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martes, 14 de octubre de 2025

PEPI BOBIS REINOSO: ÚLTIMA POESÍA

Pepi Bobis Reinoso
(Ciudad Real, 1952)
Poeta y actriz

PEPI BOBIS REINOSO: ÜLTIMA POESÍA

 
Ventanas
Pepi Bobis Reinoso
Ediciones en Huida
Colección Extravaganza / Poesía
Sevilla, 2024
 
Brooklyn
Pepi Bobis Reinoso
Edición privada no venal
Sevilla, 2025
 
 
   Manchega de nacimiento, pero sevillana desde hace muchos años, Pepi Bobis Reinoso (Ciudad Real, 1952) alumbra una vocación poética cuyo paso inicial es el libro El jardín de los instantes (2017). Poco a poco, coge ritmo un discurrir pautado, donde ven la luz las entregas: Nido de mirlos (2019), Bajo el árbol prohibido (2021), Ventanas (2024) y Brooklyn (2025). Todos los títulos alumbran un protagonista lírico poético cercano y comunicativo, dispuesto a mostrar las contingencias de lo confesional, desde un lenguaje limpio y sin laberintos herméticos. Las palabras observan la realidad, no esconden sus incertidumbres, sospechan que lo cotidiano es un entorno abierto en el que se cobijan los fantasmas ateridos del tiempo, junto a simples ficciones verosímiles.
  En los poemas de Ventanas las palabras se asomaban al tránsito existencial buscando claridad vital, esa oquedad estremecida que conforma la esencia de los días. El tiempo se nutre de sueños apagados y decepciones, de un gusto amargo que se posa en el paladar y del empeño inacabable de encontrar una razón para vivir, más allá de erosiones y pérdidas: “Acaso pueda entender / por qué rebosa un balde / con solo mirar desde el borde / brutal de la esperanza”.
   Los poemas sedimentan una clara sensación de orfandad, la certeza de que lo humano tiene un epitelio de fragilidad vulnerable. Cada pisada abre un camino transitorio y oscuro que nunca anticipa el anden hospitalario en el que abrir casa donde poder descansar. El territorio existencial “es una ventana / abierta a la incertidumbre / una pupila dilatada, / una frente herida / un pasillo de oscuridades”. Toca respirar hondo y borrar los contornos del ser enajenado; aprender serenidad y buscar en la transparencia del cristal hilos de esperanza. Aunque la aguja de la brújula nunca señale el norte, hay que ser Ícaro y preservar intacto el sueño de volar.
   Brookyn recuerda en su cubierta la emblemática silueta del puente, uno de los elementos icónicos más celebrados de la ciudad de Nueva York, que ha servido de excusa argumental y escenario a numerosos poetas españoles. A ellos se suma Pepi Bobis Reinoso en su empeño lírico de “hacerse a la mar sin conocer las corrientes y el barro de fondo”, ignorando el riesgo y dando fuerza al afán por descubrir. Con la esperanza de abrir los ojos y mirar más lejos. El poema en prosa se convierte en molde expresivo de una palabra meditativa que acoge en su interior emotivas sensaciones del entorno. La escritora alumbra una variopinta fauna plena de simbolismo: mariposas, murciélagos, águilas conforman los trazos de un paisaje onírico en el que el hablante verbal contrasta el patrimonio sensorial del entorno. Los sueños salvan del tedio de esos días imprecisos en los que se evidencia la cercana presencia del vacío, “una deflagración de interiores que opaca cualquier tormenta”. El yo se contempla a sí mismo envuelto en una oscuridad indefinida que confunde contornos y transforma los sueños en grises esqueletos.
   La trama, en ocasiones, sugiere el decir despojado de un diario íntimo que intenta guardar el ligero temblor de los días. Recuerda en su estructura el mirar ensimismado del poeta que busca en las palabras su propia identidad. Sin ruido, con el paso sosegado de quien espera el alba. Alguien que sabe que la fuerza semántica de Brooklyn es a la vez libro y puente, cerradura y ventana. Ciudad interior. Una conciencia subjetiva y concreta, que se asoma al tiempo para marcar sus pasos. Geografía que confunde la realidad posible y las nubes de paso de los sueños.


José Luis Morante



 
 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

PEPI BOBIS REINOSO. BAJO EL ÁRBOL PROHIBIDO

Bajo el árbol prohibido
Pepi Bobis Reinoso
Epílogo de Carmen Ramos
Ediciones en Huida
Colección Extravaganza-Poesía
Sevilla, 2021

 

CERTIDUMBRES DEL TIEMPO
 

 
   Bajo el árbol prohibido supone la tercera publicación poética de Pepi Bobis Reinoso (Ciudad Real, 1952) quien, anteriormente, había colaborado en algunas antologías colectivas y había firmado las entregas El jardín de los instantes y (2017) y Nido de mirlos (2019). Al indagar en el ideario estético de la escritora afincada en Sevilla se percibe de inmediato que sus composiciones cumplen la nítida premisa de la transparencia y sugieren una cercana posibilidad de diálogo con el interlocutor verbal. El otro es tímpano dispuesto a compartir la textura emotiva de la existencia.
   La nueva amanecida  sale al día con dos citas contundentes: la de Julio Cortázar  difunde una semántica asociada a la voluntad de indagación que conlleva cualquier quehacer literario: “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo / que andábamos para encontrarnos”: Y de la de Juan Ramón Jiménez es un remanso asentado en el canon literario contemporáneo: “¡No le toques ya más, que así es la rosa! Además integra, tras las efusivas dedicatorias, un breve introito autorial que clarifica en su trasvase la naturaleza de estas composiciones. “No hay, realmente, un hilo conductor que defina el tránsito de mis palabras, pero yo diría que es tan rojo como la sangre que me ocupa, tan fiel a mí, que no tendría con qué pagar tanta serenidad aprendida”.
   La lírica de Bajo el árbol prohibido está signada por la inquietud de lo vivencial. Alza un cuajado inventario de sensaciones que hacen del pensamiento un refugio interior. Aluden con voz reiterativa a las incertidumbres paradójicas que conforman los gastados estratos de lo cotidiano, siempre marcados por la huella transitoria del tiempo. Las cosas de la vida y la orfandad de quien respira el sosiego manso de lo transitorio nos exigen hacer del camino hacia el otro una emoción solar: “Mientras se alejaba el invierno / y siempre de la mano / echamos raíces en un jardín / donde cada primavera / huele a nosotros”. En ese rumor de tiempo que no cesa se van acumulando sensaciones de plenitud y belleza, de paciente reconstrucción de lo perdido, aquello que permanece en los recodos de la memoria para habitar la soledad. La evocación se convierte en surco generoso que preserva el aliento del pasado: “ Somos / la piel de un tambor / arrasada por las huellas / de una lluvia pertinaz / pasajeros inconscientes / en un tren de regreso / al origen de la vida”. A veces ese rumor adquiere el contorno humilde de la queja, de una cierta presencia de la resignación: “Somos supervivientes de una zozobra endémica”, enuncia el aserto que aglutina los poemas del segundo apartado. En él la conciencia del yo ensimismado difunde preguntas como hilos de humo que se pierden en el silencio, dejando el tacto gris de la memoria.
   La percepción de la esperanza presenta rostros de paisajes nuevos que zarandean los sentidos. Crean una cadencia amable, como si el trayecto biográfico interpretara un ciclo renacido que invita a volver a empezar. Los versos adquieren un ritmo intimista en el que se va gestado el proyecto común de la convivencia y su vaivén pendular. Al cabo, como concluye el poema “Observatorio”, con solemnidad aforística: “Muerte y vida confluyen para regresar”.
   El estar del yo percibe el necesario pago del peaje que espera en el crepúsculo, como si la disolución de la propia identidad dejara solo un callado hueco mientras los elementos germinales de la naturaleza vuelven a su sitio, convierten en hábito su quietud aparente. La poesía de Pepi Bobis Reinoso se sitúa frente al silencio para dibujar un trayecto cumplido de arcilla moldeable con los sentimientos. Existir es sentir, saber que bajo el árbol de la incertidumbre, los sentidos disponen de una estremecida percepción del tiempo. Asentar dentro del corazón esas imágenes que van acumulando en sus bordes amarillentos el dolor y la pérdida, la quietud del recuerdo y las caligrafías de la esperanza; el semblante de soledad de quien, ensimismamiento, ignora las respuestas ante un tiempo contradictorio y frágil, proclive a la tormenta.

JOSÉ LUIS MORANTE