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lAS PERSONAS DEL VERBO Jaime Gil de Biedma Carme Riera y Féix Pardo (Editores) Ediciones Cátedra, Colección Letras Hispánicas Madrid, 2024 |
EN UN VIEJO PAÍS
Ningún colectivo poético del siglo XX ha suscitado más empeño crítico
que la generación del 50, o del Medio Siglo. Sobre las trayectorias de sus
componentes más destacados, como de La Escuela de Barcelona, estricto círculo
relacional que sirvió de núcleo germinal de la promoción, han versado investigaciones plenas de lucidez
y acierto de Carme Riera. La escritora y académica impulsa, en los últimos
meses de 2024, esta edición crítica sobre Jaime Gil de Biedma en colaboración
con Félix Pardo con el título Las
personas del verbo, conocido aserto de la poesía reunida, escrita entre 1965
y 1981, una parca aportación de menos de cien poemas. Completan la obra literaria
del autor barcelonés las traducciones de Thomas S. Eliot, Isherwood y Bertolt Brech,
esta última en colaboración con Carlos Barral, los ensayos de crítica literaria
reunidos en El pie de la letra (Crítica,
1980) y los controvertidos diarios. El autor impulsó un quehacer de ritmo
lento, una propuesta unitaria que reflejaba el interior de su propia
existencia: “Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que
la historia del hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de
significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por
lo menos –atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia
individual- de unos cuantos entre ellos.” Además abandonó la escritura en su
primera madurez, en 1981, cuando apenas contaba cincuenta y dos años de edad.
Jaime Gil de Biedma nació en Barcelona en 1929 y falleció el día 8 de
enero de 1990, tras una grave enfermedad, algunos años después del cierre de su
edificio poético, clausurado con el libro Poemas
póstumos. Pero el magisterio de su voz no ha hecho sino acrecentarse hasta
consagrar al escritor como columna central del canon poético contemporáneo. La
breve introducción trata de documentar los años aurorales, sobre todo
valiéndose de cartas personales y documentos de archivo. También sondea las
claves de su amistad con Carlos Barral, iniciada en los años universitarios de
Barcelona y la amanecida de su periplo poético. La poesía se convierte en una
persistente obsesión por más que considerara el oficio de poeta como un trabajo
inexistente que había que paliar con empleos más lucrativos y prestigiosos,
desde el punto de vista social.
Si obviamos los tanteos de aprendizaje y los anticipos en revistas, la crecida
poética empieza en 1953 con el cuaderno Según
sentencia del tiempo, una brevísima
colección de doce poemas: Ya en 1959, se edita el libro Compañeros de viaje, obra en la que se perciben las características
y temas básicos de su ideario: tono conversacional, referencias
autobiográficas, marco urbano, continuo enlace entre vida y literatura y un
fuerte sentido crítico de la realidad social y política. E poeta advierte
además de una significativa transformación en su retina estética: “de una
actitud de filiación simbolista, se desemboca en una estética basada en la
experiencia y en una determinada situación histórica”. En Moralidades (1966), un libro publicado en México para evitar las
mutilaciones de la censura, la influencia de Blas de Otero y Luis Cernuda
afianza el vertido intimista del hablante lírico, hasta crear un clima de
confidencialidad. La primera persona del singular se muestra en el espejo con
la cercanía de quien traspasa la senda evocativa de instantáneas vitales y emociones.
En ese libro están composiciones como “En el nombre de hoy” , “Barcelona ya no
es bona o mi paseo solitario en primavera” y “Pandémica y celeste”, acaso uno
de los poemas más apreciados por el poeta. En estas composiciones aflora con
fuerza la conciencia social y el resentimiento de clase. Esta edición incorpora
la plaquette Cuatro poemas morales,
publicada en 1961. El libro Poemas
póstumos se publicó, en su primera edición, en 1969, con una dedicatoria a
Gabriel Ferrater. En él se incluye “Contra Jaime Gil de Biedma”, donde la voz
poética se desdobla para argumentar contra la propia existencia con un feroz
rechazo de la rutina existencial y sus sórdidos ejercicios al dictado. La
primera edición sólo consta de doce poemas, pero el número de composiciones
aumentaría hasta veintisiete poemas en la segunda edición de la poesía reunida.
Sin duda, el ambiguo título está relacionado con el poema “Después de la muerte
de Jaime Gil de Biedma” y con esa filosofía que hace de la escritura
permanencia y salvación de nuestra finitud.
El
rótulo Las personas del verbo vería
la luz en 1975, publicado por Barral en Barcelona. En 1982 se hace una nueva
compilación definitiva de sus poesías completas, con una nota autobiográfica en
contraportada, que también se reproduce en la presente edición de Carme Riera y
Félix Pardo.
El completísimo aparato crítico apenas se detiene en la biografía, bien
conocida por trabajos de Javier Alfaya, Carme Riera, Pere Rovira y la
semblanza, no exenta de sombras, que Miguel Dalmau publicó en 2004. En cambio,
partiendo de la segunda edición de Las
personas del verbo (Seix Barral, Barcelona, 1982), supervisada por el
propio Jaime Gil de Biedma y, por tanto, considerada como definitiva, se hace
un enorme calado de las variaciones textuales, la puntuación, la reducción de
citas y las mutaciones que suprimen versos e incluso poemas. El análisis afecta
a cada una de las entregas y también a los poemas publicados de forma autónoma.
El poeta reside en el último
tramo de su vida en Ultramort (Girona), alejado de los cenáculos más relevantes
de la actualidad literaria. “Escribir un puñado de buenos poemas es lo único
que de verdad importa en la vida”. No
quiere ser poeta sino poema. La escritura concluye aceptando la propia
identidad y las cicatrices que ha causado el discurrir: “Envejecer. Morir / es
el único argumento de la obra”
JOSÉ LUIS MORANTE