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jueves, 30 de mayo de 2019

JOSÉ ALCARAZ. EL MAR EN LAS CENIZAS

El mar en las cenizas
José Alcaraz
Accésit Premio Adonais 2018
Ediciones Rialp S. A.
Madrid, 2019


HACIA LOS PÁJAROS


   Poeta, codirector con María del Pilar García de la editorial Balduque y profesor de Lengua Castellana y Literatura, José Alcaraz (Cartagena, 1983) es accésit del Premio Adonáis en la convocatoria de 2018 con su cuarta entrega El mar en las cenizas. El reconocimiento confirma la estela firme que proyecta el escritor murciano. Refrenda el alcance de su libros Edición anotada de la tristeza, que consiguió en 2013 el V Premio de Poesía Joven RNE y Vino para los náufragos, ganador en 2018 del XI Premio de Poesía Antonio Gala.
 El mar en las cenizas recurre al poema breve para dar voz a una escritura reflexiva que deja en su mirada un estar testimonial, ajustado al discurrir, hecho de ese misterio inadvertido que aposa lo diario. Las palabras tantean, se esfuerzan en dar voz a un silencio convertido en impulso vital. Preservan un resguardo misterioso del que afloran interrogaciones y palabras, como si el tiempo se justificase a sí mismo como simple tránsito. De ese itinerario nace una conciencia de finitud que empaña el epitelio de las cosas cercanas. El deambular tras el largo viaje integra en su esencia un puñado de sombras y ceniza.
  El poema también explora la naturaleza cambiante del yo, esa voz que habita dentro y se hace rincón y música, humedad y herida. El estar argumenta pasos en los que nunca se define una quietud conforme sino una búsqueda, un hollar inquieto entre los caminos cercanos de lo temporal: “Pasan los días / y ni una sola palabra escribo, / pero versos y versos / en blanco se suceden, / vacías y hermosas páginas / sin nada que importe / ni que temer”. Y en lo transitorio germina con fuerza un epitelio sentimental que hace del otro el puerto franco de plenitud, un puente  cuya cimentación no requiere ninguna materia extraordinaria sino un sustrato básico, previsible, cercano: “No es especial; / demasiado burdo para ella. / Si, tiene la piel clara, / a nadie cuestiona. / Muchas noches / damos solo una vuelta / mezclando risas y palabras: Nuestro único hogar / es el tiempo que pasamos juntos, le digo / y me abraza muy fuerte”. Desde esa mirada la soledad adquiere un sentido nuevo, ya no está lastrada por la finitud, es cielo que se expande hacia los pájaros, la transparencia del agua borrando la grisura de la ceniza.
  Uno de los veneros esenciales de El mar en las cenizas es el sustrato metaliterario, esa indagación exploratoria de la escritura en las estructuras profundas del pensamiento. La pulsión de las palabras no requiere más justificación que enlazar existencia y poesía: “Escribir / como si cada golpe de tecla / -cada contacto de la tinta en el papel- / fuera llevar el dedo a la llaga de la vida / para creer en ella una vez más”. Y en esa creencia caben distintas actitudes que se van entrelazando con la sencilla claridad del agua: la palabra es celebración y canto, pero también fe de vida y constancia del error que no busca la purificación sino el pulso sencillo de lo cotidiano, la presión justa del silencio y el reposo del tiempo.
   La palabra se despoja de aderezos retóricos para aflorar esencial y prístina, como esas charcas de montaña que tras el deshielo muestran su profundidad. Todo adquiere una dimensión reducida, se hacen habitantes tenaces de Liliput, como si cada mínima dimensión no fuese más que la formulación de una paradoja. El poema es una manera de calcular la grandeza, una semilla que busca tiempo para ser raíz y árbol, fronda y sombra.

    


 

martes, 18 de septiembre de 2018

JOSÉ ALCARAZ. VINO PARA LOS NÁUFRAGOS

Vino para los náufragos
José Alcaraz
XI Premio de Poesía Antonio Gala
Ayto de Alhaurin El Grande
Ediciones Alhulia
Salobreña, Granada, 2018
NAVEGACIONES DEL YO


   Desde 2014, José Alcaraz (Cartagena, 1983) ha sabido armonizar la dirección de la editorial Balduque, en colaboración con María del Pilar García, con la praxis literaria poética. Su trayecto integra los títulos La tabla del uno, Edición anotada de la tristeza, Un sí a nada y el libro ganador del Premio Antonio Gala Vino para los náufragos.
   Dos sustantivos parónimos, vals y Walt, sirven al poeta para un texto de apertura en el que germinan algunas incisiones críticas relevantes. Alcaraz es un poeta intimista, que toma lo contingente como material de uso, para articular un poemario reflexivo, que enfoca el entorno circundante. De este modo, el hermoso título puede contener dos referentes: el que inspira el aserto es un verso del poeta impresor Manuel Altolaguirre, extraído de un párrafo autobiográfico; y la nota de autor vuelca el marbete en lo afectivo al dedicar esta compilación de poemas al abuelo, maestro vidriero, fallecido hace solo unos meses.
   José Alcaraz dispone su libro en tramos asimétricos que mezclan poemas más largos con esquemas formales muy breves. Esa libertad compositiva casi siempre comparte el verso libre y la autonomía argumental. Así, en el primer apartado, un único poema recorre al verso dilatado de Whitman para entonar una vitalista cadencia musical, “con más sentimientos que teorías”. Queda así un claro homenaje a la luminosa voz celebratoria del poeta de Hojas de Hierba. El verso se transforma en esbozo de vida, se ramifica, marca un contexto, deja sitio al despliegue verbal para mostrar un rostro curtido por los días, que se cierra con un guiño irónico, como si fuese el cierre de un soneto infinito que requiere la benevolente cuenta del lector: Contad si son… y está hecho”.
   El avance del libro no pierde el tono confesional, esa intrahistoria subjetiva que requiere evocación y memoria, que acerca los figurantes principales del drama vital hasta el pensamiento para retener una felicidad frágil, gastada por el discurrir. Lo cotidiano se hace una épica de gestos, como si la existencia prodigara rincones para dejar asombro. El recuerdo se hace senda, dispersa una claridad luminosa.
   Más allá de lo emotivo, en el poema también hay una continua cristalización de la senda metaliteraria. Escribir es buscar, hacer de las palabras ángulos abiertos en cuyo deambular contruyen entramados de imágenes. Los poemas se hacen reflejos, equívocos contornos de una realidad en la que instaura el yo borrando diferencias entre el quehacer ajeno y las indagaciones personales. El poema se hace “Fe de erratas”: “No sé quién soy: quién estoy siendo. / No sé de dónde vengo: de dónde no vengo. / No adónde voy: adónde debo ir”. El poema, por tanto, es expresión del caminar, una manera de ir marcando en las aceras cotidianas las huellas leves de la voluntad.
   En Vino para los náufragos la implicación indagatoria también está presente en las secciones de cierre. En su andar pautado conviven pensamiento y experiencia, despliegue del paisaje y ese transitar interior que exige un continuo regreso. Quien pronuncia da voz a una identidad mudable. En ella se enquistaron las navegaciones del tiempo, las incesantes voces del naufragio.