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Con José Guadalajara (4 de junio de 2026, Sala Miguel Hernández Centro Cultural Armando Rodríguez Vallina) |
HUÉSPED DE LA MEMORIA
Tras la
presentación en la sala Miguel Hernández, del Centro Social Armando Rodríguez
Vallina de su libro de haikus Viajeros sedentarios (La Garúa, 2025), José
Luis Morante (Ávila, 1956) retorna a la escritura breve con Oficio de callar,
una colección de aforismos que define una manera de entender la escritura sin
quiebros ni virajes.
Redacción.- Cambiar
el paso del haiku al aforismo. Parece que el taller de trabajo no tiene horarios
fijos y obedece a razones contingentes. No se requieren justificaciones…
José Luis Morante.- Así es; los géneros literarios
conviven en una apacible convivencia. Convierten la escritura en un diálogo
intimista. El sujeto verbal asume, con voluntad confesional, la sencilla tarea
de quien se deja arrastrar y afronta encierro y soledad para desbrozar la senda
de las palabras. Los distintos formatos permiten trazar líneas de luz. Conceden
la necesaria claridad que aventa sombras y da salida a la diversidad de tramas.
R.-¿Qué tiempo prefiere para su escritura? En casi
todos sus libros hay una mirada crepuscular…
JLM.- Es
verdad. Retornan con frecuencia los días de infancia, en los que el entorno era
un espacio sin máculas ni decepciones, donde cabían las ilusiones que
constituyen el patrimonio natural de la esperanza. Por eso, la voz despliega un
tono reflexivo que contrapone aquellos días con las incertidumbres del presente
o con el futuro, esa ventana oculta de erosiones y esperas.
R.- ¡Cómo
ha evolucionado su filosofía estética?
JLM.- La existencia es un estar transitorio. Solo deja
leves huellas de una crónica menor en la que se van consumiendo los días
mientras agotan el hilo argumental de historias cotidianas en las que también
tuvieron acogida las naderías. No hay certezas perennes; varían con las
modestas enseñanzas de la edad. Son conscientes de que hay mutaciones. Lo mismo
sucede con el ideario estético Mi escritura preserva en lo posible el afán
comunicativo, busca emoción y empatía y prefiere los temas esenciales del yo humanista.
R.- Ser cercano y natural es sinónimo, en ocasiones,
de prosaísmo y desnudez de recursos. De un lenguaje humilde y casi sin vuelo.
JLM.- La
madurez aporta temas y motivos de raíz vivencial; la conciencia del tiempo está
presente a cada paso recordando que caminamos detrás de arquitecturas oníricas,
de sueños que se alejan veloces hacia ninguna parte. El escritor prefiere un
lenguaje claro, que resalte por su cuidado formal. La expresión anota vínculos
con el realismo intimista o la experiencia autobiográfica. Persigue también el
uso de imágenes que singularizan el estilo.
R.- Enhorabuena por un título tan acertado: Oficio
de callar.
JLM- Muchas gracias. Es un explícito homenaje al
silencio, tan necesario como las palabras; pero también recuerda la capacidad
de omisión y sugerencia que encierra el aforismo; en los textos lo explícito
nunca niega el poder enunciativo de lo que se omite. En ese oficio de callar
memoria y olvido se dan la mano.
R.- El libro carece de prólogo y tampoco hay tramos o
capítulos, como si buscara un fluir uniforme.
JLM.- Sí. He preferido que los aforismos hablen sin
condicionantes críticos, para que dejen una idea clara de la fluidez del
pensamiento y de sus azarosos intereses y temas. El estar meditativo es una
corriente continua que salta de un tema a otro con solvente velocidad. El
resultado es el retrato a plumilla de la conciencia ética, de su forma de
respirar el aire de todos. El libro no tiene prólogo pero tiene un epílogo que
comenta cómo fueron naciendo las breverías y su coincidencia en el tiempo con
la escritura del ensayo Paso Ligero. La tradición de la brevedad… aparecido en la editorial sevillana La Isla de
Siltolá. Las anotaciones comentan también las preferencias temáticas y los
necesarios magisterios.
R.- Tengo la
sensación de que calcula mucho la distancia de quien escribe para que se
preserven la intimidad y los estados de ánimo.
JLM.- Las naderías del yo personal solo pertenecen a
lo doméstico; el escritor debe ser capaz de transcender la realidad para que
las líneas escritas no pertenezcan al yo subjetivo sino a un sentir colectivo y
universal.
R.- Una última cuestión sobre su taller literario:
¿Los aforismos se escriben de un tirón o necesitan horas de trabajo?
JLM.- La difícil sencillez siempre oculta una
compleja labor artesana. Tengo una desconfianza perpetua por los prodigios de
la intuición. Detrás de la apariencia están los oficios de quien pule,
modifica, selecciona y busca… Como cualquier otro género literario, el aforismo
necesita el taller de autor y sobre todo un abrumador acopio de lecturas.
R.- ¿Qué piensa de los escritores en Rivas?
JLM.- Me sorprende su escasa implicación en los eventos literarios de los demás, como si su afán solo se limitara a poner en el escaparate sus entregas. La tarea mayor de un escritor es aprender y compartir, sin esas aspiraciones todo es un páramo; tinta dispersa. Muy agradecido por tan cálida entrevista.
La conversación con José Guadalajara, con motivo de la presentación de OFICIO DE CALLAR en la Sala Miguel Hernández fue tan intensa que mereció de inmediato el formato sosegado de una entrevista para que llegara a más lectores. Desde aquí mi gratitud al presidente de escritores en Rivas por su atenta lectura y por su incansable apoyo literario.
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