domingo, 21 de julio de 2019

VERÓNICA ARANDA. RÍO MEKONG

Río Mekong (Haikus)
Verónica Aranda
Ilustraciones de Manel Sánchez
www.cartoneraisland.com, Colección 31
Cartonera Island
Tenerife, 2018


TRÍPTICOS


  Con un intenso quehacer literario, que aglutina cauce lírico, coordinación y gestión editorial, traducción y el norte de la colección de poesía Toda la noche se oyeron…, centrada en Latinoamérica e impulsada por la Editorial Polibea, Verónica Aranda (Madrid, 1982) ha cultivado el haiku en varias entregas y vuelve a la estrofa en Río Mekong, una edición artesanal de Cartonera Island ilustrada por Manes Sánchez. 
   Siempre que retorno al quehacer poético de Verónica Aranda percibo una intensa coherencia entre expresión verbal y paisaje. El sujeto reflexivo observa el entorno, acumula los elementos que se dispersan entre sus coordenadas y los interioriza para que se integren en el tacto profundo de la subjetividad. Así amanece una claridad perceptiva en la que el exterior se difumina en la lejanía para que implosionen sus efectos en una suerte de contacto espiritual entre sujeto y hábitat. De esta perspectiva se nutren poemarios como Poeta en India, Alfama, Café Hafa y Otoño en Tanger, todos derivados de una localización geográfica muy explícita.
   Con ese enfoque del caminante en ruta se construyen los haikus de Rio Mekong, donde el esquema versal japonés se hace único molde para abordar las experiencias nómadas del protagonista lírico. Recordarán los lectores que el cauce fluvial asiático es una arteria nacida en China que atraviesa Laos, Birmania y Tailandia para adentrarse en su curso bajo por las llanuras aluviales de Camboya y Vietnam, hasta desembocar en el Mar de China, formando un fértil delta cenagoso que propicia el cultivo de arroz, sustrato alimenticio básico en todos los países.
   La poeta alude de inmediato a la primera dimensión de esta poesía: la contingencia del viaje que ponen en primer plano una geografía cognitiva: “Comienza el año / navegando el Mekong / Nuevos propósitos”; el mínimo aviso pone en marcha unos sentidos receptivos que vuelcan la memoria en el discurrir y se disponen a un acercamiento a la otredad; recordemos que una de las características del haiku clásico es el rechazo al yo como protagonista del poema y la necesidad de velar sus emociones y pensamientos para convertirse en un privilegiado testigo del ciclo estacional: “Bajo el calor / coletean las carpas. / Río con flores”. La mirada focaliza sensaciones y mínimos sucesos que se poetizan de inmediato: “Claro fugaz. / El pescador de ostras / contempla la montaña” . El haiku anterior sirve también como inciso formal: el habitual esquema silábico 5/ 7/ 5/ no se cumple y se incardina en el poema un verso conclusivo de siete sílabas; de ahí que haya titulado la presente reseña con un acierto expresivo de Rafael Cadenas, quien en sus haikus aformales utilizó el término “Tríptico" para denominar un haiku que no se escribe al modo clásico y varía la suma silábica. No es una torpeza formal sino una variante expresiva que invita al lector a romper el monolitismo estrófico con otras combinatorias versales: por ejemplo 7/5/7. Veamos un hermoso ejemplo: “Mercado de Saigón. / Cortan despacio / Flores de calabaza”.
  La identidad poética más representativa de Verónica Aranda propicia un realismo pensativo  cuyas notas singulares se aplican con textura artesanal a la piel expresiva del haiku: textos muy breves, minimalistas, que con escasos materiales consiguen un sorprendente desarrollo argumental y una fuerte solidez emotiva. De este modo, los destellos de la memoria se transforman en un patrimonio sentimental preservado contra las erosiones del olvido. Cuando el viaje concluye, prosigue ruta en el poema. ese refugio abierto donde cabe cualquier itinerario.













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