martes, 24 de marzo de 2020

DIEGO MEDINA POVEDA. TODO CUANTO ES VERDAD

Todo cuanto es verdad
Diego Medina Poveda
Accésit del Premio Adonais, 2019
Ediciones RIALP. S. A.
Madrid, 2020


EL DESIERTO  DE ESTAR


   Desde su inicio creador, en 2009, con la carta de presentación Urbana Babel Diego Medina Poveda (Málaga, 1985), Licenciado en Filología Hispánica, Becario en 2014 en el Área de Publicaciones de la Biblioteca Nacional y Máster en Estudios Literarios, impulsa un caminar de producción sostenida, en un laborar reconocido con distintos premios. Con su entrega Todo cuanto es verdad obtuvo el accésit del Adonais, cuando consiguió el Premio María Elena Higueruelo con el libro Los días eternos.
   Todo cuanto es verdad toma su título de un mínimo fragmento de Séneca, contenido en Epístolas a Lucilio, que sirve de umbral al paisaje de composiciones. La cita deja en su semántica un rumor reflexivo, de exploración, como si alentara, más allá de algunas circunstancias biográficas, un criterio selectivo de búsqueda y conocimiento. El primer apartado “Mudanza” suma también un fragmento de Fray Luis de León ante el carácter cambiante y transitorio de lo real. El poema ofrece planos situacionales en los que se insertan pensamientos introspectivos y reflexiones sobre experiencias concretas. El sujeto verbal emplea la primera persona para reforzar la complicidad de la confidencia. Así lo percibimos en el excelente texto de apertura “Ropa limpia”: “HE optado por callarme, pero el eco / retumba tan profundo en las paredes, / que creo que es mi pensamiento / la voz de su blancura. / Cosa de locos / que escuchen las paredes a los cuerdos”. Así nace la idea de una ficción autobiográfica que condensa, con prolijo aporte de detalles, la dialéctica entre entorno y sujeto. El primero establece un entrelazado de cambios que aseveran la temporalidad o los puntos de punto de fuga que ponen espejismos en lo diario. El poema “Vigorexia” maneja la ironía con destreza para definir la nadería muscular del ejercicio físico como única meta personal y contrapone ese modo de estar con la soledad punzante de quien escribe esos monólogos que el poema pronuncia inadvertido.
   “El viaje”, poema de cierre de este tramo inicial puede entenderse como una poética que alude a la función catártica de la poesía y a la hondura de su significado, nunca definidas con plenitud, nunca evidentes. Toma como estela argumental una conocida composición de Cavafis que reitera algunos tópicos de uso frecuente: no hay nada nuevo bajo el sol  o esa terquedad de la historia para repetir huellas conocidas. Pero el final anticlimático anula de inmediato cualquier dogmatismo.   
   En el segundo apartado “Geografía del abandono” se yuxtaponen referentes diversos para hacer una lectura del presente a través de distintas situaciones que dejan en su desarrollo la textura de lo cotidiano. Contiene excelentes composiciones como “Deshaucio”, con un cierre rotundo: “Vivimos en la antítesis de un verbo / que muchos años antes se empleó /   para hablar de esperanza”. También cobra un fuerte significado afectivo,  para el estar del sujeto que se define por lo contingente el poema “Charcos”, cuyas imágenes crean esos trazos oscuros que humedece el discurrir temporal. Y es muy expresiva la queja reflexiva que formula el poema “Reciclaje”, donde el entrelazado de imágenes aventa una lectura simbólica.
   Del mismo modo, otros poemas parecen hechos de tramas autónomas. Sirven de cobijo al homenaje, como “Perspectiva del Sena”, en torno a Paul Celan, o hacen de las sensaciones que depara un encuentro fortuito una meditación sobre el fluir del tiempo.
    Todo cuanto es verdad muestra la caligrafía variable de un cuaderno de viaje existencial; en sus páginas la identidad paga el diezmo de la incertidumbre y los pasos sobre una superficie de certezas líquidas que deja sensaciones de soledad y desamparo. La palabra constata el tacto frío de la realidad, esa geografía de contraluces que  requiere siempre el callado resguardo del poema.

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