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viernes, 21 de marzo de 2025

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

Con Joan Margarit y Luis Felipe Comendador
Lucena, Córdoba 2001

 

AUTOBIOGRAFÍA


TAMBIÉN soy yo
por la fidelidad a mis contradicciones,
por permitir gozoso,
cuando las plazoletas solitarias
reivindican el silencio y la sombra,
que un recuerdo me asalte en el espejo
como un rastro de luz, leve, intangible,
e inicie una liturgia
con frecuencia de rito
de nombres, fechas, gestos
y túmulos de sueños,
nadando alborozados en el mar
de una cronología sospechosa.

Tanta dulce mentira esconde a otro. 


    (De la antología Mapa de ruta, 2010)



miércoles, 26 de febrero de 2025

LUIS FELIPE COMENDADOR. NO ESTAR COMPLICA EL IRSE

No estar complica el irse
Luis Felipe Comendador
IV Premio Nacional de Poesía Ciudad de Lucena Lara Cantizani
Editorial Reino de Cordelia
Madrid, 2025

 

PARNASILLO PARTICULAR

 
 
  Un título en apariencia henchido de humorismo paradójico No estar complica el irse compila los poemas más recientes de Luis Felipe Comendador (Béjar, Salamanca, 1957), reconocidos el 10 de enero de 2025 con el IV Premio Nacional de Poesía Ciudad de Lucena Lara Cantizani. El poeta bejarano conseguía un certamen muy joven, convocado por la Concejalía de Cultura del ayuntamiento cordobés, que sirve de homenaje y recuerdo al desaparecido profesor, poeta y gestor cultural Manuel Lara Cantizani.
  La insistente voluntad creadora de Luis Felipe Comendador impulsa un taller literario polivalente, cuya trashumancia expresiva aglutina literatura breve, artículos de prensa, quehacer narrativo y un intenso recorrido poético que se ha hecho acreedor de abundantes premios, con títulos conocidos como Paraísos del suicida (2001), Con la muerte en los talones (2004), Mañana no será nunca (2017), o La alfombra vejada del gran Lebowski (2024). Son obras que ratifican una estética habitual, un credo lírico que entrelaza reflexión existencial, dicción introspectiva y un fuerte sentido crítico de la peripecia vital y las relaciones sociales hechas de corrección política y gregarismo, de conformidad y asimetrías. De ese mapa de signos personales también participa la salida No estar complica el irse, un logro poético que conforma una relevante nómina del parnasillo particular del poeta. Comendador habla con verbo apasionado y luz inteligente con la esencia central de la poesía.
   Con la primera luz de la mañana, el sujeto poético moldea la singularidad estética de presencias centrales de la biblioteca para construir  soliloquios y monólogos dramáticos que trascienden el perfil literario de cada protagonista y desnuda su sensibilidad humanista y los claroscuros interiores. De este modo, en el primer poema ”Pere Gimferrer se confiesa con el agente provocador en Barcelona”, Luis Felipe Comendador dibuja al poeta novísimo como un ser frágil y cansado, invadido por el habitual lastre de decepciones y grietas que aloja el discurrir existencial; un cuerpo desmadejado y roto, como un cristal opaco, invadido por gotas de sombra y emboscado entre la incontinente fauna humana de la ciudad que recorre las calles hacia no sé dónde. Otro novísimo, Antonio Martínez Sarrión confabula en su diario íntimo el hartazgo de la etiqueta y la decisión de buscar a solas en la hondura de un bar deshabitado de Albacete esa conversación a solas con la finitud. Más allá del centro inaccesible del ego personal, lo vivido es un patrimonio gravoso. Hay que buscar la callada concordia del silencio en la experiencia biográfica, las sencillas respuestas del silencio final.
   Comendador anima la ruptura de la monotonía argumental dando sitio también al poema apelativo, al que busca en el tú un interlocutor que escuche los deseos más sensuales. Así sucede con el estimulante estar de Ana Rossetti, cuyo libro Indicios vehementes es infusión de fiebre para la química del deseo. El murmullo de lo pasional fragua turbación y cercanía; zarandea el pensamiento desvelado de quien duerme despierto por las voces de la inconsciencia.
  Las presencias convocadas tienen un incansable tensión del legado de la tradición cultural. Se dan cita en las composiciones, lejos de los ángulos intimistas de poetas amigos y compañeros generacionales, los habitantes de un prestigioso municipio literario en el que son vecinos Julio Cortázar, Severo Sarduy, Oliverio Girondo, Norah Lange, Paul Verlaine, Juan Gelman, Octavio Paz, César Vallejo o el mismo Luis Alberto de Cuenca… Un entorno literario germinal donde cada poema busca adaptarse a las peculiaridades literarias de cada protagonista y aprenden las costumbres de ser sombras ausentes: casi todos los convocados al plano inclinado del pensaminto ya no están. Y en ese hueco de su cuerpo solo las palabras se hacen permanencia, ponen un farol débil al fondo de la noche.
   En este catálogo de nombres propios tan significativos, la mirada poética de Luis Felipe Comendador se hace espejo. Recupera secuencias de instantes significativos de la vida diaria para no claudicar en la áspera lucha contra el tiempo. Desde esa distancia inacabable retorna al trasluz del presente la poesía con rostro humano, el inspirado aliento de caminos antiguos que ponen en su seno los pasos conocidos; las voces y los ecos. Como escribe el poeta, las composiciones son sentidos en alerta: “pupilas” que utilizan las mías para verme y hacerme ver en ellas, para abrir en la densa espesura del bosque el necesario claro.
  Aunque predomina el poema en verso libre, el escritor explora otros moldes expresivos como el haiku, sin duda, un hermoso guiño al quehacer afectivo de Manuel Lara Cantizani. El desaparecido poeta y amigo contribuyó, como pocos, a la aclimatación de la estrofa en el discurrir literario del presente, mediante talleres, ediciones de libros de gran belleza plástica y aciertos expresivos de primer nivel como la introducción en las aulas de Educación Secundaria del formato japonés. Otro poema que nos parece de gran interés es “Gabriel Ferrater se empeña en perecer”, donde se percibe una precisa poética personal: “Busco el desahogo de la discrepancia / la batalla hueca de la suficiencia, la precavida virtud de la edad,  / el usufructo de mis hipotecas, / la arbitrariedad de equivocarme…” . Son enumeraciones yuxtapuestas que parecen dibujar al escritor frente a sí mismo, en el confinamiento claustral de su taller en vela.
   Los lectores de la entrega anterior de Luis Felipe Comendador, La alfombra vejada del gran Lebowski percibirán entre ambos libros una clara continuidad, ese empeño de transcender la propia identidad y su geografía de emociones y sentimientos para habitar otra conciencia, para rescatar en el silencio la palabra del otro. Pero el acierto literario de Luis Felipe Comendador es excelente. Fragua un manojo de poemas que busca equilibrio entre el homenaje y la erudición de quien construye puentes con otras identidades. Son presencias convocadas con coordenadas de regreso en el paisaje interior de cada poema. Versos que despliegan su mapa comunicativo y convierten la tradición en sustrato germinal para dar solidez a un "muro de incontinencia y suelo mismo".
   No estar complica el irse llega desde la madurez expresiva del autor, desde una mirada que contiene una intensa voluntad de lectura; sus composiciones proyectan un árbol de luz que intercala recuerdos y olvidos, que tiende amarras al pasado para escuchar su voz. Poesía que busca la claridad gozosa del encuentro con quien aprende a ser sombra, sin la materia frágil de algún cuerpo.



JOSÉ LUIS  MORANTE




lunes, 11 de marzo de 2024

POESÍA CONTRA EL OLVIDO: 11- M



ESCRITOS CON DOLOR
 
Madrid, once de marzo (Poemas para el recuerdo)
Edición de Eduardo Jordá y José Mateos
Pre-Textos, Valencia 2004.
 
11-M ( El Sornabique -7)
Edición de Luis Felipe Comendador
LF Ediciones, Béjar, 2004
 
11-M: Poemas contra el olvido
Edición y coordinación de José Paz Saz y Manuel Rico
Bartleby, Madrid, 2004.
 
    Aunque el ánimo no podrá acostumbrarse nunca a la gratuidad de la acción terrorista y el pensamiento racional anula cualquier indicio que intente justificar la autoría intelectual del atentado, llegará un tiempo en el que el once de marzo en Madrid será un suceso pretérito, difuso, en el que cueste ubicar las circunstancias, los nombres de las víctimas, o las dimensiones de la tragedia. La memoria tiene esos mecanismos de defensa para disfrazar las aristas más rechazables de la condición humana y la vorágine del devenir en la gran ciudad restablece, con enfermiza urgencia, el hilo de continuidad tras las conmociones. Sin embargo, para que el olvido no se instale en el territorio de lo cotidiano y haga de la historia una página de signos desvaídos, se han publicado tres volúmenes que contienen unos centenares de poemas. Todos están escritos con dolor.
    Son muchos los nombres que se repiten y casi todas las generaciones en activo están  presentes en este gesto de solidaridad y esperanza;  todos somos pasajeros en los trenes de cercanías que sufrieron la barbarie del fanatismo.
   Madrid, once de marzo, subtitulado poemas para el recuerdo ha sido coordinado por Eduardo Jordá y José Mateos. El conjunto, presentado por la editorial Pre-Textos, parte de una idea de la librería madrileña Rafael Alberti que al día siguiente del atentado colgó en sus escaparates los lamentos y despedidas de poetas y madrileños anónimos. Tal iniciativa desbordó las previsiones de los organizadores y cuajó en una obra que contiene poemas escritos en todas las lenguas del estado y en la que comparten página clásicos como José Antonio Muñoz Rojas, nombres ilustres de la generación del cincuenta como José Manuel Caballero Bonald y poetas que todavía no han traspasado el umbral de los veinte años como Elena Medel; entre los tres, más de cien voces que han dejado las huellas del dolor en textos en los que predomina el desgarro y en los que las preguntas esenciales, una vez más, se quedan sin respuesta.
   11-M es la escueta leyenda de portada con la que la revista Los cuadernos del Sornabique nos deja un monográfico para coleccionistas, por su hermoso diseño, que cuenta con el blanco y negro de dos jóvenes fotógrafos, Javier Cabañero Valencia y Fernando Sánchez Fernández. Los objetivos miran, sin truculencias ni amarillismos, con panorámicas donde la normalidad impone su ritmo diario; los paisajes de la desolación se van llenando de seres anónimos que abandonan su silencio en los asientos y pasillos de los nuevos trenes. Y después, versos que reivindican, desde la palabra, la dignidad del hombre y su derecho a vivir en paz, una aspiración que ya no tiene el amplio listado de víctimas que cierra el número.  El director de la publicación, Luis Felipe Comendador, -cuyo poema ha sido musicado por el cantautor onubense Javier Díaz- como han hecho los editores de las otras publicaciones reseñadas, destinará los beneficios del número a asociaciones de afectados y a los familiares de víctimas del terrorismo.
   La editorial Bartleby  es la responsable del ultimo libro comentado,  11-M: poemas contra el olvido que ha sido coordinado por Pepo Paz y Manuel Rico. Como los anteriores, nació de la urgencia y del lamento anónimo de un tiempo detenido. Asume una respuesta inmediata que nos sitúa al lado de las víctimas y remarca la frontera contra la virulencia de lo macabro. En la reacción no se oye una sola modulación; cada poema es un estado de ánimo: desolación, condena, horror, sufrimiento, necesidad de sobrevivir... Plural relieve de un paisaje emocional. El cierre no es un vengativo ajuste de cuentas o la persecución de otra forma de pensar sobre la que llueven tantos lugares comunes y recelos ante la discrepancia; es expresión de angustia y canto a la vida desde la tolerancia cultural, desde la integración y el mestizaje, con un texto del marroquí Abdellatif Laâbi.
   Los libros comparten propósitos de cohesión para cerrar la puerta al discurso apocalíptico y al mar de asfalto de un pesimismo cuyos rasgos concretos son los efectos del atentado. El derribo requiere una reconstrucción de las ideas y de la sensibilidad. La conciencia poética está enmarcada en el tiempo que le ha tocado vivir; el acto de escritura es una oportunidad para conocer un horizonte reflexivo común, que sale del ensimismamiento y muestra su adhesión al pálpito del entorno.
   Sentimientos en forma de palabras solidarias para buscar un hueco en la memoria, para reiterar, en la desolación y en la impotencia, en la angustia, aquellos versos de Blas de Otero: aunque haya desaparecido la risa y la ternura se desangre por una cicatriz abierta al miedo, nos queda la palabra.
 
                                                                               
JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 
 
 
 
 
 
  

viernes, 21 de julio de 2023

LUIS FELIPE COMENDADOR. LA ALFOMBRA VEJADA DEL GRAN LEBOWSKI

La alfombra vejada del gran Lebowski
Luis Felipe Comendador
Umbral lírico de Jesús Urceloy
Editorial Ars Poetica
Colección Sola Nocte
Oviedo, 2023

GOTAS DE SOMBRAS


  El director literario de la colección Sola nocte, el poeta y profesor de talleres Jesús Urceloy, renuncia al prólogo habitual para firmar un hermoso soneto en clave humanista. Del mismo, extraigo la idea de que vivir es una continua renuncia, un alargamiento de sombras un día y otro día, mientras se apagan los sentidos. De ese mercurio poético, que toma la temperatura a lo cotidiano y a su conmoción sentimental, se hace la singularidad estética de Luis Felipe Comendador (Béjar, Salamanca, 1957, poeta, editor, aforista, impresor y artista de amplia obra gráfica.
  En el bejarano amanece siempre un verso existencial sin propósitos persuasivos que percibe el discurrir existencial como un cristal opaco, invadido por gotas de sombra. Cada libro es un diario íntimo donde el lenguaje cumple su función comunicativa, y cuyas coordenadas crean un ámbito de concordia entre el acervo cultural y la experiencia biográfica. Con esta poética, que hace de la biblioteca infusión estimulante, se fraguan las composiciones de La alfombra vejada de el gran lebowski, nueva entrega de Luis Felipe Comendador en cuya contraportada, firmada por Álvaro Muñoz Robledano. De la nota mana de forma natural un ámbito de renuncia y pesimismo: “En cada poema de Luis Felipe Comendador la pérdida y la perdición ocupan el lugar que el ritual pazguato nunca les reservó: no el de la revelación, que es pensamiento mágico, sino el de la desvelación, que es pensamiento de oprimidos y emputecidos, decididos ya a dejar de escamotear su rabia para que los significados no sufran”.
  Los textos poéticos de La alfombra vejada del gran Lebowskil tienen una naturaleza claramente culturalista, velan los ángulos intimistas del destello biográfico para argumentar soliloquios y reflexiones sobre un entorno literario germinal, habitado por la presencia de nombres propios muy significativos. De esa recuperación emergen secuencia al trasluz que proyectan enfoques nuevos, instantes diluidos entre la emoción y el sentimiento, envueltos en su propia sustancia. Tal vez lo aclare mejor la lectura directa del poema, convertido en mirador y observatorio, en inventario abierto a matices y alteraciones que encuentran en la expresividad del título una puerta de entrada: “Federico consuela a Juan Ramírez de Lucas”. Lorca, con la cálida voz del erotismo convoca la memoria para que sume piel sobre piel con su pareja sentimental. Sorprende de inmediato la fuerza expresiva de la voz poética trasmutada en la palabra viva del poeta de Granada: quien habla es el holograma del propio autor de los sonetos del amor oscuro.
  Se reúnen casi cuarenta composiciones que conforman con nítida precisión la cosecha lectora de Luis Felipe Comendador. Quien escribe sabe que el punto de partida del poema es la palabra del otro. Y ahí habla con fuerza el tiempo lector del poeta y sus silencios para absorber la voz de José Hierro, Claudio Rodríguez, Ángel González, Vallejo, Neruda, la beat generation; en definitiva la intrahistoria intensa de quien duerme a diario con un libro entre las manos para superar el ensimismamiento biográfico de lo personal y construir puentes que conducen al entendimiento claro de otras identidades. Son presencias convocadas en el paisaje interior de cada poema, versos que despliegan su mapa comunicativo y convierten la tradición en sustrato germinal.
  El poema se caracteriza por su condición atemporal, por localizar su espacio en una dimensión etérea en la que andan a trasmano las ausencias. De ahí que sea posible que Josep Brodsky recuerde a Yeats, Cesare Pavese hable con Pierina en un bar de Turín, o un Catulo, hormonal y humedecido recuerde a Lesbia.
  El itinerario lírico de Luis Felipe Comendador tiene en el cine un soporte esencial. La gran pantalla ha sido continua fuente de recursos expresivos en las estrategias visuales del poema, en los cambios de planos y en el deambular continuo de personajes. Así que el expresivo título de esta entrega tomado de la película cómica El gran Lebowski, dirigida por los hermanos Coen en 1998, convierte a cada poema en una secuencia habitada por un personaje. Desde este enfoque nace una instantánea narrada, un estar pasajero que captura un tiempo mínimo, un soliloquio interior. El poema pone en primer plano el deseo y el sexo como vértices centrales de la identidad que cubren el asentado espacio de cualquier alfombra extenuante, como aquella de Jeffrey Lebowski.
   El poeta sabe que las turbulencias continuas del vivir moldean la esencia del hombre, siempre sometido al vano esfuerzo de superación y circunstancia, a la indeclinable fatalidad del tiempo.  Respirar despliega un variado ángulo de visión donde cada presencia adquiere un carácter simbólico. Los sentimientos mantienen una distancia ambigua, con tramos azarosos que se expanden hacia la felicidad o el desamparo, como si fuesen grietas donde la existencia esconde mutaciones y cambios inadvertidos.  La alfombra vejada del gran Lebowski, desde su mirada fragmentaria, contiene una intensa narratividad lírica. Sus piezas conforman un árbol de luz, una realidad atemporal que aporta a quien se acerca la claridad gozosa del encuentro, esa propuesta de la palabra  hecha refugio, indagación y búsqueda.   
 
                                                                  José Luis Morante



sábado, 8 de abril de 2023

APUNTES DE SUPERVIVENCIA

Apuntes de supervivencia
La poesía de José Luis Morante
Edición de Luis Felipe Comendador
Selección y estudio introductorio de Antonio Gutiérrez Turrión
Los Cuadernos del Sornabique, nº 5
Béjar, Salamanca, 1997

 
ADVIENE LA TERNURA  A LAS ESTATUAS

Los domingos
advienen las estatuas
a sus probas lecciones de de ternura
vistiendo tafetanes
de líquenes y musgos.
Miran los desarmados uniformes,
recolectan pronósticos de tiempo,
posan con provincianos y parejas,
nos sonríen con gestos de gioconda
cuando el flash  se dispara,
comen pipas y chicles
y alquilan, sin reparos, las palmas de sus manos
a ua fauna diversa, pero mínima.
Adelantando el índice componen
profusos pentagramas de zureos.
En los ocres repliegues del crepúsculo
son ungidas con lluvia
y ofrendan una lágrima a los cielos
desde las fuentes secas de sus ojos.

    (De Rotonda con estatuas, 1990)


lunes, 14 de noviembre de 2022

LUIS FELIPE COMENDADOR. RESTAURANTE CHINO GRAN HONG KONG

Restaurante chino Gran Hong Kong
Luis Felipe Comendador
A Fortiori Editorial
Colección La Oficina de las Causas Perdidas
Bilbao, 2022

 

VIVIR A SOLAS

 
    El empleo descontextualizado del lenguaje publicitario fue una de las señas de identidad del ideario novísimo, cultivada por voces referenciales de los años noventa,  como Antonio Martínez Sarrión y Manuel Vázquez Montalbán. Recupera el registro Luis Felipe Comendador (Béjar, 1957) al titular su entrega Restaurante chino Gran Hong Kong, buscando un espacio concreto de representación a sus poemas y extremando la sensación de prosa de su discurso poético. Esa prosa, despojada de cadencia lírica, para subrayar el lenguaje plano de la realidad y sus efectos dialogales en el coloquialismo introspectivo del sujeto poético.
   Así nace una voz, coherente y macerada en el discurrir del tiempo, en el itinerario del autor, con un intenso bagaje cultural, cuajada de ironía y sarcasmo. Asoma un individualismo ético que apenas deja respirar al yo que se mira en el espejo o a la periferia social de los que piensan de otro modo o viven su normalidad y sus hábitos, ajenos al insistente empuje del rechazo y del resentimiento. Una voz que linda con el sarcasmo, pero también con la ternura desbordada de la gratitud existencial con el entorno familiar más próximo.
   Quien se adentra en los espacios poéticos de Luis Felipe Comendador no tarda en advertir que recorre un territorio incómodo. Hay poemas que, por su concepción social, exasperan; solo conceden la palabra a las llanuras de la desposesión y el abandono. Es esencial también saber que el escritor ha dejado los géneros tradicionales en el centro del páramo, en ese árbol del bien y del mal de la tradición clásica para que sus textos adquieran un formato líquido, maleable, capaz de dar paso al fragmento ensayístico. Germinan así parámetros centrales en el camino de búsqueda del ser literario: la estética individual, la originalidad y la epigonía, la ética y su diversidad y los sondeos del yo en sus búsquedas, junto al rechazo siempre de una realidad de contraluces y de anorexia intelectual; de conformismo y veneros estiados.  Al cabo toda ética personal, aunque duerma al raso, suele mirar desde el púlpito y tiene su propia colección de máscaras.
   Las hendiduras reflexivas alumbran el texto. El poema deja un espacio auroral a nuevos procesos mentales, a ondulaciones que sugieren que el decurso existencial es un incontinente recurso literario, o mejor: que la brújula para marcar senda y camino es la escritura, porque en ella lo real encuentra sentido, aunque sea un sentido ficcional, literario, meramente conceptual.
   En esta crecida temática la lectura es claridad e impulso, un alimento experiencial de máxima intensidad nutritiva. De ese hábito singular manan citas con capacidad para abrir la espita del texto propio. Se perfilan aforismos de extrema precisión lacónica, o se expanden estados de ánimo de un lector visceral, de una identidad que siente el tacto de una manera de vivir. Aunque –creo que el escritor bejarano asentirá conmigo- los estratos literarios más fértiles germinan desde la extrañeza, son los claros indicios de “El oficio de vivir”, como escribiera con magisterio intacto Cesare Pavese.
   Nace así “el desahogo de la discrepancia”, el derecho a la equivocación, la senda propia que lleva al atajo o a la circunvalación; la palabra desnuda que muestra el laberinto interior del yo y sus continuas turbulencias. La senda del libro recorre la inercia, es un avance entre prosa y poesía, entre anotaciones y prosemas que se dejan llevar por una estela de sensaciones, ideas y lecturas –siempre lecturas aristocráticas, incontestables, pura élite verbal: Montale, Brodsky, Cortázar, Pavese, Huidobro, Octavio Paz, Borges, Pizarnik-, capaces de moldear el sentimiento poético. La caligrafía de Luis Felipe Comendador en Restaurante chino Gran Hong Kong cobija la experiencia sensible y el patrimonio lector, las variables de un pensamiento poético empeñado en hablar en voz alta con el único interlocutor posible: el propio yo, ese yo bejarano del 57 que no suele esconder casi nada del mundo, casi nada de sí.
 

JOSÉ LUIS MORANTE



domingo, 14 de junio de 2020

LUIS FELIPE COMENDADOR. LAS AFUERAS

LAS AFUERAS
Luis Felipe Comendador
Ediciones A Fortiori / Poesía
Bilbao, 2020

POBREZA


   Se me permitirá un necesario apunte previo sobre la cartografía social y económica de los Cerros, un enclave marginal en los alrededores de Trujillo, al norte de Perú. En él, la ONG El Sornabique, creada en 2006 por Luis Felipe Comendador bajo el lema “El humanismo pequeñito”, lleva a cabo numerosos proyectos de cooperación internacional. Financia iniciativas de desarrollo como los carritos polleros, las depuradoras portátiles, los repartos de juguetes y mantas o campañas de ayuda sanitaria. Aunque la pobreza en Latinoamérica es un fenómeno rural y ligado a las minorías indígenas, también afecta a periferias urbanas que carecen de fuentes de subsistencia.  En ellas son los niños los que soportan una desnutrición crónica y unas pésimas condiciones de habitabilidad. Del conocimiento directo del lugar y de una implicación solidaria que cumple décadas han nacido los estremecedores textos de LAS AFUERAS, nuevo poemario del poeta, editor, aforista y gestor cultural Luis Felipe Comendador, autor de una intensa trayectoria literaria. diversificada entre la poesía, la novela, el aforismo, el ensayo breve y la escritura en prensa, casi siempre enfocada al análisis de la sociedad civil. Es verdad que el título evoca de inmediato a Jaime Gil de Biedma, magisterio esencial de la generación del 50, o al poeta cordobés Pablo García Casado, que usó este título para su primera entrega; pero cuando se leen los poemas, uno adivina de inmediato que las afueras definen la insaciable sed de la pobreza y la mácula imborrable de la marginalidad.
   Las composiciones de LAS AFUERAS cobijan una intensa preocupación social. Lo hacen desde la pupila abierta de un cronista implicado que se desdobla como protagonista y testigo. No hay distancia con los desajustes del marco accional, un poblado marginal peruano, en Trujillo. Es una geografía áspera, violenta, marcada por la miseria, pero nunca exenta de una ternura desnuda, una catarsis emocional que sirve de redención y fachada en la indeclinable derrota. La realidad se impone vinculada con la carencia y con un sentido trágico de lo existencial que no permite disidencias. Los que nacen en aquella herida están marcados. No pueden transformar las coordenadas de espacio y tiempo; esa desolación apenas logra disfrazar lo cotidiano con algunos hilos de esperanza. Solo la mirada infantil espera el milagro o hace de la pérdida de la inocencia una demora.
  Dura, ajustada, empática con el drama, la voz poética de Luis Felipe Comendador crea una densa contaminación emocional. Sin concesiones, enfoca el yermo territorio del cerro, la periferia de un vertedero de tristeza carente de aura, donde no hay nada, salvo la inmediatez de seguir viviendo.
   La escritura cruza ante los ojos del lector como una profunda meditación ética que convulsiona el laberinto interior y zarandea la responsabilidad moral del protagonista poético. Los poemas plasmas sensaciones y pensamientos. Fotografían las profundas grietas de una representación desapacible, mientras aíslan al yo como un frágil náufrago de la impotencia. Las palabras gimen; ponen puentes entre el ser humano y la intemperie para dejar también en la derrota un mínimo mensaje de esperanza. Cuando no queda nada, quedan tus manos, el realismo directo de tu voluntad, el techado artesano de tu abrazo.




   


lunes, 4 de mayo de 2020

ESCRITURAS NÓMADAS

Ejercicios sin red
Fotografía
de
Javier Cabañero Valencia

ESCRITURAS NÓMADAS


Estos días de soledad crepuscular dejan en la mesa de trabajo esa relación aleatoria entre texto y autor. Los folios se llenan con escrituras nómadas que recuerdan que escritor y quehacer creador viajan hacia ninguna parte. Somos derivas, sin balizas de localización.

Jerarquizo lo pendiente con un mínimo inventario de urgencias. Me quedo más tranquilo. Es un disfraz que oculta la inquietud y da confianza al barniz de las buenas intenciones. Nadie sabe cómo será el regreso.

Apenas hay correspondencia en el buzón. Un asunto extraño para mí que todas las semanas recibo libros y revistas. Así que ando más pendiente del efecto coral de internet. Sé que las redes digitales alojan un contradiscurso de la inteligencia. Son círculos abiertos que hay que utilizar con mesura, sin forzar el paso, con la distancia de un espectador que solo está allí.

El aforismo se ha convertido en el hilo del funambulista. Por él transito a diario convencido de que la escritura liliputiense es un ejercicio sin red. Conmigo el decir breve de Luis Felipe Comendador y Karmelo C. Iribarren; también, de nuevo, la lectura del volumen Relámpagos de lucidez de Javier Recas. Me gusta conversar a solas con esa gente que nunca defrauda.
   

(Apuntes sobre lo real)



jueves, 29 de agosto de 2019

LUIS FELIPE COMENDADOR. POEMAS INÉDITOS

Luis Felipe Comendador

POESÍA EN BÉJAR. REGRESOS



  Esta tarde regreso a Béjar para participar en una lectura poética, organizada por la Concejalía de Cultura del ayuntamiento. Me acompañan amigos y maestros: Antonio del Camino, Elías Moro y Antonio Gutiérrez Turrión, quien hizo hace casi treinta años uno de los primeros análisis críticos de mis libros. En Béjar he leído otras veces y tengo el mapa de la memoría repleto de recuerdos y nombres propios como Ángel González, la voz más entrañable y cercana de la generación del 50. Este regreso a las vetas más emotivas de mi trayecto poético no sería posible sin Luis Felipe Comendador, quien es y ha sido siempre mi mejor amigo, también cuando no hablamos o cuando monopolizan su amistad otras identidades que tienen los mismos claroscuros que tengo yo, pero menos ternura. Treinta años de vida son muchos, y casi nunca se sale ileso de los estragos del tiempo. Los míos se multiplican y para curarlos recurro a los últimos poemas del poeta bejarano. Se agrupan en el libro Las afueras. Advertí al escritor que el epígrafe suena a jaime Gil de Biedma con la misma intensidad que los molinos suenan a Cervantes, o los laberintos a Borges. Pero Luis Felipe Comendador tiene criterios propios y suele seguir siempre la brújula interior. 
   Las composiciones de las afueras cobijan una intensa preocupación social. Lo hacen desde la pupila abierta de un cronista implicado que se desdobla como protagonista y testigo. No hay distancia con los desajustes del marco accional, un poblado marginal peruano, en Trujillo. Es una geografía áspera, violenta, marcada por la miseria, pero nunca exenta de una ternura desnuda, una catarsis emocional que sirve de redención y fachada en la indeclinable derrota. La realidad se impone vinculada con la carencia y con un sentido trágico de lo existencial que no permite disidencias. Los que nacen en aquel entorno están marcados, no se pueden transformar las coordenadas de espacio y tiempo; solo disfrazar la realidad con algunos hilos de esperanza. Solo la mirada infantil espera el milagro o hace de la pérdida de la inocencia una demora.
  Dura, ajustada, empática con el drama, la voz poética de Luis Felipe Comendador crea una densa contaminación emocional. Sin concesiones, enfoca el yermo territorio del cerro, la periferia de un entorno carente de aura, donde no hay nada, solo la inmediatez de seguir viviendo.
  Esta tarde la hermosa arquitectura del pueblo salmantino se llenará de poesía y amistad. De versos que buscan ese diálogo que no necesita palabras sino hendiduras interiores para cobijarse. Y yo seré feliz. Aunque nadie lo sepa.



lunes, 11 de marzo de 2019

MADRID 11-M-2004

Pacto con la memoria
Fotografía de
Miskapturas Blog- WordPress.com


MADRID, ONCE DE MARZO, AÑO 2004

   Hace algún tiempo escribí el poema “Francotirador”. En su parte final incluía el siguiente verso: Las tragedias sin rostro no conmueven. Era voz contra la placidez de la sobremesa, en torno al vacío del televisor, capaz de digerir cualquier suceso sin inmutarse, mientras demora un café, como si el cristal de la pantalla garantizara la confortable seguridad de un mundo perfecto, guilleniano. Ironizaba sobre la disonancia de un simulacro de realidad en el que los comensales presencian con desgana una película de argumento verosímil, cuya acción discurre en un punto lejano. Pero el 11 de marzo de 2004 la desgracia esparció sus fragmentos entre manos vecinas, a escasos metros de nuestras puertas, desmantelando el orden rutinario. Las víctimas de la barbarie islámica tenían perfiles concretos, nombres, apellidos y parentescos cercanos, y se afanaban en lugares de trabajo ubicados en calles transitadas con frecuencia que podríamos describir al detalle. El timbre telefónico sonó varias veces a lo largo de la jornada, mientras los medios de comunicación precisaban las dimensiones de la infamia. Al otro lado del auricular voces amigas preguntaban con inquietud contenida cómo estábamos, recordaban instantes compartidos, dejaban unas palabras de ánimo. Aquel gesto causaba gratitud y al mismo tiempo perplejidad porque otros intuían que podríamos haber sido figurantes activos en ese escenario de la sangre. Acaso nos salvó una circunstancia menor: una huelga estudiantil, un cambio de trayecto para evitar el atasco, unas décimas de fiebre de un hijo pequeño, una opción cómoda de preferencia por el coche o un despertador que no sonó a tiempo. Signos cotidianos, caligrafía de la banalidad. Y todos nos sentimos sobrecogidos tratando de racionalizar lo irracional. Porque el dolor y la muerte, la barbarie y el asesinato, no responden a ninguna lógica, no transitan por itinerarios intelectivos. Carecen de justificación por más que se empeñen en aferrarse a postulados políticos o religiosos. Obedecen sin más a un animalismo primario y a la negación.
  Así estamos todavía, buscando sitio en la amanecida para continuar a pie y recuperar el voluntarismo de la normalidad. En esa búsqueda nos acompañan unos instantes de reflexión que exploran la condición humana y sus desgarros. Seguimos el trayecto que el dolor nos impone en una memoria colectiva de piel tumefacta, sometida a una cura de urgencia llena de apósitos y vendas. Al día siguiente llovió sobre Madrid, sinécdoque de todas las ciudades, como si la meteorología se empeñara en diluir las manchas bermejas del asfalto y en sumergir escombros en los sucios regueros de las alcantarillas y hubo masivas concentraciones bajo el luto de los paraguas, haciendo pública la repulsa y el rechazo frontal al terrorismo. Quedó un silencio espeso al final de la marcha que denotaba cansancio y el recogimiento de una sensibilidad maltrecha; un barro de tristeza salpicó paredes y escaparates. La penumbra invadió las barras sin clientes de los bares. La lluvia en los rostros se hizo y yo no sé si la lágrima fue lluvia, como en aquella composición de César Vallejo que hablaba de París y de la muerte. Pocas horas después, palabra sobre palabra, empezaron a escribirse estos poemas. Es el homenaje plural y la reivindicación en sílabas contadas de Los Cuadernos del Sornabique para que el olvido no sea la última estación de ese tren de cercanías en el que todos somos pasajeros.

Prólogo de la antología 11-M, El Sornabique -7, LF ediciones, Béjar 2004


domingo, 22 de julio de 2018

LUIS FELIPE COMENDADOR. SIN MÁS

Luis Felipe Comendador
Imagen de
RTV AL DÍA, SALAMANCA


LUIS FELIPE COMENDADOR. SIN MÁS

Los viejos amigos ya no somos
amigos, pero  vamos camino
de ser viejos. Algo es algo.

KARMELO C. IRIBARREN

   Se cruzan las cosas compartidas con Luis Felipe Comendador. Son extraños cableados que conectan abrazos, conversaciones, soledades, libros, risas, aceras, sitios, decepciones…Esos espacios sentimentales semiderruídos por los relojes, que yo conservo intactos en el líquido amniótico de la memoria.
   Su amistad –mi semejante, mi hermano- es una instantánea que sobrevive a la ominosa política local de Béjar, a los desajustes conspiratorios de los que están sin ser y a los silencios desperdigados por nuestras biografías otoñales.
   Lo que piensen los otros de los méritos intelectuales y personales de Luis Felipe y sobre su abrumadora labor solidaria no puede diferir mucho de lo que pienso. Su identidad es transparente, incuestionable. Encarna un rincón con solana, un área de servicio en una carretera secundaria, un refugio abierto; la derrota callada de quien vuelve a intentarlo.
   Luis Felipe Comendador es grande, grande; conozco sus dimensiones palmo a palmo. Lo sé porque está aquí, conmigo. Dentro.

(Apunte de verano)




sábado, 20 de mayo de 2017

LUIS FELIPE COMENDADOR. MAÑANA NO SERÁ NUNCA

Mañana no será nunca
(Antología poética 2003-2015)
Luis Felipe Comendador
Prólogo de Fernando Rodríguez de la Flor
Epílogo de Luis Alberto de Cuenca
Diputación Provincial
Salamanca, 2017

NICOTINA Y POESÍA
  
   El escritor argentino Adolfo Bioy Casares escribió que “el conocimiento del hombre no permite la previsión de su literatura”. Me toca disentir, aunque admire el talento de Bioy y añore su dúo dialogal con Jorge Luis Borges. Discrepo porque conocer a Luis Felipe Comendador (Béjar, 1959) ha sembrado de continuo claves de desciframiento de su producción poética, cuyo primer tramo compiló la antología Vuelta a la nada (El Árbol espiral, Béjar, 2002). Se ofrece ahora la poesía reunida editada entre 2003 y 2015, un quehacer que integra los libros El amante discreto de Lauren Bacall, (2003), Con la muerte en los talones (2004), El gato solo quería a Harry (2005), Esa intensa luz que no se ve (2007), Dientes de leche (2008), Los 400 golpes (2013) y Corre la voz (2015). Un paréntesis que concede al escritor un lugar propio en su generación, pese a su alejamiento de la sociedad literaria y a su estar silencioso en las contingencias de lo episódico, El bejarano es un outsider con la identidad de “un autor raro”.
   El trabajo de interpretación de esta caligrafía comienza por el título y la imagen de cubierta. Son dos elementos que no agotan su sentido literal pero que muestran una fuerte relación con el contenido: la imagen dibuja un rostro a punto de morder un anzuelo; y el aserto Mañana no será nunca no elude el pesimismo exacerbado de quien no encuentra ningún rastro de vida en el porvenir. Ambas claves predisponen a adentrase en las consideraciones de Fernando Rodríguez de la Flor. El profesor contextualiza el momento histórico en el que nace esta poesía, marcado por la crisis y la globalización. Un tiempo tenso que nunca enmascara su deambular desapacible, su fondo oscuro. Tal estado conlleva el descrédito de lo social y el trazo borrado de cualquier utopía: estar es sobrevivir, ponerse cada día la piel de los naufragios.
   Esta conciencia en proceso se traslada de inmediato a la entidad del sujeto verbal que habita en los poemas y las sombras mudables de su pensamiento; el yo se hace trasunto de un ser contemporáneo que expone su periplo biográfico en la desolación estéril de la derrota a partir de unos cuantos elementos de uso. Una de las columnas más relevantes de esta escenografía personal es el cine, trasunto de aquella caverna platónica, donde la presencia no es sino el sueño de una sombra, una emanación sobre la pared del fondo de contornos difusos. La gran pantalla está en los títulos del poeta y en la construcción de ambientes y argumentos que con frecuencia imitan la trama a resolver del cine negro. En esos callejones oscuros de la soledad el poeta construye su tentación reflexiva; allí aflora, entre la nicotina y los trazos de humo sucio, la certidumbre que mantiene vivo cada latido: estar vivo no es poner en pie un esqueleto resignado; es buscar un sin embargo, hacer de las palabras un refugio, aventar el amor y el estar solidario, pedir cuentas a los propios errores para salir al día con ánimo dispuesto a una nueva derrota.
   En El amante discreto de Lauren Bacall el amor y el deseo se hacen razón de vida para dibujar cerca un arquetipo de belleza, el mito se hace símbolo, impregna lo cercano y restablece un ahora habitable. Pero somos un ser para la muerte y a cada paso asoma la condición efímera. De esa conciencia de habitar la ceniza se nutre  la escritura de Con la muerte en los talones. Conciso y lapidario, el poema dibuja un estar provisional: “Atrapado en campo abierto, / con todo el horizonte / vestido para mí, / los caminos de ida son tantos…/ que no existen”.
   En los libros de Luis Felipe Comendador resuena fuerte la primera persona; habla el yo y en su densidad semántica la intimidad es un rasgo poético esencial. Para convertir ese intimismo en instrumento de revelación y verdad objetiva, el poeta recurre a estrategias de distanciamiento; se ha visto en los libros anteriormente citados y así sucede en las composiciones de El gato solo quería a Harry, donde de nuevo el cine pauta el cauce argumental, a través de personajes como Orson Welles, quien se convierte en callado receptor del soliloquio. El habla evocativa recupera vivencias, sensaciones o el extraño laberinto existencial que suma y resta su erosión en el tiempo.
   Como un viejo tronco que aguarda un brote estacional reverdecido, las obsesiones reinciden y se yuxtaponen los matices de su reconstrucción. Si en los días de infancia hay un sol áureo que va perdiendo brillo mientras se completa la educación sentimental, las secuencias de vida retornan para dejar su vuelo en los poemas de Esa intensa luz que no se ve como si fuese necesaria su presencia para mantener la coherencia. Esperar se convierte en sólida estrategia: “siempre la misma nieve / el mismo mar / el mismo decorado donde ser / o dejarse / donde vivir / o a tientas buscar causa o reposo / abismo, balsa o trono / libertad / pan / cadenas”.
   La poesía de madurez aprende a graduar las emociones, requiere construcciones más severas, aunque conserve el mismo protagonista y profundice en los fundamentos del ideario estético. De este enfoque participan, desde su particular topografía, los poemarios Dientes de leche, Los 400 golpes y Corre la voz. Los tres comparten una similar psicología del sujeto verbal, la eficacia de una expresión en la que nunca hay sitio para la digresión ociosa y el clima orgánico del conjunto.  
  No quiero cerrar esta lectura de Mañana no será nunca sin citar el apunte epilogal de Luis Alberto de Cuenca. El poeta deja claro su entusiasmo afectivo por una manera de ser a trasmano. Es consciente de la coherencia amical y de lo complejo que resulta en tiempos de corrección y escaparate exhibir a diario la sinceridad y las pancartas de los que denuncian, sin que ningún sometimiento merme la profundidad de su grito.
  En los hilos sueltos de Mañana no será nunca está el autorretrato de Luis Felipe Comendador, las repletas estanterías de esa biblioteca interior donde se guardan los libros vividos, aquellos que condensan la geografía de una decepción, la luz pequeña de un cigarro encendido, las ganas de vivir, su nicotina.       


miércoles, 10 de mayo de 2017

SOLTAR EL HILO

Vuelos


AMANECIDA

                     Para Luis Felipe

Fondo de nubes.
Mi voluntad, cometa
que busca vuelo.


domingo, 19 de febrero de 2017

LUIS FELIPE COMENDADOR. POESÍA REUNIDA

Vuelta a la nada. Poesía reunida. (1995-2002)
Luis Felipe Comendador
Lf Ediciones, El Árbol espiral
Prólogo de José Luis Morante
Béjar, Salamanca, 2002

CON LAS MANOS ABIERTAS

   Todo quehacer poético es un compendio de obsesiones y remite a un claro empeño de búsqueda de una identidad; crea un mundo propio, sean cual sean los recursos formales y los contenidos. Vuelta a la nada permite conocer el tramo lírico escrito entre 1995 y 2002 por Luis Felipe Comendador (Béjar, 1957), poeta, narrador, aforista. escritor de diarios, editor e incansable activista solidario. Es un arco temporal muy corto, pero caracterizado por una notable fecundidad, ya que se hilvanan títulos con regularidad casi anual, bajo el empuje de certámenes nacionales y de premios que han convertido al bejarano en una presencia habitual  en los foros de debate y en  los predios literarios contemporáneos.
  El volumen Vuelta a la nada reúne textos de nueve poemarios, organizados con un criterio cronológico estricto y solo roto por la composición inicial que aparece como una intencionada poética, como un aviso para navegantes lectores. Queda fuera el primer libro y el más reciente, El amante discreto de Lauren Bacall, aparecido en la editorial Visor, tras ser finalista en la correspondiente convocatoria del Premio internacional de Poesía Rafael Alberti. Pero la muestra es amplia y en esta palabra heredada en el tiempo se perciban con nitidez las cualidades de un autor empeñado en lo cotidiano. Porque el techo gris de lo diario es el gran venero temático de esta escritura. Lejos queda el alquiler a plazos de aquella torre de marfil de lo trascendente y el revestimiento acorazado de lo sublime.  Para Luis Felipe Comendador, el poeta es, sobre cualquier consideración, un ciudadano de a pie que pasea fisiología e intelecto; deambula por los callejones de la amanecida para escribir respuestas en ese abrumador formulario de lo existencial que acaba asegurando que vivir no es mucho, pero  es todo lo que tenemos. La vida se comprime en un azaroso paréntesis  proclive al tedio.
   Se canta un tiempo de derrota, despojado de reductos salvadores: las voces de la calle, la herrumbre de la pareja, el entorno grupal, los retazos de un compromiso ideológico, la identidad brumosa del individuo, el onanismo de explorar el espejo para descubrir que no somos narcisos. Las palabras conforman instantes que se van desgranando para asegurarnos que, a pesar de tanta insuficiencia, merece la pena ser testigo de cargo de este viaje por lo transitorio, por el laberinto del ahora.
  Cada entrega de Comendador se organiza bajo un estado de ánimo y a  partir de  un clima poético común. Lo unitario preside la organización poemática por encima de la recopilación. Comendador es un poeta de conjuntos, aunque algunas piezas sueltas hayan alcanzado el status de textos de antología por el frecuente uso en lecturas públicas o por su publicación en suplementos y revistas. Es el caso de “Consejos para un poeta joven”, donde el ánimo jocoso de los versos deja aflorar un sarcasmo y un humor socarrón que desemboca en una sabia ironía que emana de autores del 50.
   Realista e irónica, lúcida y macerada por el discurrir vital, la poesía de Luis Felipe Comendador solo en apariencia se formula con un vocabulario testimonial y accesible. La difícil sencillez y la claridad expresiva son logros de un pulir continuo. Hay rigor autocrítico y regodeo en una tradición que renueva brotes en la mente de todos. Hay vínculos, por ejemplo, con los divertimentos eróticos de Catulo y el nihilismo clásico de Fonollosa, con Carver o con representantes cualificados de la primera promoción de posguerra. En la geografía de Vuelta a la nada se recrea un sujeto poético sentimental y escéptico que a media tarde, ante el velo bermejo del crepúsculo, alza la copa y se concede un rato de descanso, mientras saca billete hacia la sombra.







lunes, 1 de febrero de 2016

PEDRO OJEDA ESCUDERO. PIEL

Piel
Pedro Ojeda Escudero
Lf  Ediciones
Béjar, Salamanca, 2015


ENTRE DOS CUERPOS

   Frente a quienes prefieren el pulso juvenil como momento aconsejable para la práctica versal, la voz de Pedro Ojeda Escudero (Valladolid, 1963), poeta, ensayista y profesor universitario, fecha su amanecida en 2013 con el poemario Esguevas. Era un libro sensorial, con poemas que hacen del diálogo cordial con el entorno natural razón de escritura; cada paisaje es siempre geografía humana, ánimo que enuncia estar otoñecido y primavera. El escritor prosigue viaje con Echo al fuego los restos del naufragio, un volumen más intimista, y con el libro que ahora comento, Piel, dos ediciones del incansable poeta bejarano Luis Felipe Comendador.
   No viene mal para adentrarse en la espesura lírica de Pedro Ojeda Escudero visitar el blog “La acequia”, una iniciativa digital miscelánea que aglutina textos, reseñas e incidencias reflexivas sobre la rutina diaria y que sirve de guía lectora de El Quijote. Con todo, Piel es un mural que invita a la contemplación sin intermediarios, porque tiene el tono de voz de la confidencia y la cadencia cercana del intimismo compartido. Así nace una lírica despojada que expone el río secuencial de lo vivido. En ese estar diario a la intemperie, los sentimientos se convierten en raíz sustentadora, en soporte que aguanta la condición transitoria de la identidad. El yo se hace otro cuando tiende sus puentes y escribe una estela en el agua que no se borra, sea cual sea la fisonomía del cambiante escenario en el que sembremos nuestros pasos.
  El ámbito interior se va enriqueciendo con las percepciones acumuladas en el trayecto temporal que siempre nos advierten de la fragilidad de la belleza. Casi paradójica resulta en el poema “Abrazarte con fuerza” la estampa veneciana. El laberinto urbano multiplica un irrepetible patrimonio arquitectónico que registra la sobria belleza de la piedra; pero la marea sube y la inundación de los canales advierte al paseante que la erosión prosigue y que el desgaste pone entre las piedras un tacto crepuscular; también el arte tiene fecha de caducidad. Esa tenacidad del tiempo y su persistente vocación de derrumbe es asunto argumental que se reitera en distintos textos de Piel. La memoria del ahora conexiona, mediante la evocación, con el pasado y el regreso de lo vivido ahora difunde un rostro fragmentario, cubierto a veces por la silueta gris de la incertidumbre. Eso concede al amor, a la piel cálida y habitable de la compañía una condición de refugio y una textura de esperanza, un conocimiento de que la muerte solo se hará presencia cuando los hilos de luz olviden los sueños, o cuando la rutina sea incapaz de descifrar los caminos que marcan las huellas de la piel que son indicios claros de viva realidad: “Extensión del misterio:  / campo de dientes, labios / y torpeza de dedos, / tímida exploración de los secretos. / Cotidiana dulzura de la piel / recorrida, mordida y arañada: / comunión de sentidos. / Abrazarte, fragancias, besos, vida “.
  Se hace tangible el afán celebratorio de quien busca desprenderse del traje de invierno bajo la luz de abril. En Piel los versos olvidan la retórica del hermetismo para salir al día con un lenguaje necesario, nítido, consistente. Con él, se expone a todos que, en medio de la lluvia, la vida entera cabe en un abrazo: “El agua te llegaba hasta el tobillo. / Habitabas las hoces / con la serenidad de quien se sabe / a salvo entre los chopos “. Eje de simetría que pone en la piel la distancia más corta entre dos cuerpos. 


      


viernes, 4 de diciembre de 2015

ÁNGEL GONZÁLEZ. ACOTACIONES

Ángel González (1925-2008)

ÁNGEL GONZÁLEZ. ACOTACIONES.

(a Luis Felipe Comendador,
que vivió conmigo tantas jornadas con Ángel) 
  

  Abundan los estudios críticos que consideran a la Generación del 50 como epicentro del panorama lírico contemporáneo. Esa promoción de límites abiertos incluye en su núcleo a Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez y Ángel González. Son autores de obra sólida, voces matizadas, con un estilo singular y reconocible. Compañeros de vocación creativa, casi todos protagonizan la imagen generacional más recordada: el homenaje a Antonio Machado en Colliure el 22 de febrero de 1959, al cumplirse el vigésimo aniversario de su muerte. Aquel encuentro canaliza una andadura creativa conjunta, con amplias afinidades.  
   Ángel González nace en Oviedo, en 1925. En su niñez vive el acontecer hostil de la contienda de 1936 y más tarde los condicionantes biográficos de la posguerra, cuyo rigor alcanzará exacta precisión en su literatura. La entrega inicial, Áspero mundo, es un libro intuitivo; el protagonista verbal comparte circunstancias vitales que avanzan impulsadas por una sensibilidad emotiva. Ceñido a bordes concretos y finitos, el yo poético es el resultado de un proceso vital; esta gestación demorada lo sitúa en un ámbito de inquietud, un áspero mundo, hecho de desajustes y  pérdidas, pero también abierto a la esperanza, a los pasos que buscan el sol de la mañana. Esta epifanía poética está influida por dos lecturas tempranas, Segunda Antología, de Juan Ramón Jiménez, y Poesía española contemporánea, muestra seleccionada por Gerardo Diego que matiza temas y perfecciona el tratamiento formal. Sin embargo, hay composiciones que cogen el testigo de la poesía social – Blas de Otero, Gabriel Celaya, Eugenio de Nora, José Hierro…- y hacen suyas las preocupaciones del hombre de la calle, los laberintos de la existencia individual en una geografía histórica. Esa ética solidaria es una constante en Sin esperanza, con convencimiento; sus versos no ignoran los desajustes de la realidad. Ahora aparece un recurso muy utilizado por el autor, la ironía, cuyo aprendizaje se atribuye al libro de José Agustín Goytisolo Salmos al viento. El reiterado empleo de la ironía supera la idea de mero procedimiento expresivo, se convierte en parte de lo expresado: la realidad es contradictoria e irónica en sí misma. En Grado elemental el sustrato ideológico se define, de forma explícita, a través de un sujeto textual que expone preocupaciones e intereses en una época que exige una mirada crítica. Los poemas inciden en el cuestionamiento de las estructuras sociales a partir de una aproximación racionalista. Ese factor didáctico se muestra con un tono paródico, en el que abundan las alusiones intertextuales. Todavía en 1965, tras publicar Grado elemental, consigna: “Al margen de las discusiones y de la polémica, yo sigo teniendo fe en esa poesía crítica que sitúa al hombre en el contexto de los problemas de su tiempo y que representa una toma de posiciones respecto a estos problemas. Más que posible, esa poesía me parece inevitable”. También el intimismo se preserva y es semilla germinativa de las composiciones de Palabra sobre palabra. Como herramienta del yo, la palabra posibilita conocimiento y comprensión y delimita el entorno; pero esa función básica enaltece su semántica en el poema porque relaciona elementos y proporciona claves. El poeta empleará el título en 1968, en Seix-Barral, cuando aglutina en un solo volumen el corpus lírico editado. En él son palpables la continuidad y unidad interna de una poesía que restablece simetrías entre contenido y expresión
   Poco antes de su  asentamiento en Estados Unidos comienza una segunda etapa lírica en la que se intensifican, como señaló Emilio Alarcos Llorach, los rasgos irónicos, el aparente prosaísmo y una progresiva objetivación del yo que toma distancia y vela el testimonialismo biográfico. La entrega que marca este giro es Tratado de urbanismo, que amanece en 1967 y se reedita en El Bardo, la colección dirigida por José Batlló, en 1976. Esta segunda edición aporta un breve liminar firmado por Martin Vilumara, que resalta la continuidad de algunos recursos de escritura: el afán comunicativo, el enfoque irónico y la pupila escéptica ante una realidad contradictoria.
  Sólo siete poemas forman el libro Breves acotaciones para una biografía, libro editado en Las Palmas, en 1969. La mínima selección diversifica sus argumentos; se reflexiona sobre el hecho de escribir: “Escribir un poema se parece a un orgasmo: / mancha la tinta tanto como el semen, / empreña también más, en ocasiones “; y regresa lo vivencial, siempre con un toque irónico. Son rasgos que permanecen en Procedimientos narrativos, con una clara deriva hacia el juego conceptual. Se rechaza al poeta ensimismado en su interior para volcarse en un ámbito más general, hecho de imágenes hilarantes, en cuya expresión se preserva el sentido crítico.
 Las nuevas obras coinciden con su estancia en Nuevo México, donde desarrolla una intensa experiencia docente. Como es sabido, la eclosión del venecianismo, tras  la aparición  de la antología Nueve novísimos poetas españoles, promulga la relevancia del hecho estético frente a la actitud moral, vigente en los modelos del realismo social. Esta opción no afecta al posicionamiento lírico de Ángel González, quien publica en 1977 Muestra corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan. No pasa inadvertida la intencionalidad paródica del enunciado ni la presencia de textos confrontados con el ideario dominante. Como confirma “Oda a los nuevos bardos”, existe una expresa distancia crítica; no comparte el abandono de preocupaciones éticas ni el difuso compromiso con el marco contextual.
  En Prosemas o menos el desvanecimiento del presente y la temporalidad son los detonantes poéticos iniciales. Sobrevuela la certeza de que somos efímera materia que se va consumiendo en la renovada cadencia de los días. El libro aporta además un nuevo escenario, Albuquerque, ciudad donde el yo poemático es testigo del ciclo estacional. Forma el epílogo una muestra de textos en la que es común la referencia bíblica, una excusa cultural despojada de sentido religioso. Y el cierre vuelve los ojos a lo metaliterario, con generoso homenaje a los magisterios de Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén y Blas de Otero. 
 El último tramo de su escritura es el más elegíaco. Se define por una aguda conciencia del tiempo, cuyos efectos configuran una visión moral hecha desde la meditación serena. En él se integran Deixis en fantasma, Otoños y otras luces y el libro póstumo Nada grave.
  Los poemas de Otoño y otras luces componen una lúcida aceptación del destino; modulan un recorrido vital que desemboca en el curso bajo de la senectud; hay, por tanto, un tono crepuscular que preludia la despedida. En esa moratoria la evocación de presencias (hay una sentida glosa al compañero de generación Claudio Rodríguez) y lugares se convierte en palabra salvadora; los versos mantienen el resplandor, empeñados en oír los latidos naturales del pasado.
   Antes de la salida en Visor, se adelantan poemas de Nada grave en la revista Litoral que en 2002 dedica un monográfico al ovetense, coordinado por Susana Rivera. Nihilista y desesperanzado, Nada grave es un libro de cierre, editado en mayo de 2008, unos meses después del fallecimiento del poeta. Sus veintiocho composiciones comparten un idéntico enfoque: la muerte es una realidad omnisciente, ominosa, sombría; un túnel angosto que nos lleva a la nada. Atrás quedan recuerdos y cicatrices vitales y el estar fugaz de todo lo que amamos. Todos los textos reiteran la profunda crisis del protagonista textual. La arquitectura formal es severa, se extrema la precisión y se anulan otros recursos como la ironía, mientras que se usa con frecuencia la paradoja para dar el perfil del yo frente a sí mismo en la última hora.
  Cuando tomo la obra de Ángel González para la relectura no percibo una trayectoria cerrada sino una presencia activa que muestra afinidades con muchos poetas contemporáneos sobre los que el asturiano ejerce un magisterio continuo. Ángel González perdura. Sigue abierto un taller literario que deja en el tiempo sus procedimientos habituales: depuración expresiva, sentido del ritmo y cuidado formal, vocación autobiográfica e implicación directa en el diálogo con el lector. Sus poemas no son textos contingentes sino escritos vivios que recuperan la dimensión literaria de una voz que nunca duerme.      

     

miércoles, 9 de septiembre de 2015

LUIS FELIPE COMENDADOR. CORRE LA VOZ

Corre la voz
Luis Felipe Comendador
El Brut de los corazones solidarios
Béjar, 2015

CON ÁNIMO DE ENTENDER

   El desaliño temporal es así. Silencio o compañía. Silencio para hablar con el yo desdoblado que alquila habitaciones de una identidad mudable y frágil, con aire de familia. Compañía, para comentar con otras voces el ruido tormentoso de lo transitorio; para soportar la menudencia prescindible y hacer de las palabras colectivas el claro discurso de una sensibilidad solidaria, que sepa correr la voz.
  En el transcurrir creativo de Luis Felipe Comendador (Béjar, 1959) se percibe una pautada evolución y un cambio de registro en la expresión del sujeto verbal. Desde el tono experimental de su carta de presentación camina hacia una poesía social en la que no faltan el sarcasmo y la ironía como estrategias de cercanía, y desde la mirada social va desembocando en una poesía meditativa, con vetas elegíacas y existenciales. 
   Aunque en todos los tramos escriturales hay constantes que identifican la voz personal del bejarano: la mezcla de un lenguaje transparente aliñado con amplios referentes culturales de la biblioteca o de otras manifestaciones artísticas como el cine, y las afinidades entre el hablante lírico y el sujeto biográfico, como si el desdoblamiento en un alter ego hiciese más fácil el rol comunicativo o asumiera los pasos de un pensamiento indagatorio, dispuesto a recorrer los pasillos interiores de la casa propia con el aceitoso candil de la razón.
 En la primavera de 2015 llega a las librerías el poemario Corre la voz, una edición con fines solidarios que se integra en el catálogo de El Brut de los corazones solidarios y  lleva en la cubierta una imagen hiperrealista del propio autor. El libro compila poemas que tienen como suelo la soledad. Un hablante cercano transforma en voz las conexiones con el entorno. La mirada percibe un color crepuscular en ese encuentro con el azar diario. Los versos ascienden por una ladera en cuesta, en la que es preciso hacer de los sentidos interlocutores dispuestos a cosechar la siembra de indicios esenciales, aquellos que aportan al caminar un paso estable: “¡Corre la voz!, / que todo se convoca para serte, / para hacerte –no mejor ni peor, -  / para hacerte…/ que el cielo se constela y atardece / que hay brisa para todos…/ y oxígeno…/  y colores…”.
  De esa piel heterogénea proviene acaso un hilo de esperanza, la razón de ser de un tiempo con finales abiertos. Los ventanales del ahora depositan a diario las formas y colores de lo externo. Una geografía dispar que invita a la evocación y el recuerdo, que en su mudez propicia una lectura simbólica y deja discurrir el pensamiento para que descifre los mensajes en clave de un mundo estrecho, propicio a la erosión y al desencanto. Las palabras nacen con ánimo de entender; cada verso es un intento de encontrar sentido y muestra el afanoso vitalismo de escritores como Nicanor Parra, de quien se recupera una poética que anima y justifica: Todo lo que no se dice es poesía / todo lo que se escribe es prosa / Todo lo que se mueve es poesía / Lo que no cambia de lugar es prosa.” Desde esta invitación arranca Corre la voz, un manojo de poemas catalizadores, una reacción en proceso contra el vacío abrupto del presente.

viernes, 4 de septiembre de 2015

CHUPITO EN BÉJAR POR ROLAND BARTHES

Luis Felipe Comendador

CHUPITO EN BÉJAR POR ROLAND BARTHES

   Hay sabidurías que convierten la crítica literaria en un aula magna, amueblado con el roble de la solemnidad. Roland Barthés, por ejemplo, Y hay poetas que recorren sus páginas como si escucharan un trueno lejano, que dicta el socorrido comentario vecinal: "Parece que va a llover...". Como Luis Felipe Comendador, también por ejemplo. No conozco a nadie más inmunizado frente a las biblias de la erudición que él suele convertir en el grado cero de lo prescindible. Y sin embargo, el escritor vive entre libros, respira tinta de nuevos proyectos y pronto cumplirá treinta años de íntimo trato y convivencia estable con la literatura.
  Así que mañana en Béjar para celebrar el centenario, más o menos, nos tomaremos juntos ese obligado chupito por Roland Barthes.  Y todo lo demás, literatura.