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lunes, 1 de mayo de 2023

JAVIER LOSTALÉ: HOMENAJE

Javier Lostalé
(Madrid, 1942)
Fotografía del archivo personal del poeta

   

                                                           ITINERARIO CON LUZ
 
                                                   Homenaje a JAVIER LOSTALÉ
 
 
 
  Javier Lostalé nace en Madrid el 16 de julio de 1942, en el inicio de la posguerra, cuando todavía son evidentes las heridas colectivas de la contienda incivil entre 1936 y 1939. Su quehacer poético se encuadra en el grupo generacional de los años setenta, denominado en los análisis críticos Promoción del Lenguaje o Generación novísima, una propuesta coral que alcanza definición literaria canónica en la antología Nueve novísimos poetas españoles (Barral Editores, Barcelona, 1970) con estudio introductorio y selección poética del crítico catalán José María Castellet.
  Aunque el madrileño se matricula en las aulas universitarias de la Facultad de Derecho, se decanta pronto por la comunicación radiofónica. Casi en el inicio de la década comienza recorrido laboral como locutor de radio en la Voz de Palencia. Poco después, empujado por la añoranza del ambiente cultural de la capital y las crecientes inquietudes literarias, retorna a Madrid, incorporado a la plantilla de Radio Centro. Tras la creación de Radiocadena Española, emisora de titularidad pública que comienza emisiones el 4 de diciembre de 1978, trabajó allí como redactor de informativos. La naciente emisora queda integrada en el Ente público RTVE y el periodista pasa a colaborar en Radio Nacional de España, donde forma parte del cuadro fijo de profesionales. Allí ha presentado dos programas de prestigio enraizado: El Ojo Crítico y La estación azul.​ También dejó su voz en el espacio de radioteatro Historias de RNE. Por su labor de apoyo y promoción a la página escrita recibió en 1995 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, galardón honorífico concedido por el Ministerio de Cultura que reconoce su quehacer difusor y el apoyo constante al  desarrollo de hábitos lectores.
  Se da a conocer como poeta en la antología Espejo del amor y de la muerte (Bezoar, 1971). Era una conjunción de nombres con selección y prólogo de Antonio Prieto y liminar de Vicente Aleixandre que junto a los textos de amanecida incluía composiciones de Eduardo Calvo, Luis Alberto de Cuenca, Luis Antonio de Villena y Ramón Mayrata. Aquellos destellos iniciales se integraron en su entrega Jimmy, Jimmy (1976) de cuya lectura Luis Antonio de Villena escribió: “Los poemas de este libro –la poesía de Javier Lostalé más ampliamente- deben ser leídos como una historia. Una historia de dos personajes, a veces casi sombra, y un deseo amoroso. Pero cuidado, raramente lo escrito se libra de alguna forma de la biografía del autor, aunque el lector –acaso no el crítico- debe hacer caso omiso de tal biografía. En la historia de que hablamos existe final y principio,  pero no argumento. Quien lee debe tramar esa acción y debe definir sus personajes, que al fin son sólo los suyos”.
  En la sensibilidad del momento era signo diferenciador el factor esteticista, pero Javier Lostalé opta por integrarse en una senda personal en la que destacan con nitidez dos nombres propios, bien diferenciados: Luis Cernuda y Vicente Aleixandre. Una cita del primero sirve de apertura al poemario; al segundo corresponde la imaginería surrealista. El halo de pureza y claridad de la infancia se va borrando en el tiempo; aparece el deseo como impulso invertebrado que desconcierta y propicia formas de percepción; el sujeto siente la soledad como estado ontológico que requiere nueva luz, una mirada renacida que nos completa. Los versos convocan un paréntesis vivencial instalado en la memoria; la voz poemática emprende un recorrido que se inicia tras el despertar del deseo y yuxtapone fechas, nombres, presencias, hasta que la soledad genera su propio ámbito y cristaliza en una calma apagada. Sólo queda hilvanar el pasado desde la elegía.
   Esta voz que canta lo perdido se renueva en la segunda cita, Figura en el Paseo marítimo, (1981) donde el amor se transforma en ámbito germinal en la mayoría de las composiciones. El intenso sentir es raíz y salvavidas, una amanecida que inunda el alma del poeta. Fortalece su conciencia con la sensación de habitar un estado de espíritu ajeno al tiempo, que funde lo visible y lo invisible. Es resaltable también la carga simbólica del sustantivo mar. Recordemos que ese umbral de belleza y azul también estaba en la poesía de Vicente Aleixandre de quien Javier Lostalé había preparado en 1971 Antología del mar y de la noche. En el mar confluyen formas y sentidos de naturaleza poética. Es latitud, marea silenciosa que captura, se acerca a la conciencia y abre surcos al pensamiento.
   Como escribiera Antonio Lucas, la poesía viene del silencio y va hacia el silencio. Con Figura en el paseo marítimo se duerme el íntimo temblor de la palabra y amanece un largo intervalo de ensimismamiento de casi tres lustros. No se romperá hasta que aparece el tercer libro La rosa inclinada (1995). La entrega tiene como obertura una poética: el texto no pretende desarrollar ninguna hipótesis teórica o conceptual. Busca tono confesional para otorgar a la escritura una función terapéutica y liberadora. El sujeto recurre a la senda verbal como espacio concesivo: en ese territorio los sueños son habituales transeúntes, las historias sentimentales discurren a la búsqueda del final feliz y el olvido pierde poder de corrosión. Como en Rilke, la rosa en su resplandor encarna un sueño antiguo que se concreta en un instante, purificando los sentimientos. En su belleza, es arquetipo de un inalcanzable anhelo.
  Tres años después se edita Hondo es el resplandor (1998). Roberto Loya aporta una reflexión crítica al libro y explora influencias, temas, adscripción generacional y singularidades de la tarea poética. Impulsado por el Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, el título asocia profundidad y luz. La memoria preserva la quemadura de lo acontecido porque los cuerpos únicamente dejan una experiencia de conocimiento, una trama de imágenes. Muchos años después, en 2022, Libros de la revista Áurea, en colaboración con Editorial Polibea y con edición de Miguel Losada, publica un homenaje al poeta en el que participan más de noventa voces que emplea el aserto En su hondo resplandor, es un hermoso balance de admiración poética y complicidad afectiva.
  Inédito en este momento como libro exento, La estación azul recoge poemas en prosa escritos entre 1998 y 2001. Está dedicado a Claudio Rodríguez, uno de los magisterios esenciales de la Generación del 50.  Los siete apartados que conforman contenidos están formados por textos autónomos en los que reverdecen las habituales obsesiones del ideario personal. La estación azul define un espacio arquetípico que sirve de morada al pensamiento; lo real se suspende ante el cúmulo de imágenes. En este ámbito es posible encontrar sueños incontaminados o divagar sobre conceptos como la belleza y la poesía. Durante el periodo de escritura Javier Lostalé preparó la antología Edad presente, una muestra de la poesía cordobesa de la última década, por lo que muchos de los textos están dedicados a los jóvenes poetas andaluces. El libro se reedita en la colección Los cuatro vientos de Renacimiento en 2016.
   Fue el poeta nicaragüense Rubén Darío quien subió a los estantes literarios la palabra azul. Convirtió al sustantivo en mercurio poético, en estrato valioso, en  una conmoción sentimental que fomentó la singularidad estética del Modernismo. Con él amanecía un propósito persuasivo que buscaba en cada verso el asombro y caracteriza el lenguaje como un ámbito de concordia y revelación. Con esta poética se fraguan las teselas en prosa de La estación azul, quinta entrega de Javier Lostalé, editada por primera vez en 2003, pocos meses después de que se reuniera su corpus en La rosa inclinada. Los textos tienen una naturaleza paradójica. Velan ángulos intimistas del yo biográfico para argumentar reflexiones sobre un entorno próximo, habitado por la contingencia.
  Una breve nota prologal comparte la gestación de la entrega: las teselas verbales nacieron como fragmentos destinados a la publicación en las páginas del diario ABC, por encargo del desaparecido poeta Santiago Castelo. Por su carácter lírico pasaron a formar parte, como se ha dicho, del material incluido en La rosa inclinada. Retornó a las estanterías como libro autónomo, tras recibir el Premio Francisco de Quevedo, certamen convocado por el Ayuntamiento de Madrid. Se han añadido tres teselas inéditas y no hay otras modificaciones en la nueva edición de Renacimiento; por tanto, el acercamiento a la prosa lírica de La estación azul desde su mirada fragmentaria contiene una intensa narratividad lírica. Sus piezas conforman un árbol de luz, una realidad con epitelio onírico, que aporta a quien se acerca la claridad gozosa del encuentro, pensamientos que alzan refugio, indagación y búsqueda.  
 
   La producción poética reunida en La rosa inclinada por la editorial madrileña Calambur en 2002 se completa con tres poemas inéditos de un libro en marcha, en los que se retoma el verso libre como estrategia expresiva básica. En el conjunto, la mirada poética desde 1976 hasta 2001 mantiene en cada entrega una dilatada capacidad de sugerencia; integra un conjunto de motivos recurrentes en los que la conciencia de ser se va gestando. Como si suscribiera aquel aserto de Pablo García Baena, poeta de Cántico, Javier Lostalé entiende la poesía como “un diario riguroso y verdadero”.
   Otra vez Calambur impulsa Tormenta transparente en 2010. La voz interior del hablante verbal hace de la meditación sobre el amor una luminosa senda indagatoria. Entregado al tiempo y los devaneos de su condición transitoria, el sujeto busca raíz en el territorio de los sentimientos, un espacio que se convierte en posibilidad y realización, en respuesta ante la fugacidad de la existencia. El latido amoroso es evocación y canto, palpita y resuena, se articula como un profundo centro que aglutina vivencias y destino. Es morada y, como escribiera Francisco Pino, “nunca existe el adiós cuando se ama” porque hasta lo extinto se hace aurora, y se aleja de cualquier paisaje de niebla y olvido.
   Poco antes de que llegase a la mesa de novedades El pulso de las nubes (2014) se publica el ensayo Quien lee vive más (2013) una reivindicación del paso de los libros; al cabo, sigue vigente el argumento de María Zambrano, “Escribir y leer es defender la soledad en que se está”; la filosofía escritural de esta entrega tendrá continuidad en el tiempo con los volúmenes Lector de poesía (2019) y el breviario Lector cómplice (2021). Son libros en los que emana el anhelo de la lectura como forma de superar los límites impuestos por lo real y la posibilidad de encontrar entre las páginas un afán transcendente, una exploración de conocimiento, una existencia más libre: “Quien lee ama pues aunque esté solo no hay nada que desde su silencio o ausencia deje de responderle hasta cobrar una presencia que acompaña como el amor. Quien lee ama, porque durante la lectura se crea una tensión en la que un paisaje se reconoce más allá de su aspecto físico y de sus luces al establecerse una relación psíquica semejante, por su correspondencia, al amor.”                                                    
 
  El tramo final constata una obra de madurez que descubre una fuerza creadora sin grietas ni zonas de sombra, con representación en las antologías Rosa y tormenta (2013), Azul relente (2014), Tiempo en lunación (2019) y La luz de lo perdido (2020). En el espacio angosto que media en la última década ven la luz las entregas El pulso de las nubes 2014), Cielo (2018) y Ascensión (2022). Son estaciones que avanzan con una cadencia temporal uniforme y en una misma senda de despojamiento, transcendencia y misticismo especular. En El pulso de las nubes la mirada lírica sondea la levedad de lo intangible; la palabra se transforma en vuelo para reafirmar el material transitorio de la memoria. Nada pertenece al yo, salvo un espacio abierto a la incertidumbre y la quietud. El entorno tiende sus manos para mostrar al poeta ciclos estacionales, su estar en una larga pausa florecida mientras la existencia se va moldeando como una “ciega y sorda transparencia” que el discurrir temporal deshabita.
   En esa indagación meditativa opera también el ideario de Cielo (2018) que aporta como cierre el epílogo “La realidad sublimada” escrito por el poeta y crítico Diego Doncel. En este texto se habla de un poeta a trasmano, ajeno al culturalismo y la metapoesía generacional, que gesta una aventura espiritual plena de sensación y sentido. La realidad se sublima y lo anecdótico desaparece para concentrar la mirada en un cielo interior donde respira el pulso de lo invisible, la física del cielo que anunciara Rilke.
   Ascensión abre las alas del poema en 2022 y refrenda la larga travesía de depuración expresiva. Lostalé define la entrega como un diálogo del espíritu con el espíritu, aunque nunca exento de carnalidad celebratoria. El cuerpo es deseo y pulsión incandescente;  la ascensión alumbra una fuerza hacia la consumación, un salto para llegar al lugar invisible donde el cielo se abre en acogida; pero también un descenso hacia lo íntimo que busca acariciar el cuerpo de la ausencia en un empeño inútil de tantear el vacío y salir de sí mismo.
   Completa el quehacer escritural de esta etapa la edición de Árbol desnudo. La poesía de José Cereijo (2017), poeta de Redondela pero afincado en Madrid con quien mantiene una estrecha relación personal. La selección dibuja un paisaje atento a todas las entregas publicadas, desde el título inicial Límites, aparecido en 1994.
 
   El largo itinerario y la continuidad en el tiempo conforman un nítido perfil del poeta Javier Lostalé. Es un viaje a la esencia, personal e intenso,  que nos deja memoria y poesía, un trayecto interior por la palabra que proclama su poder transformador, su luz, su cielo.
 
Festival de Poesía (IM)Prescindibles
Moralzarzal, 30 de abril, 2023
 
  

viernes, 24 de septiembre de 2021

GOTAS DE LLUVIA PARA UN HOMENAJE

Homenaje a Joan Margarit
Poéticas de la Modernidad
(Filología, Universidad Complutense de Madrid)
Feria del Libro de Madrid, 22 de septiembre, 2021 

 

GOTAS DE LLUVIA PARA UN HOMENAJE 

 

   Madrugo para el viaje a Madrid. Se celebra en el Retiro un homenaje a Joan Margarit, organizado por “Poéticas de la Modernidad” de la Universidad Complutense de Madrid  y coordinado por la poeta y profesora Marta López Vilar. Prefiero la calma para afrontar los transportes públicos y coger la línea adecuada y la parada exacta. Casi nunca lo consigo y la estación de llegada suele ser algún lugar insólito de la periferia. 

   Ya cerca del Retiro, en una cafería de la calle Ibiza, me encuentro con el poeta y periodista Javier Lostalé. Sigue activo, aunque está a punto de cumplir ochenta años. Pertenece a la generación novísima, pero es un humanista capaz de reseñar ahora novelas y de seguir manteniendo un ritmo envidiable de creación. Su amistad a lo largo sigue generosa e intacta.   

   En la entrada del Pabellón de Caixabank nos esperan alumnos, profesores y los responsables de la organización. El acto comienza a las once, llueve copiosamente y siento cerca el fugaz parpadeo de la decepción. El aforo está muy despoblado, por más que nos acompañen amigos como Paco Huelva o Fernando Daniel Granado. Pese a todo, el acto es ameno y camina con solvente eficacia, tras las intervenciones iniciales de Marta López Vilar y del profesor titular de Filología catalana Juan Miguel Ribera Llopis. Don de lenguas de Alba Diz Villanueva, Gergo Toth y Joanna Vollmeyer que leen la poesía de Joan Margarit en rumano, húngaro y alemán, y un grupo de alumnos que han seleccionado varios poemas en su doble versión, recitados con prisa emotiva. Toca cerrar el acto desde la complicidad poética con José Cereijo, Javier Lostalé y mi recuerdo de encuentros, complicidades y de mi edición crítica Arquitecturas de la memoria.

  La nota final de la lluvia muestra una feria semivacía, así que hoy no me animo a recorrer las casetas, sino a pasear por Atocha con la compañía de Cereijo, que me regala su último libro publicado en Pre-textos, y Fernando Daniel Granado con el que me espera una animada tertulia.

  Refrendando a Cavafis, Ítaca es siempre el camino y casi nunca la estación final. El despliegue de vivencias apacigua cualquier pincelada de sombra. También retorna la pincelada meditativa y los últimos encuentros con el poeta. Otra vez en la memoria la mano abierta de la poesía. Recordar es asumir la invitación del silencio.

 

Apuntes del diario



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 5 de junio de 2020

JAVIER LOSTALÉ. LA LUZ DE LO PERDIDO

La luz de lo perdido
(Antología poética 1976-2020)
Javier Lostalé
Edición, prólogo y entrevista de Esther Peñas
Chamán Ediciones
Colección Chamán ante el fuego
Albacete, 2020

GOTAS DE LUZ


  El pulso literario de Javier Lostalé (Madrid, 1942) ha adquirido una excelente solidez con el paso del tiempo, como se percibe en la repercusión del legado en las nuevas generaciones y en las reediciones de algunos títulos emblemáticos. El recorrido, desde la etapa novísima hasta el esencialismo reflexivo de Cielo y Tiempo en lunación, ha ido experimentando un sosegado despliegue de matices en el modo de descubrir rincones de la existencia y el tacto de una belleza perdurable en sus valores estéticos. De la persistente sensibilidad del poeta y su luminosa vigencia se ocupa el volumen La luz de lo perdido (Antología poética 1976-2020) con prólogo, selección y clarificador diálogo con Javier Lostalé  de la poeta Esther Peñas.
  Desde el contexto biográfico, tan ligado al despertar democrático de un país sumido durante décadas en la ominosa umbría de la dictadura, y a la vocación periodística en radio, todavía activa en algunos programas culturales, Esther Peñas recuerda la inclusión en la muestra Espejo del amor y de la muerte (Antología de poesía española última), coordinada por Antonio Prieto y apoyada con una breve nota introductoria de Vicente Aleixandre. Sería el comienzo de una sostenida relación afectiva con Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena, que poco a poco se irían convirtiendo en las voces emergentes más conocidas del venecianismo madrileño. La carta de presentación literaria, Jimmy, Jimmy (1976) mostraba la influencia fuerte de Aleixandre en la celebración del cuerpo y en el calado surrealista de las imágenes, aunque también evidenciaba la influencia de Luis Cernuda en el velado de lo autobiográfico, solo entrevisto en la conmoción sentimental. Ese alba adquiere continuidad con Figura en el paseo marítimo, donde la dimensión erótica y el paso callado de la soledad alumbran un tiempo de concentrado ensimismamiento. Esther Peñas clarifica la naturaleza del  libro: “Lo insondable, el desconcierto, el enigma, el mar en definitiva actúa de catalizador de una profunda consciencia de la brevedad del amor ante la que el poeta “se inviste de soledad para salvarlo”. El estar a solas también tendría su reflejo en el ritmo de publicación, ya que esta segunda entrega abre un silencio de catorce años. El quehacer retorna con La rosa inclinada un poemario repleto de símbolos que obtiene en 1995 el Premio de Poesía Juan de Baños y se edita en Rialp. En sus esquinas se convierten en vértices semánticos la rosa, el tiempo, la soledad, la belleza, la luz, esos espacios conceptuales que tanto perduran en la travesía lírica de Lostalé y que acentúan sus coordenadas existenciales en Hondo es el resplandor, a mi entender una de las salidas esenciales del poeta por la intensidad expresiva.
    En el comienzo de siglo, Javier Lostalé hace balance y aglutina sus libros en 2003 con el título La rosa inclinada que añade al corpus completo el inédito La estación azul, conjunto de teselas en prosa anticipadas en el diario ABC. Tras esa compilación, fluyen de forma pausada otras salidas como Tormenta transparente y El pulso de las nubes. Además el perfil literario añade trazos nuevos, como antólogo de poetas jóvenes andaluces en Edad presente. Poesía cordobesa para el siglo XXI, y como animador cultural del siempre maltrecho paisaje de la lectura con Quien lee vive más, título que adquiere la contundencia de un lema publicitario. La reivindicación del encuentro con el libro busca la claridad gozosa del conocimiento, esa propuesta de la palabra  hecha refugio y búsqueda.   
  Javier Lostalé entiende la escritura como un árbol de luz, capaz de transcender la realidad con un ramaje onírico. Escribir es un acto de vida, un empeño de indagación en la transcendencia. La palabra poética avanza hacia el viaje interior, tantea esas claves de profundidad que iluminan la condición de ser. El poema, como sucede en la obra de Rilke, magisterio esencial en el poeta madrileño, adquiere una filiación metafísica, una dimensión etérea que alumbra con la fuerza de la revelación. Con la nitidez de la evidencia que perdura en el tiempo.


                                                                  José Luis Morante


lunes, 13 de mayo de 2019

PROVERBIOS, CINISMO, JUGLARES Y CINTAS DE VÍDEO

Catedral de Segovia
Fotografía
 de
Adela Sánchez Santana



PROVERBIOS, CINISMO, JUGLARES Y CINTAS DE VÍDEO

El hombre real, el que piensa y vive, tiene su reflejo especular en la identidad onírica, en ese ser atemporal que protagoniza los sueños y del que se nutren algunas parábolas de Antonio Machado. Vuelvo al magisterio del poeta con la sensación de que todavía Proverbios y cantares suenan a cantautor. En las páginas encontramos al poeta moralista, a la observación reflexiva que alcanza su perfil más definido en el ideario ético de Juan de Mairena. El yo poético de Campos de Castilla (1912) difunde concordancias y disonancias consigo mismo y con el entorno cercano, airea preocupaciones y vuelve la vista hacia los rasgos comunes de un ser colectivo que se expresa a través de la oralidad popular, el romancero y la fértil tradición rural de consejas y refranes. Cada poema es síntesis, esqueje filosófico, esperanza y escepticismo en la pautada senda que nos tiende la realidad.

Asisto en Madrid a la presentación del Premio de Poesía Javier Lostalé que impulsa la editorial Polibea. Sala llena, muy buen ambiente entre los poetas y meritoria lectura de Gema Palacios, la ganadora, presentada por Ariadna G. García. Como ocupo la última fila y se oye mal, me levanto para seguir el acto de pie, apoyado en la pared final. Desde allí, me llama la atención la actitud de una pareja entre el público que se pasa la hora del evento consultando el móvil y cuchicheando; con su actitud es difícil mantener la atención y seguir la cadencia del poema. Al final del acto los dos aplauden con frenético entusiasmo. Jalean. Encabezan las felicitaciones en voz alta a la poeta… El cinismo reescribe su caligrafía a diario.

Lectura en la mañana del domingo en una localidad segoviana. En el yermo horizonte de Castilla, reflejo de aspereza, silencio y austeridad, la primavera dibuja una luz nueva de campos verdecidos y brotes en árboles y arbustos. Un paisaje callado para el poema.

Volver a Castilla es un regreso lleno de emociones dispares. Cuando retorno viaja conmigo la sensación del trasterrado, los ojos del extraño que está fuera y no encuentra sitio dispuesto ni en los afectos ni en el reconocimiento personal.  Sé que ambas circunstancias formar el entrelazado de intereses que hace de la vida literaria un laberinto de sombras. Seré discreto; no diré mucho más, seré un innominado juglar sin voz, fuera de sitio. Mostraré la cortesía correcta de esas cintas de vídeo que dan fe de una ciudad hecha de asombro arquitectónico, sin máculas y sin calles en obras.

 

  

martes, 22 de noviembre de 2016

JAVIER LOSTALÉ. LA ESTACIÓN AZUL

La estación azul
Javier Lostalé
Renacimiento, Los Cuatro Vientos
Sevilla, 2016

GOTAS DE LUZ

  Fue el poeta nicaragüense Rubén Darío quien subió a los estantes literarios la palabra azul. Convirtió al sustantivo en mercurio poético, en estrato valioso, en  una conmoción sentimental que fomentó la singularidad estética del Modernismo. Con él amanecía un propósito persuasivo que buscaba en cada verso el asombro, que caracteriza el lenguaje como un ámbito de concordia y revelación. De esta poética que hace de las palabras infusión estimulante y no funcional estrategia comunicativa se fraguan las teselas en prosa de La estación azul, quinta entrega de Javier Lostalé, editada por primera vez en 2003, pocos meses después de que se reuniera su corpus en La rosa inclinada. Tras esa compilación, han ido manando de forma natural otras salidas como Tormenta transparente y El pulso de las nubes, y el perfil literario añade trazos nuevos, como antólogo de poetas jóvenes andaluces en Edad presente. Poesía cordobesa para el siglo XXI, como agradecido discípulo de Vicente Aleixandre, uno de sus magisterios tutelares, y como animador cultural del siempre maltrecho paisaje de la lectura con Quien lee vive más, título que adquiere la contundencia de un lema publicitario.
  Los textos poéticos de La estación azul tienen una naturaleza paradójica, velan los ángulos intimistas del yo biográfico para argumentar reflexiones sobre un entorno próximo, habitado por la contingencia, que emerge entre la emoción y el sentimiento, envuelto en su propia sustancia. El poema se convierte en mirador y observatorio, da cuenta de matices y alteraciones. Una breve nota prologal comparte la gestación de esta entrega: los textos nacieron como fragmentos destinados a la publicación en las páginas del diario ABC por encargo del desaparecido poeta Santiago Castelo. Por su carácter lírico pasaron a formar parte del material compilado en La rosa inclinada, y regresó a las estanterías como libro autónomo, tras recibir el Premio Francisco de Quevedo, certamen convocado por el Ayuntamiento de Madrid. Se han añadido tres teselas inéditas y no hay otras modificaciones en la nueva edición de Renacimiento; por tanto, el acercamiento a la prosa lírica de La estación azul mantiene su cálida temperatura estival.
  El punto de salida de la palabra es la mirada hacia el espejo del otro. Un propósito manifiesto de superar el ensimismamiento biográfico de lo personal para recorrer los puentes que conducen al entendimiento claro de otras identidades. Son presencias convocadas en el espacio onírico de una estación azul, un andén habitable donde se entrecruzan pasos y sentimientos, donde las palabras despliegan su mapa comunicativo y convierten al pensamiento en sustrato germinal. El lugar del poema se caracteriza por su condición atemporal, por localizar su espacio en una dimensión etérea en la que andan a trasmano ilusiones y sueños. De ahí, su mediodía continuo y el carácter simbólico de cada uno de sus rincones. Las fronteras de esa estación azul mantienen una distancia ambigua, con tramos azarosos que se expanden hacia la felicidad o el desamparo, entre las palabras y el silencio, como si fuesen partícipes de que la existencia se va moldeando entre mutaciones y cambios inadvertidos.
  La estación azul, desde su mirada fragmentaria, contiene una intensa narratividad lírica; sus piezas conforman un árbol de luz, una realidad con epitelio onírico, que aporta a quien se acerca la claridad gozosa del encuentro, esa propuesta de la palabra  hecha refugio, indagación y búsqueda.    

                                                                

sábado, 16 de noviembre de 2013

LECTURA CON JAVIER LOSTALÉ.

Javier Lostalé y José Luis Morante, Librería Alberti (Madrid)
Fotografía de Esther Muntañola
PRESENTACIÓN DE NINGUNA PARTE  
Recuerdo, con esa luz diáfana  de los buenos momentos, la lectura en la librería Alberti de Ninguna parte, mi poemario editado por La Isla de Siltolá, la editorial de Javier Sánchez Menéndez. La librería de Lola Larumbe, en el barrio madrileño de Arguelles, dispone de un espacio íntimo, donde los poemas se convierten en conversaciones a media voz. El presentador del acto fue Javier Lostalé, cuya amistad me acompaña desde hace muchos años. Aquí dejo su intervención completa, unos minutos de sabiduría literaria y de cordial complicidad recogidos en el vídeo elaborado por Javier Cabañero. Ninguna parte está en cualquier sitio si se camina de la mano de amigos como Javier Lostalé, Lola Larumbe, Javier Sánchez Menéndez, Esther Muntañola y Javier Cabañero. Gracias por estar en cada uno de mis poemas.   

Vídeo de la presentación en la librería Alberti (9 de octubre de 2013)
Grabación y diseño: JAVIER CABAÑERO

miércoles, 9 de octubre de 2013

EN LA LIBRERÍA ALBERTI


 

Antes de una lectura:
 
“ Porque la memoria es injusta, hoy quiero comenzar por el final, por anotar las deudas contraídas que deja en mis manos el libro Ninguna parte. Debo la respiración de sus poemas a Javier Sánchez Menéndez, poeta y editor sevillano, que abrió camino hasta La Isla de Siltolá. Lola Larumbe me abrió su casa, esta quietud de libros, hospitalaria y cómplice, donde he escuchado la voz de tantos amigos y maestros. Hoy conmigo, en la misma acera del afecto, Javier Lostalé, que dio forma y palabra a muchas horas de amistad. De mi estima por un puñado de nombres propios que me acompañó estos años dejo constancia en la dedicatoria, Y naturalmente, mi deuda con todos ustedes que hoy me acompañan y abandonaron en cualquier rincón el gastado papel de las excusas para viajar juntos hasta las impresiones y paisajes de Ninguna parte. A todos: muchas gracias...
Nos pasamos la vida buscando lo que no está en Ninguna parte. Todos perseguimos la quimera de la felicidad, esas huellas en la arena que al final de trayecto nos dicen que la meta fue cada uno de los pasos que hilvanamos para llegar hasta el final. Lo dijo Kavafis en un verso memorable que todos recuerdan y que da sentido a la amarga ceniza del adiós.
“Patologías”, la primera parte de este poemario sevillano está invadida por el desajuste existencial; la erosión del tiempo en el entorno más próximo y en la propia encarnadura incrementa la dependencia de lo fisiológico; el desgaste nos convierte en seres dependientes y vulnerables que hacen de la incomunicación una resignada espera en la que se va ratificando el final. La existencia entonces se torna oscuramente dramática y dispara el sentimiento de culpa.
Mucho más optimista, el segundo bloque, “Deshielo” hace del amor y la amistad una forma de estar en compañía y compensar carencias. Los sentimientos son hálito fundamental para seguir el viaje o para recorrer trayectos que mudan paisajes y afectos. Poemas para una habitación con luz.
La existencia, como decurso temporal, conlleva una inevitable cesación. El epitafio no es sino la voluntad de seguir hablando cuando consumimos el turno de palabra que de este modo se convierte en rebeldía frente al silencio.
Nunca entendí la poesía como algo misterioso e inefable, sólo al alcance de iluminados que esperan la azarosa llegada de la inspiración. Creo en ese trabajo intelectual que transforma lecturas y vivencias en expresión lingüística. Esta consideración del ideario poético está presente en el último apartado, “Y todo lo demás…” que difunde impresiones sobre asuntos internos de la literatura: el mensaje, la expresión comunicativa, la distancia entre idea y logro, la identidad del yo lírico…Literatura.
Pretendo que Ninguna parte, por su constitución interna, sea expresión fiel de una mirada de pautas crepusculares, cuyos contenidos mezclan imágenes y sentimientos. Son los ojos del ocaso, aunque no olvido que el anochecer siempre tiene un inseparable enlace con la amanecida, una íntima simbiosis. Nos quedan las palabras, los afectos y la esperanza.

ejemplares de Ninguna parte esperando lectores
Fotografía de Javier Cabañero
Javier Lostalé y José Luis Morante
Librería Alberti de Madrid
Fotografía de Javier Cabañero