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José Luis Morante (Rivas Vaciamadrid, invierno de 2021) Fotografía de Javier Cabañero Valencia |
CON ÁNIMO INESTABLE
(Entrevista a JOSÉ LUIS MORANTE)
Por Ana Rojas
Con un itinerario plural que
suma poesía, crítica y aforismos, José Luis Morante (Ávila, 1956) deja en
las entradas del blog el ánimo inestable de la creación. El resultado es una propuesta que varía casi a
diario.
Tanta actividad… ¿No se cansa?
JLM.- Sí, el cansancio adolece de sobrepeso; la literatura es
un laberinto sin lindes. En ese afán, me acuesto pronto y esas primeras horas del sueño son esenciales para recuperar
fuerzas y ánimos; después me despierto con las primera claridad, madrugo,
empiezo la tarea y de nuevo al despedirse el día siento los genes de un hombre
cansado que repite hábitos sin variar puntos y comas.
En el blog “Puentes de papel”
casi todos los contenidos se ven desde la poesía…
Intento ser variado en las
entradas, pero la poesía me parece el género esencial; es el que condiciona mi
propio recorrido creador y el que regula
las lecturas diarias; dedico muy poco tiempo a la novela y más al ensayo
crítico, aunque los libros que dejan más felicidad entre mis manos son los de
poesía.
¿La poesía mantiene esa identidad
de ser palabra en el tiempo?
La definición de Antonio Machado
no ha perdido vigencia; pero hay otros enfoques que no tienen fecha de
caducidad y complementan la profundidad del poema: el compromiso, el canto
elegíaco, la introspección, el yo solidario, el juego verbal, la imagen, la
cata aforística…
¿Ser un crítico literario facilita la tarea poética personal?
Tal vez exige ser más riguroso en las entregas y evitar en lo posible la suma de libros innecesarios; es verdad que la crítica es un aula permanente; en cuanto a facilitar la tarea personal, no sabría qué decir. Acaba de salir mi antología Ahora que es tarde (1990-2020) y no he percibido ningún trato especial; es más, nombres que sentía cerca de mi trabajo crítico han recibido el libro con absoluta indiferencia, así que la perplejidad es un grifo mal cerrado, que gotea a diario.
¿Esas circunstancias han cambiado su forma de ser?
Sí, el escepticismo se incrementa y la generosidad se hace más selectiva; si ellos no están, no tiene mucho sentido que yo me detenga con la sonrisa en flor frente a su ventana.
El largo tiempo de confinamiento ¿cómo ha afectado a su tarea de escritor?
La escritura es un ejercicio de aislamiento y soledad, así que la mesa de trabajo no ha percibido el tsunami sanitario. Siguen lecturas y creación y espero que el blog continúe su particular maratón de textos: he recibido muy buenos libros y los compromisos personales se han cumplido; en pocas semanas verán la luz dos nuevos trabajos: un homenaje al cine, y una antología de aforismos.
¿Qué echa de menos en estos meses?
El elemento humano de la literatura, esa suma de abrazos, encuentros, tertulias, presentaciones, visitas a librerías y chismorreos veniales... Estar solo exige estar con los demás para no enfermar de endogamia. La razón no duerme en la reformulación ontológica
del yo; cada devenir existencial no es sino un cúmulo de energía en préstamo
que necesita a los otros.
¿Con ánimo inestable?
Siempre, la incertidumbre es la verificación melancólica de nuestra caducidad y es, al mismo tiempo, un
ejercicio de simetría entre lo que se inicia y lo crepuscular. De esa condición
no estamos exentos nunca.
Regresar a la normalidad es...
Aceptar la presencia de un panorama insólito, para buscar después el encanto ideal de lo lejano, la continuidad de un
largo viaje hacia la rutina; esa suma de gestos capturados por la costumbre que conforma la experiencia personal.
Ana Rojas
(Marzo de 2021)