sábado, 5 de septiembre de 2026

AHORA QUE ES TARDE. ANTOLOGÍA POÉTICA 1990-2020

AHORA QUE ES TARDE
Antología poética 1990-2020
José Luis Morante
Prólogo de Antonio Jiménez Millán
Editorial La Garúa
Barcelona, 2020

  

EL SUELO MOVEDIZO DEL POEMA

                                    

   Para reflexionar sobre el misterioso encuentro con el poema resulta útil una panorámica del trayecto. Una antología personal no es una aleatoria colección de poemas sino un libro unitario, orgánico, con meditada articulación formal, contenidos selectos y un deambular marcado. Alude Ahora que es tarde. Poesía 1990-2020 (La Garúa, 2020) al recorrido de tres décadas de escritura. Diez poemarios que mantiene un orden cronológico, con el añadido de inéditos de la obra en marcha Nadar en seco que se publicaría en 2022. Las composiciones asumen esencialidad y despojamiento: ser claro es ser preciso.
   En mi poesía prevalecen unos cuantos temas que imponen su presencia de manera más o menos continua. La entidad del personaje y las variantes de su dimensión existencial ya están en “Heterónomos”, poema que aporta Rotonda con estatuas, carta de amanecida, editada en 1990; la fisonomía del sujeto inspira también composiciones de entregas posteriores como “El otro” y “Autobiografía”.
  No basta con existir; muchas veces ocupa la atención lo antagónico, aquello que conspira contra las previsibles coordenadas del deambular cotidiano. El enemigo está ahí, forma parte de nuestra soledad; su lucidez pone en duda convencionalismos y contradicciones, descubre el suelo movedizo de los dogmas. Son las pautas de Enemigo leal, donde la ironía también es una forma de aceptar los hechos consumados.
   La lógica utilitaria inspira el título de Población activa cuyo primer poema “El arte de vivir los lunes” objetiva el tedio con un tono frío, acto para confirmar la sospecha de un horizonte limitado: hoy como ayer, mañana como hoy. Las similitudes entre el yo biográfico y el ser literario abundan en Población activa, Causas y efectos y La noche en blanco, con referentes sentimentales que hacen de la convivencia una indagación sostenida. En Causas y efectos el anecdotario biográfico cobre mayor presencia: los días de infancia, la presencia del padre, el aprendizaje sentimental y la fuerza de enlace con la realidad. Si manipulamos la proclama de Rimbaud que convertía al yo en otro, el aserto es igualmente válida: el otro es yo.
   El espíritu romántico de Gustavo Adolfo Bécquer tuvo conciencia de que el sueño es núcleo y actitud poética. No son pocos los momentos donde resulta difícil discernir qué cosas sucedieron o cuáles son fragmentos oníricos. Creo en una sensibilidad sutil y etérea que saca a la realidad de su letargo para explorar interiores.
   Fernando Pessoa añadió una nueva dimensión al viaje; el supuesto enriquecimiento que depara el camino se convierte en copioso inventario de pérdidas; desde este registro escribí los poemas de Largo recorrido que emplea como único metro versal el endecasílabo para subrayar la monotonía.
   En la poesía realista el empleo frecuente de la primera persona, tan apropiado para el tono meditativo, tiende a confundir el ser poemático y el biográfico. Son entidades distintas, aunque emparentadas: el primero se nutre del fondo de experiencias vivido o imaginario de quien escribe. En  La noche en blanco el yo poético se enfrenta a un estado temporal de vigilia. Fármacos y relajación para conciliar el sueño han fracasado y anida en las papilas ese sabor acre en el que los relojes laten con obstinada pereza. En ese lapso el sujeto se aplica en la construcción de otra presencia, crea un ser con el que accede a desiguales estratos emocionales. Asistimos al despliegue hacia un ideal que hace suyo un aserto de Julio Cortázar: “creo que soy porque te invento”. Ese conocimiento se inicia junto al mar, siempre símbolo de plenitud y apertura. Los entornos naturales tienen algo de verdad que existe frente a las mudanzas; en ellos percibimos un ritmo sosegado, vivificador, que se transmite al espíritu. El poema no se atiene a las exigencias de la descripción; busca intersecciones, hay una identificación con el paisaje físico. Es una presencia necesaria que impregna los tejidos; alrededor están los objetos domésticos, el ámbito cercano que nos pertenece. También otras circunstancias que, en apariencia, no nos rozan pero que representan ámbitos amargos de la existencia, donde la mirada incide en la desposesión y el vacío. Cada proyecto personal está condicionado por la creciente jerarquía social que condiciona el libre albedrío. A la tesis de Jean Paul Sastre “estamos condenados a ser libres” hay que añadir que tal destino no habla de condiciones sombrías.
   Mis poemas no están exentos de ironía, acaso por los efectos lectores del verbo nihilista de José María Fonollosa. El pacto de convivencia, casi de modo inadvertido, va perdiendo su capacidad de asombro y, poco a poco, el espejo refleja rasgos de soledad. Cuando la incomunicación se evidencia, el diálogo con el otro enmudece. La creación es una estrategia para superar ese estado de islas.
   Llega la amanecida; vuelve el ahora y el tedio, la rutina de lo laborable: el análisis de la realidad. Hemos buceado en los interiores de un espejismo y corresponde el repliegue en lo individual. El final de la historia tiene el regusto de la melancolía, un sentido agónico, como este delicado haiku de Bashô: “Habiendo enfermado en el camino, / mis sueños / merodean por páramos yermos”.
   En el balance Ahora que es tarde una trama argumental, un hilo invisible que reordena el discurrir de los poemas: el aprendizaje de la decepción. Más que desánimo individual, se habla de un estado vital. Joan Margarit ha definido este andén con precisión demoledora: ”Llega el tiempo de no esperar a nadie”, de saber que ya, cuando parpadea la amanecida, es tarde. Nos queda la palabra, la tos convulsa del poema. Y, sobre los derrumbes, el andamiaje artesanal de la esperanza.
 
José Luis Morante
 
 
 


 

viernes, 4 de septiembre de 2026

DESDOBLAMIENTOS

inventario de mí
(Hombre en el espejo)
Rene Magritte


 

HETERÓNOMOS

Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cual fue la última causa
que les diera la vida.
 
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita día y noche
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer
y, por lo mismo,
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos”)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde inicia el galope un sentimiento,
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.
 
El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que bajo el brazo trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente:
“hallé la puerta abierta
y me aburría…”
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.

   (Del libro Rotonda con estatuas, 1990)




 

jueves, 3 de septiembre de 2026

ABRIR LAS ALAS

Vuelo libre
Fotografía
de 
Internet

 

ABRIR LAS ALAS
 
(Aforismos)
 
 
Solo habla consigo cuando hay un intérprete disponible.
 
La impaciencia aconseja hornear semillas.
 
El toldo del tragaluz es un oxímoron.
 
Entre los misterios de la inteligencia, el empeño de ocultarse a diario.
 
Quien no sabe dónde ir  mantiene siempre un inquebrantable compromiso con el traspiés.
 
La humildad cumple con mérito la función de ser nota a pie de página.
 
Rareza: una amistad sin ánimo de lucro.
 
Cuando aletea cerca, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.
 
Esas voces que visten a diario papel de lija y ganan altura cuando callan.
 
Acabé identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.
 
Es acaparador y avaro; cuando respira guarda el oxígeno y el anhídrido carbónico.
 
Qué triste la lectura volátil, la que no tiene huellas dactilares.
 
 
(José Luis Morante)
 
 
 
 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

NADAR EN SECO

Las Cogotas
(Poblado vetton de Ávila)
Fotografía
de
Rubén Sánchez Santana

  

NADAR EN SECO

 

 

El tiempo que no tuve nada en seco.

En él cada brazada recolecta

los acordes secretos de la profundidad.

De cuando en cuando,

rasgan la superficie huecos húmedos

de cuyo fondo emergen

estelas de luciérnagas.

Mas un sudor salobre

desdice la quietud,

impulsa cercanía

hacia el contorno exacto del trascielo.

 

No dejo que el cansancio me carcoma.

Sacudo el agua ausente.

En los brazos maltrechos

hay jirones de mí.


                          (Del libro Nadar en seco)





martes, 1 de septiembre de 2026

JORNADA LABORAL

Días laborales
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

 

JORNADA LABORAL

 

  Nunca hay excepciones. Cuando habla consigo miente a cada instante. Eso le obliga a un inacabable fingimiento para demostrar que se cree a sí mismo. Su cuerpo sobrelleva un gravoso cansancio. Envejece en silencio. Desempeña a diario una doble jornada laboral.

 

(De Cuentos diminutos)




lunes, 31 de agosto de 2026

EZEQUÍAS BLANCO. CONSTRUIRTE UN ABISMO.

CONSTRUIRTE UN ABISMO
POESÍA AGRUPADA 1975-2025
Ezequías Blanco
Prólogo de Pascual Izquierdo
Huerga y Fierro Editores
Colección Signos
Madrid, 2026

 

LOS TRABAJOS DEL VERSO

 
  La identidad poética de Ezequías Blanco (Paladinos del Valle, Zamora, 1952), catedrático jubilado de Lengua y Literatura, lector incansable y humanista, ha adquirido en la última década una incontestable solidez por su fuerte presencia cultural y el ritmo de publicaciones. Cuando todavía es reciente la amanecida de Décimas para Sara, lírico homenaje a su nieta, aparecen reunidos sus itinerarios poéticos en el volumen Construirte un abismo. Se trata del legado de cinco décadas de escritura, con pórtico de Pascual Izquierdo, un lienzo crítico limbado de claridad y hondura.
  Antes de recorrer el amplio espacio versal del poeta, una vez más es necesario recordar la irrepetible estela, como director e impulsor durante treinta años de la revista en papel Cuadernos del Matemático, que el zamorano, asentado en la localidad madrileña de Getafe, coordinó en las aulas del Instituto de Enseñanza Media y Bachillerato Matemático Puig Adán. El desbordante sumario de colaboradores y la multiplicidad de enfoques y géneros son persistente historia viva; una valiosa expedición de la literatura contemporánea. En su larga travesía, Cuadernos del Matemático conjugó espacios creativos heterogéneos y se convirtió en memoria e identidad intergeneracional, donde aportaron propuestas escritores maduros y reconocidos, junto a voces aurorales que encontraron comprensión, empuje y puertas abiertas a la voluntad de habitar el lenguaje. Pero las variadas tareas al frente de aquellas páginas no mermaron la fértil cosecha de entregas. Su obra explora poesía, narrativa, edición y relato.
  Este largo viaje de crecimiento literario personal ubica en su apertura el ensayo “Ezequías Blanco, poeta poliédrico”, un sondeo crítico de Pascual Izquierdo, poeta, ensayista y una de las voces más destacadas de la literatura de viajes. El trabajo explora en su entrada los hilos biográficos, con el convencimiento de que la mirada lírica está íntimamente conectada con las contingencias vitales. Vida y lenguaje se enlazan para dibujar los rasgos expresivos de un poeta nunca ajeno al discurrir del tiempo. Desde la aparición de los versos más tempranos, en los ambientes universitarios de Salamanca de los años setenta, el taller escritural multiplica fuentes de inspiración. Como han reiterado algunos críticos, en Ezequías Blanco confluyen riberas de la tradición clásica y rincones de renovación vanguardista. En la línea temporal, el poeta protagoniza un viaje singular que aglutina diversidad, intensa y sutil, gracias a un atinado patrimonio lector y un enfoque verbal que hace de la ironía recurso expresivo irónico habitual, capaz de encender, desde la cercanía, la complicidad del lector. En el quehacer poético se construye una poética desde la genealogía, con pupila irónica y descreída. Los versos de “Poesía de la experiencia” lo recuerdan: “No ejerce sobre ti atracción otra corriente / que no sea la corriente del río. / Ni otra luz te deslumbra que no sea / la luz de la naturaleza. / No te asombra otro rito que no llegue / del tesoro sencillo de la vida”. El entorno convoca con pulsión intensa, ajeno a condimentaciones sospechosas.
  La percepción de quien escribe deambula entre una mirada de esperanza y futuro y un pensamiento crítico, a veces ceñido de escepticismo. Pascual Izquierdo explora con sosiego la cadencia de publicaciones, para abarcar todas las entregas y dejar constancia de sus rasgos comunes. Así se va moldeando la capacidad de búsqueda del paramento expresivo, con sus variaciones formales y su maraña de estratos que aglutinan estrofas cerradas, verso libre y prosa poética.
  La edición Construirte un abismo acerca los trabajos del verso a una tarea cuyo pactado colofón es el salto al vacío. Sin duda, una manera simbólica de definir el fondo negro del futuro. Nadar en la corriente del tiempo supone aceptar que somos material perecedero, trazos inacabados que se empeñan en dejar a su paso evocación, recuerdos de cielos cambiantes y rescates de ausencias. La epifanía del yo es un lejano regreso al origen. La voluntad de ser certeza y polvo, empeñada en sospechar que vivir es renacer, dar vida a un espejismo recobrado.
  La palabra viva de Construirte un abismo invita a una reflexión profunda sobre el escritor y las coordenadas personales que marcan su lugar propio en la sociedad literaria. Ajeno desde su amanecida a grupos y etiquetas modales, aunque abierto a la inserción activa a procesos escriturales y al seguimiento de nuevas perspectivas, la trayectoria de Ezequías Blanco alienta una conjunción de materiales expresivos, recursos, moldes y migraciones argumentales.
  En el propósito comunicativo se percibe el valor de lo heterogéneo. La convivencia entre el nítido realismo, de aire tradicional. con poemas de mitigado culturalismo que aluden a las fluidas aguas de la tradición. Lúcido y vitalista, el hablante poético trata de explicar lo inexplicable, el enigma que late en la poesía.
  Siempre conscientes de la presencia inmarchitable del fluir, las palabras habitan una cotidianidad transcendida, que convierte al poema en grieta del pensamiento. Los recorridos verbales encienden una luz de mediodía,. Completan una cumplida cartografía de vivencias y sensaciones, nubes bajas para que la emoción se haga lluvia y claridad, e impulse el canto.
  Los poemarios de Ezequías Blanco nos dejan la mirada clarividente de la reflexión. Abren sus argumentos a una realidad construida desde la memoria, como si el pasado fuera siempre venero de experiencia. De allí surge un mundo transitorio y mudable, pero que mantiene encendida una lumbre cerca. Esa hoguera donde crepitan sensaciones y recuerdos, que oxigena con su caligrafía el aire del poema.

 José Luis Morante




domingo, 30 de agosto de 2026

EL TIEMPO EN LA PARED

Latidos
Fotografía publicitaria
Archivo general de Internet


                                                                             RELOJES

 

Aquel invierno adquirió un domicilio antiguo; un caserón de piedras frías y cimientos gastados, que se silueteaba sobre el roquedal. Llenó sus habitaciones de relojes artesanales, adquiridos en los mapas abiertos de sus viajes. Todos funcionaban, pero las agujas nunca coincidían en la hora marcada. Deduje que el dueño buscaba una estrategia misteriosa para que pasado, presente y futuro cohabitaran en el mismo espacio. Cada latido atestiguaba la vida de aquel sitio, clausurado y angosto. Allí el tiempo transcurría ajeno a sí mismo, en una trayectoria circular e interminable, sin el riesgo de ninguna huida.


(De Fuera de guion, Ediciones Lastura, 2024)