miércoles, 1 de septiembre de 2021

LA CHISTERA

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LA CHISTERA
 
   Liquidaban por cierre los pertrechos del almacén de magia y compró un sombrero de copa para animar su tardía vocación de ilusionista. Aquel verano llegó el primer contrato. Amenizar la líquida madrugada en un chiringuito playero. Retraído en su quehacer no advirtió la voluntad propia de aquella oquedad de seda. En vez de conejos, manzanas, pañuelos rojos o naipes sueltos emergían de su interior estados de ánimo y sensaciones físicas. Todos los presentes se quedaban tristes, sentían en el pecho la punzada de la melancolía, tiritaban de frío o manchaban sus camisas de sudor jornalero a pesar del relente.
  El auditorio no sabía cómo reaccionar ante aquel vaivén de incongruencias. Atónito y cejijunto, el dueño del local no soportaba tan prodigiosa insensatez. En su despacho, ya preparaba la carta de despido por incumplimiento de contrato. El apabullante inventario de ocurrencias es más locura que magia.
 
(Del libro en preparación Cuentos diminutos)


 
 
  

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