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miércoles, 24 de diciembre de 2025

JOSEFINA AGUILAR RECUENCO. LA ETERNIDAD MENGUANTE

La eternidad menguante
Josefina Aguilar Recuenco
VII Premio Internacional de Poesía
Juan Rejano-Puente Genil
Editorial Pre-Textos / Poesía
Valencia, 2025

 

INSTANTÁNEAS

 
   Profesora de Ciclos Formativos en un instituto público de Secundaria, Josefina Aguilar Recuenco (Almería, 1971) se ha convertido, en solo una década, en una presencia fuerte del territorio poético contemporáneo. Una alternativa multipremiada, reconocida y singular. Desde aquella amanecida de agudo título, Overbooking en el paraíso (Ultramarina, 2016) hasta La eternidad menguante (Pre-Textos, 2025) la poeta entiende la escritura como un ejercicio de introspección de la propia identidad a través del lenguaje. El camino versal se convierte en herramienta expresiva inconforme, empeñada en descubrir laberintos de imágenes y metáforas sorprendentes y en recuperar tramas a partir de referentes literarios.
   Un leve apunte de apertura sobre Lewis Carrol parece sugerir un guiño cómplice sobre las formas de percibir el tiempo y la realidad, siempre mudable en los espejos. Así comienza un libro que sorprende por lo explícito de los títulos de las composiciones y por la expansión de argumentos con un fuerte epitelio imaginario. Los poemas nacen como instantáneas que salen a encontrarse con la luz. Sesiones mínimas para captar el interior de hendiduras conceptuales como la realidad, el espejo, el infierno, un fantasma o una clase de ilógica… Con semejante estrategia, se puede fotografiar el rostro quieto de la oscuridad y percibir en su esplendor que los espejos no tienen fondo, que son una rendija donde cabe la hacendosa población de los sueños.
   La fotografía necesita ausencia de movimiento, concentración, un paréntesis de no ser en medio de una respiración suspendida. Solo así es posible que una sesión fotográfica se convierta en eternidad menguante. El desamparo de un ojo que mira un hueco, un agujero que engulle, una caída que está dentro de los sentidos.
   La extensión de cada poema y sus renglones centrados conceden a la lectura la apariencia de caminar por un género híbrido. Josefina Aguilar Recuenco yuxtapone en las páginas poesía, por la concentración de símbolos e imágenes, y prosa, por resetear  los ecos de los libros de Carrol. La escritora se siente cómoda ena esa convivencia aleatoria entre imaginación y sueños.
  De ese mundo que sueña, Josefina Aguilar Recuenco extrae situaciones insólitas., que recorren espacios ambiguos de opacidad y transparencia, que gestan una verdad distinta, dispuesta a deshacer convenciones y a prodigar diminutos asombros.  De este modo, el tiempo del poema se diluye, da saltos entre el pasado y el ahora; simplemente, ocurre, crece, se desploma, enmascara belleza para que aparezca intacta en alguna sesión fotográfica.
   La caja oscura de la cámara se hace fondo para cobijar lo insólito y buscar el comienzo de todas las cosas. La quietud se diluye: “detrás de mi ojo sucede el mundo”. Cada jornada laboral se hace memoria dilatada; es una puerta abierta a la fantasía y al caminar libre de la imaginación. La realidad se trastoca, muda en espacio alucinatorio y se llena de elementos lúdicos. Crea ilusión sobre la incertidumbre. Traza la silueta exacta de lo efímero.
   La eternidad menguante es una colección de poemas repleta de belleza por la originalidad de sus metáforas, por el sentido orgánico de las composiciones y por recuperar la fantasía como terapia de una realidad diluida entre sombras. Josefina Aguilar Recuenco explora; abre surcos para sembrar la espera fértil de lo que no existe.
 
JOSÉ LUIS MORANTE




 

viernes, 17 de mayo de 2024

JOSEFINA AGUILAR RECUENCO. LEONORA DENTRO

Leonora dentro
Josefina Aguilar Recuenco
XLII Premio Leonor de Poesía 2023
Ediciones de la Excma Diputación de Soria
Soria, 2024

 

LA SED DESPUÉS DEL VASO
 

 
   La decisión del jurado literario del XLII premio Leonor de Poesía, que convoca la Diputación Provincial de Soria, confirma la presencia de Josefina Aguilar Recuenco (Almería, 1971) entre las voces más reconocidas del mapa lírico actual. Autora de una escogida estela de poemarios, en un intervalo temporal muy breve, que arranca en 2016 con el libro Overbooking en el Paraíso, la poeta almeriense y profesora de Enseñanza Secundaria, singulariza su entrega Leonora dentro con el formato reflexivo de la prosa poética. De inmediato clarifica que el título alude a la pintora surrealista Leonora Carrington. La artista, nacida en Inglaterra el 6 de abril de 1917, se nacionalizó en México y fue una de las pintoras más importantes del surrealismo latinoamericano. Su biografía hizo de la desmesura normalidad. Eso se percibe muy bien en el cauce profundo del poemario Leonora dentro que tiene como brújula expresiva el relato novelado Memoria de abajo. Rebelde activa, Leonora rechazó, en su etapa juvenil, las convenciones burguesas de sus progenitores, abrazó la rebeldía y el nomadismo viajero, fue pareja en Paris del pintor Max Ernst y conoció a las figuras piramidales más aclamadas del vanguardismo surrealista del momento, Picasso, Dalí o Breton, artistas plásticos muy reconocidos frente a la condición marginal del yo femenino. El estallido de la II Guerra mundial aconseja huir a España, donde su padre propicia el ingreso en un psiquiátrico de Santander. Allí escribirá la narración autobiográfica Memorias de abajo en torno a los estratos del subconsciente, sus vivencias, delirios y apariciones oníricas.
   La voz poética de Leonora dentro destila un largo monólogo interior. Se hace un cauce enunciativo fragmentario que recorre sentimiento y razón ladera abajo, como si explorase el denso bosque de sombras de la conciencia. Busca claros en medio del frío. La imagen visionaria de los elementos cercanos de alrededor procede de la confrontación con el entorno familiar. La tiranía monolítica paterna hace del sanatorio un espacio aterido de introspección. Con bellísimas imágenes, procedentes de un pensamiento onírico y alejado del gregarismo cotidiano, Josefina Aguilar Recuenco indaga el pensamiento vivo de Leonora y abre las claves al moldeo de una identidad que habita fuera del tiempo, en la humedad silenciosa de su propia madriguera. Quien bucea en sí misma sólo encuentra sitio para la orfandad. Está a trasmano de la norma social del tiempo. Es periferia de esperanza que vislumbra un mañana sin andén.
  El lugar del poema se define como cárcel mental. Alza un espacio de reclusión que condiciona y margina el paso de los días. Se convierte en un poblado nido de fantasmas dispuestos a confundir realidad y sueños. Un cosmos difuso que no duda en emplear la camisa de fuerza para diluir las hebras más pequeñas de libertad y mediodía y hacer de la cama un núcleo fetal de miedos y soledad.
  También los recuerdos afloran, como si fueran adherencias cutáneas que muestran los síntomas de otro tiempo. En 1939, el régimen de Vichy declaró enemigo ideológico al artista Marx Ernst y la persecución aconsejó la separación de la pareja. Toca sobrevivir a solas, vadear las raíces del tiempo y abrazar la huida. Pero el pavoroso destino en el psiquiátrico rompe el epitelio de la rutina cotidiana; sobre la piel asoma la cicatriz abierta de la locura y la supuesta desestabilización psíquica. Las ventanas reflejan un pozo de extrañeza, una náusea infinita que discurre aferrada a las horas. La huida no encuentra puerta y el lugar alza muros a una hornacina de frío.
  Leonora dentro es un extenso poema río; un monólogo dramático pleno de luz sobre el misterioso cataclismo de la locura. En el fluir verbal de Josefina Aguilar Recuenco Leonora vuelve a la habitación con vistas del presente para fundir lo místico y lo sagrado, un poblado imaginario de seres brumosos, que sorben la razón y se despliegan en el aire libre del surrealismo: “Dios pinta un huevo que se derrite. La cáscara es piel de paloma que se quiebra en la vulva del bosque”. Son versos que dejan a ras de suelo la belleza, que golpean de lleno con su materia viva, que se adhieren al cuerpo para que percibamos como emerge del lodo y la duda incesante la esperanza y se hace amanecida y libertad.
  
                                                          

JOSÉ LUIS MORANTE