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miércoles, 3 de agosto de 2022

JUAN DOMINGO AGUILAR. ANTICINE

Anticine
Juan Domingo Aguilar
Editorial Universidad de Almería
Colección Librería del desierto
Almería, 2022


 

SESIÓN CONTINUA

  

   Aunque nació en Jaén en 1993, el trayecto literario de Juan Domingo Aguilar se vincula a Córdoba, como morador temporal de la Fundación Antonio Gala; también al municipio portugués de Óbidos, donde disfrutó, en 2019, una beca Unesco como creador residente, y, por último, al pujante clima literario de Granada, como estudiante universitario, promotor de eventos y escritor integrado en el catálogo de Ediciones Esdrújula. Allí ha preparado la antología Algo se ha movido, 25 jóvenes poetas andaluces que certifica una auténtica eclosión de amanecidas poéticas, también refrendada en la compilación Piel fina: poesía joven española. El poeta añade como rasgos propios la coordinación en la revista Zenda de la sección “Versátiles”, y un quehacer poético que marca sus primeras amanecidas con el libro La chica de amarillo Nosotros, tierra de nadie, reconocido con el XXXIII Premio de Poesía Villa de Peligros.
   El trayecto prosigue con la entrega Anticine, galardonada con el Premio Facultad de poesía de José Ángel Valente, en su quinta edición. En esta nueva ventana expresiva, el espacio poético se convierte en una visión esencialista del cine como expresión artística ligada al itinerario vital. La pantalla grande transforma la poesía de Juan Domingo Aguilar en un cálido inventario de símbolos, dispuesto a interpretar la sentimentalidad del yo poético. Los actores de reparto, al transitar lo laborable, comparten una herencia común: “todos son figurantes de una tierra ajena / en la que aprenden a amar con subtítulos”
  Tan hermosa lectura de la costumbre alienta el despliegue de una percepción reflexiva que plantea diferentes encuadres en lo vivido. El yo ficticio se mira a sí mismo en el poema, utiliza el lenguaje cotidiano como soliloquio confidencial que comparte secuencias. Esa expresión cercana adquiere un tono conversacional que reserva sitio a la evocación y el paso autobiográfico. La confidencia remueve el tiempo; vislumbra en él un fondo de ausencias que confirma la fragilidad del estar y el paso transitorio. Enlaza cada identidad con un paréntesis, más o menos, cerrado por el gregario transitar de los años.
  Esta visión, que aflora en la manera de entender la poesía, analiza también el tiempo histórico generacional. Indaga en el sustrato ideológico que sostiene un estar colectivo marcado por los contratos de formación, las habitaciones compartidas y el culebrón continuo del sustento propio. Hay que buscar en la oferta de empleo un puesto de trabajo que haga posible la independencia personal y el nacimiento de proyectos a largo plazo. Tan prosaica oferta vivencial se enuncia con fuerza en poemas como “Psicosis” al que pertenecen estos versos: “Nuestra vida juntos en un telefilme / basado en hechos reales / una sesión continua / en un cine de provincias / con escenas repetidas / y actores aburridos de sus personajes”.
  La idealización del ahora, marcada por  las condiciones precarias, languidece y se hace depositaria de una felicidad impostada. Nunca se salda la persistente distancia que separa el conflicto cernudiano entre realidad y deseo. Se trata de encontrar un mínimo sendero que preserve luces como el amor, el deseo y esa transformación de la rutina en esperanza.
   En el avance del libro hay una excelente atmósfera unitaria. Los poemas construyen un itinerario, una fotografía de trayecto, casi un continuo quehacer de focalización, que acerca y aleja la contingencia con los movimientos de cámara del poema. En la sección “Travelling“ la posición poética se acerca a lo colectivo: la guerra de los Balcanes, las consecuencias de una globalización que ha multiplicado políticas comunes en los contaminantes espacios del mercado o el aleatorio campo de minas de las relaciones internacionales que siembra inquietud y desasosiego en los ciudadanos más vulnerables.
   Un prolijo listado de películas sirve de excusa argumental para esas teselas visuales que albergan los poemas, siempre hechos desde la intensidad y la emoción. La poesía refleja la vida y alienta una actitud de resistencia y épica cotidiana frente a los hechos reales. Lo subraya con claridad luminosa la composición “Regreso al futuro”: “Mira Marty el futuro es esto / núcleos de población / con ventanas encendidas a media noche / mujeres que corren porque un lobo las persigue / en la oscuridad de los polígonos”. En las aguas claras de lo biográfico no hay distancias inalcanzables entre habitaciones privadas y pertenencias colectivas; todo forma un ovillo complejo de fusiones y entrelazados construyendo una realidad que evidencia derrumbes y erosiones. Que genera, por ello, incontables preguntas y reflexiones con las que alentar los renglones de una autobiografía ficcional. Los poemas de Anticine surgen en el cuarto de estar de la cercanía. Postulan el enfoque subjetivo y la manera personal de afrontar el road movie existencial y reflexionar sobre ella la evidencia de que todos somos secundarios que buscan cancelar un buen guion.

                                                      JOSÉ LUIS MORANTE





domingo, 14 de junio de 2020

LUIS FELIPE COMENDADOR. LAS AFUERAS

LAS AFUERAS
Luis Felipe Comendador
Ediciones A Fortiori / Poesía
Bilbao, 2020

POBREZA


   Se me permitirá un necesario apunte previo sobre la cartografía social y económica de los Cerros, un enclave marginal en los alrededores de Trujillo, al norte de Perú. En él, la ONG El Sornabique, creada en 2006 por Luis Felipe Comendador bajo el lema “El humanismo pequeñito”, lleva a cabo numerosos proyectos de cooperación internacional. Financia iniciativas de desarrollo como los carritos polleros, las depuradoras portátiles, los repartos de juguetes y mantas o campañas de ayuda sanitaria. Aunque la pobreza en Latinoamérica es un fenómeno rural y ligado a las minorías indígenas, también afecta a periferias urbanas que carecen de fuentes de subsistencia.  En ellas son los niños los que soportan una desnutrición crónica y unas pésimas condiciones de habitabilidad. Del conocimiento directo del lugar y de una implicación solidaria que cumple décadas han nacido los estremecedores textos de LAS AFUERAS, nuevo poemario del poeta, editor, aforista y gestor cultural Luis Felipe Comendador, autor de una intensa trayectoria literaria. diversificada entre la poesía, la novela, el aforismo, el ensayo breve y la escritura en prensa, casi siempre enfocada al análisis de la sociedad civil. Es verdad que el título evoca de inmediato a Jaime Gil de Biedma, magisterio esencial de la generación del 50, o al poeta cordobés Pablo García Casado, que usó este título para su primera entrega; pero cuando se leen los poemas, uno adivina de inmediato que las afueras definen la insaciable sed de la pobreza y la mácula imborrable de la marginalidad.
   Las composiciones de LAS AFUERAS cobijan una intensa preocupación social. Lo hacen desde la pupila abierta de un cronista implicado que se desdobla como protagonista y testigo. No hay distancia con los desajustes del marco accional, un poblado marginal peruano, en Trujillo. Es una geografía áspera, violenta, marcada por la miseria, pero nunca exenta de una ternura desnuda, una catarsis emocional que sirve de redención y fachada en la indeclinable derrota. La realidad se impone vinculada con la carencia y con un sentido trágico de lo existencial que no permite disidencias. Los que nacen en aquella herida están marcados. No pueden transformar las coordenadas de espacio y tiempo; esa desolación apenas logra disfrazar lo cotidiano con algunos hilos de esperanza. Solo la mirada infantil espera el milagro o hace de la pérdida de la inocencia una demora.
  Dura, ajustada, empática con el drama, la voz poética de Luis Felipe Comendador crea una densa contaminación emocional. Sin concesiones, enfoca el yermo territorio del cerro, la periferia de un vertedero de tristeza carente de aura, donde no hay nada, salvo la inmediatez de seguir viviendo.
   La escritura cruza ante los ojos del lector como una profunda meditación ética que convulsiona el laberinto interior y zarandea la responsabilidad moral del protagonista poético. Los poemas plasmas sensaciones y pensamientos. Fotografían las profundas grietas de una representación desapacible, mientras aíslan al yo como un frágil náufrago de la impotencia. Las palabras gimen; ponen puentes entre el ser humano y la intemperie para dejar también en la derrota un mínimo mensaje de esperanza. Cuando no queda nada, quedan tus manos, el realismo directo de tu voluntad, el techado artesano de tu abrazo.