viernes, 22 de abril de 2011

MARTA AGUDO: UNA CONCIENCIA INTERROGANTE


28010
Marta Agudo
Calambur, Madrid, 2011

   El efecto visual de esta llamativa cubierta de Jesús  Torné es sugerente e inmediato. También  el título, 28010, tiene una fuerte carga simbólica; acota un código postal madrileño, un cúmulo de calles en los alrededores de la plaza de Olavide que configura el espacio existencial donde se ubica el domicilio particular. La casa propia es centro, luz y abrigo; el ámbito de reposo y concordia que refuerza lo individual. Tras esas coordenadas habitables, en las afueras, discurre el acontecer de la vida común; se gesta el núcleo relacional del devenir.
   El entramado discursivo de 28010 diseña una estructura cerrada y homogénea; esta segunda entrega de la escritora está formada por cuatro secciones, cada una de las cuales agrupa once textos breves que condensan imágenes y sensaciones.
   Desde el arranque de “Fonética”, primer tramo de 28010, Marta Agudo (Madrid, 1971)  opta por la capacidad expresiva y cognitiva del poema en prosa, a partir de un discurso personalizado: “Me llamo Marta. Me llaman Marta…”. La autonominación sugiere un fuerte componente biográfico, los hitos del  viaje vivencial de un yo desdoblado, un registro subjetivo de experiencias directas a base de secuencias enumerativas. Pero la palabra sortea lo contingente, la anécdota se diluye y sólo escuchamos la fluida cadencia de un monólogo en torno a la identidad que busca una expresión singularizada: “Habré de callarme para recomenzar, frotarme las manos para que desaparezcan las huellas dactilares y, en la explanada abierta de la palma, poder sembrar las vocales de un lenguaje propio”.
   En el segundo apartado, “Sintaxis” se cobija la reflexión sobre el vínculo social. La herencia recibida condiciona el tránsito diario, ese estado de tensión continua que aglutina entidades para formar una realidad de individualidades entretejidas. De esa combinatoria de elementos sociales emanan percepciones afectivas diferenciadas, ritmos vitales dispares que crean soledad y desconcierto.
   “Geografía” nomina el espacio; las coordenadas de un mapa personal donde el sujeto percibe presencias y ausencias en el callejero cotidiano. El trazado urbano funciona como un laberinto en el que el yo supera su endogamia y aprende a orientarse.
   En el cierre, “Secuencias” es el devenir temporal un continuo rumor de fondo en el que se desdibuja el presente y el legado de la memoria: “Soy una mujer y avanzo por una calle de niebla, y si resisto es sólo por constancia, por la certidumbre de lo dislocado…”. Todo es tránsito, las certezas, los otros, el contorno mudable de los encuentros que multiplica similitudes y diferencias, los sonidos que nombran.
   Complejo en su sentido, el quehacer poético de Marta Agudo opta por el formato reducido. La densa brevedad de los fragmentos que integran 28010  muestra la potencia evocativa del lenguaje, el íntimo deambular de una conciencia interrogante.
 
                                                                                           

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