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Maravilloso miedo Javier Gallego Dueñas Ediciones Liliputienses Cáceres, 2026
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RITOS DE SANACIÓN
La singularidad literaria de Javier Gallego Dueñas (Rota, Cádiz, 1968) traza camino en 2017 con la entrega Las gramáticas
del tiempo, un libro de textura introspectiva publicado por la editorial
Takara, al cuidado de la poeta Rosario Troncoso, que basculaba entre la memoria
y la culpa. Daba amanecida a una voluntad creadora, de paso sosegado, que hacía suya
también la condición del reseñista en el blog de crítica y lecturas Profundamente
superficial, fortalecía el sugerente impulso de la revista Voladas y dispersaba frecuentes colaboraciones en cabeceras académicas y literarias.
Con
texto introductorio de Hilario Barrero, la senda lírica añade en 2021 la
segunda cosecha de poemas, esta vez acogida en el hermoso catálogo asturiano de
BajAmar. De nuevo, la herida vivencial reabre lo doméstico para que busque luz
la evocación y el poso memorístico que explora el declinar temporal. Eran
estratos subjetivos, marcados por la fugacidad de un entorno que, a menudo,
abre el paraguas gris de la melancolía en el borde del agua. Se reforzaba así
la textura de una sensibilidad intimista, escueta en la ornamentación expresiva,
emotiva y sutil.
La razón poética de Maravilloso miedo recurre
al apunte indagatorio del poema en prosa para exponer el viaje intimista del pasajero
en ruta hacia su destino por las avenidas del miedo. La realidad se desdibuja y desaparece. Es necesario
desandar el tiempo para que emerja fuerte el afán introspectivo, ese fondo de
secuencias que muestra lo que fue, entre los resquicios y grietas del
desamparo. Pero no hay derrota en el ensimismamiento sino afán de búsqueda para
descubrir las hendiduras precisas por donde se filtre la luz. La claridad se
hace símbolo de la esperanza, más allá de la sombra. El itinerario tiene un
trazado complejo en el que se entrelazan pasos efímeros y espacios urbanos que
hacen de la ciudad un entorno habitado por la soledad. Un marasmo de
transeúntes que solo tienen la compañía obsequiosa de la desmemoria. Todo
parece presentir el derrumbe, cobijar abandono; es preciso imaginar el hilo que
nos saque del laberinto. La existencia es materia empeñada en la supervivencia;
más allá de la duda frente a los efectos paralizadores del pánico, hay que cambiar las cosas y sostener los empeños de la
voluntad.
El refugio verbal de las palabras conforma una plenitud incandescente que
acompaña y dirige, que nos presta un tejado a dos aguas y un estar a la sombra.
El trayecto es lucidez y conocimiento, adivinar que el miedo también tiene una
puerta de salida. Como sucede con el discurrir, es efímero y crepuscular. Se
apaga con los ritos de sanación en los que emerge un túnel hacia la luz cuando
se multiplican los escenarios del dolor en la rutina cotidiana.
El yo verbal formula un oxímoron: “Maravilloso
miedo” de aparente contradicción que hace del miedo un territorio habitable. En
lo siniestro y el espanto cabe el paso firme de la aceptación, la certeza de
que la belleza respira, aunque cueste focalizar su silueta en la sombra.
También en los otros se van marcando las azarosas huellas de la desolación, el
rastro de quienes han padecido el dolor, la enfermedad o la quiebra de
ilusiones y sueños. Así nace en el poema un enfoque menos subjetivo y más
solidario.
Cerca se despliega la silueta de la naturaleza y ese rostro bifronte que
acumula quietud y mudanza, un ciclo vital hermético y complejo, que sobresalta
y, al mismo tiempo, seduce por su belleza; que invita a la meditación y a la comprensión profunda del paisaje . Más que una geografía concreta, la horizontalidad de los sentidos moldea un paisaje interior, un estado de ánimo.
El poemario Maravilloso miedo de Javier Gallego Dueñas integra como cierre una breve nómina de deudas literarias y musicales que ayudaron a levantar el marco poético. Sus textos no
pretenden crear una mística de la tristeza, ni una exaltación de la idea de que
la vida al paso es un peregrinar por la adversidad, aunque suene “una algarabía
discordante, cacofónica, hiriente, desafinada, que supura el dolor y el miedo”.
La realidad camina por páramos contradictorios que hay que recorrer con lentitud. El poema asimila dentro de la conciencia los frutos de la experiencia y los pasos cansados de la decepción, pero también hay que
fortalecer la capacidad de seguir, de remontar naufragios a contracorriente. La
poesía entonces se hace meditación y fuerza, intento de encontrar la aguja en
el pajar, el hilo que nos saque por fin del laberinto.