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viernes, 4 de septiembre de 2026

DESDOBLAMIENTOS

inventario de mí
(Hombre en el espejo)
Rene Magritte


 

HETERÓNOMOS

Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cual fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita día y noche
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer
y, por lo mismo,
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos”)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde inicia el galope un sentimiento,
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que bajo el brazo trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente:
“hallé la puerta abierta
y me aburría…”
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

   (Del libro Rotonda con estatuas, 1990)




 

sábado, 30 de mayo de 2026

MODAS LITERARIAS

El otro
Rene Magritte


 MODAS LITERARIAS

 

   Piensan que escribir haikus y aforismos es un imperativo de moda literaria. Un asunto de época y museo que permite acumular saldos con un vocabulario económico. Ya se sabe que derramar estupideces verbales es un género atemporal. Así que hay que tomar distancias, percibir la obra desdoblando su verdad y belleza y afrontar la práctica del haiku o del aforismo con el saludable despego del buen hábito. Sin más compromisos que los que dicten la necesidad de la palabra justa y la voluntad propia. Sin más; uno ya no está para disimular bostezos ante hermeneutas dogmáticos y transcendentes.