miércoles, 2 de mayo de 2012

FELIPE GALÁN. LA PUERTA DE XIBALBÁ.

 La sombra de Nayá
Felipe Galán
Appalosa editorial, Alicante, 2011

   Entre las civilizaciones precolombinas de América sobresale la cultura maya. Establecida en los territorios que ahora ocupan la península de Yucatán, Guatemala, Honduras y Belice, alcanzó su momento de esplendor entre los siglos VII y XIV y entre sus restos arqueológicos destaca la ciudad de Chichén Itzá. En este marco sitúa Felipe Galán (Madrid, 1974) su primera incursión en la novela, La sombra de Nayá, tras la publicación de dos entregas para niños, Pedro y el invento de siglo y Operación Ozono, y haber conseguido algunos premios con relatos breves.
   El detonante argumental de la novela es la desaparición de Nayá, madre de Ixchel, una muchacha de dieciséis años que actúa como verdadera protagonista principal. El súbito abandono del hogar familiar promueve abundantes conjeturas; pero para la hija sólo una hipótesis es verosímil, un secuestro forzado o un accidente. La aldea de Chendzonot se ubica junto a un cenote sagrado, un pozo natural empleado en el tiempo como depósito de ofrendas a los dioses. De él espera Ixchel un cambio de fortuna, ante el escepticismo de su padre, un hombre apocado por la soledad y resignado a las circunstancias.
   Este venero argumental se enriquece con tramas complementarias como la existencia de un códice que demuestra la existencia de Xibalbá, un topónimo en el filo de la leyenda y los mitos que han sido trasmitidos de forma oral. Xibalbá conexiona el inframundo y la geografía real y es necesario encontrar la puerta que comunica el exterior con los lugares subterráneos donde habitan los espíritus, antes de su descanso definitivo en el reino de las tinieblas.
   Todo viaje es una encrucijada de caminos y la expedición de Ixchel hacia el inframundo, para despedirse del espíritu de su madre, antes de que encuentre el sosiego final, está llena de descubrimientos personales y sentimientos como el amor, la constancia o la valentía para creer en las propias posibilidades y dominar los miedos.
   Los capítulos se ordenan con el sistema de numeración maya y en el vocabulario se insertan frases y nombres mayas, con un glosario que especifica el significado. El autor ha investigado la cultura maya con expertos de la universidad de Yucatán y ha tenido en cuenta la biografía de Diego de Landa, un monje de la conquista española, durante el reinado de Felipe II, que destruyó la mayor parte de los códices en un auto de fe purificador para perseguir el paganismo; otra información procede del Popol Vuh, también llamado “Biblia de los mayas”, una compilación de narraciones y leyendas prehispánicas mayas que trata de explicar la génesis del mundo, los itinerarios de las primeras civilizaciones y las causas de los fenómenos naturales.
   Esta primera novela de  Felipe Galán se estructura en aparentes capítulos autónomos que de modo natural se van hilvanando para completar una historia que mezcla elementos reales y elementos fantásticos, con un pulso narrativo lleno de interés que además alimenta la curiosidad por adentrarse en una cultura de gran importancia histórica por su legado,  llena de enigmas y semiborrada por el vendaval de la conquista.
 

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