leyes de la naturaleza de indeclinable cumplimiento: “Dominar nuestros sentidos, sin dejar que aparezca el vacío es secar el río y apagar la luz”. Desde esa clarividencia, pactada con el sosiego, el poeta y ensayista hace de la dicción lacónica una estrategia de filosofía vital, un manual de silencios en el que la contemplación abre los ojos con la ilusión de creer, con la esperanza de que “Todo aquello que no puede contemplarse puede soñarse”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE

 

      


viernes, 4 de septiembre de 2020

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. PARA UNA TEORÍA DEL AFORISMO

Para una teoría del aforismo
Javier Sánchez Menéndez
Ediciones Trea / Aforismo
Somonte-Cenero, Gijón, Asturias, 2020

SOBRE EL AFORISSMO

   Javier Sánchez Ménéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) es una presencia de perfil nítido en el complejo panorama de la literatura contemporánea por su doble identidad, como creador del sello editorial La isla de Siltolá y como escritor que explora tramas bifurcadas como la poesía, el ensayo, la narración autobiográfica y el aforismo. En el discurrir aforístico ha publicado desde 2017 cuatro entregas: Artilugios, La alegría de lo imperfecto, Concepto y Ética para mediocres. Por tanto, su decir breve moldea una sensibilidad singular que sienta las bases para la inmersión indagatoria en el activismo paremiológico. Para una teoría del aforismo postula la validez de conocidas aproximaciones teóricas sobre el género y sostiene la necesidad de seguir buscando espacios reflexivos que permitan moldear, de modo adecuado, su hibridez semántica o, al menos, la persistencia en el tiempo de un conjunto de características yuxtapuestas. El escritor no comparte que el decir breve protagonice una crecida irrepetible. Prefiere recordar que no es un género nuevo sino renovado que constituye un legado fuerte. Estaba en el patrimonio cultural de las principales civilizaciones y su pervivencia ha ganado entidad en la diacronía temporal. Y así es; una mirada retrospectiva a la historiografía sitúa el aforismo en las civilizaciones mesopotámicas, India, China, el mundo grecolatino, la edad media, el Siglo de las Luces y como compañero de viaje de las primeras vanguardias… Parece como si el minúsculo contenido del aforismo protagonizara un periplo perenne que desemboca en el presente. En estas décadas digitales la literatura abreviada cuenta con una difusión extrema gracias a las redes y a formatos como las bitácoras y las revistas en red. Pero para no banalizar el término, Javier Sánchez Menéndez recuerda que “el aforismo es concepto” y por tanto atañe a la ontología de ser y al concepto de verdad en relación con lo que enuncia. Desde esa premisa de exigencia semántica y formal, el escritor hace un repaso del aforismo contemporáneo a partir del estudio antología de José Ramón González Pensar por lo breve. Aforística española de entresiglos (1980-2012) hasta el momento actual y encuentra, con las excepciones de rigor y calidad literaria, mucha gratuidad y farragosa ganga, solo dispuesta a deslumbrar y a fingir apariencias. El aforismo se configura en los fragmentos de Heráclito como fuente de revelación y conocimiento. Son la esencia de un género que aglutina tacto filosófico y vitalismo lírico, conocimiento y reflexión desde la diversidad. De sus mutaciones da cuenta una poblada terminología que discrepa en el matiz formal y en los sustratos semánticos hasta desembocar en el aforismo moderno, ya sea de forma autónoma y escrito con conciencia de estrategia expresiva, o integrado en el cuerpo general de una obra mayor, que aglutina el carácter conceptista del aforismo. Javier Sánchez Menéndez es consciente de que el simple sondeo filológico no desvela la médula “Porque el aforismo no se debe explicar, se debe asimilar e interpretar en una suma de adivinaciones. El aforismo no se debe teorizar, realiza propuestas, propuestas múltiples desde su gran concisión, desde la brevedad de su naturaleza”. Por ello incorpora a su excelente estudio las definiciones de quince aforistas – reconocidos y emergentes- que han tratado la cuestión metaforística. Remite también a un artículo publicado en la revista digital El Aforista, por José Luis Trullo, sin duda uno de los impulsores esenciales de la crecida actual, titulado “Ética del aforismo”. De estas quince argumentaciones personales emana un amplio camino especulativo que refrenda el carácter singular de cada taller de autor. Si Hiram Barrios resalta el chispazo de lucidez y la aspiración a ser una entidad evocativa, José Ángel Cilleruelo escucha los latidos de la delicadeza verbal y la precisa dicción; Jordi Doce recrea su gusto temprano por lo discontinuo y el imán que ejerce en su afán lector la síntesis y la condensación que han moldeado su concepción del aforismo, lejos de lo solemne, con el filo mellado de lo incompleto, con un sentido abierto a la intuición y conformando una estructura abierta, sin molde uniforme. Sergio García Clemente practica también la concisión teórica y hace del aforismo una manera súbita de ampliar aspectos de la realidad. En suma, cada invitado aporta su visión de las formas parémicas con el convencimiento de que alude a un paisaje parcial y limitado, sin epitelio canónico, que refuerza la búsqueda. Al cabo, como escribe Sihara Nuño:”El aforismo es un agujero negro indescifrable, una definición que escapa a la física básica pero que existe. Es la condensación de un todo en un único punto, tanto así que es posible curvar el espacio y el tiempo. Lo atómico”. El circuito práctico de los seleccionados deja una estela de sensibilidades estéticas, el vuelo libre de lo heterogéneo. Conforma una polifonía conceptual compuesta por veintiocho autores. La plural selección de Javier Sánchez Menéndez contribuye a aglutinar teoría y praxis en un mismo punto de convergencia. En él se refugia, perenne y vivo,  el ser dubitativo del aforismo.



miércoles, 28 de noviembre de 2018

CON ÁNIMO INESTABLE (CUESTIONARIO)

Piedra sobre piedra
(Ávila, 2017)
Fotografía de
Adela Sánchez Santana


CON ÁNIMO INESTABLE

 (Cuestionario a José Luis Morante)

Por Le petit comité

   Con un itinerario plural que suma poesía, crítica y aforismos, José Luis Morante (Ávila, 1956) entrelaza en las entradas de su blog el ánimo inestable de la creación, reseñas, poemas, microrrelatos…El resultado es una propuesta, rica en matices, que varía casi a diario.

Tanta actividad… ¿No se cansa?

JLM.- Sí, mucho; la literatura es un espacio tan amplio que recorrer sus sendas aboca en el cansancio; me acuesto pronto y esas primeras horas del sueño son esenciales para recuperar fuerzas y ánimos; después me despierto con la primera claridad, madrugo, empiezo la tarea y de nuevo, al despedirse el día, siento los genes renqueantes de un hombre cansado, que repite hábitos, sin variar puntos y comas.

En el blog “Puentes de papel” casi todos los contenidos se ven desde la poesía…

Intento ser variado en las entradas, pero la poesía me parece el género esencial; es el que condiciona mi propio recorrido creador  y el que regula las lecturas diarias; dedico muy poco tiempo a la novela y mucho al ensayo, aunque los libros que dejan más felicidad entre mis manos son los de poesía.

¿La poesía mantiene esa identidad de ser palabra en el tiempo?

La definición de Antonio Machado no ha perdido vigencia; pero hay otros enfoques que no tienen fecha de caducidad y complementan la profundidad del poema: el compromiso, el canto elegíaco, la introspección, el yo solidario, el juego verbal, la imagen, la cata aforística…

 El año que cerramos ha visto multiplicar sus ediciones críticas...

Así es, salieron ediciones sobre Luis García Montero, Juan Ramón Jiménez, Javier Sánchez Menéndez y Karmelo C. Iribarren. Son autores diversos que me han enseñado mucho, porque el estudio requiere un sondeo en profundidad... Y me han dejado exhausto. Y feliz; después de un caminar tan lleno de bifurcaciones es hora de que regrese a mi poesía.

¿Escribe poemas ahora?

La antología Pulsaciones, editada en Takara, con prólogo de Rosario Troncoso, anticipó más de una docena de poemas nuevos; así que ellos marcarán el sendero del futuro poemario. Volver a la poesía es recordar que la palabra poética es introspección e intimismo; pero también sentido ético y compromiso. Con esos parámetros ya busco el regreso.

¿Y sus aforismos?

El decir breve se ha convertido estos años en compañero diario de mis cuadernos blancos; espero que las anotaciones prosigan porque son una forma de entender el entorno, de entenderme yo...

¿Se percibe la complejidad de la crítica?

No, en absoluto. Se piensa que es una tarea secundaria y sin ninguna recompensa. Quien manda su libro solo quiere que se lo reseñen ahora, ya, en ese momento, tengas entre las manos el quehacer que tengas... Y si no lo haces pronto, es muy habitual perder al supuesto amigo, o sentir que el afecto se apaga como un carbón tiznado.  Disculpa el pesimismo, pero casi nadie envía su entregas sin otra pretensión de hacer un regalo al amigo, o buscan, más que reseñas, los consejos y sugerencias que ayuden a crecer como escritor ... No sé, la crítica casi siempre hace el papel del malo, un trabajo deslucido, periférico, extraño...    

¿Y la lectura?
  
La propia identidad nunca se pierde, muda y se erosiona en el devenir del tiempo, pero sigue ahí, aunque sea como un resto arqueológico que da fe de vida. Y yo, claro, soy un lector...

(cuestionario inédito)




domingo, 18 de noviembre de 2018

QUIÉN APAGA LA LUZ

Luces a solas
Imagen de
BlogHogar.com


QUIÉN APAGA LA LUZ

Pero aún es tarde,
porque la oscuridad reina en silencio.

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

  Desde hace días en casa no hay nadie, salvo yo. Esta noche, al bajar la escalera, una luz interior del dormitorio se encendió. No recuerdo cómo accioné el interruptor. Apago y recorro el pasillo a oscuras. Otra vez percibo un respirar de sombra. Un instante después están encendidos todos los puntos de luz. Las formas de la casa se definen. Inquietud. En la casa no hay nadie, salvo yo. Lo repito en el cuarto de baño, mientras veo un rostro asustado que se mira a sí mismo en el espejo. Hace una hora consumía un tiempo de soledad, monótono y previsible.
  En la casa no hay nadie. Digo y miento. Yo, tampoco estoy.

(De Cuentos diminutos)







martes, 29 de mayo de 2018

ANECDOTARIO DE LA FERIA DEL LIBRO (2018)

77 Feria del Libro de Madrid
Fotografía de
El País


ANECDOTARIO PERSONAL

A Néstor Villazón,
 que me enseñó a descubrir sonrisas
en las piedras gastadas de los fósiles

   Es la edición nº 77 de la Feria del Libro de Madrid. y empieza con aguacero y suspensión de la ceremonia inaugural.  Las casetas sin público tienen ese silencio desperdigado de una armada invencible cultural: “No he mandado mis libros a luchar contra los elementos…”

   El aislamiento prolongado del escritor, mientras hilvana su trabajo, necesita el trato con los lectores. Firmo tres días, dos con la Isla de Siltolá para la edición de Aforismos e ideas líricas de Juan Ramón Jiménez, y el jueves 7 de junio con Valparaíso Ediciones, para despertar la antología Re-generación, un paisaje plural sobre la aportación lírica de la nueva hornada, autores nacidos entre 1980 y 1995.

   Mi didactismo compulsivo sale a flote de inmediato. Son muchos años en el aula. Alguien hojea mi edición de JRJ; yo explico sus cualidades; tres minutos después el señor cierra el libro y me dice: “Qué interesante lo que dice, pero mire usted, lo que yo busco es un diccionario ilustrado para mi nieta que debe tener una portada tan bonita como este libro…”

  Mis compañeros de casetas contiguas son Leticia Dolera y Baltasar Garzón. La actriz feminista y directora de cine provoca una cola interminable esperando firma; el magistrado también; frente a mí un deambular de amigos y algunos lectores curiosos. Sí, voy pulsando dedicatorias poco a poco, Ítaca es un mar paciente.

  Hay nombres que se convierten en genealogía. El azar de la feria me ha dejado sitio para dedicar libros al sobrino de Roald Dalh, al nieto de Eugenio d’Ors, al hijo de Manuel Neila y a la ex de un poeta de cuyo nombre no quiero acordarme…

  Hago recuento de los que me dijeron que vienen, pero nunca vienen. Están ahí, también cuando no están. Son un conjunto disgregado. Ausencias que caminan en otra orilla.

  Dos lectores me recuerdan los negros moretones de José Luis García Martín. Ninguno me felicita por la tercera edición de Ropa de calle. Se ve más el plumaje del cuervo que la inadvertida belleza del gorrión. Una razón para ser vehemente, eso que también critica la asepsia de quien se mantiene al margen.

  Breve tiempo para conversaciones con Ricardo Virtanen, Carmen Canet, Manuel Neila, Paolo Gatica, Ángel Manuel Gómez Espada, Rosario Troncoso. La amistad se hace confidencia. También para la espera de María y de Concha, solidarias sendas abiertas con tantos días de literatura en el blog y en la playa digital de facebook. Guarda turno con una sonrisa en flor la amistad de profesores, que compartieron días de docencia conmigo, el entusiasmo desbordado de antiguos alumnos y la belleza, hecha ternura, de mis hijas. Cuánto patrimonio para la evocación.

  Tomo café y optimismo con Javier Sánchez Menéndez, al lado de Paula Vázquez. De cerca, parece otra. Como todos. Y vuelvo a casa, mientras la nostalgia se hace tentativa de regreso; los libros escritos han formado ese largo sendero que el tiempo, como Penélope, desteje.
  Madrid bosteza de cansancio; abre la pantalla de las primeras sombras.

            

domingo, 28 de mayo de 2017

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. AFORISMOS

Artilugios
Javier Sánchez Menéndez
Takara Ediciones
Sevilla, 2017
AUTORRETRATO FRAGMENTADO

   La escritura de Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) agrupa un corpus variado y complejo, aunque en su transcurrir la poesía se define como cauce central. En 2017 el escritor añade a esta suma de géneros otra faceta formal, el aforismo, con dos trabajos simultáneos: Artilugios, obra impulsada por el recién amanecido catálogo de Takara, y La alegría de lo imperfecto, aparecido en Trea, una de las estaciones aforísticas más consolidadas.
   En el punto de intersección entre filosofía y literatura, el aforismo crece como un prisma en el que se conjuga lo diverso. Así lo constata el legado de la tradición en castellano al analizar la obra de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, José Bergamín o Max Aub, por citar voces de recorrido obligatorio. Análoga visión comparte Javier Sánchez Menéndez al configurar sus entregas con voluntad abierta para que sean testigos del acontecer y reflejos especulares de la sensibilidad del sujeto verbal.
   El primer paso aforístico, Artilugios hace de su título un recuerdo contundente de Nicanor Parra. Los lectores conocen el sostenido trasvase textual y las afinidades con el magisterio de la antipoesía. La denominación no es sino un paso más, un trazo subrayado de coherencia en los rasgos internos del autor. En el primer apartado la reflexión se hace miscelánea; en ocasiones exponen los textos el afán metaliterario: “aforismos: ilusiones momentáneas”, “La poesía es el amor a la lectura”, “en el mundo de la interpretación el poeta es el oyente”; otra veta a sondear es la sociología que disgrega el entorno, ya sea literario, político o personal: “Si en España unes la universidad y la crítica literaria el resultado es peor que la mezcla de grasa o azúcar”, “En la sociedad actual se potencia, se valora y se vende todo aquello que no nos haga pensar”, “Lejos es el espacio más cercano al hombre”, “La incertidumbre provoca brevedad”, “Nadie toca la luz con las manos mojadas”.
   La sensibilidad que aflora en Artilugios detesta el conformismo y convierte su voz en una leve astilla crítica que punza la piel de la resignación, que hace de la ironía un efecto verbal continuado, como quien escribe un manual de instrucciones para vivir en otro planeta. El pensamiento trasmite la angustia de quien sabe que desde la razón es difícil juzgar sin cerrar los ojos.  


La alegría de lo imperfecto
Javier Sánchez Menéndez
Trea Ediciones, Colección Aforismos
Gijón, Asturias, 2017

   El aserto La alegría de lo imperfecto estaba en los textos de la primera salida aforística, “Artilugios”, que aquí se constituye como sección inicial. La circunstancia clarifica el hilo entre ambos libros, ya que las reflexiones en primera persona no son sino expresión de la identidad y de su manera de mirar alrededor, no tanto desde el sentido práctico de quien se abre paso en una realidad tangible sino en los senderos azarosos del verbo conceptual. En ella quedan claros las superficies reflexivas que agitan las ondas del pensamiento: la literatura como ocupación fundacional del yo, el sujeto individual y sus enlaces sociales y ese puñado de certezas que nos conceden claves de uso para acceder a lo diario.
   El cuerpo central del libro reactiva la pupila ética, aunque nunca de forma monolítica;  compendia frases vinculadas a la dermis social del presente e indaga en esas cicatrices que dejan en la mirada un poso de melancolía: “vivir es como naufragar, pero sin agua”, “nunca existe el mañana si no crees en el hoy”, “El precio de la libertad es la soledad”…
  El apartado de cierre, “Vanidad” supone una variable formal, ya que la frase incisiva habitual en el discurso fragmentario se sustituye por un pensamiento en torno al espacio oscuro de la egolatría, aunque persiste la dicción precisa y el esqueje irónico.
  El aforismo actual se ha hecho visible y mantiene un ajetreado peregrinaje de practicantes; su expresión paremiológica multiplica entregas, muchas de ellas triviales y anecdóticas. Las dos salidas de Javier Sánchez Menéndez, Artilugios y  La alegría de lo imperfecto permiten una adecuada valoración crítica. Ambas comparten  una mecánica similar: frente al oropel deslumbrante de los adjetivos  prefieren la palpitación serena de la frase que busca aprehender la realidad con la paciencia de un corredor de fondo. Para no perder aliento, para seguir caminando en ese círculo de incertidumbres que abre a trasmano la personal travesía vital.



  

lunes, 17 de octubre de 2016

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. DESDE LA ISLA DE SILTOLÁ

Javier Sánchez Ménéndez


DESDE LA ISLA DE SILTOLÁ

Llegan las primeras lluvias. Unas gotas de luz van poblando de formas renacidas el espacio callado de la buhardilla. Sobre la mesa de trabajo varios libros con el diseño ajedrezado de las ediciones sevillanas de La Isla de Siltolá. Están ahí, callados y evidentes, como necesarios testigos de esta entrevista con Javier Sánchez Menéndez, editor, poeta y ensayista.

 
1.- ¿Cómo y cuándo arraiga tu vocación editorial?

Desconozco el momento exacto, el cómo, el cuándo, el dónde. Un día apareció y creo que nunca se marchará.

2.- El catálogo poético de La Isla de Siltolá, salvo excepciones, se nutre de voces muy jóvenes, casi desconocidas y escasamente rentables en términos de mercado. ¿Es un gesto romántico, o tiene otras compensaciones?

Tiene la compensación de poder leer literatura en estado puro, sin contaminaciones. Con eso es suficiente.

3.- Tu propia poesía, tras un largo silencio, renació con fuerza con nuevas entregas y recopilaciones. ¿Tienes nuevo libro e construcción?

Leemos, seguimos leyendo, escribimos poco, muy poco, lo necesario y suficiente. Y lo que se escribe se corrige una vez y otra vez. La vida en sí es un libro en construcción permanente.

4.- La perseverancia del tiempo suele modificar muchas certezas. ¿Ha cambiado tu forma de entender la escritura?

Pienso que sí. Ahora la veo desde la mirada del lector, mucho más universal. El tiempo también enseña que el silencio y la soledad son las únicas certezas posibles.

5.- Cultivas un perfil literario expansivo, con inmersiones en la poesía, el diario, el ensayo, la ficción y el aforismo… ¿Puede entenderse tu literatura como una obra integral, o son trazos autónomos y yuxtapuestos?

Es un todo único. No hay diferencias notables, tal vez la forma de presentarlo, pero quienes me leen saben a qué me refiero y lo comprenden.

6.- Acaban de conceder el Premio Nobel de Literatura a un cantautor, Bob Dylan, una elección que anima la controversia. ¿Qué te parece este reconocimiento?

He tenido la ocasión de hablar ya sobre este asunto. También he leído las opiniones de muchos escritores al respecto. A pesar de que en estos momentos acepto la decisión de la Academia, sinceramente creo que es una manifestación más de que estamos perdiendo el norte y nos encontramos en un inmenso proceso de transformación social. ¿Dónde irá todo esto? Lo verán nuestros hijos.

7.- Los sellos editoriales son arquitecturas en el tiempo. Escenarios expuestos a lo contingente- ¿Tienes esa percepción en Siltolá?

Hay muchos sellos aficionados, fantasmas, otros que se ocultan en la autoedición. Un sello editorial debe ser profesional, un filtro importante en la historia de la literatura.

8.- A menudo los referentes culturales del ahora son simples operaciones mediáticas. ¿Hay criterios para descubrir el verdadero valor de la poesía?

La lectura, exclusivamente la lectura. Y desde luego esa lectura produce amplitud de mente y de conocimiento. Prefiero lo heterogéneo a lo homogéneo en literatura. No confío en los referentes culturales, como bien dices son puros intereses.

9.- Tiempos de crisis, sustratos de una realidad deshilachada que invita al pesimismo y la perplejidad. ¿hay que ser siempre moderadamente apocalípticos? 

Lo apocalíptico nos lleva al caos, y el caos siempre es origen, creación, universo. Sin caos no hay justa medida. El pesimismo arranca cuando se palpa ese cambio social que antes mencionaba. Perplejidad nunca, hay que tomar partido y definirse, ¿qué será del hombre sin error?





sábado, 13 de febrero de 2016

EN EL ESPEJO DE NINGUNA PARTE

Rivas-Vaciamadrid (Madrid)


EN EL ESPEJO DE NINGUNA PARTE


  Porque la memoria es distraída, hoy quiero comenzar por el final, por anotar las deudas contraídas que ha dejado en mis manos el libro Ninguna parte. Debo la respiración de sus poemas a Javier Sánchez Menéndez, poeta y editor sevillano, que abrió camino hasta La Isla de Siltolá. En la librería Alberti Lola Larumbe me dejó una habitación con vistas, esta quietud de libros, hospitalaria y cómplice, donde he escuchado la voz de tantos amigos y maestros. Hoy conmigo, en la misma acera del afecto, Javier Lostalé, que dio forma y palabra a muchas horas de amistad. Y naturalmente, mi deuda con todos ustedes que hoy me acompañan y dejaron en cualquier parte el gastado papel de las excusas para viajar juntos hasta las impresiones y paisajes de Ninguna parte. A todos: muchas gracias. Nos pasamos la vida buscando lo que no está en Ninguna parte. Todos perseguimos la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada uno de los pasos que hilvanamos para llegar. Lo dijo Kavafis en un verso memorable que todos recuerdan y que da sentido a la amarga ceniza del adiós.
  “Patologías”, la primera parte de este poemario, está invadida por el desajuste existencial; la erosión del tiempo en el entorno más próximo y en la propia carne incrementa la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres dependientes y vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia entonces se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa. Mucho más optimista, el segundo bloque, “Deshielo” hace del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para una cristalera con luz. La existencia como decurso conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que, de este modo, se convierte en rebeldía frente al silencio. Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, sólo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en ese trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado “Y todo lo demás…”que difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico. Literatura, al cabo. Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares, cuyos contenidos mezclan imágenes y sentimientos.Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan la palabra y la esperanza.


                                             (Presentación de Ninguna parte)




domingo, 13 de diciembre de 2015

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. PERDONA LA FRANQUEZA

Perdona la franqueza
Javier Sánchez Menéndez
Detorres Editores
Córdoba, 2015


NADA MÁS QUE LA POESÍA

   Poeta, ensayista, escritor de diarios e impulsor del mapa editorial La Isla de Siltolá, Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) ha recorrido  un largo itinerario creador que busca un equilibrio sostenido entre géneros complementarios. Digo complementarios porque en ellos se entrelazan afinidades y enfoques que configuran un sujeto verbal reconocible y un muestrario argumental que singulariza el taller del autor.
   La obra lírica se ha compilado en dos antologías, la primera de las cuales, Faltan palabras en el diccionario tomaba como título un verso del poeta Nicanor Parra, ganador en 2011 del Premio Cervantes. En su nueva entrega, Perdona la franqueza, regresa al espacio versal del chileno, como si quisiera resaltar que se siente cómodo caminando junto al impulsor de la etiqueta “Antipoesía”. El reduccionismo crítico deja en cada aserto dos o tres muescas conceptuales; son claves organizativas que  postulan la dicción coloquial, el figurativismo expresivo y un contexto social en el que el ser individual emerge como paseante de un tránsito plural y colectivo. Perdona la franqueza es un libro breve que emplea como formato monocorde el versículo, una preferencia que ya es historia en Walt Whitman y en los poetas impulsores de la celebrada generación Beat. Así acentúa el modo reflexivo del verso libre. Nos hallamos ante una poesía de pensamiento que incide en la visión de lo real de modo fragmentario. El poema avanza, lejos de la imagen plana que fotografía, se abre a la sugerencia y a la hondura, desarticula el trayecto lineal y deja constancia del paso existencial de un sujeto cambiante en el ahora y en los territorios calmos de la evocación. La conciencia poética acumula instantes que solapan la incertidumbre del pasado y hacen del conflicto entre percepción y pensamiento un impulso vital. Ser es aventar propósitos al viento, hacerse nube, aferrarse a los sueños, sentir en la epidermis el chispazo sensorial. El entorno se presenta  como una amalgama de imágenes en la que conviven elementos dispares. De su lectura surgen indefiniciones y dudas, ese sustrato ambiguo que difumina bordes entre lo imaginario y lo real.
   Los lectores de Javier Sánchez Menéndez recordarán un clima similar en los apuntes en prosa de El libro de los indolentes, cuyas bifurcaciones  aquí se hacen palpables en poemas como “Saúl muere en Dubrovnik”, uno de los mejores poemas de esta salida. Dejo aquí sus versos: “En la fuente pequeña de Dubrovnik, junto a la estatua de nariz / brillante, el indolente número 1 ha venido a morir. / Respiraba despacio, apenas se movía. Desplegó sus alas apoyadas y / recitaba  los últimos versos de Hölderlin en Tubinga. / En la fuente pequeña de Dubrovnik, donde sacian la sed  los / incansables, Saúl agoniza. / Bienvenido al reino de los vivos “.En casi todas las composiciones prevalece la carga conceptual sobre el hilo anecdótico. 
   Los poemas no enuncian, se hacen reflejo especular dispuestos a dar cobertura indagatoria a la conciencia. No es la voz sino el silencio quien se convierte en expresivo interlocutor. Escritura hecha gesto donde “la esencia se convierte en pureza”.


lunes, 16 de febrero de 2015

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. ORDENAR EL TIEMPO


Mediodía en Kensington Park
Javier Sánchez Menéndez
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015

ORDENAR EL TIEMPO

   Poeta, narrador, antólogo y responsable de la iniciativa editorial La Isla de Siltolá, Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) nos deja en las páginas de Fábula una serie escritural de género ambiguo, donde se dan la mano autobiografía y ficción. De esta obra en marcha se han editado hasta ahora las entregas La vida alrededor, Teoría de las inclinaciones y Libre de la tormenta que abren ruta a una cuarta estación, Mediodía en Kensington Park.
    El nuevo volumen  presenta una compilación de anotaciones fechadas entre 2008 y 2012, donde la prosa narrativa difumina contornos para resaltar su expresividad poética. Se abre con una frase que suena a brújula lectora, “En el aire de la espontaneidad”. Casi una reflexión metapoética sobre la voluntad que anima estos apuntes, escritos en Londres y concluidos en Cádiz, sobre una travesía existencial donde lo contingente se engarza sin un orden previo. Estar es discurrir, dejar cauce al funcionamiento rutinario, aunque la estela se mire con el aporte sensorial de unos ojos líricos. “Todo empieza después, nada se inicia antes”; la escritura se convierte en un propósito sosegado: la palabra busca ordenar el ser de los relojes, aunque ésta no sea la única intención: “Quiero vivir mi tiempo y ser contemporáneo. Y asistir al debate viviendo entre lo exacto. Intento inmiscuirme y soporto el rechazo. Encuentro la verdad, un diálogo apócrifo que nunca crece en humanismo” (pág. 22). El sujeto reafirma su identidad mientras sale  a escena y representa su papel de figurante activo en la mínimas tablas de un azaroso escenario, empeñado en buscar su engarce social o en responder a las dubitaciones que formulan los días. El lenguaje se hace herramienta de búsqueda.
   La cadencia meditativa de Mediodía en Kensington Park da curso al pensamiento del hombre ensimismado, una presencia que en el centro del parque busca un recinto audible para las voces interiores. Allí, en la concreta geografía del jardín londinense que difunde frescura y silencio, se asoma al interior del tiempo, halla voz y armonía para sondear esas verdades íntimas que el hombre necesita pulsar entre sus manos para seguir trayecto, para sumar sus pasos a otros pasos. En lo inesperado confluyen todos los caminos, las sendas abiertas “que han leído la esencia, que llegaron al bosque y, en su centro, descubrieron la luz y su silencio”.


lunes, 20 de octubre de 2014

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. LA MUERTE OCULTA

La muerte oculta
Javier Sánchez Menéndez
Vitela Gestión Cultural, 2014
RINCONES
   Lo suelo comentar con los amigos como curiosidad entomológica: la reedición de un libro de poesía contemporánea es una anomalía porque el mercado se ha asentado en la indigencia. Así que el hecho de encontrarme en los escaparates, por segunda vez, con el poemario La muerte oculta, cuya amanecida en la colección Arca del Ateneo de Córdoba se realizó en 1996, es fuente de alegría y justificado motivo para emprender la lectura. Su autor, Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964) ha multiplicado su presencia en el circuito literario, como editor de la Isla de Siltolá, escritor activo en varios géneros, e impulsor de una obra en marcha con recientes entregas como la antología Por complacer a mis superiores y el volumen en prosa El libro de los indolentes.
   El poeta gaditano apenas ha modificado, salvo algunas variantes formales, el poemario La muerte oculta, que en esta edición incorpora prólogo de Antonio Colinas y epílogo de Tomás Rodríguez Reyes. El liminar “Para revelar lo verdadero”, firmado por Antonio Colinas, subraya  como rasgos identitarios la claridad, la simbología y la contenida emoción de una entrega que ha aguantado con entereza el vendaval del tiempo. Coincido con las aseveraciones de Colinas y coincido también con el propio poeta cuando define esta salida como un contacto final entre la poesía y la vida.
   La semántica de este breve poemario es nocturnal. La palabra del hablante lírico elige rincones de sombra para reformular un discurso reflexivo sobre la existencia; los versos tienen el son conclusivo del epitafio como si persistiera en el aire la sensación de acabamiento y finitud. La conciencia del sujeto dibuja en la retina el angosto cerco de una realidad senil y mustia que induce al pesimismo. La materia se impone; aquel verso de Novalis realza su certidumbre: “Buscamos por todas partes lo infinito, / y no encontramos sino cosas”.
   De ese estado de decepción se nutre el apagamiento de la voluntad de ser; el andar resignado no es más que una estrategia de un sueño crepuscular, de la tangible presencia del fracaso. Pero el tiempo prosigue su manso itinerario y se abre la claridad; tras el alba se diluye esa sensación de estiaje y cansancio de una memoria hecha rincones sumergidos para cobijar el amor, la plenitud de la belleza, la senda recorrida hacia el otro o el resplandor del tiempo.
  El verbo reflexivo del arranque está hecho de introspección y ensimismamiento, mientras que las composiciones del segundo apartado recurren a referentes culturales. El monólogo dramático concede sugerentes identidades a la voz poemática para recorrer con las palabras un tiempo de amor y sueños, para alcanzar en la sección de cierre una identidad de sombra. Toda la sección gira en torno a la noche, entendida como amor y discordia, como destino conclusivo y fin de viaje, donde la oscuridad impone su silencio.
   Clausura esta entrega de Javier Sánchez Menéndez el texto de Tomás Rodríguez Reyes, un análisis que descifra la simbología del poemario y su sentido de lo poético, siempre inadvertido y más allá de lo racional, ese viaje circular que lleva desde la noche a la claridad, a esa muerte oculta que no está hecha de finitud sino de disolución profunda e interna.
   La muerte oculta, tras su salida en 1996, sumió al autor en un largo silencio literario. Hoy llega su voz como si aquel silencio fuese una epifanía germinal, el retorno feliz de quien regresa desde un territorio inexplorado, con palabras repletas de belleza y poesía.  

 


domingo, 22 de junio de 2014

MIRADAS SIN LUZ

Madrid, invierno de 2014
MIRADAS SIN LUZ

                     Para Javier Sánchez Menéndez,
                    desde el fondo de armario de un domingo

Vacío de palabras, con ese gesto de quien dice todo con los ojos.

Sí, sí, un itinerario ensamblado: cinco libros; cinco autoediciones.

Los malos poemas tosen; tienen respiración errática.

Afinidades de una ecuación igualadora. Le pregunto “quién eres”. Aplaza su respuesta. Duda. Su identidad se difumina. Es la mía.

La ingenuidad limpia los días con un poco de alcohol.