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martes, 30 de mayo de 2023

MIGUEL ÁNGEL REAL. VIRTUDES DE LA INERCIA

Virtudes de la inercia
Miguel Ángel Real
Prólogo de Mónica Manrique de Lara
Lastura Editorial, Colección Alcalima de Poesía
Madrid, 2022

 

DESPERTAR


   En la primavera de 2023 el Festival Internacional de Poesía (Im)prescindibles, coordinado por Álvaro Hernando y con sede central en Moralzarzal (Madrid), nos daba la oportunidad de conocer en directo los poemas de Virtudes de la inercia (Lastura, 2022) de Miguel Ángel Real (Valladolid, 1965), Licenciado en Filología Francesa, traductor, poeta y catedrático de español con destino desde 1991 en el Lycée de Cornouaille de Quimper, en la Bretaña francesa.
  En su recorrido poético están las entregas Zoologías, libro de amanecida impulsado por Ediciones En Huida, Como dados redondos, aparecido en la editorial mexicana Cisne negro, la selección poética bilingüe Comme un dé rond y Les rébellions inútiles, una compilación de poemas en francés publicada por Ed. Douro. En los meses finales de 2022 amplía recorrido con Virtudes de la inercia, un poemario con liminar de la poeta Mónica Manrique de Lara. La introducción define esta quinta entrega como “un interno paisaje experiencial, espontáneamente reconocible y quizá, por este motivo, hipnotizador como un fuego”. Tan sugerente apunte refrenda que en la arquitectura lírica de Miguel Ángel Real habla fuerte el intimismo sentimental, definido mediante estratos vivenciales con la transparencia de lo emotivo. El sujeto interpuesto muestra una dolorosa lucidez en esos espacios gélidos que recorren la desesperanza y la soledad. La palabra entonces adquiere su propia metafísica, su refugio interior, donde la conciencia se confina.
   La introducción de Mónica Manrique de Lara es excelente. Crítica torrencial de implicación directa. No se trata de la aparición fugaz del compromiso amical sino de una lectura que percibe y expone, que intuye e interpreta la propuesta poética de Miguel Ángel Real como “despertar de un oculto letargo”.
   Desde una organización dual, se abren dos tramos líricos de similar longitud formal. El primero “Virtudes de la inercia”, tras una cita metaliteraria de César Vallejo, arranca con el poema homónimo que concede título al poemario. El hilo argumental enuncia una situación de partida que alude a soledad y desánimo, a paisaje después de la batalla:”ni me quedan fuerzas para aprender a apaciguar la pena”.
   Miguel Ángel Real comienza su andadura con una intensa reflexión vital que busca apaciguar el dolor y la incertidumbre que produce el fracaso de la convivencia. El yo poético se mira a sí mismo, empujado por la mano fría de la inercia, distante y gélida, aceptando que ella es la dormida silueta de lo incompatible. Todo es pasado en el ahora, un borboteo apariencial que disimula el tedio: “Qué hay, no sé, qué te haces, / da igual, cualquier cosa. / No tengo hambre, / dijo alguno. / Yo tampoco, fue la respuesta”. Todo alrededor se ha vestido con el esqueleto invertebrado de la espera. Todo se desdibuja en trazos desvaídos hasta crear el espejismo de que solo las palabras conceden vida y certifican alguna escapatoria de un presente que abre sus pasos a la desilusión. 
   El hilo argumental deja en su avance en este primer apartado el campo de visión de un laberinto de mentiras, de una simple historia de supervivientes que tejen la triste sombra de lo cotidiano. Los versos buscan la senda de regreso, esa sensación de estar de vuelta para encontrar refugio en las palabras y poder huir de una ciénaga gris de soledad y limo.
   El tramo final “Hacia la luz”, que arranca con una hermosa cita de Mario Benedetti que se hace reflejo de esperanza,  poco a poco se deshace la sensación de cansancio y soledad: “Poco me importa que el trébol /  tuviera tres hojas. / Lo encontré bajo la nieve. / Vivo “. La descarnada herencia del pretérito diluye formas en una prematura vejez. Hasta volverse olvido. Contra viento y marea los sentidos renacen y recobran la fe. Los espejos recobran la luz del mediodía, reaniman recuerdos y de pronto el mundo está bien hecho y se escucha su latir en otro marco, donde no hay sombras: “la palabra es germen, esencia de posible. / Sobre ella me reposo para llegar a ti levemente. / Es mi única arma para no extinguirme, y con ella sé aguardar días mejores “.
   Miguel Ángel Real en los poemas de Virtudes de la inercia lanza al aire la moneda del amor para que muestre al vuelo sus dos caras; para que asuma que en la realidad la sombra tiene sitio y persiste fuerte; para que confirme también que hay pasos en el amor para el regreso. Poesía que hace de lo emotivo una razón común, que confía en el lenguaje para conceder a los sentimientos una dimensión de conocimiento y búsqueda, una continua aspiración a la luz, o como escribe con singular acierto Mónica Manrique de Lara: “una propuesta esperanzada hacia la dicha”.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 


viernes, 12 de mayo de 2023

ANDRÉS ORTIZ TAFUR. TRAIGO NOCHE EN LOS ZAPATOS

Traigo noche en los zapatos
Andrés Ortiz Tafur
Ediciones de la Isla de Siltolá / Poesía
Sevilla, 2023 


 

TURBULENCIAS

 
   Hace mucho tiempo que la poesía contemporánea perdió la solemnidad en vuelo de lo transcendente para mostrarse vitalista y cercana. Un patio de vecinos que incorpora intimidad, confianza, empeño dialogal y humor. Con estas pretensiones de irreverencia llega la entrega Traigo noche en los zapatos de Andrés Ortiz Tafur (Linares, 1972) bibliotecario, músico, articulista y narrador. También había firmado una primera entrega de poesía Mensajes en una botella que estoy acabando en 2018, editada por la Fundación Huerta de San Vicente de Granada en su colección de poesía Juancaballos; en la salida, con prólogo de Andrés Neuman, convivían el relato breve y el poema en torno al extravío existencial y al cambiante territorio de las emociones.
  Traigo noche en los zapatos recuerda en su comienzo una certeza: en el discurrir existencial no hay regreso, todo es una senda de sentido único, con frecuentes apeaderos de extrañeza, dolor e incertidumbre, donde reserva sitio la ausencia. Así cobra sentido un discurso poético sosegado y plural que percibe la intimidad como acuciante venero argumental. El balance previo del poema “Perros de presa” es un ejemplo paradigmático de lo vivido y de ese empeño de sentir que el aprendizaje vital es una cuenta de resultados a la baja. El pasado se traspapela en cualquier grieta y el futuro pierde fuelle, como un corredor de fondo con poca resistencia.
  El equipaje de motivos del tramo inicial “Nuevo catecismo” deja la sensación de desplazarse en círculos concéntricos. El sujeto verbal emplea una perspectiva realista y figurativa. Suma despojadas instantáneas de un estar diario que acoge anécdotas aparentemente menores y cotidianas. Pie en tierra, en los distintos momentos del día profundiza en la experiencia de ser y hace del escepticismo o la ironía la última bala. Perfila destellos cognitivos sobre el estar. El análisis del poema de cierre “Nuevo catecismo” recurre a la prosa poética para mostrar la aspereza del vivir en el proceso de percepción de la realidad y sus interpretaciones.
  En las composiciones centrales del apartado “Fogata”  el texto se despoja y adquiere en ocasiones un tono aforístico en el que la paradoja resume la observación del testigo directo: “Solo descubres que estás en guerra / cuando alguien te pide la paz. / A veces / la paz se erige en el detonante de la guerra. “. Andrés Ortiz Tafur especula con la cercanía autobiográfica y las contingencias de un entorno que percibe en su acontecer diario los pliegues del horizonte. Sus apreciaciones conceden al tiempo un valor añadido y resultan brújulas eficaces en los itinerarios por completar.
   La coda final es la que da título al libro “Traigo noche en los zapatos” y en ella persiste ese clima de realidad estremecida que dejan en nuestra piel los efectos secundarios del tiempo. El hablante verbal se posiciona, sigue ahí, dispuesto a aguantar un diálogo sostenido con la incertidumbre: “Estoy aquí por hacerte un favor. / Un favor cualquiera, / el que tú decidas”. Lo posible con frecuencia no pasa de ser mera presunción mientras lo laborable se define mediante escuetas pinceladas: “La idea es un ala batiente / captando la atención del mundo. / Y otra quieta, asida al cuerpo, / dejando todo en la mera presunción / de lo que podría haber sido levantar el vuelo”. En otros poemas como  “Sábado tarde” y “Habitación libre” se acrecienta el registro coloquial para glosar evocaciones y la dicción se desnuda para tejer secuencias de las que emanan indicios contra las idealizaciones. Sólo se cumplen los peores deseos y la esperanza parece dispuesta a formar la textura de un campo de cenizas en un mañana incierto.
   Como asevera la hermosa definición de contraportada de Álvaro Hernando Andrés Ortiz Tafur "compone este cuaderno de bitácora entre lo iluminado y las sombras que nos habitan". En Traigo noche en los zapatos” compila el cajón diverso de lo cotidiano, como si dejase sobre la mesa una fragmentaria lectura de la realidad en clave poética. Es la cronología de un tiempo con posibilidades remotas, que aglutina en el frescor de la mañana los días transitorios. Migas paradójicas de felicidad y desconcierto que borran la distancia entre pasado y presente, que llenan el hule del futuro de “cosas que no pasan”.
  
JOSÉ LUIS MORANTE





lunes, 1 de mayo de 2023

JAVIER LOSTALÉ: HOMENAJE

Javier Lostalé
(Madrid, 1942)
Fotografía del archivo personal del poeta

   

                                                           ITINERARIO CON LUZ
 
                                                   Homenaje a JAVIER LOSTALÉ
 
 
 
  Javier Lostalé nace en Madrid el 16 de julio de 1942, en el inicio de la posguerra, cuando todavía son evidentes las heridas colectivas de la contienda incivil entre 1936 y 1939. Su quehacer poético se encuadra en el grupo generacional de los años setenta, denominado en los análisis críticos Promoción del Lenguaje o Generación novísima, una propuesta coral que alcanza definición literaria canónica en la antología Nueve novísimos poetas españoles (Barral Editores, Barcelona, 1970) con estudio introductorio y selección poética del crítico catalán José María Castellet.
  Aunque el madrileño se matricula en las aulas universitarias de la Facultad de Derecho, se decanta pronto por la comunicación radiofónica. Casi en el inicio de la década comienza recorrido laboral como locutor de radio en la Voz de Palencia. Poco después, empujado por la añoranza del ambiente cultural de la capital y las crecientes inquietudes literarias, retorna a Madrid, incorporado a la plantilla de Radio Centro. Tras la creación de Radiocadena Española, emisora de titularidad pública que comienza emisiones el 4 de diciembre de 1978, trabajó allí como redactor de informativos. La naciente emisora queda integrada en el Ente público RTVE y el periodista pasa a colaborar en Radio Nacional de España, donde forma parte del cuadro fijo de profesionales. Allí ha presentado dos programas de prestigio enraizado: El Ojo Crítico y La estación azul.​ También dejó su voz en el espacio de radioteatro Historias de RNE. Por su labor de apoyo y promoción a la página escrita recibió en 1995 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, galardón honorífico concedido por el Ministerio de Cultura que reconoce su quehacer difusor y el apoyo constante al  desarrollo de hábitos lectores.
  Se da a conocer como poeta en la antología Espejo del amor y de la muerte (Bezoar, 1971). Era una conjunción de nombres con selección y prólogo de Antonio Prieto y liminar de Vicente Aleixandre que junto a los textos de amanecida incluía composiciones de Eduardo Calvo, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena y Ramón Mayrata. Aquellos destellos iniciales se integraron en su entrega Jimmy, Jimmy (1976) de cuya lectura Luis Antonio de Villena escribió: “Los poemas de este libro –la poesía de Javier Lostalé más ampliamente- deben ser leídos como una historia. Una historia de dos personajes, a veces casi sombra, y un deseo amoroso. Pero cuidado, raramente lo escrito se libra de alguna forma de la biografía del autor, aunque el lector –acaso no el crítico- debe hacer caso omiso de tal biografía. En la historia de que hablamos existe final y principio,  pero no argumento. Quien lee debe tramar esa acción y debe definir sus personajes, que al fin son sólo los suyos”.
  En la sensibilidad del momento era signo diferenciador el factor esteticista, pero Javier Lostalé opta por integrarse en una senda personal en la que destacan con nitidez dos nombres propios, bien diferenciados: Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. Una cita del primero sirve de apertura al poemario; al segundo corresponde la imaginería surrealista. El halo de pureza y claridad de la infancia se va borrando en el tiempo; aparece el deseo como impulso invertebrado que desconcierta y propicia formas de percepción; el sujeto siente la soledad como estado ontológico que requiere nueva luz, una mirada renacida que nos completa. Los versos convocan un paréntesis vivencial instalado en la memoria; la voz poemática emprende un recorrido que se inicia tras el despertar del deseo y yuxtapone fechas, nombres, presencias, hasta que la soledad genera su propio ámbito y cristaliza en una calma apagada. Sólo queda hilvanar el pasado desde la elegía.
   Esta voz que canta lo perdido se renueva en la segunda cita, Figura en el Paseo marítimo, (1981) donde el amor se transforma en ámbito germinal en la mayoría de las composiciones. El intenso sentir es raíz y salvavidas, una amanecida que inunda el alma del poeta. Fortalece su conciencia con la sensación de habitar un estado de espíritu ajeno al tiempo, que funde lo visible y lo invisible. Es resaltable también la carga simbólica del sustantivo mar. Recordemos que ese umbral de belleza y azul también estaba en la poesía de Vicente Aleixandre de quien Javier Lostalé había preparado en 1971 Antología del mar y de la noche. En el mar confluyen formas y sentidos de naturaleza poética. Es latitud, marea silenciosa que captura, se acerca a la conciencia y abre surcos al pensamiento.
   Como escribiera Antonio Lucas, la poesía viene del silencio y va hacia el silencio. Con Figura en el paseo marítimo se duerme el íntimo temblor de la palabra y amanece un largo intervalo de ensimismamiento de casi tres lustros. No se romperá hasta que aparece el tercer libro La rosa inclinada (1995). La entrega tiene como obertura una poética: el texto no pretende desarrollar ninguna hipótesis teórica o conceptual. Busca tono confesional para otorgar a la escritura una función terapéutica y liberadora. El sujeto recurre a la senda verbal como espacio concesivo: en ese territorio los sueños son habituales transeúntes, las historias sentimentales discurren a la búsqueda del final feliz y el olvido pierde poder de corrosión. Como en Rilke, la rosa en su resplandor encarna un sueño antiguo que se concreta en un instante, purificando los sentimientos. En su belleza, es arquetipo de un inalcanzable anhelo.
  Tres años después se edita Hondo es el resplandor (1998). Roberto Loya aporta una reflexión crítica al libro y explora influencias, temas, adscripción generacional y singularidades de la tarea poética. Impulsado por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, el título asocia profundidad y luz. La memoria preserva la quemadura de lo acontecido porque los cuerpos únicamente dejan una experiencia de conocimiento, una trama de imágenes. Muchos años después, en 2022, Libros de la revista Áurea, en colaboración con Editorial Polibea y con edición de Miguel Losada, publica un homenaje al poeta en el que participan más de noventa voces que emplea el aserto En su hondo resplandor, es un hermoso balance de admiración poética y complicidad afectiva.
  Inédito en este momento como libro exento, La estación azul recoge poemas en prosa escritos entre 1998 y 2001. Está dedicado a Claudio Rodríguez, uno de los magisterios esenciales de la Generación del 50.  Los siete apartados que conforman contenidos están formados por textos autónomos en los que reverdecen las habituales obsesiones del ideario personal. La estación azul define un espacio arquetípico que sirve de morada al pensamiento; lo real se suspende ante el cúmulo de imágenes. En este ámbito es posible encontrar sueños incontaminados o divagar sobre conceptos como la belleza y la poesía. Durante el periodo de escritura Javier Lostalé preparó la antología Edad presente, una muestra de la poesía cordobesa de la última década, por lo que muchos de los textos están dedicados a los jóvenes poetas andaluces. El libro se reedita en la colección Los cuatro vientos de Renacimiento en 2016.
   Fue el poeta nicaragüense Rubén Darío quien subió a los estantes literarios la palabra azul. Convirtió al sustantivo en mercurio poético, en estrato valioso, en  una conmoción sentimental que fomentó la singularidad estética del Modernismo. Con él amanecía un propósito persuasivo que buscaba en cada verso el asombro y caracteriza el lenguaje como un ámbito de concordia y revelación. Con esta poética se fraguan las teselas en prosa de La estación azul, quinta entrega de Javier Lostalé, editada por primera vez en 2003, pocos meses después de que se reuniera su corpus en La rosa inclinada. Los textos tienen una naturaleza paradójica. Velan ángulos intimistas del yo biográfico para argumentar reflexiones sobre un entorno próximo, habitado por la contingencia.
  Una breve nota prologal comparte la gestación de la entrega: las teselas verbales nacieron como fragmentos destinados a la publicación en las páginas del diario ABC, por encargo del desaparecido poeta Santiago Castelo. Por su carácter lírico pasaron a formar parte, como se ha dicho, del material incluido en La rosa inclinada. Retornó a las estanterías como libro autónomo, tras recibir el Premio Francisco de Quevedo, certamen convocado por el Ayuntamiento de Madrid. Se han añadido tres teselas inéditas y no hay otras modificaciones en la nueva edición de Renacimiento; por tanto, el acercamiento a la prosa lírica de La estación azul desde su mirada fragmentaria contiene una intensa narratividad lírica. Sus piezas conforman un árbol de luz, una realidad con epitelio onírico, que aporta a quien se acerca la claridad gozosa del encuentro, pensamientos que alzan refugio, indagación y búsqueda.  
 
   La producción poética reunida en La rosa inclinada por la editorial madrileña Calambur en 2002 se completa con tres poemas inéditos de un libro en marcha, en los que se retoma el verso libre como estrategia expresiva básica. En el conjunto, la mirada poética desde 1976 hasta 2001 mantiene en cada entrega una dilatada capacidad de sugerencia; integra un conjunto de motivos recurrentes en los que la conciencia de ser se va gestando. Como si suscribiera aquel aserto de Pablo García Baena, poeta de Cántico, Javier Lostalé entiende la poesía como “un diario riguroso y verdadero”.
   Otra vez Calambur impulsa Tormenta transparente en 2010. La voz interior del hablante verbal hace de la meditación sobre el amor una luminosa senda indagatoria. Entregado al tiempo y los devaneos de su condición transitoria, el sujeto busca raíz en el territorio de los sentimientos, un espacio que se convierte en posibilidad y realización, en respuesta ante la fugacidad de la existencia. El latido amoroso es evocación y canto, palpita y resuena, se articula como un profundo centro que aglutina vivencias y destino. Es morada y, como escribiera Francisco Pino, “nunca existe el adiós cuando se ama” porque hasta lo extinto se hace aurora, y se aleja de cualquier paisaje de niebla y olvido.
   Poco antes de que llegase a la mesa de novedades El pulso de las nubes (2014) se publica el ensayo Quien lee vive más (2013) una reivindicación del paso de los libros; al cabo, sigue vigente el argumento de María Zambrano, “Escribir y leer es defender la soledad en que se está”; la filosofía escritural de esta entrega tendrá continuidad en el tiempo con los volúmenes Lector de poesía (2019) y el breviario Lector cómplice (2021). Son libros en los que emana el anhelo de la lectura como forma de superar los límites impuestos por lo real y la posibilidad de encontrar entre las páginas un afán transcendente, una exploración de conocimiento, una existencia más libre: “Quien lee ama pues aunque esté solo no hay nada que desde su silencio o ausencia deje de responderle hasta cobrar una presencia que acompaña como el amor. Quien lee ama, porque durante la lectura se crea una tensión en la que un paisaje se reconoce más allá de su aspecto físico y de sus luces al establecerse una relación psíquica semejante, por su correspondencia, al amor.”                                                    
 
  El tramo final constata una obra de madurez que descubre una fuerza creadora sin grietas ni zonas de sombra, con representación en las antologías Rosa y tormenta (2013), Azul relente (2014), Tiempo en lunación (2019) y La luz de lo perdido (2020). En el espacio angosto que media en la última década ven la luz las entregas El pulso de las nubes 2014), Cielo (2018) y Ascensión (2022). Son estaciones que avanzan con una cadencia temporal uniforme y en una misma senda de despojamiento, transcendencia y misticismo especular. En El pulso de las nubes la mirada lírica sondea la levedad de lo intangible; la palabra se transforma en vuelo para reafirmar el material transitorio de la memoria. Nada pertenece al yo, salvo un espacio abierto a la incertidumbre y la quietud. El entorno tiende sus manos para mostrar al poeta ciclos estacionales, su estar en una larga pausa florecida mientras la existencia se va moldeando como una “ciega y sorda transparencia” que el discurrir temporal deshabita.
   En esa indagación meditativa opera también el ideario de Cielo (2018) que aporta como cierre el epílogo “La realidad sublimada” escrito por el poeta y crítico Diego Doncel. En este texto se habla de un poeta a trasmano, ajeno al culturalismo y la metapoesía generacional, que gesta una aventura espiritual plena de sensación y sentido. La realidad se sublima y lo anecdótico desaparece para concentrar la mirada en un cielo interior donde respira el pulso de lo invisible, la física del cielo que anunciara Rilke.
   Ascensión abre las alas del poema en 2022 y refrenda la larga travesía de depuración expresiva. Lostalé define la entrega como un diálogo del espíritu con el espíritu, aunque nunca exento de carnalidad celebratoria. El cuerpo es deseo y pulsión incandescente;  la ascensión alumbra una fuerza hacia la consumación, un salto para llegar al lugar invisible donde el cielo se abre en acogida; pero también un descenso hacia lo íntimo que busca acariciar el cuerpo de la ausencia en un empeño inútil de tantear el vacío y salir de sí mismo.
   Completa el quehacer escritural de esta etapa la edición de Árbol desnudo. La poesía de José Cereijo (2017), poeta de Redondela pero afincado en Madrid con quien mantiene una estrecha relación personal. La selección dibuja un paisaje atento a todas las entregas publicadas, desde el título inicial Límites, aparecido en 1994.
 
   El largo itinerario y la continuidad en el tiempo conforman un nítido perfil del poeta Javier Lostalé. Es un viaje a la esencia, personal e intenso,  que nos deja memoria y poesía, un trayecto interior por la palabra que proclama su poder transformador, su luz, su cielo.
 
Festival de Poesía (IM)Prescindibles
Moralzarzal, 30 de abril, 2023
 
  

martes, 25 de abril de 2023

AGENDA CULTURAL: TRANSICIONES


 

TRANSICIONES

 

  Fiebre alta en la agenda cultural de Madrid. Continúan en muchos pueblos y barrios de la capital las actividades en torno al libro y arranca el Festival (Im) Prescindibles del Ayuntamiento de Moralzarzal, coordinado por Álvaro Hernando. Pleno disfrute que deja disyuntivas complejas: hoy, martes 25, a la misma hora, recital femenino en la biblioteca Mario Vargas Llosa y presentación de la revista Turia en la Residencia de Estudiantes.

  La máxima autoridad del Gobierno de Aragón, Javier Lambán, ha entregado el Premio Aragón a la revista  Turia con el que se reconocen las cuatro décadas de compromiso cultural con la literatura en todas sus manifestaciones. El escritor y periodista Raúl Carlos Maícas ha recibido el Premio Aragón 2023 en representación de la revista, como responsable de un proyecto que nació en Teruel "con clara vocación universal”. 

  En el Retiro caminamos sin prisa, sustituyendo al pensador por el paseante para percibir la superficie sosegada del lago, la quietud de una estatua con vida, el violín que suena con el abrazo ronco del cello. Instantes. Transiciones del ánimo, todavía feliz por el magno reconocimiento a la escritura del poeta Rafael Cadenas.

   A diario mantengo el cívico disfraz de la esperanza. Han sido meses de mucho trabajo y este mes, donde el libro es elemento esencial, dejará sitio a entregas personales y a indagaciones en otros autores. Una excelente cosecha que merece celebración amistosa con los amigos. Cada libro no es más que una actitud de asombro frente a lo contingente.

   Permanecen los garabatos del encuentro.

   Si ves un resplandor descarta el endiosamiento. Una vela no es una estrella.

  Signos de alegría frente al ordenador. Tras días en casa, vencido y desarmado por la neurótica saturación de lo doméstico, otra vez la buhardilla adquiere su apariencia natural. Ya están los compromisos literarios en buena dirección, he colocado estantes para nuevos libros y regalaré las entregas que han envejecido mal y que ahora me miran con ojos de extrañeza. Cuando un libro no es semilla no es nada.


(Apuntes del diario)

 

 

 

domingo, 1 de mayo de 2022

UNA CONVERSACIÓN CON ÁLVARO HERNANDO

Álvaro Hernando
Fotografía
de
Javier Jimeno Maté


Una conversación con Álvaro Hernando

Sobre el I Festival internacional de Poesía (Im)PRESCINDIBLES
 
Los días 23 y 24 de abril se celebró en Madrid el I Festival internacional de Poesía (Im)PRESCINDIBLES, con sede central en Moralzarzal, un municipio de la sierra norte madrileña. El evento, con más de cincuenta escritores, ha sido dirigido y coordinado por Álvaro Hernando (Madrid, 1971), licenciado en Antropología social y cultural, especializado en Lingüística evolutiva, periodista en diferentes medios, docente y gestor cultural. Es autor de Mantras para bailar (2016), ExClavo (2018), Chicago Express (2019) y Mar de Varna (2021), así como de ensayos, artículos y cuentos, publicados tanto en España como en Estados Unidos.
  
 ¿Cómo surge el Festival Internacional de poesía (Im)PRESCINDIBLES?
 
La idea del festival surge hace tres años, unos meses antes de la fatídica pandemia. Esto lo ralentizó todo. Al poco de llegar a Madrid, desde Estados Unidos, me ofrecieron participar en un festival internacional de Poesía en Madrid, previo pago por mi parte. Esto no me gustó y decidí poner al servicio de un festival de poesía digno para Madrid todo mi conocimiento y esfuerzo. Así, en 2019 nace la idea de un festival, hermanado con el Festival internacional de Poesía de Chicago, Poesía en abril. Pero, tras la jubilación de algunos de sus organizadores, tuvimos que ir por libre.
Desde entonces hasta ahora, hemos estado construyendo la lógica interna de un evento que queríamos fuera sostenible, de calidad, consistente y perdurable.
 
 ¿Qué matices vertebran la programación y desarrollo de actividades?
 
La lógica interna del festival pasaba por dar espacio a las diferentes tendencias poéticas, y a algunas de sus voces más significativas.
Lo primero era darle cierto sentido práctico: consistencia social y función constructiva dentro de la comunidad. De ahí salió el lema de esta edición, Migrantes, con el objeto de visibilizar las voces de autores y autoras nacidos fuera de España, pero residentes entre nosotros, de una enorme calidad. Por otro lado, queríamos contar con otro perfil, local, que sirviera para representar, con la máxima calidad posible, las diferentes corrientes poéticas contemporáneas en nuestro país.
A esto le añadimos el toque, en paralelo, de las artes plásticas y escénicas, con exposiciones, actuaciones performativas y conciertos. 
 
¿Cómo ha conseguido tal dimensión de autores de tan diversa procedencia y de tantos estratos generacionales?
 
Los primeros borradores de las listas de invitados al festival sufrieron muchísimas transformaciones. Los únicos criterios que transmití a los encargados de realizar las propuestas para el festival fueron genéricos, no relacionados con nombres o logros, sino con el perfil del autor o autora que queríamos tener aquí. Por decirlo de manera metafórica, sabíamos qué categorías de poetas queríamos tener, más que poetas de categoría. El resultado, cuando uno es coherente y comprometido, no podía ser de otra manera.
Teníamos que contar con una representatividad cualitativamente legítima para poder llamar a este encuentro como lo llamamos: (im)Prescindibles.
Tres personas han sido las que más tiempo han dedicado a construir estas listas. Una vez realizadas, de manera independiente, los nombres de todos los listados se cruzaron, con el objeto de ver qué elementos comunes encontrábamos en todas las listas. Es a esos autores y autoras a quienes se hizo llegar la invitación.
Hemos tenido la enorme suerte de encontrarnos con un momento muy favorable, en el que todos deseábamos hacer algo de manera presencial, libres de las restricciones propias de los tiempos de reclusión. Esto, sin duda, ha ayudado a poder aunar en una misma programación tantas figuras notables.
 
¿Satisfecho con el respaldo institucional?
 
Muy satisfecho. El Ayuntamiento de Moralzarzal decidió apostar fuerte por la realización de este evento cultural. La poesía, habitualmente, puede considerarse como algo minoritario. Era arriesgado. Hemos tenido todo su apoyo y respaldo. Por supuesto, hay cosas mejorables, pero lo que ha sido inmejorable es su disposición de apoyo y compromiso. Era necesario abrir el espacio y generar lo oportuno para que la poesía llegue a sectores de la ciudadanía que no siempre tienen acceso sencillo a estos contenidos.
Además, las 20 sedes colaboradoras, han respondido maravillosamente, responsabilizándose de sus propias programaciones, y llevando a cabo actos y eventos de una calidad enorme.
 
Suele aceptarse como un inevitable lugar común la inutilidad de la poesía, su condición elitista y minoritaria, incapaz de conectar con los intereses del público. ¿Es así? ¿Cómo ha sido la respuesta social?
 
Es evidente que aquello que escribió Juan Ramón Jiménez es una máxima que hoy sigue cumpliéndose cuando hablamos de poesía: a la inmensa minoría. Hay mucho camino por recorrer y, seguramente, sea un camino poco transitado.
Esto no quiere decir que haya que renunciar a abrir espacios accesibles, asequibles y de calidad para los ciudadanos.
Para que te hagas una idea, los eventos han ido teniendo más público presencial, según avanzaba la programación.
En la sede del teatro, el público no ha sido demasiado numeroso, pero el cierre del festival, en el local escénico de SORCAS, fue espectacular. No cabía un alfiler.
Espero que en años venideros esta sea la tónica.
Además de esto, he de expresar mi admiración por las personas que han llevado las actividades en los hogares de mayores y en los centros educativos, logrando la implicación del público, mucha participación y mucha expectación (recuerdo aquí a Tirso Priscilo Vallecillos y a Javier Lorenzo Candel).
Ante la belleza, la respuesta del colectivo siempre será positiva. 
 
¿Las redes sociales y los medios de comunicación han contribuido a dinamizar el regreso de la cultura, tras el tiempo de pandemia y el paréntesis de estos dos años?
 
Las redes sociales han permitido que no hayamos caído en una parálisis aterradora.
Han sido una respuesta emocional normalmente eficaz ante la desubicación.
Aunque, con contradicciones, pues no siempre han construido o han contribuido desde la serenidad, sino desde el ruido y desde la confusión.
Por otro lado, no nos podemos quejar.
Creo que es de justicia agradecerles a algunas cadenas nacionales de televisión que se hayan hecho eco del festival en sus noticiarios, incluso en los canales internacionales y de 24 horas.
 
 El tronco central del evento ha sido el homenaje a tres poetas de amplia trayectoria creadora: Miguel Veyrat, Efi Cubero y Rafael Soler. ¿Por qué estos nombres?
 
Podrían, efectivamente, haber sido otros nombres, por supuesto. Pero, desde la convicción más profunda, decidimos homenajear a estos tres autores. Son tres voces extrañas, en el mejor sentido de la palabra, que han resistido modas, presiones, mareas y dificultades, conservando una autonomía, identidad y una calidad, a lo largo de las décadas, que no puede por menos que ser reconocida en cada una de sus voces. Son testimonio vivo de la poesía española contemporánea. Calidad, trabajo y continuidad. Aprovecho para comentar que otra de las personas que iban a haber sido homenajeadas en este espacio falleció durante la preparación inicial del evento, siendo imposible llegar a realizar la invitación como era debido. Se trata de García Marquina. Para él mi homenaje aquí, hoy, y mi recuerdo.
 
Otro de los grandes aciertos del festival, a mi modo de ver, en un tiempo global ha sido la convivencia de autores de distintos ámbitos geográficos y lingüísticos… Qué corta se hizo la mesa redonda coordinada por Margarita Todorova  ¿Qué conclusiones resalta del debate en torno a la convivencia lingüística?  
 
Efectivamente, este asunto da para un festival o congreso de una semana. Aquí volvemos a otra de esas contradicciones maravillosas que nos plantea la poesía. Los traductores son tan necesarios como inútiles; tan leales y necesarios como traidores al lenguaje original. Y, lo fundamental, tan transmisores de la creación literaria como creadores de literatura. Como ocurre en otros campos de expresión y conocimiento, como pueden ser la filosofía, la antropología, o incluso la sociología, los traductores se convierten en piezas fundamentales para la transmisión cultural y el intercambio de valores. Por otro lado, debido a cómo se conforman los sistemas lingüísticos, simbólicos, y de construcción del pensamiento grupal, a veces es una tarea imposible lograr la traducción adecuada de un texto, especialmente en poesía. Así pues, como ocurre en otros ámbitos de las lenguas en contacto, los terrenos comunes no son de batalla, de defensa y de ataque, sino de transmisión, casi de ósmosis, o como tú lo has llamado, de convivencia lingüística entre unas formas y otras del lenguaje que están separadas por una frontera líquida. Evidentemente, era un tema que daba mucho más que el tiempo que le asignamos, pero hemos de tener en cuenta que es un evento con hora de inicio y final, y que, lamentablemente, había que ponerle límites temporales. 
 
También me gustaría resaltar el diálogo continuo entre poetas, rompiendo ese cerco de soledad y aislamiento del creador a solas. ¿La convivencia entre escritores ha sido fácil?
 
Es de lo que más orgullosos estamos.
El formato de organización del festival ha exigido que los poetas compartieran algunos momentos previos, más extensos de los propios de un festival, con el objeto de que conocieran la obra, la poética y los compromisos y experiencias de los compañeros con quienes iban a compartir escenario y micrófonos.
De aquí, esperamos que surjan nuevas cosechas, al margen de nuestra organización y del festival. Sí, ha sido una convivencia sencilla. Los autores y autoras han demostrado una falta de miedo total a la hora de conocer nuevos planteamientos. Estamos muy contentos con esto. Lo más complejo es contribuir a generar o fortalecer tejido social y cultural. Esperamos haber favorecido esto o, al menos, haber posibilitado la creación de las condiciones idóneas para que esta convivencia se diera de manera relajada y auténtica.
También es cierto que se han retirado dos invitaciones a sendos poetas que no estaban por la labor de convivir, si no era desde un enfrentamiento inexplicablemente irrespetuoso y casi desde la cúpula de una casta. Esto ha sido lo más difícil de llevar a cabo, comentar con alguien a quien en principio admiras que, lamentablemente, este espacio no es compatible con la falta de respeto y rigor. 
 
Tu quehacer laboral te ha permitido un conocimiento amplio del ámbito poético norteamericano. ¿Qué contrastes percibe respecto a nuestra propia realidad?   
 
La mayor diferencia es que en el entorno norteamericano, en el que he desarrollado la mayor parte de mi carrera literaria, no he encontrado tribus. También es cierto que forma parte del carácter del ciudadano norteamericano y se puso aventurero, solitario e individualista. Esto de ser individualista tiene cosas malas, por supuesto, y otras maravillosas. Por ejemplo, es difícil ver cómo se conforma una tribu, y más difícil es ver una confrontación entre tribus. Y, sí, justo uso el término tribu, por toda la implicación primitiva y emocional que creo que condensa tensión y rivalidad, a veces irracionales, política, en la historia de la literatura española.
No es algo que comente como un defecto, sino como una característica de este entorno, sin más. Tengo la sensación de que, en nuestro territorio, es más complicado acceder al reconocimiento y al respeto unánime que en Estados unidos.
Quizá sea una percepción muy subjetiva e inexacta, puesto que la realidad me ha demostrado que la colaboración entre distintas corrientes e instituciones ha sido muy sencilla a la hora de conformar este festival (im)Prescindibles.
Pero sí, es un contraste, aunque sea propio de mi subjetiva percepción.
Por otro lado, en cuanto a la gestión cultural, hay mayor apoyo económico por parte de instituciones privadas. Todo es más sencillo en lo referente a la gestión y administración documental.
Este tema da para mucho y en muchos aspectos: en lo relativo a la creación literaria, las editoriales, los movimientos de difusión y promoción, los premios… Hay muchísimas diferencias y contrastes. 
 
El abrazo es el género literario que más me gusta; así que lo practico con alevosía para agradecerte un evento tan afectivo e iluminador. ¿Tendrá continuidad?
 
Por supuesto. Parece que desde el Ayuntamiento de Moralzarzal seguirán apostando por mantener la sede central de este festival internacional, en el que yo seguiré colaborando encantado, y que las otras entidades que han colaborado como sedes satélite han quedado muy satisfechas.
Seguiremos en esta dinámica de abrazo y de creación de espacios por y para la poesía. Solo queda elegir el lema de la segunda edición.




                   JOSÉ LUIS MORANTE


 

viernes, 6 de agosto de 2021

UN MAR SIN SAL

Oleaje
(Trigos de la Moraña)
Archivo Pinterest

                                                   Para Álvaro Hernando

Soy de secano.
Tantas veces los trigos,
 un mar sin sal.

                     (Inédito)