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lunes, 9 de marzo de 2026

JOAN MARGARIT (RECUERDOS)

Joan Margarit
Arquitecturas de la memoria

 

 JOAN MARGARIT: EVOCACIÓN Y DESPEDIDA

                                
     Llegué muy pronto a la poesía de Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938), pero no fue hasta abril de 2003, en Cambrils, cuando conocí al poeta. Los dos estábamos invitados a un encuentro literario, coordinado y organizado por Ramón García Mateos, en el que también participaban Antonio Gamoneda, Jaime Siles, Félix Grande y Enrique Badosa, junto a poetas más jóvenes: Luis Felipe Comendador, Ada Salas,  María Ángeles Pérez López, Eduardo Moga y Mercedes Escolano... La tarde de nuestro primer encuentro tuvo un intimismo cordial que me sorprendió. El poeta me regaló el poemario Joana y me confesó la abrumadora contingencia biográfica que habitaba detrás de los poemas. Yo expliqué mi trabajo crítico, le regalé Causas y efectos y le pedí permiso para plantear una edición bilingüe de su obra poética para la colección Letras Hispánicas de Cátedra. Y el poeta aceptó encantado. Comenzaban tres años de trabajo con llamadas frecuentes, algunas cartas y una disposición colaboradora que adelantó el proyecto casi un año. En marzo de 2006 salía la primera edición de Arquitecturas de la memoria  y aquel libro selló para siempre nuestra amistad. Hubo presentaciones, entrevistas, encuentros en Rivas y Lucena, y visitas al instituto donde yo trabajaba. Joan leía con tal intensidad que fascinaba a los alumnos y la respuesta de los estudiantes era siempre la misma: largas filas para que el poeta les dedicara su ejemplar e intercambiara con ellos algunas palabras.
   Los encuentros se han repetido en el tiempo, ya que el poeta ha sido muy fértil y siempre presentaba sus libros en Madrid, en la librería Alberti, mientras su prestigio literario iba creciendo como una secuoya hasta obtener en plena madurez dos reconocimientos de gran repercusión cultural, el XXVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes 2019, que originaron un seísmo mediático y una estela de interpretaciones. Pero el poeta no cambió nunca su forma de estar en lo diario y su manera de sentir la poesía. Más allá del horizonte político peninsular y la fractura ideológica y social propiciada por el independentismo está la certeza, los ojos en el retrovisor del tiempo, de que en su dilatado recorrido poético nunca se ha generado hostilidad entre el catalán y el castellano. Así lo escribí en el prólogo de mi edición crítica Arquitecturas de la memoria (Cátedra, 2006). El arquitecto y profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona es un escritor bilingüe que crea en los dos espacios idiomáticos.
   Su obra forja pasadizos comunes entre ambas lenguas en un proceso creativo sometido a continua revisión, según queda constancia en El primer frío (Visor, 2004). La compilación recorre tres décadas, de 1975 a 1995, y contiene una severa poda selectiva. El prólogo recuerda que la voluntad de hacer poemas despierta en plena juventud en Tenerife, donde la familia se instalado en 1954, por asuntos laborales, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo, no se cumplen las inquietudes y vuelve a la universidad para concluir la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de materiales (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica (1975), libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas y la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Cinco años después, el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en protagonista relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio. Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” tiene como sustrato semántico el diálogo abierto entre camino existencial y escritura, eje orbital del ideario estético. El poema debe modelar un refugio para el protagonista verbal.
  En Llegas tarde a tu tiempo (Visor, 2010) se integra la cosecha escrita entre 1999 y 2002 que agrupa los libros Estación de Francia y Joana, un periodo donde se vislumbra una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; se utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
    La escritura cimenta un conjunto de obsesiones expandido mediante variables; el poema recurre a la clarividencia del matiz. En esta cercana exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales. Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre de erosiones y envejecimientos, pero que ha proporcionado al yo un asidero, un puerto franco frente a la intemperie. Joana – la hija minusválida- es, en su fragilidad y en su condición vulnerable, el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida y la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura de la posguerra es la figura donde lo ideal encuentra sitio, cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis, por tanto, es la ética que se resiste a claudicar
   Con insólita fertilidad, los poemarios se suceden: Cálculo de estructuras, Casa de misericordia, No estaba lejos, no era difícil, Se pierde la señal, Amar es dónde, Misteriosamente feliz y Un asombroso invierno. Las entregas imbrican contenidos en los que la introspección se hace constante básica. Se recorren estratos indagatorios en lo vivencial, las travesías de la memoria y las sombras de espacios interiores como el vacío, la pérdida, el derrumbe y el cansancio. Además, siempre hay geografías afectivas para la música, el mar, los viajes, o la ciudad, como elementos conceptuales repletos de simbolismo.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca en cada verso una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y propende a lo narrativo con una cuidada secuenciación rítmica en la que no hay cambios bruscos. La poesía de Joan Margarit articula una identidad moldeada en el devenir que busca su razón de ser en el poema. Aquí el arte no es distinto que la vida. En cada palabra está la huella del haber íntimo, la búsqueda de permanencia sobre la finitud y la ceniza.
   En la tarde del lunes 16 de febrero de 2021 fallecía Joan Margarit en el domicilio familiar de Sant Just de Desvern, en Barcelona, a consecuencia de un cáncer, diagnosticado un año antes. Su biografía es ahora un solo poema que deja como último verso la palabra quebrada de su ausencia. Descanse en Paz el hombre, el amigo, el poeta.


 JOSÉ LUIS MORANTE, poeta y crítico literario. Es editor de Arquitecturas de la memoria. Joan Margarit (Cátedra, 2006) 
 
 

viernes, 13 de diciembre de 2024

NADAR EN SECO

Aprendizajes
Feria del Libro de Madrid, 2008
Firma del libro Arquitecturas de la memoria
Joan Margarit

 

NADAR EN SECO
 
El tiempo que no tuve nada en seco.
En él cada brazada recolecta
los secretos acordes de la profundidad..
De cuando en cuando
rasgan la superficie huecos húmedos
de cuyo fondo emergen
estelas de luciérnagas;
Mas un sudor salobre
desdice la quietud,
 impulsa cercanía
hacia el contorno exacto del trascielo.
 
No dejo que el cansancio me carcoma.
Sacudo el agua ausente.
En los brazos maltrechos
hay jirones de mí.
 
     (Del libro Nadar en seco, 2022)
 
                               José Luis Morante

miércoles, 31 de julio de 2019

LUIS GARCÍA MONTERO. ROPA DE CALLE

LUIS GARCÍA MONTERO
Ropa de calle
(Antología poética 1980-2017)
Edición de
José Luis Morante
Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2018, tercera edición

NUEVA EDICIÓN DE  ROPA DE CALLE


 El incansable activismo creador de Luis García Montero reclamaba una urgente puesta al día de Ropa de calle, edición crítica de su travesía poética, aparecida en el catálogo de Letras Hispánicas en 2011. La muestra recogía una amplia mirada al trayecto biográfico del escritor de Granada y una selección de poemas escritos en un intervalo temporal que abarca casi tres décadas, entre 1980 y 2008. Desde esa fecha hasta 2016 el poeta ha protagonizado una etapa muy fecunda en la que ven la luz los poemarios Vista cansada, Un invierno propio y Balada en la muerte de la poesía. De las tres entregas se recoge ahora, en esta nueva edición de Ropa de calle  una amplia aportación poemática que da consistencia y continuidad a un trabajo intelectual de primer nivel, con amplia repercusión en la lírica más joven y en voces contemporáneas que han hecho de la poesía de Luis García Montero un norte que marca coordenadas para su propio taller.
   En este periodo también resalta la apertura de un filón narrativo integrado por tres novelas.  Estas ficciones definen el pulso narrativo del autor que presenta notables afinidades con su ámbito poético. Como es sabido, una cualidad persistente en esta obra lírica es la textura narrativa de las composiciones. Sin divagaciones, los estratos del poema se articulan con el pautado acontecer de una senda clásica que muestra exposición, nudo y desenlace. Esta aseveración prolonga sin suturas la dimensión narrativa que abre Luis García Montero en su producción literaria. El nervio germinal de su primera novela, Mañana no será lo que Dios quiera, es Ángel González, presencia fija de su familia poética, junto a Federico García Lorca, Antonio Machado,  Rafael Alberti, Luis Rosales y Jaime Gil de Biedma.
   La variedad polifónica del escritor se completa con el ensayo, la edición crítica y la columna de prensa, facetas donde amplía las posibilidades expresivas de nuestra lengua. La literatura de Luis García Montero prosigue sin desvíos, en una línea firme de continuidad y crecimiento, lo que determina la convicción profunda e que era necesario este nuevo encuentro del lector con Ropa de calle  para presentar un colmado balance de etapa, una detallada fotografía del ser poético en el fluir del tiempo.





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miércoles, 19 de diciembre de 2018

JOAN MARGARIT. ARQUITECTURAS DE LA MEMORIA

Arquitecturas de la memoria
Joan Margarit
Edición de José Luis Morante
Cátedra, letras Hispánicas
Madrid, 2006
     
                                                        LO VIVIDO

   El poeta Joan Margarit, nacido en Sanaüja en 1938, compila en  El primer frío una producción textual que abarca tres décadas de un proceso creativo sometido a continua revisión. El inicio rescata la poesía de 1975 y llega hasta 1995 pero las variables respecto a la edición original  son tan numerosas que sugieren una explicación detallada. El prólogo recuerda que la voluntad de hacer poemas despierta en Tenerife, donde la familia se había instalado en 1954, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, Margarit se matricula en la escuela Superior de Arquitectura pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo no se cumplen sus inquietudes y vuelve a la universidad donde concluye la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de material (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica, libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas, con lo que la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Después de cinco años el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en protagonista relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio.
  Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” figura en esta entrega en una composición que tiene como hilo argumental un debate entre arte y vida que es, en último término, uno de los ejes orbitales de Joan Margarit.
   Bajo el supuesto estético de que el poema debe modelar un interior habitable, hay una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
   La escritura, como cualquier cosmovisión singular, cimenta un conjunto de obsesiones que se expanden mediante variables; recurre a la clarividencia del matiz. En la exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales: Raquel, Joana, Tío Luis…cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre del envejecimiento pero que ha proporcionado al yo un asidero. Joana – la hija minusválida- es en su fragilidad y en su condición vulnerable el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida, la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura  de la posguerra, es la figura en la que lo ideal encuentra sitio cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis es la  ética que se resiste a claudicar
  En los poemas seleccionados para Arquitecturas de la memoria hay una confluencia de contenidos; se repiten temas: la indagación en los aspectos biográficos y las travesías de la memoria, las sombras de espacios interiores como el vacío, las pérdidas o el cansancio, la música, el mar, los viajes, o la ciudad. Dentro de cada motivo lo simbólico sale reforzado. La música se asocia con frecuencia a un tipo concreto de melodía: el jazz, la individualidad de sus intérpretes, el marco peculiar de las veladas en el que era posible hallar un  refugio a trasmano de la inercia diaria. Lo mismo sucede con la ciudad aunque es Barcelona –son frecuentes las localizaciones populares- el espacio urbano es sobre todo la descripción de estados anímicos asociados al transitar diario.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y que propende a lo narrativo con una cuidada secuenciación rítmica en la que no hay cambios bruscos.
   Arquitecturas de la memorial nos da la versión definitiva de un discurso poético que busca su razón de ser en  dejar trazos de una identidad articulada en días sin retorno. La fugacidad, esa sencilla estela que precede al olvido y anticipa la despedida general, habrá permanecido inalterable. Recostada en el papel, la palabra expresa un instante concreto que convierte al poema en una huella.