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miércoles, 10 de marzo de 2021

MANUEL BROULLÓN. LA TONALIDAD PRECISA DEL ROJO

La tonalidad precisa del rojo
Manuel Broullón
Epílogo de Manuel Ángel Vázquez Medel
Kaótica Libros
Colección Multiverso
Madrid, 2021

CON VOZ DE DIARIO


   Prosigue, con regularidad pautada, el sorprendente proyecto de Kaótica Libros, impulsado por Ana Orantes, Sofía Sánchez y Lidia López, con Multiverso. La editorial abre una nueva colección, inaugurada con el libro La tonalidad precisa del rojo, de Manuel Broullón (Cádiz, 1987), doctor en Comunicación, Literatura, Ética y Estética y profesor de escritura creativa en la Universidad Complutense de Madrid. El breve pórtico editorial desvela la singularidad genérica del libro, el  luminoso deambular del material creativo entre la voz lírica, escrita en prosa poética, o el apunte del íntimo diario de un yo, escrito con un propósito cognitivo clarificador. Del carácter híbrido de la entrega, que abren citas de José Saramago y Federico García Lorca, trata también el umbral de autor “La lectura”: “Disculpa que este libro hable de todo y de nada. La lectura es una proyección tuya y mía que nadie sabe dónde está”. Desde esa indefinición arranca un trayecto hecho de mínimas secuencias, pero capaz de condensar lo real en la abstracción, esa habitación con vistas abierta a la evocación y el pensamiento.
  Los apuntes textuales sugieren una percepción fragmentada, un mapa repleto de puntos dispersos que nacen desde el deseo, como vía de acceso a una realidad transcendida. Manuel Broullón recurre al utillaje cultural para crear una recepción cómplice, que camine buscando el trazo firme del relato. En esos afanes, la identidad acumula estímulos. Los duerme en algún rincón del yo para que sean sustratos primigenios de  la conciencia, protegidos de la oscuridad exterior. También el tiempo interno busca su independencia de horarios estables y relojes para hacer de la cronología un transcurso para percibir las pulsaciones de la ciudad roja, ese campo de trabajo delimitado por la hermosa escritura de Manuel Broullón. No sé cuánto especulo si al diseñar la insomne belleza tintada de la urbe, los recuerdos del escritor regresaron al sur. Acaso para ver atardecidas junto al mar, con paredes blancas de cal y rojas de la arcilla, tanteando los muros de una geografía real. Las descripciones sintéticas del espacio conectan realidad y sueño. Se aventuran por callejones y sótanos, insisten en buscar símbolos en el vino rojo que duerme en el vaso o en el caos de formas y colores que conforma el laberinto urbano de “Los mapas”, primer apartado de La tonalidad del rojo.
   La segunda parte “Los lugares y los días” hace del yo un espectador que contempla el manso fluir de lo diario. Los apuntes congregan un contagio de asuntos, como si el hilo argumental fuera consciente de las mutaciones que conlleva el transcurrir. La vida se celebra a cada paso. Sosiega el quehacer laboral para dejar sitio a la contemplación y a esas sensaciones que buscan plenitud al deseo. Como sucede en esas ciudades que componen un marco teatral como Almagro, Córdoba, Salamanca o Granada, el paso cómplice que puebla las aceras recuerda una representación teatral en la que participa la propia arquitectura de la ciudad: ese antiguo convento monacal, convertido en aula universitaria, o esas galerías de medio punto hechas biblioteca y silencio o esa plaza porticada dispuesta a la escenografía del teatro o a la proyección luminosa del cine de verano. Así, los rincones de la ciudad roja, en la magia del verano y sus noches estrelladas, conforman un reflejo de la ciudad real como si fueran imágenes simétricas.
   El tramo “Matices: de vivos y muertos” testifica el tránsito incesante. Frente a los firmes planos de la arquitectura monumental se prodigan matices y sensaciones, se toma asiento en el andén de una estación lejana, donde el tren oferte en el cristal esa película continua de mí un asiento vacío. El viaje despierta esa caligrafía de la ausencia que escribe en lluvia oblicua. Los lugares van sumando imágenes y pasos, la respiración de vivos y las erosiones de los que ya son agostados signos de derrumbe. El cuaderno guarda impresiones, captura la visión panorámica, el disipado aliento de la vida al paso.
   Manuel Broullón cierra su libro con el apartado “la precisa tonalidad del rojo”, como si quisiera dejar una síntesis de los itinerarios que componen la ciudad, ese lugar donde el añil impone su fuerza cromática para despertar en los paseantes celebración y abrazo, voluntad firme para conjugar sombras y proseguir ruta. Es también aceptar la llegada a la estación final y suponer que acaso alguien regrese un día al mismo lugar con otro cuerpo y otra identidad, con el mismo afán de plenitud, de explorar conocimiento y palabras.
   La edición de La tonalidad precisa del rojo incorpora un hermoso epílogo firmado por el profesor, ensayista y crítico Manuel Ángel Vázquez Medel. El parónimo “preciosa” transforma completamente la lectura del título para mudar la exactitud en belleza. No en vano enlaza el conocimiento personal con la estela creadora hecha discurso transversal y polifonía, “celebración de la vida, magia y misterio”. Yo no voy a contradecir tan hermoso epílogo, pero mis lecturas de esta entrega de Manuel Broullón ratifican su rareza; es un poemario en prosa, y un diario íntimo. Sus breves observaciones están hechas de lugares y gentes, de soledad y encuentro. La escritura de La tonalidad precisa del rojo propone un itinerario interior por una ciudad abierta; es un refugio cálido y habitable que no entiende de mapas sino de colores cambiantes, de una cartografía onírica que aspira al vuelo libre de cada lector, dispuesto a conformar su propia ruta.
 
JOSÉ LUIS MORANTE     
 

miércoles, 3 de febrero de 2021

VARIOS AUTORES. TRANSFEMINISMO O BARBARIE

Transfeminismo o barbarie
VV. AA.
Nota de las editoras
Kaótica Libros
Madrid, 2020

 

IDENTIDADES

 

   El peso teórico del transfeminismo para una inmensa mayoría cívica, en la que integro mi escueta cobertura temática, encuentra en Kaótica Libros un proyecto de amanecida para ver mucho más claro. El catálogo de estreno, impulsado por Ana Orantes, Sofía Sánchez y Lidia López Miguel, se convierte en demarcación reflexiva, dispuesta a dar voz a planteamientos analíticos, científicos y progresistas, exentos de rigidez dogmática y ajustados al debate. No se trata de ampliar el feminismo clásico desde los márgenes sino de integrar, sin alternativas conformistas ni subversiones secundarias, el pensamiento transfeminista entroncado en la igualdad de género, la emancipación femenina y la libertad de identidad sexual que cuestiona el binarismo de género.
   En la nota prologal, asumida como declaración de intenciones y manifiesto operativo, se advierte de “la necesidad de dar una respuesta conjunta ante los frecuentes ataques tránsfobos que, desde hace algunos años y al amparo del anonimato de las redes sociales, se están dando en la actualidad”; del mismo modo, se denuncia la incomprensión de sectores excluyentes del feminismo tradicional, beligerantes con el movimiento transexual. Son las oportunas razones generadoras de Transfeminismo o barbarie, un trabajo colectivo que integra en su título el recuerdo a Rosa Luxemburgo y la cordialidad de quince aportaciones que aglutina una fundamentación múltiple, de indiscutible solidez conceptual.
   El copioso paréntesis de interrogaciones e incertidumbres del transfeminismo busca ventanas de luz en sondeos meditativos, donde se yuxtaponen enfoques argumentales marcados por la diversidad. La apertura de la profesora y socióloga Carmen Romero Bachiller, bajo el hermoso título virginiano “¿Quién teme al transfeminismo?” denuncia ese afán conspiratorio que selecciona y concede carnet de pureza feminista, y recuerda las palabras clave del debate, todavía de compleja asimilación para el público heterosexual y la familia nuclear normativa: trans, interseccionalidad, teoría queer, abolicionistas del género. Así mismo denuncia la tendencia excluyente de partidos de izquierda, cuestiona la biología sexual e invita a “habitar la casa de la diferencia”. Por su parte, Lucas Platero enfoca “Conocer nuestras genealogías” en el análisis diacrónico de la participación del movimiento trans en el feminismo histórico y plantea otra cuestión de gran importancia al abordar la naturaleza del sujeto político femenino. La breve aportación de Mafe Moscoso resalta por su prosa poética y por la introducción del término “Enchaquirado”, una identidad no binaria que se apropia del legado huancavilca en el Ecuador precolombino, con un rito sexual vertebrado entre lo sagrado y lo profano.
   El texto de Carolina Meloni González se conforma como una aportación central por su rigor orgánico y su claridad enunciativa. Denuncia con fuerza el discurso excluyente de esa pureza biológica donde no encajan los outsiders y el segregacionismo feminista en el que no tienen sitio “las otras”. Propone una genealogía crítica del sujeto femenino como algo derivado y no substancial que engloba lo social, lo biológico, lo material y lo discursivo.
   Artista radical y activista de primera línea, la boliviana María Galindo profundiza en la genealogía trans precolonial y en su pervivencia en los ciclos históricos, abre una discusión entre derechos y privilegios y analiza con fuerza los temblores de la falocracia y su pervivencia en las estructuras sociales latinoamericanas. El aporte de la periodista, investigadora y doctora en Antropología Nuria Alabao focaliza la teoría queer, como un espacio filosófico y militante, cuajado de diversidad, desde su nacimiento en USA durante la era conservadora de R. Reagan y las complejas sendas reivindicativas, casi nunca ajenas a una deleznable violencia estructural y a un doloroso trasfondo de aversión al asociar queer  a lo marginal, raro o abyecto.
   Sin duda, el gran acierto de Transfeminismo o barbarie es la creación de una línea de faros en la costa, es decir la fuerza complementaria de puntos de vista dispares en torno al mismo núcleo argumental. Así, Javier Sáez asume un enfoque militante al denunciar aversiones y frentes antiqueer, incluso en las cabezas intelectuales del feminismo; la cantautora Alicia Ramos despliega su biografía personal para constatar el erosivo camino de dificultades existenciales y Leo Mulió denuncia la oleada de transfobia y la persistente violencia estructural ; en un registro similar, Olga Ayuso completa un mapa de la memoria para reclamar un encaje social efectivo, y sobre la inclusión de derechos trans y las contradicciones argumentales del feminismo clásico también vislumbran clarificadoras respuestas Patricia Reguero, Silvia L. Gil y Aitzole Araneta, entre otros enfoques repletos de contenido conceptual.
   La lucha por la plena igualdad sexual y la consolidación en el sistema del movimiento trans, exige una revolución social exenta de categorías sexuales cerradas, sin planos jerárquicos ni exclusiones. Transfeminismo o barbarie es un mapa reflexivo que impulsa itinerarios donde caben la diferencia, el antagonismo, la alteridad. En él se reconocen subjetividades complejas que luchan por superar la indiferencia, la marginación y la segregación social. Que quieren construir una babel de géneros en la torre común de la igualdad, esa utopía emancipadora que reclama el esfuerzo de todos.
 
José Luis Morante