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| Aún la lumbre María José Collado Poesía en Tránsito, Ediciones en Huida, 2014 |
AÚN LA LUMBRE
Esta meditación sobre lo vivencial que alienta
en la poesía de María José Collado tiene sensibilidad machadiana y voz natural.
Son rasgos que no pasan desapercibidos para el prologuista, José María Laguna,
quien alude también en su preámbulo al intimismo y a la riqueza metafórica. Con
claridad figurativa, los argumentos llegan hasta el interlocutor con el sonido
tranquilo de la confidencia, ajenos a cualquier queja melodramática. Los versos
descubren un mapa iluminado por la nostalgia. Los ciclos estacionales se repiten
y van esbozando trazos remozados con una paleta cromática crepuscular; la voz
del hablante verbal insiste en enunciar cualidades en las que se refleja una
estética de erosión y desgaste; caligrafía del tiempo hecha con los caracteres
de quien percibe que lo cotidiano es transitorio y está destinado a ser un
puñado de ceniza fría, aventado en el aire de la tarde por la brisa del tiempo.
Así se van enlazando las secuencias que percibimos y
que, a través de nuestros sentidos, se convierten en realidades interiores, emotivas
postales que reconstruyen la mitigada respiración de lo caduco. Los poemas, breves y, sugerentes, acogen las
señales de una luz fatigada de las que se alimenta la nostalgia. Queda
su estela en el poema “Enmarcada tarde”, una de las piezas más sugerentes del
conjunto: “Encendida la tarde juega / en los hierros del puente, / el aire
arremolina hojas / y papeles, geometría azul / el vuelo de los pájaros. / En el
horizonte naranja, / travesía de barcos, / ancianos poetas anclan / Sus ojos en
los rizos del azua, / esquivos como peces…”; sutil escritura de una mirada insistente.
Como amarillos fotogramas, los poemas de María José Collado dibujan nuestro desplazamiento por un mapa de
ruta, hecho de ilusiones y sueños. Íntimas palabras de una introspección con
amplia capacidad descriptiva que guarda
en su seno las señales del tiempo.


