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jueves, 13 de enero de 2022

JUAN VARO. EL DEMONIO MERIDIANO

El demonio meridiano
Juan Varo
Cuadernos del Vigía
Colección Aforismos
Granada, 2021

 

 JUEGO DE ESPEJOS

 

  Quienes se adentran en las zonas expandidas del aforismo contemporáneo, ubican de inmediato la posición central que tiene Juan Varo (Granada, 1969), Licenciado en Derecho y Filología Hispánica y Doctor en Filología Hispánica, en el cultivo de la escritura lacónica y en el análisis de sus coordenadas estéticas. El profesor granadino comienza a practicar el minimalismo verbal con la entrega Jugador de ventaja (2000), obra ganadora del Premio Genil de Literatura en su quinta convocatoria. Era una sugestiva indagación sobre las preocupaciones esenciales del sujeto en el brumoso transitar de la existencia. El siguiente paso, Desaforado (2002) reúne un compendio textual dedicado al profesor y poeta Antonio Carvajal, y la tercera amanecida aforística es Mudo pez en el mar (2011), libro que integra como cierre algunos enunciados autobiográficos del diario personal. Una década después, el corpus de Juan Varo añade nueva estación, El demonio meridiano, en Cuadernos del Vigía, editorial que impulsa uno de los catálogos más relevantes dedicados al lenguaje conciso.
  La muestra afila la tarea concisa con un título llamativo cuya génesis recuerdo, sumidos todavía en los efectos secundarios del tiempo de pandemia. La expresión nace en la alta edad media, a mediados del siglo V, cuando las horas del mediodía convierten el calor en un semillero de somnolencia, tedio y apatía que anula la voluntad  de frailes y monjas y permite el maléfico influjo del diablo. El aserto se ha empleado también para recopilaciones de cuentos de terror y fantasía, un género muy cercano a los intereses ensayísticos del profesor Varo.   
   Sin umbral introductorio, la entrega comienza con un maravilloso texto admonitorio: “Lo bueno de la estupidez humana es que es inconstante”. Desde esa justa dimensión de un aforismo de molde clásico y calado ético los fragmentos integrados en el primer tramo escogen en su sincretismo la estela del apunte moral: “Los malos tiempos no nos preparan ni nos mejoran; solo nos avisan de los peores”, “El que llega tarde, no llega nunca”, “Nadie es lo que necesariamente no puede dejar de ser. Solo somos verdaderamente en lo accidental”. La voz enunciativa traslada su mirada a un puñado de estratos que dibuja una percepción fragmentaria de la realidad: la política, la filosofía social, los entrelazados sentimentales con su ineludible carácter transitorio, la literatura y el entorno cultural, o la inercia cotidiana. Son núcleos de reflexión que dan pie a claves argumentales sobre las que el pensamiento siembra indagaciones y encuentros.
   Curtido en lo paradójico el aforismo nunca es complaciente con el gregarismo. Seducido por la brevedad recuerda  que “En su momento de plenitud, las culturas producen sabios; en su decadencia, filósofos; en su podredumbre, intelectuales.”; por tanto, corresponde la humildad en la mirada y el alejamiento de cualquier podio dogmático para que el yo participe en el juego de espejos de la identidad. El sujeto pensante habla de todo, sin ilación, debe verse en sus habituales condiciones de normalidad, haciendo esa lectura personal, clarificadora y honesta. La razón alerta el activismo de la inteligencia y la sensibilidad, deja en quien se mira la verdad de uno mismo. Esa obra abierta del estar conforme  que percibe, sin arrebatos, en el manso silencio de las cosas, la propia biografía: “El amor de mis hijos, el desnudo de la mujer, tres o cuatro recuerdos, algunos cientos de libros, películas y discos y cada uno de los días que paso contigo. Solo por eso”.

JOSÉ LUIS MORANTE


    

lunes, 29 de abril de 2019

MIGUEL ÁNGEL ARCAS. LOS TRES PIES DEL GATO

Los tres pies del gato
Miguel Ángel Arcas
Prólogo de Carlos Marzal
Ediciones Trea, Aforismo
Somonte Cenedo, Gijón, Asturias, 2019



VIVIR AL PASO



  En el afianzamiento y divulgación del aforismo como género de plena vigencia, es de justicia reconocer la geografía participativa de Miguel Ángel Arcas (Granada, 1956) como impulsor de la editorial  Los Cuadernos del Vigía y creador del Premio internacional de aforismos inéditos José Bergamín. Este relato se completa con un notable trayecto creador que aglutina las entregas Los sueños del realista, reconocida con el Premio Nacional de poesía Miguel Hernández en 1998, El Baile (2002), Llueve horizontal, ganador del XXII Premio de Poesía Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina” en 2016 y Alevosía, conjunto aparecido en 2016. Tan apreciable floración  poética convive, sin criterios de oposición, con una sostenida dedicación aforística que integra tres salidas, Aforemas (2004), Más realidad (2012) y la entrega aparecida en 2019, Los tres pies del gato. Son exploraciones del decir breve donde,  sin altisonancias ni moralinas, el escritor da voz al aforema, una cata reflexiva que hace de sujeto y entorno un marco natural de circunvoluciones para el pensamiento.
  Este rótulo conceptual, “aforema”, esboza el sustrato del aforismo como un material híbrido que aglutina poesía, pensamiento y filosofía en la concisa fugacidad de su percepción. La voz formula su deambular discursivo con la veracidad de tono de lo confesional; quien habla lo hace desde la dicción transparente  de un idioma comunicativo, dispuesto a la confidencia. Es un interlocutor que ocupa la distancia corta del diálogo, un espectador del ahora que entrelaza la historia subjetiva del personaje y un contexto social, como telón de fondo dispuesto a la representación.
  De estos rasgos da cuenta en el prólogo Carlos Marzal. Es una introducción tendida entre las pinzas amistosas del confesionalismo biográfico y la experiencia de una literatura que ha hecho de lo fragmentario una manera de mirar las cosas; Marzal descree del dogma para poner el paso en las construcciones imaginativas de lo real. De este modo su umbral nos deja en el cauce estético de Arcas que anticipa una cita de Elizabeth Bishop: “Es como imaginamos el conocimiento: oscuro, salado, claro, móvil, plenamente libre…”. Desde esta diversidad ensancha límites la retórica minimalista del texto, siempre con una visión crítica despojada, que abre una larga vigilia reflexiva: “No es pensar en silencio, sino pensar desde el silencio”; “La verdad: una luz partida en dos oscuridades”; “La boca del silencio no siempre está cerrada”; “El olvido es una geografía de la que no existen mapas”.
   El aforismo no obedece a una cartografía previsible. Deambula. Tantea. Busca formulaciones de la incertidumbre; se hace camino y regreso y guarda en los espejos esa imagen mudable del sujeto que bracea en lo existencial. Así van escribiéndose los destellos reflexivos de un tiempo de nubes y claros, de melancolía y extrañeza. Así se va confeccionando el autorretrato de un sujeto vuelto sobre si mismo, en cuyos rasgos siempre encuentra sitio la extrañeza, esa pausada conversación sobre el silencio que bracea a contracorriente, que pugna por hacer sitio en el sillón de lo diario a la elocuencia del silencio, al rumor que dejan en el discurrir los tres pies del gato.