| Don de la invocación Raúl Gimeno Ediciones Rilke Madrid, 2026 |
RAÍZ Y AUSENCIA
Sirve de vislumbre prologal el texto “Resonancias”, un poema en prosa, cuyo argumento transforma el despertar en contraste de luz y sombra. Lo cotidiano retorna como un hábito, pero trae consigo, tras la aparente monotonía, el misterio y la posibilidad tras la espera. La composición da paso al apartado de arranque cuyo título “Y la herida se hizo boca” une su potencia metafórica con la invocación a la poesía en tiempos de intemperie, con el que el filósofo T. Adorno cuestionaba el sentido estético de la creación por su asepsia frente a la barbarie nazi, por haber perdido el asombro y la inocencia. En esta sección, el poeta se asoma a varios interrogantes centrales de la teoría poética: su ontología comunicativa, la mirada de luz de la poesía, como renacimiento y creación, y la fusión con el entorno para sondear la hondura de la materia.
Unifica todo el apartado una aspiración reflexiva. La conciencia fluye y se hace viaje interior, introspección. Las palabras se unen para dar vida a la idea mediante versos fragmentados, junto a mínimos enunciados laterales, como notas que concentran en letra cursiva la pauta argumental. El poema define el ser; se hace lenguaje y tiempo a través de la voz inaudible del silencio y la contemplación.
El segundo grupo de poemas "Palabras al silencio originario, es más breve, pero la atmósfera filosófica perdura. Se tiende al poema despojado, que guarda la fugitiva sensación del instante y despierta lo intuitivo, esas palpitaciones de la existencia al paso. A través de ellas, la palabra se hace simiente, busca esa fusión mística entre naturaleza y sujeto que alberga el misterio de ser. Quien escribe forma parte de un espacio sagrado; es habitante de un no lugar en una realidad transcendida. En su hondura confluyen, como anhelo cumplido, el misterio de ser y la estela insonora de un silencio imaginario.
Don de la evocación convoca en su carácter dialógico la soledad múltiple en la que se fusionan el poeta, como artesano de la palabra, el filósofo como indagador del yo más hondo y el místico, que sabe que más allá del tiempo hay una vía unitiva que enlaza el callar y el decir, la realidad y el vacío.
JOSÉ LUIS MORANTE
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