jueves, 30 de octubre de 2014

ENCUENTRO EN EL BUS

Londres, 2010
Fotografía de Javier Cabañero
ENCUENTRO EN EL BUS
 
   Nos encontramos en la estación central, mientras adquiría el bono semanal de transporte. Sentado en un banco, leía un libro que yo le había regalado cuando aparecieron los primeros síntomas de su enfermedad y fue hospitalizado. Los sonetos de W. Shakespeare. Mi desconcierto fue mudo y palpable. Recordé de inmediato la fecha de su ausencia; había fallecido cinco años antes pero su apariencia no delataba ninguna mutación. La inquietud de sus ojos me dijo en silencio que mi aspecto físico sí había cambiado y que en mí era palpable la erosión del tiempo.
  Ya en el autobús, espié cómo su sombra se desvanecía en el aire frío del otoño londinense. Guardé conmigo una certeza, un futuro encuentro cualquier día.

12 comentarios:

  1. Esos encuentros inesperados José Luis. Con los vivos y con los muertos.
    Feliz tarde.

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    1. Sí, Loly, como le sucedía a Pedro Páramos, uno nunca sabe dónde está exactamente. Un abrazo enorme y espero que la novela te esté gustando. besos.

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  2. Todo está en todas partes, solo hay que mirar para verlo y ser consciente de ello es lo que nos da la certeza de lo que somos y donde estamos. Al igual que tus aforismos estos relatos breves me encantan, son lecciones de vida. Un fuerte abrazo.

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    1. Eso se llama afecto, querido Paco, nunca falta tu palmada cordial que es también la lección de vida que deja entre las manos la amistad. Gracias.

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  3. Tu relato, tan breve, y tan lleno de misterio y poesía. Besos,

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    1. Gracias por el cariño, Susana. Ya sabes que la brevedad es siempre la cortesía hacia el lector. Esa manera de abrir la puerta con gesto amable. Un abrazo.

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    1. Hola poeta, vuelvo de una tierra muy querida para ti; hemos pasado el fin de semana en Asturias, así que regreso con la mirada verde. Gracias por tus palabras; el territorio de la poesía es siempre hospitalario con los fantasmas, esos otros vivos que comparten disidencias e incertidumbres con nosotros. Un fuerte abrazo

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  5. Estupendo relato. Me encanta la certeza de un próximo encuentro.
    Un abrazo

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    1. También a mi me gustó tu microrrelato; tenía un final maravilloso. Ahí seguimos, haciendo de cada palabra una continua búsqueda. Gracias por tu cercanía. Feliz domingo.

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  6. Quizá la inquietud en sus ojos revelaba, a su vez, sorpresa: la de volver a verte, en esa estación, tan desconcertado y tan muerto.
    Abrazos, siempre

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    1. Seguro que sí, querido poeta. Los gestos son el vocabulario de la epidermis y tiene la misma expresividad que las palabras. Un fuerte abrazo y a ver si nos vemos esta tarde.

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