domingo, 7 de mayo de 2023

EN FAMILIA

Desolaciones
Archivo general
de
Internet
 

EN FAMILIA

 
   En casa no nos gusta incomodar a nadie, señor comisario. Las cosas son como son, frágiles, transitorias, listas para abrir puertas al derrumbe. No hay más indicios, aunque todos buscábamos algo. Mi madre buscó siempre el sosiego en la farmacia; mi padre en la mudez de un cigarrillo, convencido de que el cansancio y el frío están en las palabras, pero son otra cosa; mi hermana, cuando niña, en el reclinatorio de la ermita y después en la esquina más rentable del polígono sur. Yo que no busqué nada, encontré un libro y en él sigo.
  Vivimos juntos el abuso feliz de sentirse en familia. Repare usted, señor comisario, que en nuestra casa los sueños nunca dieron ningún paso. 
 
(Del libro Cuentos diminutos)
 

JOSÉ LUIS MORANTE

sábado, 6 de mayo de 2023

EPITAFIOS PARA UNA DESPEDIDA

Crepusculario y despedida
(Navadijos, Ávila)
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

PIEDRA CALIZA
     (Epitafios)
 
 
“He soñado con la realidad. Con qué alivio me he despertado.”
                                                                                              STANISLAW  J.  LEC
 
 
La muerte no  es nada,
cuando existimos ella no existe
y cuando aparece, nosotros desaparecemos.
                                                                                      EPICURO
 
 
                                   I
 
En su artesana construcción del silencio,
la muerte no reconoce
ninguna otra verdad.
 
                                   II
 
Otra noche.
Sobre mí  prosigue su labor
la luna quieta.
Carezco de otra luz.
 
                                   III
 
Queda mi nombre
y la serenidad de este paisaje
que no sabe quien fui.
 
                                   IV
 
Agudizo mi vocación fantasma.
Miro sin comprender
y reclamo razones para estar en la nada.
No hay respuestas;
la pureza del aire
habita el desamparo.
 
                        V
 
Un manto de raíces y una brizna de sol,
pero las formas se han desvanecido
en el escaso jugo de una tierra estéril.
Estoy con otras sombras y nos une
la mansa convivencia,
el aire de familia
de los que nada piden al futuro.
 
                        VI
 
Vuelven los ecos y dibujan mapas,
un recorrido de memoria y sueño
que convierte al que fui
en terco pasajero de otra ruta
que ya no identifico.
El pasado se puebla
de restos arqueológicos.
 
VII
 
Ahora vivo debajo de las cosas,
con vocación de sima.
A tientas me desplazo
sin que se marquen huellas
ni dejen una imagen
los lugares de paso.
Nada sucede aquí;
nada sucede.
 
                        VIII
 
Callé.
Después de todo,
cobijo la pereza.
En el silencio, nadie;
un estar sin contornos que tantea
 y mide con desgana
el transcurrir del tiempo.
 
 
IX
 
Camino dentro
de un dédalo de calles
y paisajes extraños
tras un rastro invisible.
Prosigue la deriva;
es terca voluntad
que empuja hacia otra parte.
En un tiempo sin tiempo,
ensordecido,
busco un lugar
para empezar de nuevo.
 
 
 X
 
Epitafios;
un triste empeño en seguir hablando
cuando  se consumió
mi turno de palabra.
 
 
                                   JOSÉ LUIS MORANTE
 
                                  

viernes, 5 de mayo de 2023

VOCES SUELTAS


 

VOCES SUELTAS

 

   Hay gente que tiene el don de la hojarasca. Aparece una temporada guiado por la experta brújula de un interés concreto (un favor editorial, una reseña, un manuscrito para corregir, una presentación, direcciones de críticos o medios de comunicación, poemas inéditos, un acto literario…). Después, se pierde en la nada, como si nunca hubiese existido, prescindible, muda, perfecta pobladora del último silencio. 

   Sobre la terribles cifras del acoso escolar, la certeza de que el profesorado carece de medios para detectarlo. Hay que inventar estrategias nuevas y aplicarlas a fondo.  Hay que combatir esas conductas bárbaras, lejos de la estridencia, el patetismo y la sonoridad de coro griego de los titulares de prensa.

 Imposible borrar la terca cercanía de la estupidez; siempre hay tóxicos que transforman un mensaje afectivo en una bofetada verbal. 

Estas anotaciones sueltas remiten a la memoria fragmentada del diario, tan útil para clarificar fricciones entre sujeto y entorno. Pero son excepciones. No quiero más sobresaltos obligatorios en mi escritura. Solo el blog como hábito. 

Cada identidad contiene hendiduras repletas de fantasmas larvarios.


(Anotaciones del diario)



 

 

jueves, 4 de mayo de 2023

CAMINO DE POETA

Deshoras
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

CAMINO DE POETA

 
Pasmadas siempre de la fuerza escasa
y de mis desatinos
son muchas las miradas que, perplejas,
contemplan  mis deshoras contra nada,
el folio en blanco,
ese vaivén que busca
unos granos de sal
en las aguas oscuras del poema.
 
No saben que perderse entre palabras
es sanación, vislumbre,
amanecer y ocaso
donde se dan la mano,
en armonía
la orfandad de la noche y el asombro.
 
Sin más aspiración
piso la acera
de un mañana dormido,
de un afán que socaba
sin deserción posible,
buscar un sitio humilde entre el silencio,
recorrer sin inercia
el camino marcado del poeta.

                     (Inédito)




               
 
 
 

 

miércoles, 3 de mayo de 2023

ÁNGEL MUÑOZ. 9 MM.

9 mm
Ángel Muñoz
Ediciones La Garúa / Poesía
Barcelona, 2023

 

AUSENCIA


  Fue el poeta Miguel Hernández quien subió a los estantes literarios los polos argumentales entre los que se cobijan todos los demás: el amor y la muerte. Son dos territorios nucleares que alumbran todos los pliegues del discurrir existencial. Ambos sustantivos no son excluyentes; potencian otros motivos recurrentes del hecho literario como las etapas vitales, el lenguaje, las relaciones con el otro, las utopías sociales, el compromiso ético, la naturaleza o el tiempo. Todos son espacios de reflexión para el poema, mercurio que mide la temperatura de las palabras. Hay, sin embargo, otros temas que generan en el sujeto creador prevenciones y desconfianza, que apenas alientan la necesidad de adentrarse en sus significados. Así sucede con el suicidio y esa es la propuesta personal y la perspectiva de reflexión que impulsan los poemas de 9 mm (La Garúa, 2023), que firma el poeta Ángel Muñoz.
   Nacido en Madrid en 1977, Licenciado en Historia del Arte y miembro en activo de los cuerpos de seguridad del estado, destinado en un municipio del sur de nuestra comunidad autónoma, Ángel Muñoz colabora con frecuencia en algunos medios digitales y escritos con sus poemas y figura en varias antologías del género. Impulsó hace algún tiempo el sello editorial LVR, junto a José Naveiras y en 2015 publicó el poemario Las cosas que conoces, en el catálogo de Huerga y Fierro
   Ahora retorna a la poesía para clarificar la conmoción sentimental que originó el suicidio de un compañero con el arma reglamentaria y su calibre de nueve milímetros. Afrontar la radicalidad del gesto con el latido sosegado es muy complejo y el poeta, que sabe que el lenguaje es un ámbito de concordia y revelación, ha tardado muchos años en dar forma definitiva a estos poemas impulsados por la memoria y el homenaje.
   Ángel Muñoz ubica en el andén de su libro dos citas de pensadores canónicos, Emil Cioran y Arthur Schopenhauer; los dos comparten en su reflexión el carácter meditativo de un pensamiento en conflicto con la realidad como ámbito de  fidelidad inquebrantable con la decepción. De este modo, el hablante verbal exige depuración y huida del dramatismo teatral. Quien habla debe alejar el exorcismo de sus miedos, está obligado a interiorizar que somos nómadas completando un borrador vital que, con frecuencia, no encuentra sentido.
   El poema prologal se titula “El”, aunque el poeta recurre al testimonio directo de la primera persona para describir las teselas del mosaico doméstico y la persistente sensación de orfandad de quien se siente ajeno a los demás, casi invisible, como si nadie reparase a diario en su existencia. Tras esa apertura se abre la sección “Las afueras de él”, una compilación donde manan de forma verista y natural las instantáneas del trabajo policial en la calle y, al mismo tiempo, el lenguaje en cursiva del pensamiento empeñado en su propia caligrafía contundente. El poema adquiere así un formato casi dialogal, donde los versos avanzan en planos paralelos. En cada poema conviven las palabras del narrador y el pensamiento de cada protagonista argumental que pertenece a una amplia gama de situaciones vitales: la anciana que vive sola, la madre que trata de salvar a su bebé, la prostituta, el okupa, el drogadicto, la adolescente rebelde, el maltratador… seres inadvertidos, al margen, que también quieren su oportunidad de ver en algún instante de su vida la luz del mediodía. Gente entre las grietas de lo social que muestra ante el agente de servicio la atrocidad de la existencia diaria en la que se cuestiona cualquier esperanza de futuro, generando una insoportable presión psicológica. Situaciones a las que se suma como cierre la prosa triste de la página de sucesos; informa que un policía se quita la vida en el armero. 
  Los textos poéticos agrupados en el apartado final “Reconstrucción de los hechos” conforman un diario lírico en primera persona en el que se muestran los ángulos intimistas del yo biográfico para argumentar reflexiones sobre un entorno de desolación. La felicidad personal ha sido un espejismo y se impone la crudeza del existir diario, marcado por la obligación y el servicio. El poema se convierte en un cúmulo de preguntas sin respuesta, en un estar marcado por los matices y alteraciones de la convivencia amorosa, la única capaz de hacer la soledad más habitable. La mirada hacia el espejo del otro descubre la derrota personal y la incapacidad de superar la angustia. La muerte convoca en su espacio onírico la decisión final: “El eco / ha sido inmenso / y siento que la luz me abandona…”
   Ángel Muñoz concede la palabra a la voz ausente de Él para que el pensamiento en la conciencia justifique su decisión y muestre a todos los nubarrones densos que emborronan los sueños. A tientas la tristeza recorta su silueta en el cristal de las palabras. En el recuerdo queda el olor penetrante de la pólvora. El naufragio y la herida.   
 

                                                                  José Luis Morante




martes, 2 de mayo de 2023

HORMIGAS BAJO LA PIEL

Insurrección
Archivo general de internet

 

BAJO LA PIEL

 

  Tengo un hormiguero bajo el páramo arisco de la piel. Sus pobladoras trajinan intempestivas, sin preguntarse si alguien construirá el cono de tierra que filtrará la luz para el rescate. Un temblor continuo evidencia su vocación de recorrerme a diario. Completan el mapa de la memoria de mi decrepitud. Pago tributo, acepto, no hago drama; la queja pertenece a los débiles. Previsibles y oscuras, cobijadas bajo las escamas, las hormigas deshojan las horas. Se agitan como un denso río sin sangre. Son trampantojo de una arteria empapada de negro.


(Cuentos diminutos)



lunes, 1 de mayo de 2023

JAVIER LOSTALÉ: HOMENAJE

Javier Lostalé
(Madrid, 1942)
Fotografía del archivo personal del poeta

   

                                                           ITINERARIO CON LUZ
 
                                                   Homenaje a JAVIER LOSTALÉ
 
 
 
  Javier Lostalé nace en Madrid el 16 de julio de 1942, en el inicio de la posguerra, cuando todavía son evidentes las heridas colectivas de la contienda incivil entre 1936 y 1939. Su quehacer poético se encuadra en el grupo generacional de los años setenta, denominado en los análisis críticos Promoción del Lenguaje o Generación novísima, una propuesta coral que alcanza definición literaria canónica en la antología Nueve novísimos poetas españoles (Barral Editores, Barcelona, 1970) con estudio introductorio y selección poética del crítico catalán José María Castellet.
  Aunque el madrileño se matricula en las aulas universitarias de la Facultad de Derecho, se decanta pronto por la comunicación radiofónica. Casi en el inicio de la década comienza recorrido laboral como locutor de radio en la Voz de Palencia. Poco después, empujado por la añoranza del ambiente cultural de la capital y las crecientes inquietudes literarias, retorna a Madrid, incorporado a la plantilla de Radio Centro. Tras la creación de Radiocadena Española, emisora de titularidad pública que comienza emisiones el 4 de diciembre de 1978, trabajó allí como redactor de informativos. La naciente emisora queda integrada en el Ente público RTVE y el periodista pasa a colaborar en Radio Nacional de España, donde forma parte del cuadro fijo de profesionales. Allí ha presentado dos programas de prestigio enraizado: El Ojo Crítico y La estación azul.​ También dejó su voz en el espacio de radioteatro Historias de RNE. Por su labor de apoyo y promoción a la página escrita recibió en 1995 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, galardón honorífico concedido por el Ministerio de Cultura que reconoce su quehacer difusor y el apoyo constante al  desarrollo de hábitos lectores.
  Se da a conocer como poeta en la antología Espejo del amor y de la muerte (Bezoar, 1971). Era una conjunción de nombres con selección y prólogo de Antonio Prieto y liminar de Vicente Aleixandre que junto a los textos de amanecida incluía composiciones de Eduardo Calvo, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena y Ramón Mayrata. Aquellos destellos iniciales se integraron en su entrega Jimmy, Jimmy (1976) de cuya lectura Luis Antonio de Villena escribió: “Los poemas de este libro –la poesía de Javier Lostalé más ampliamente- deben ser leídos como una historia. Una historia de dos personajes, a veces casi sombra, y un deseo amoroso. Pero cuidado, raramente lo escrito se libra de alguna forma de la biografía del autor, aunque el lector –acaso no el crítico- debe hacer caso omiso de tal biografía. En la historia de que hablamos existe final y principio,  pero no argumento. Quien lee debe tramar esa acción y debe definir sus personajes, que al fin son sólo los suyos”.
  En la sensibilidad del momento era signo diferenciador el factor esteticista, pero Javier Lostalé opta por integrarse en una senda personal en la que destacan con nitidez dos nombres propios, bien diferenciados: Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. Una cita del primero sirve de apertura al poemario; al segundo corresponde la imaginería surrealista. El halo de pureza y claridad de la infancia se va borrando en el tiempo; aparece el deseo como impulso invertebrado que desconcierta y propicia formas de percepción; el sujeto siente la soledad como estado ontológico que requiere nueva luz, una mirada renacida que nos completa. Los versos convocan un paréntesis vivencial instalado en la memoria; la voz poemática emprende un recorrido que se inicia tras el despertar del deseo y yuxtapone fechas, nombres, presencias, hasta que la soledad genera su propio ámbito y cristaliza en una calma apagada. Sólo queda hilvanar el pasado desde la elegía.
   Esta voz que canta lo perdido se renueva en la segunda cita, Figura en el Paseo marítimo, (1981) donde el amor se transforma en ámbito germinal en la mayoría de las composiciones. El intenso sentir es raíz y salvavidas, una amanecida que inunda el alma del poeta. Fortalece su conciencia con la sensación de habitar un estado de espíritu ajeno al tiempo, que funde lo visible y lo invisible. Es resaltable también la carga simbólica del sustantivo mar. Recordemos que ese umbral de belleza y azul también estaba en la poesía de Vicente Aleixandre de quien Javier Lostalé había preparado en 1971 Antología del mar y de la noche. En el mar confluyen formas y sentidos de naturaleza poética. Es latitud, marea silenciosa que captura, se acerca a la conciencia y abre surcos al pensamiento.
   Como escribiera Antonio Lucas, la poesía viene del silencio y va hacia el silencio. Con Figura en el paseo marítimo se duerme el íntimo temblor de la palabra y amanece un largo intervalo de ensimismamiento de casi tres lustros. No se romperá hasta que aparece el tercer libro La rosa inclinada (1995). La entrega tiene como obertura una poética: el texto no pretende desarrollar ninguna hipótesis teórica o conceptual. Busca tono confesional para otorgar a la escritura una función terapéutica y liberadora. El sujeto recurre a la senda verbal como espacio concesivo: en ese territorio los sueños son habituales transeúntes, las historias sentimentales discurren a la búsqueda del final feliz y el olvido pierde poder de corrosión. Como en Rilke, la rosa en su resplandor encarna un sueño antiguo que se concreta en un instante, purificando los sentimientos. En su belleza, es arquetipo de un inalcanzable anhelo.
  Tres años después se edita Hondo es el resplandor (1998). Roberto Loya aporta una reflexión crítica al libro y explora influencias, temas, adscripción generacional y singularidades de la tarea poética. Impulsado por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, el título asocia profundidad y luz. La memoria preserva la quemadura de lo acontecido porque los cuerpos únicamente dejan una experiencia de conocimiento, una trama de imágenes. Muchos años después, en 2022, Libros de la revista Áurea, en colaboración con Editorial Polibea y con edición de Miguel Losada, publica un homenaje al poeta en el que participan más de noventa voces que emplea el aserto En su hondo resplandor, es un hermoso balance de admiración poética y complicidad afectiva.
  Inédito en este momento como libro exento, La estación azul recoge poemas en prosa escritos entre 1998 y 2001. Está dedicado a Claudio Rodríguez, uno de los magisterios esenciales de la Generación del 50.  Los siete apartados que conforman contenidos están formados por textos autónomos en los que reverdecen las habituales obsesiones del ideario personal. La estación azul define un espacio arquetípico que sirve de morada al pensamiento; lo real se suspende ante el cúmulo de imágenes. En este ámbito es posible encontrar sueños incontaminados o divagar sobre conceptos como la belleza y la poesía. Durante el periodo de escritura Javier Lostalé preparó la antología Edad presente, una muestra de la poesía cordobesa de la última década, por lo que muchos de los textos están dedicados a los jóvenes poetas andaluces. El libro se reedita en la colección Los cuatro vientos de Renacimiento en 2016.
   Fue el poeta nicaragüense Rubén Darío quien subió a los estantes literarios la palabra azul. Convirtió al sustantivo en mercurio poético, en estrato valioso, en  una conmoción sentimental que fomentó la singularidad estética del Modernismo. Con él amanecía un propósito persuasivo que buscaba en cada verso el asombro y caracteriza el lenguaje como un ámbito de concordia y revelación. Con esta poética se fraguan las teselas en prosa de La estación azul, quinta entrega de Javier Lostalé, editada por primera vez en 2003, pocos meses después de que se reuniera su corpus en La rosa inclinada. Los textos tienen una naturaleza paradójica. Velan ángulos intimistas del yo biográfico para argumentar reflexiones sobre un entorno próximo, habitado por la contingencia.
  Una breve nota prologal comparte la gestación de la entrega: las teselas verbales nacieron como fragmentos destinados a la publicación en las páginas del diario ABC, por encargo del desaparecido poeta Santiago Castelo. Por su carácter lírico pasaron a formar parte, como se ha dicho, del material incluido en La rosa inclinada. Retornó a las estanterías como libro autónomo, tras recibir el Premio Francisco de Quevedo, certamen convocado por el Ayuntamiento de Madrid. Se han añadido tres teselas inéditas y no hay otras modificaciones en la nueva edición de Renacimiento; por tanto, el acercamiento a la prosa lírica de La estación azul desde su mirada fragmentaria contiene una intensa narratividad lírica. Sus piezas conforman un árbol de luz, una realidad con epitelio onírico, que aporta a quien se acerca la claridad gozosa del encuentro, pensamientos que alzan refugio, indagación y búsqueda.  
 
   La producción poética reunida en La rosa inclinada por la editorial madrileña Calambur en 2002 se completa con tres poemas inéditos de un libro en marcha, en los que se retoma el verso libre como estrategia expresiva básica. En el conjunto, la mirada poética desde 1976 hasta 2001 mantiene en cada entrega una dilatada capacidad de sugerencia; integra un conjunto de motivos recurrentes en los que la conciencia de ser se va gestando. Como si suscribiera aquel aserto de Pablo García Baena, poeta de Cántico, Javier Lostalé entiende la poesía como “un diario riguroso y verdadero”.
   Otra vez Calambur impulsa Tormenta transparente en 2010. La voz interior del hablante verbal hace de la meditación sobre el amor una luminosa senda indagatoria. Entregado al tiempo y los devaneos de su condición transitoria, el sujeto busca raíz en el territorio de los sentimientos, un espacio que se convierte en posibilidad y realización, en respuesta ante la fugacidad de la existencia. El latido amoroso es evocación y canto, palpita y resuena, se articula como un profundo centro que aglutina vivencias y destino. Es morada y, como escribiera Francisco Pino, “nunca existe el adiós cuando se ama” porque hasta lo extinto se hace aurora, y se aleja de cualquier paisaje de niebla y olvido.
   Poco antes de que llegase a la mesa de novedades El pulso de las nubes (2014) se publica el ensayo Quien lee vive más (2013) una reivindicación del paso de los libros; al cabo, sigue vigente el argumento de María Zambrano, “Escribir y leer es defender la soledad en que se está”; la filosofía escritural de esta entrega tendrá continuidad en el tiempo con los volúmenes Lector de poesía (2019) y el breviario Lector cómplice (2021). Son libros en los que emana el anhelo de la lectura como forma de superar los límites impuestos por lo real y la posibilidad de encontrar entre las páginas un afán transcendente, una exploración de conocimiento, una existencia más libre: “Quien lee ama pues aunque esté solo no hay nada que desde su silencio o ausencia deje de responderle hasta cobrar una presencia que acompaña como el amor. Quien lee ama, porque durante la lectura se crea una tensión en la que un paisaje se reconoce más allá de su aspecto físico y de sus luces al establecerse una relación psíquica semejante, por su correspondencia, al amor.”                                                    
 
  El tramo final constata una obra de madurez que descubre una fuerza creadora sin grietas ni zonas de sombra, con representación en las antologías Rosa y tormenta (2013), Azul relente (2014), Tiempo en lunación (2019) y La luz de lo perdido (2020). En el espacio angosto que media en la última década ven la luz las entregas El pulso de las nubes 2014), Cielo (2018) y Ascensión (2022). Son estaciones que avanzan con una cadencia temporal uniforme y en una misma senda de despojamiento, transcendencia y misticismo especular. En El pulso de las nubes la mirada lírica sondea la levedad de lo intangible; la palabra se transforma en vuelo para reafirmar el material transitorio de la memoria. Nada pertenece al yo, salvo un espacio abierto a la incertidumbre y la quietud. El entorno tiende sus manos para mostrar al poeta ciclos estacionales, su estar en una larga pausa florecida mientras la existencia se va moldeando como una “ciega y sorda transparencia” que el discurrir temporal deshabita.
   En esa indagación meditativa opera también el ideario de Cielo (2018) que aporta como cierre el epílogo “La realidad sublimada” escrito por el poeta y crítico Diego Doncel. En este texto se habla de un poeta a trasmano, ajeno al culturalismo y la metapoesía generacional, que gesta una aventura espiritual plena de sensación y sentido. La realidad se sublima y lo anecdótico desaparece para concentrar la mirada en un cielo interior donde respira el pulso de lo invisible, la física del cielo que anunciara Rilke.
   Ascensión abre las alas del poema en 2022 y refrenda la larga travesía de depuración expresiva. Lostalé define la entrega como un diálogo del espíritu con el espíritu, aunque nunca exento de carnalidad celebratoria. El cuerpo es deseo y pulsión incandescente;  la ascensión alumbra una fuerza hacia la consumación, un salto para llegar al lugar invisible donde el cielo se abre en acogida; pero también un descenso hacia lo íntimo que busca acariciar el cuerpo de la ausencia en un empeño inútil de tantear el vacío y salir de sí mismo.
   Completa el quehacer escritural de esta etapa la edición de Árbol desnudo. La poesía de José Cereijo (2017), poeta de Redondela pero afincado en Madrid con quien mantiene una estrecha relación personal. La selección dibuja un paisaje atento a todas las entregas publicadas, desde el título inicial Límites, aparecido en 1994.
 
   El largo itinerario y la continuidad en el tiempo conforman un nítido perfil del poeta Javier Lostalé. Es un viaje a la esencia, personal e intenso,  que nos deja memoria y poesía, un trayecto interior por la palabra que proclama su poder transformador, su luz, su cielo.
 
Festival de Poesía (IM)Prescindibles
Moralzarzal, 30 de abril, 2023