sábado, 7 de mayo de 2011

JORDI DOCE: EL RUMOR DE LO INTACTO

                                
Perros en la playa
Jordi Doce
Dibujos de Javier Pagola
La Oficina, Madrid, 2011

   El íntimo placer de la escritura encuentra en el aforismo un género esencial porque conexiona vida y literatura y concede a ambos sustantivos la naturaleza de realidades indisociables. En su fluencia, el paso a paso marca el pulso intermitente de la mano que escribe. Así se percibe en Perros en la playa, una colmada cosecha de trazos personales, poemas y aforismos de Jordi Doce (Gijón, 1967). El poeta entregó en 2005 el volumen  Hormigas blancas, editado por Bartleby y definido por Eduardo Moga  como “un ovillo que se devana densa y fluidamente a la vez, a menudo con la persuasión de un relato”.
   La nueva hoja de ruta es similar: los apuntes glosan una filosofía asistemática y expuesta en porciones que gravita a su libre albedrío, como si todo lo que sucede pudiera destilarse en esos momentos que toman por sorpresa y sacan a la luz, frases, vivencias, conversaciones e imágenes que, con apariencia vulnerable, permanecen flotando en el temblor del aire. La precisión verbal amplifica significados, aspira a completar un discurso sin tiempos muertos. En torno al sujeto fructifican estímulos que buscan la respuesta del lenguaje; palabras donde confluyen sensibilidad y representación.
   El mismo autor aclara el título: “Así entiendo ahora estos comentarios: sin rumbo preconcebido, arbitrarios y espontáneos, como las carreras de los perros en la arena, moviéndose nerviosamente de un lado a otro, incapaces de buscar otra cosa que su propio cumplimiento”
   Los poemas incluidos en Perros en la playa conceden a esta miscelánea un cromatismo nuevo; nos muestran esa lección escondida de los inéditos y legitiman una estética que, con las reservas propias de cualquier taxonomía, se inserta en el dominio figurativo: “La poesía, entre otras cosas, es dialogar con la palabra en libertad. Pero nunca como en un poema se percibe que las cosas se parecen a sus nombres. De ahí pudiera deducirse, tal vez, que en libertad las palabras tienden a caminar sobre aquello que nombran”. De forma natural, los versos se entretejen sin disonancias, reiterando tanteos.
   Aunque no faltan párrafos autobiográficos descriptivos y enmarcados en lo contingente, Jordi Doce prefiere el texto breve, la idea condensada y rotunda, expuesta con lúcida economía. En su formulación, el aforismo activa su capacidad receptiva, se despliega, explora la multiplicidad del entorno y fija posiciones. Presenta una interpretación que halla en el lector un destinatario fiable. El sujeto verbal se implica en juicios, deambula entre lo cotidiano, escucha el rumor social y los espacios de la convivencia. Nos deja las huellas de una voz que habla consigo misma, interpela y escucha.

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