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miércoles, 16 de julio de 2025

FLORINDA SALINAS ALONSO. LEVE CURVA DEL VIVIR

Leve curva del vivir
Florinda Salinas Alonso
Ediciones del Orto
Madrid, 2024

INVITACIÓN A SER

 

  El universo literario de Florinda Salinas Alonso es cuajado y coherente, como una cosecha macerada por el sosiego del discurrir. Despliega vuelo desde el periodismo, al que ha dedicado una larga vida laboral en distintos medios, como las revistas Telva y Hola y como redactora-jefe del diario El Mundo. Su itinerario poético aglutina las entregas Este sueño presuroso y Las cosas que te callas. Completa el friso de su escritura el ensayo La mujer visible. Feminismo para el siglo XXI, un conjunto de espacios reflexivos en torno la identidad femenina y la particular sensibilidad de género.
  En la temperatura poética el yo está siempre entre líneas. Un yo verbal que se moldea con el verbo confidencial de la intimidad. Contenidos en el fondo de la mirada afloran los ángulos de su relación con el mundo, los cambiantes paisajes intimistas de lo cotidiano y los estratos de la experiencia. Como si esta sensación se ratificara de forma explícita en el nuevo libro de poemas, Florinda Salinas Alonso agrupa sus poemas inéditos bajo el aserto Leve curva del vivir. Es una estrategia expresiva para subrayar el hilo argumental del libro: la invitación a ser; una destilación que aborda la preocupación central del sujeto poético: el despertar febril de cada amanecida.
  La cita inicial recobra unos versos de la escritora cordobesa Elena Medel. En ellos se recupera el tono evocador de la memoria, ese retorno al origen para  respirar el clima afectivo de la madre, o la claridad abierta de la casa. Desandar el tiempo alienta la necesidad de identificar el manantial primigenio que nos conforma; concede al pasado el desvelo de una dimensión de nostalgia y asombro.
  La primera sección del poemario “Lo que aprendí sola” muestra el aula abierta de la realidad. El entorno exige una constante vigilia. Un despliegue de emociones y pensamientos donde arde la lumbre sentimental del yo pensante, con frecuencia entre claroscuros tenebrosos. De este modo, la muerte de un niño, en las playas de Lampedusa, asienta la denuncia y la crítica social: un ángel de luz yace en la arena ante la general indiferencia de los bañistas. Pero ese ejercicio de tristura convive con el recuerdo. Los sentidos evocan instantáneas de ayer, donde una niña observa curiosa el laborar doméstico de la madre, frente a un artesanal palanganero.
  El pensamiento sondea la finitud del yo, esa fecha de caducidad inscrita en el discurrir temporal, tan presente en poemas como “Cuerpos y almas”. “Los que llegaron”, “Apuntes de la libreta”, “Recuerdos” o “Ancianidad”. En ese pentagrama elegíaco, la voz poética siembra claridad expresiva para superar los efectos del tiempo y la transformación del canto en soledad y silencio. El entorno se ha renovado. Es otro. El protagonista verbal intensifica su pupila observadora en la que confluyen devaneos, inquietudes e incertidumbres. El silencio duplica el peso de las carencias y convierte el amor y el deseo en vivencias dormidas que se apagaron, aunque las presencias compartan la misma casa, como evoca el hermoso poema “Quien ama a quién”.
   Sometido al arrastre continuo del ahora, quien vive advierte alrededor la silueta desdibujada de los otros, recorre tramos de tiempo a paso lento donde la luz muestra sus reflejos gastados y la tarea pendiente. Hay en muchos poemas un claro trazo del incansable papel de la madre como centro de la convivencia diaria, iluminando un mundo. Se lee en “La mano”, “El día ha sido”, “Lo que hago con mis manos” o “Mira a esta mujer”.
  El segundo tramo “Cerca no hay nada”, comienza con una hermosa cita sensorial de los poemas esenciales de Emily Dickinson. El paisaje pasa al primer plano y va dejando sus signos en el pergamino de la vida. Las cosas están ahí, cerca, livianas y tangibles, cubiertas de aparente nadería expresiva.
  Florinda Salinas Alonso concede al discurso lírico de Leve curva del vivir un enfoque existencial. Hace de la arcilla de lo vivido y los recuerdos asideros reiterados del poema. El verso enlaza intervalos vitales, como la infancia o la adolescencia, en un claro intento de responder a las cuestiones centrales del existir. Los efectos quebradizos del trayecto hacen de erosiones y pérdidas un quehacer natural. El avance argumental, desde la imaginación y la intrahistoria, dibuja un perfil especular del hablante lírico. Abre itinerarios para sondear la voz confidencial, el testimonio silencioso de la palabra; la ceniza calcinada de lo que permanece y quema. 


JOSÉ LUIS MORANTE





martes, 2 de enero de 2018

EMILY DICKINSON. LA ESPERANZA ES UNA COSA CON ALAS

La esperanza es una cosa con alas
Emily Dickinson
Edición, ilustraciones y traducción de Hilario Barrero
Ravenswood Books Editorial, Almería


                                                    LA ÍTACA DE EMILY DICKINSON

   La versión a otra lengua conlleva una pugna continua entre el sentido literal y la captación básica de la conciencia poética. Más allá de la asimilación mimética, el traslado debe buscar sitio al diálogo abierto entre belleza y verdad. Desde ese enfoque parte Hilario Barrero (Toledo, 1946) en La esperanza es una cosa con alas al acercarnos esta selección de poemas breves de Emily Dickinson, figura estelar del mapa poético norteamericano. Como todos conocen, el escritor vive en Nueva York desde 1978. Allí ha protagonizado un ejemplar periplo laboral como profesor titular en CUNY. Por tanto, su conocimiento de la tradición lírica estadounidense es minucioso. Quedaba de manifiesto en Lengua de madera, deliciosa antología de poemas breves convertida en catálogo de asombros en las ediciones de La Isla de Siltolá.
  Ahora desplaza a nuestro andén idiomático una muestra de piezas líricas de Emily Dickinson (1830-1886), cuyo entronque en la biblioteca castellana ha sido continuo. Hilario Barrero es también responsable de la ilustración de cubierta y de los dibujos interiores, un privilegio disfrutado gracias a las redes digitales, a las colaboraciones en prensa en el suplemento cultural de ABC Castilla-La Mancha y a la delicada colección Cuadernos de Humo, donde publica buena parte del vitalismo poético contemporáneo.
  El liminar analiza la cualidad más relevante de la personalidad de Emily Dickinson: el estar inadvertido. Su silencio nunca roto, su empeño en un largo viaje hacia una Ítaca interior, tuvo como consecuencia la formación de un estilo peculiar, de unos parámetros formales que ella misma pulió con tesón ensimismado, por más que los referentes culturales de la poeta sean conocidos por todos: la continua lectura de la Biblia, el conocimiento de los metafísicos ingleses del siglo XVII y la poesía, entre otros, de J. Keats. Esa fue la escueta arquitectura de su refugio, un espacio abierto a la sencilla luz de lo diario, pero cerrado al ruido y la furia del entorno exterior. La voz, racionalista y mística, se mueve en la ambivalencia, como la propia experiencia humana siempre marcada por la cercanía de una realidad mudable y sometida a la desintegración.
   Buscó la permanencia en el poema, el único estar perdurable para el yo interior.  Siempre exigente y con extremado sentido crítico, Juan Ramón Jiménez fue un lector fervoroso de Emily Dickinson, de quien escribió: “mujer en gracia que se llevó el secreto del mundo a la eternidad por si estaba vacía”. La traducción de Hilario Barrero preserva ese secreto, tiene la sensibilidad que convierte el decir en un susurro permanente y profundo. Al cabo, la poesía no es más que esperanza con alas  que ensaya una continua disposición al vuelo.




lunes, 27 de febrero de 2017

EMILY DICKINSON. LA ESPERANZA ES UNA COSA CON ALAS

La esperanza es una cosa con alas
Emily DickinsonEdición, traducción e ilustraciones de
Hilario Barrero
Ravenswood Books Editorial, 2017

                          EL VIAJE A ÍTACA DE EMILY DICKINSON

   La versión a otra lengua conlleva una pugna continua entre el sentido literal y la captación básica de la conciencia poética. Ha de buscar sitio en el diálogo abierto que los versos crean entre belleza y verdad. Hilario Barrero (Toledo, 1946) parte desde ese enfoque en La esperanza es una cosa con alas al acercarnos esta selección de poemas breves de Emily Dickinson, presencia central del canon norteamericano. El escritor vive en Nueva York desde 1978. Allí desarrolló un amplio crisol de géneros literarios y un ejemplar periplo laboral como profesor universitario en CUNY. Por tanto, su conocimiento de la tradición lírica estadounidense es minucioso. Así quedaba de manifiesto en Lengua de madera, una deliciosa antología de composiciones cortas convertida en un catálogo de asombros en las ediciones de La Isla de Siltolá.
  Ahora desplaza a nuestro idioma una muestra de piezas líricas de Emily Dickinson (1830-1886), cuyo ajuste ha ido realizando en un dilatado paréntesis temporal. El profesor es también responsable de la ilustración de cubierta y de los dibujos interiores. Su dedicación plástica un privilegio del que disfrutamos sus lectores gracias a las redes digitales, a sus colaboraciones en prensa y a la delicada colección Cuadernos de Humo, donde se ha publicado a buena parte del vitalismo poético contemporáneo.
  El prólogo descubre la cualidad más relevante de la personalidad de Emily Dickinson: su estar inadvertido. Un silencio nunca roto empeñado en realizar un largo viaje hacia la Ítaca interior. Esa navegación en solitario tuvo como consecuencia la formación de un estilo peculiar, con unos parámetros formales que ella misma pulió, por más que los referentes culturales de la poeta sean conocidos por todos: la continua lectura de la Biblia, los metafísicos ingleses del siglo XVII y la poesía, entre otros de J. Keats. Fue la escueta arquitectura desde la que alzó su propia cárcel, una reclusión abierta a la sencilla luz de lo diario pero cerrada al ruido y la furia del entorno exterior.
  La voz, racionalista y mística, se mueve en la ambivalencia, como la propia experiencia humana siempre marcada por la cercanía de una realidad mudable, sometida a la desintegración. Buscó la permanencia en el poema, único refugio perdurable.  
   Siempre exigente y con extremado sentido crítico, Juan Ramón Jiménez fue un lector fervoroso de Emily Dickinson, de quien escribió: “mujer en gracia que se llevó el secreto del mundo a la eternidad por si estaba vacía”. En la hermosa edición de Ravenswood Books, Hilario Barrero hace que los poemas preserven ese secreto, da curso a la sensibilidad que convierte la cercanía al poema en un susurro permanente y profundo. Al cabo, la esperanza no es más que una cosa con alas  que se posa en el ánimo para sugerir una continua disposición al vuelo.