lunes, 18 de septiembre de 2017

ANTONIO MERAYO. TIEMPO ESCRITO

Tiempo escrito
Antonio Merayo
Danime, León, 2017


AFORISMOS  DE OTOÑO


   A nadie se le escapa el tiempo de esplendor que vive el aforismo contemporáneo. La salud juvenil del género invitaría a algunas consideraciones previas sobre esta eclosión desmesurada de la brevedad, pero no es el momento para tal debate sino para centrarse en la nueva puerta que abre en su escritura el leonés Antonio Merayo (Corullón, 1949). Incansable activista cultural, el autor ha propiciado proyectos que ya son pie de página del tiempo como la revista de poesía Alcance, o la tertulia Sándalo; es protagonista, además, de una  dilatada obra inédita, ahora en vías de publicación, ya que se anuncia la salida en breve de una compilación de relatos y de un libro de poesía y ha divulgado sus creaciones en numerosos libros colectivos.
   En Tiempo escrito Antonio Merayo selecciona una amplia muestra aforística que hace del decir conciso expresión de una ética; por tanto, la entrega se define como una novela coral que explora los contraluces fatigosos de nuestro tiempo. Los amantes del género saben, como decía Pessoa, que cuando viajamos no se describe lo que vemos sino lo que somos. En el cultivo paremiológico sucede lo mismo; los aforismos no son sino derivaciones escuetas de un paisaje interior que va mostrando rincones del yo para establecer la senda caligráfica del tiempo.
   Un elenco de citas clásicas precisa el contorno semántico de un género de límites diluidos, donde es perceptible la aleación entre pensamiento y filosofía. Con ambas disciplinas se contruye una arquitectura verbal fragmentaria que amplía su campo de interés a las contingencias del sujeto y a la cartografía de un entorno cambiante que respira habitado por un existencialismo colectivo.
  Antonio Merayo busca  un tono narrativo que enuncie de forma directa, sin interrupciones digresivas; de este modo la frase llega al lector con el deje manifiesto de un pensamiento cerrado, sin líneas colaterales ni personales secundarios que inspiren nuevas historias. Hay pinceladas poéticas: “El corazón del aire son los pájaros”, “una flor es el aforismo de la naturaleza”, “Ser aire, para que tú me respires”, “Los pájaros convierten su canto en luz”; y hay una continua peocupación por el sentido de la escritura: “Escribir y leer ayuda a descubrir cómo somos, cómo no somos, y cómo podríamos ser”, “Lo más profundo se ve con los ojos de la inteligencia”; “Somos nuestra interpretación de la realidad”, “Es necesario escribir sin red para que surja la verdadera emoción”, “Si no encuentras la puerta, inventatela”. Pero el escritor no duda en afrontar el otoño de la incertidumbre que despliega un tiempo colectivo que ha ido erosionando en su discurrir la calidez de muchas ilusiones: la política está contaminada por una nube tóxica que hace de su práctica un inventario de intereses particulares. Sin embargo, Antonio Merayo no cree en el sarcasmo y su mirada crítica se protege con frecuencia con el sentimiento irónico y con un escepticismo saludable que también afecta a los pecados capitales del yo, a esos sujetos que se miran en el espejo de la vanidad o la mentira…
No hay imperativos urgentes sino itinerarios desplegados hacia la política como engarce social que afecta el discurrir colectivo. 
  En los aforismos de Tiempo escrito se percibe el patrimonio cognitivo de quien vive la vida , no con la aceptación resignada del sujeto pasivo, sino con el modesto esplendor de la inteligencia, con la certeza de quien sabe que la existencia reparte a manos llenas conocimiento y experiencia, esa entera verdad del tiempo que se escribe para dar fe de vida.  



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