jueves, 7 de noviembre de 2013

ESTAR A LA ALTURA



ESTAR A LA ALTURA
 
Una colección de días grises. Nada que argumentar ante su último día laboral en la empresa. Ha consumido treinta y cinco años de su existencia y deja, con los ojos posados en la taza de café, un incansable reguero de recuerdos. Con tono nostálgico concluye:
-Ahora me toca estar a la altura… Como ella.
No entiendo bien el sentido de la frase. Ante mi gesto dubitativo, aclara:
-Sí, ella, claro. Una mañana, hace un par de años, busqué el cuarto de baño de la planta baja, un sitio frío y alejado que nadie utiliza. Abrí la puerta y sentada en el inodoro encontré una mujer. De inmediato percibí, a pesar de la sorpresa, que era guapa. Vestía una bata blanca. Me miró con gesto de inquietud. Me quedé cortado, con la mano en el pomo, acumulando los detalles de la visión: las piernas encogidas, la ropa interior  bajo las rodillas, la simetría en punta de los zapatos negros. Sólo se me ocurrió decir:
-Vaya, es lo más interesante que me ha sucedido en la empresa en todos estos años.
Roto el sobresalto, comenzó a reír, mientras yo cerraba la puerta.
En el largo pasillo, donde esperé para disculparme, me comentó con aire sosegado que era una enfermera del autobús de Cruz Roja que buscaba donantes de sangre en la empresa. Nada dijimos sobre mi inoportuna aparición. Sonrió de nuevo en la despedida.
Volvimos a vernos a mediodía en la poblada cafetería de un bar cercano. Esta vez iba vestida con ropa de calle y su belleza, armónica y jovial, se acrecentó. No intercambiamos palabras. Sólo alzó la mano y puso en el aire un trazo de luz cómplice, esa sonrisa de quien sabe estar a la altura, sentada en cualquier sitio. 


10 comentarios:

  1. Genial. Al drama de lo cotidiano le das un toque de humor y una lección que no debemos olvidar. Hay que saber estar incluso, en la más absurda de las circunstancias.

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    1. Querida Loly, no sabes cuánto agradezco tus elogios. Sé que el microrrelato es un género que te encanta y sé también que entiendes la lectura interna de estas líneas. Hay que saber estar a la altura. Incluso en el espacio más íntimo. Besos fuertes.

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  2. Muy bueno este relato. Las pequeñas sorpresas de la vida cotidiana da su sal nueva a nuestra existencia.

    Feliz día José Luis

    Jesús Aparicio (vuelve a salir el seudónimo de Peña Bermeja)

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    1. Gracias, Jesús, lo cotidiano está lleno de matices inolvidables. Y esa es la sal común de la literatura.
      Ayer volví a Segóbriga y pregunté a la directora por tu hijo, por is estaba por allí. No fue posible encontrarnos, pero seguimos cerquita.
      Un abrazo.

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    2. Mi hijo no estaba ayer por Segóbriga. Coincidió en ese día que estabas tú con tus alumnos (también estuvo por el monasterio que visitastéis) realizando un trabajo ocasional. Fue casualidad el que os cruzaseis por alli. Un abrazo.

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  3. No te preocupes, Jesús, en cualquier esquina del futuro nos cruzaremos alguna vez, con un libro bajo el brazo, y con muchos recuerdos compartidos. Abrazos.

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  4. Genial. Acaban los días grises, los tiempos perdidos por la nómina necesaria, la absurda realidad.

    Se hace tesoro sin embargo la dignidad del absurdo, el saber estar en cada momento. Ahí está la luz que ha de iluminarnos.

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    1. Sí, querido amigo, buscar esa chispa de luz en la superficie más opaca aporta razones para el optimismo y el compromiso. Y en ello estamos. No olvides que pronto veré al editor y te comentaré sus proyectos, estoy tan ilusionado como tú con la recuperación del poeta de Arcos. Abrazos.

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  5. Me ha encantado.
    Estar a la altura... Ese equilibrismo intelectual que desafía a todo el sistema límbico.
    Ya veo que en cualquier parte acecha una cuerda floja.
    No puede una despistarse.

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    1. Al contrario, en cualquier parte habita la sorpresa y la posibilidad del asombro. Así que puertas abiertas que hay que estar a la altura y distinguir belleza y fisiología.
      Un fuerte abrazo, avispita, de aguijón en calma.

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