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EL CRÍTICO
Para María Fernández Cuello,
por su confianza y afecto. Por su amistad
Con voluntad incansable, Tasio Luna leía cada año libros y manuscritos, acumulados en el manso desorden de su biblioteca. Sobre los mismos no opinaba nunca. Gracias a aquel silencio llegó a ser el crítico más reputado de su tiempo. Los que a sí mismo se consideraban buenos escritores, escuchaban en aquel mutismo un asentimiento tácito; los dubitativos refrendaban sus propias dudas; y los malos escritores entendían aquella actitud como un impulso afectivo condescendiente, acaso, como un gesto de civilizada cortesía.
(De Cuentos diminutos)


