miércoles, 3 de abril de 2019

GUILLERMO MARCO REMÓN. OTRAS NUBES

Otras nubes
Guillermo Marco Remón
Accésit Premio Adonais, 2018
Ediciones Riaps. S. A.
Madrid, 2019



AURORA


   La trayectoria poética de Guillermo Marco Remón (Madrid, 1997), estudiante de Ingeniería de Computadores y de Lengua y Literatura Españolas,  comienza de forma fulgurante con el poemario Otras nubes, accésit del Premio Adonais 2018. Es su primer fruto literario, aunque ha participado en iniciativas culturales universitarias, tiene en cartera otros dos poemarios, que forman parte de su etapa de aprendizaje, y coordina el programa de radio de Campus Sur, enfocado a la entrevista a fondo a personalidades relevantes de la cultura actual.
 Alguna vez el joven poeta afincado en Rivas-Vaciamadrid, municipio de amplia tradición literaria, ha comentado su predilección por el experimentalismo lingüístico de Ramón Gómez de la Serna; resulta coherente que ilumine esta amanecida con una cita del autor de Automoribundia (1888-1948). De ella procede el título “… mirando unas piedras y escribiendo de otras cosas, de otros paisajes, de otras nubes”. El yo poético reivindica con ese aserto el afán observador y el estar junto a lo mudable, como si fuese necesario tejer recorridos indagatorios para llegar al conocimiento interior, a los sustratos que componen el yo.
  En cada ser habita la extrañeza, una multiplicidad de estados que va perdiendo contornos en el devenir. No resulta raro, por tanto, esa búsqueda del yo desdoblado que alumbra en el primer poema, “A Guillermo para que vuelva”. Recuerda aquella insólita travesía de los espejos que asumiera la Alicia de Lewis Carrol. En esa primera composición también queda patente un cierto registro irónico “(crepúsculo tiene las mismas sílabas / pero el peso de un lector afectado)” y la convivencia entre un lenguaje de un registro conversacional intimista, con rupturas de sentido e imágenes que dan vuelo al poema y anulan la mudez de lo previsible.
  Se plasman en los poemas secuencias íntimas, filtradas por el tiempo. No con un mero afán enunciativo sino con ese punto de asombro que concede a lo cotidiano una ventana a la imaginación. De este modo, el párvulo que tanteaba ojales de su uniforme en el jardín de infancia es capaz de enseñar a una percha cómo abotonar su oscura quietud en el armario, o se descubre en el interior de un juguete la voz de un niño perdido en el mapa de la memoria.
  La poesía es mágica porque salva a las sensaciones del territorio plano del olvido o de esos derrumbes inadvertidos que van acumulando los días del pasado. Desde ese lado del tiempo regresa la anotación del diario de Adriana que subraya “¿Por qué me haces esto” o cobra forma el rostro de la abuela cantando estribillos, y se hace presente la nostalgia por Cuzco, un animal doméstico mirando con los ojos lejanos de quien ya no está, aunque perdure intacta la tranquila tarde del paseo por el olivar o las calles de las urbanizaciones.
   Vivir es aceptar también que el barco de papel se deshace en el agua y pone serio al mirar puro que enuncia su naufragio. El pasado está ahí, dando sentido a las raíces del ahora, y es el lenguaje del poema quien se ocupa de capturar de nuevo esos instantes que se marcharon un día como hijos pródigos.
   La poesía de Guillermo Marco Remón retiene en la geografía del poema los ecos de lo biográfico. Es una reelaboración del periplo existencial, hecha desde la lucidez, el onirismo y la ternura. En ella se abrazan el propio sentir y la cercana presencia del entorno afectivo. Abre las manos con esperanza, para guardar en ellas la inadvertida estela de los días, “el dócil sonido de papel que confirma un verso y  / una vida”

JOSÉ LUIS MORANTE 

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