domingo, 26 de junio de 2011

ANTONIO RIVERO TARAVILLO. MAR TRANQUILO

Lejos
Antonio Rivero Taravillo
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2011

   Los legados anglosajón e irlandés cuentan con una amplia cartografía de títulos preceptivos; han gestado una tradición dual, vigilante y renovada que incluye a figuras capitales como Shakespeare, W.B. Yeats y John Keats. Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) siente el inglés como una lengua propia por su quehacer como traductor, con versiones al castellano de la lírica completa del citado W. Shakespeare y de la poesía reunida de Yeats. Por su traslación de Keats recibió el Premio Andaluz de Traducción.
   Las facetas de traductor y poeta se refuerzan mutuamente. El conocimiento en versión original de las estrategias expresivas impregna de forma natural el pulso creador y dota a sus versos de un tono clásico, de un decir sosegado, conciso y erudito, con abundantes destellos culturales y con tramas argumentales escritas “al modo de”, casi siempre centradas en la realidad cotidiana.
   Un tema predominante de los poemas iniciales de Lejos es la meditación sentimental sobre la textura afectiva de un yo biográfico, sensible a las contingencias del presente. El amor fue especulación onírica, un espacio vivencial íntimo que modeló los itinerarios del sujeto; pero el devenir gestó claroscuros, líneas de separación, borrascas y desencuentros que, con distante ironía, se resumen en el poema “Lo común”: “¡Teníamos tantas cosas en común! / Cómo velábamos nuestros secretos: / que fuiste hetaira de Roma en otra vida, / que me pasaron por las armas cuando huía / la tarde que cayó mi monasterio.” Se impone la actitud evocativa, el regreso al pasado para desanudar lo que fuimos: “ Huyen los años, mudan los afectos / y todo se concilia con la muerte, / pero ella queda, luz de permanencia, / olvidada jamás, nunca tan viva “.
   Este semblante del yo vivido se completa con las certidumbres que concede la escritura. Acerca de la entidad del ser literario el poema “La única realidad” suscribe: “Esa felicidad que piensas tuya / añade ingenuidad a tus encantos. / Estás en estos versos que te nombran: / no existe más alcoba que esta página.” También refiere el estatuto personal del autor como peculiar máscara que propaga sentimientos escénicos; un cúmulo de signos, letras y tinta que oculta más literatura que materia vivencial.
  En la organización de la segunda parte encontramos una mayor variedad de motivos y una frecuente toma de referentes culturales como detonantes poemáticos. Sobresale entre sus composiciones una magnífica variación del gigante egoísta, ahora convertido en terco solitario: “Aun entre su estrépito importuno, / alcanzo a comprender que su alegría / es parte de este ruido, de mi insomnio, / de mi gesto de turbio desagrado. / Nunca conocerán que entre sus risas / acecha mi sombría vigilancia. / No les reprendo. Dejo que se impongan / su edad, el corazón, la vida, el alma. “
   Hace unos años, el nobel irlandés Seamus Heaney seleccionó y prologó una extensa antología de W. B. Yeats y perfiló el camino estético de su compatriota con dos sustantivos: dominio y orden. Son términos cuya semántica podría aplicarse con fortuna, excluidas las circunstancias del contexto personal, al ideario de Antonio Rivero Taravillo. Lejos es una compilación de poemas breves con fugaces escenas que invitan a compartir la tendida emoción de un mar tranquilo.  

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