miércoles, 26 de abril de 2023

FRAN IGNACIO MENDOZA. LO QUE NO CONFESÉ A NIKOLA TESLA

Lo que no confesé a Nikola Tesla
Fran Ignacio Mendoza
Prólogo de Jorge Pérez cebrián
Editorial OléLibros / Poesía
Valencia, 2023

 

A PESAR DE LA LLUVIA


 
  Fran Ignacio Mendoza, extremeño nacido en Orellana en 1970,  pero asentado en Mallorca desde los siete años muchos años, impulsa un recorrido literario bifurcado entre la narrativa y la poesía. El espacio creativo integra casi una veintena de publicaciones, a las que ahora se suma Lo que no confesé a Nikola Tesla, una entrega poética que busca sitio con el vitalismo editorial de Olé Libros. Llama de inmediato la atención del lector el título del poemario y el rescate en primer plano de un personaje de la ciencia. Como es sabido, Nikola Tesla fue un entregado inventor de creatividad fascinante. Se formó como ingeniero eléctrico y mecánico serbio. Nacionalizado estadounidense, protagonizó una biografía de luces y sombras, donde destacaron numerosos inventos y sus aportaciones al diseño del moderno suministro de electricidad de corriente alterna.​
   El poeta Jorge Pérez Cebrián, autor del texto introductorio “Lo que el nombre encierra”, ensaya una exploración de los varios registros expresivos del sustantivo y de sus laberintos conceptuales, para abordar después, desde la poesía de Fran Ignacio Mendoza, la sombreada superficie de la propia identidad a través de un interlocutor en ausencia, Nikola Tesla, que asiente de buen grado a esta jornada de puertas abiertas de la sinceridad y del viaje interior. El personaje no es una simple excusa cultural. Como clarifica el poeta en nota final; el inventor es un referente vivo de la educación existencial del yo. Fascinado por su singularidad, se ha impregnado de sus señales concretas más definitorias, aquellas por la que el gregarismo del entorno dictaminó su rareza y su locura, su existencia a trasmano de las convenciones.
   La entrega Lo que no confesé a Nikola Tesla se articula en dos tramos. El primero, “Lo confesado a destiempo” es el de mayor extensión y marca todo el tono general del libro. Define un bosque de textos con la enramada múltiple de la evocación. Mirar los pasos remansados del ayer es abrir ventanas de luz a la introspección y el viaje interior. El transcurso vital ha marcado la piel con experiencias y enseñanzas y es necesario reordenar los recuerdos para que no se pierdan en el transitar bifurcado de lo diario. La realidad está ahí y en ella “Somos energía y silencio”, un tránsito de reflexión y conocimiento en el que se van sumando ausencias, regresos al mundo de la infancia como territorio de magia y asombro, los signos marcados de la educación sentimental, esos sueños que hacen temblar como el viento cuando agita una brizna de hierba, y el largo itinerario, emboscado entre luces y sombras de los sentimientos.
   El tramo “Lo que nunca podré decir” sugiere un estado de soledad y desvelamiento, en el que el yo se refugia en el silencio. La presencia del otro sumerge en un estado de incertidumbre. A veces el resentimiento está cerca, como si pronosticara una hecatombe cumplida. La soledad se impone: “Fuimos nosotros los que cambiamos, los que perdimos / ritmo, luz, sentido y voluntad. / Hombres y mujeres desgastados por la repetición / cotidiana, sin ser conscientes de ello.” Solo queda resistir; mirar hacia atrás para saber si el alba guardó su luz ante la larga noche.
  La conciencia del sujeto poético protagoniza un largo viaje. Camina descalza desde la niñez y los años más jóvenes hasta asentar sus pasos en el suelo contingente del presente. Un largo trayecto en el que nunca se despoja del mapa de la memoria. Por eso, en la escritura de Fran Ignacio Mendoza abundan los referentes autobiográficos. La poesía se despoja de la contingencia para acercarse a las vetas interiores del yo, y mostrar la dimensión más íntima y personal, aquella que enlaza incertidumbres y sueños, los pasos de la soledad en los nuevos escenarios que la vida propone. La esperanza que marca la raíz del existir; la búsqueda del sentido vital exige mirar atrás, recorrer los declives del tiempo para encontrar en ellos unos hilos de sol que iluminen los días con la corriente alterna de esperanzas, sueños y afectos.
 

JOSÉ LUIS MORANTE




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