viernes, 28 de abril de 2023

LUIS QUIÑONES. LA OVEJA NEGRA QUE DEVORÓ EL MANUEL DE LITERATURA

La oveja negra que devoró el manual de literatura
Luis Quiñones
Prólogo del autor
Bohodón Ediciones
Tres Cantos, Madrid, 2021

 

LOS LIBROS QUE NOS LLEVAN
 
 
   La feria del libro de Rivas, celebrada en los últimos días de abril de 2023 con sol estival y una insólita calidez lectora, me concedió el privilegio de conocer en persona a Luis Quiñones (Madrid, 1977), licenciado en Filología Española y docente en un instituto de enseñanza pública del municipio. Asentado en el entorno cultural de Rivas desde hace muchos años, impulsa un recorrido literario cimentado en la novela que integra los títulos El retrato de Sophie Hoffman (2008), Los papeles de Madrid (2013), Un hombre detrás de la lluvia (2015) y Crónica del último invierno (2019). Pero nuestra conversación, jaleada por la estridencia verbal de Julio Llamazares sobre el escaparate literario actual derivó de inmediato hacia el enfoque ensayístico de la creación y la aldea literaria. La pertinencia de sus juicios críticos me hizo buscar en los estantes su primer ensayo, La oveja negra que devoró el manual de literatura que leo con los ojos apresurados del lector cómplice en esa orilla fresca del libro que nos lleva.
   El volumen arranca con una indagación en torno a la literatura como resistencia cuyos argumentos llueven energía, frescor y claridad. La escritura de verdad responde a una necesidad interior. Es una manera de explorar la realidad circundante, pero también un sosegado intento de introspección de lo inexplicable que conforma círculos en la propia conciencia. Escribir y leer alientan ejercicios de rebeldía, cuestionadores con pulso crítico del conformismo y lo aparente. Sin duda, la literatura soporta una belleza improductiva, incapaz de convencer al generalizado pragmatismo que moldea el culto al mercado y a los balances contables. Lo demás es silencio, muda quietud frente a la desasosegante tecnología y la rentabilidad de los resultados. Así que la literatura supone un peligro inminente, la certeza de que alguna oveja negra anda suelta.
  El estudio de Luis Quiñones no es un todo orgánico con un trazado vectorial uniforme, sino un compendio de varias lecciones que describe la sensibilidad plural de un lector. Así van apareciendo reflexiones que hilvanan ideas y enfoques que se ramifican con acertada amenidad.
  La primera lección se titula “Los escritores son gente peligrosa”. Traza un recogido por la consideración social del escritor a lo largo de la historia y por multitud de ejemplos de escritores que pasaron por la cárcel porque infringieron normas o reconvenciones o generaron una áspera desconfianza sobre su papel de cívicos ciudadanos. En prisión estuvieron Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Quevedo, Cervantes y tantos otros que soportaron con estoicismo la descalificación pública y que buscaron redención plena en su escritura. Y la historia ha completado un copioso inventario de hogueras, persecuciones y barbaries que demuestran la disposición del poder a silenciar el ejercicio de la imaginación y la mirada crítica. Los hombres de tinta son subversivos porque viven la realidad desde la indagación y el cuestionamiento, porque saben que en los músculos y huesos de la literatura alienta un saludable propósito transformador, capaz de hacer un mundo más humano y habitable.
  La segunda propuesta gira en torno a Lázaro de Tormes y a la naturaleza de su biografía. Ficción o realidad, la autobiografía define una conciencia y una época que son reflejos de cualquier otro momento histórico; también de este tiempo nuestro definido por el empacho tecnológico y los contratos basura. Más allá de la confusión entre vida y arte, el hecho literario genera un verismo incuestionable que denuncia males sociales endémicos: la desigualdad en el nacimiento, la pobreza, las falsas relaciones sociales, el mal, los abusos y la codicia…Todavía sin resolver el misterio de la autoría, la lectura del clásico de la novela picaresca desvela un ejercicio de supervivencia en las aguas revueltas de la sociedad de consumo. Una muestra de disconformidad, un golpe de voz que advierte que hay que rebelarse ante esa mesa atestada de contratos basura que manchan la dignidad y que alejan al infinito cualquier esperanza de futuro.  
  El refranero castellano concede la entrada escritural de la tercera senda “El vivo al bollo…Una reflexión sobre la muerte”. La escritura, en todos sus registros expresivos, aborda la sombreada superficie de la propia identidad y el empeño de ser para la muerte. La provisionalidad del vivir cumple un recorrido de duración variable que sondea el sentido a nuestro viaje interior. La muerte no es una simple excusa argumental; es uno de los temas centrales del hecho literario y la tradición se ha impregnado de sus señales concretas más definitorias: Jorge Manrique, Miguel Hernández, los clásicos del siglo de Oro han escrito sobre la naturaleza transitoria del ser y sobre las dudas esenciales en torno a la muerte como caducidad y olvido. El tema es inagotable y es complejo también desde el enfoque docente abordar su tratamiento en el aula, condicionados por el vitalismo y la urgencia de felicidad epidérmica que exigen las redes digitales. También en el presente, tan disgregado por los espejismos del triunfo social, hablar de la muerte es casi un acto subversivo.
   La entrega La oveja negra que devoró el manual de literatura  articula el cuarto andén reflexivo con título sugerente: “Gramática y pornografía” El ensayista explora primero el origen conceptual del término pornografía para abordar a continuación, como ya es hábito en el tono general del libro, el vértice exploratorio en la tradición literaria. La mirada lectora define un bosque de textos con la enramada múltiple del amor, el deseo y la presencia de lo carnal. Mira los pasos remansados de La Celestina y abre ventanas a la interpretación del texto y al papel de la gramática como expresión articulada del pensamiento. El transcurso ficcional de la novela ha dejado otro título, La regenta, con enseñanzas básicas entre lenguaje y deseo, donde los moralistas rancios reordenan rechazos e improperios para que no se pierda el transitar bifurcado de la censura. La realidad del cuerpo está ahí y en ella somos escritura y silencio que impulsa nuevos libros como Lolita o Memoria de mis putas tristes, títulos dispuestos a la palabra moralizante y aleccionadora de los predicadores éticos.
  El viaje de reflexión y conocimiento que propone Luis Quiñones concluye con el trabajo “Del romanticismo al punk”, una estela en el tiempo que alude a las mutaciones de la rebeldía romántica en su desaforada exaltación de lo individual hasta el movimiento contracultural del punk que imponía nuevos moldes estéticos y sociales, frente a los convencionalismos burgueses. En ese trasiego de cambios, qué papel corresponde al supuesto inmovilismo docente que tanta alarma genera en representantes e instituciones internacionales. El profesor emerge con brillantez para contradecir el discurso imperante y reivindicar el pasado frente al futuro. Con pleno acierto, se defiende la sólida cimentación del pensamiento desde el legado cultural y la literatura. Sólo desde el mundo anterior se explica el ahora. Solo desde el libro lo real aparece en todo su esplendor.

JOSÉ LUIS MORANTE



 


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