miércoles, 12 de enero de 2011

Xavi Hernández

Los televisores repiten las imágenes del jugador argentino Leo Messi recibiendo el balón de oro. El trofeo certifica que es el mejor jugador del mundo en 2010. Lo agradece con torpeza, con un vocabulario titubeante que afirma con claridad que prefiere expresarse con los pies y a ser posible en el área pequeña; después posa con timidez para la enésima instantánea de portada.
Comparto la justicia de la concesión, pero hubiese preferido que el reconocimiento fuera para Xavi Hernández. Tiene una personalidad proclive a la mitología.
El físico de Xavi es humilde, carece de solidez muscular, tiene una estatura mediana y no se deslumbra por ninguna cualidad sobresaliente; es un compendio de cualidades medias, salvo en la excepción: su inteligencia es la del superdotado.
Hace algunos meses, el novelista extremeño Eugenio Fuentes, creador del detective privado Ricardo Cupido, homenajeaba al tour en su novela Contrarreloj. En ella los protagonistas principales eran corredores del pelotón, gregarios empeñados en cruzar la meta tarde porque su máxima fijación es pedalear contra si mismos.
La edad de Xavi impide (es más que una hipótesis razonable) que en el futuro vuelva a optar al premio porque lo sucedido este año sobre el césped es irrepetible y los candidatos serán Cristiano Ronaldo y Messi (de nuevo); pero el papel de Xavi es patrimonio de todos. Como Raúl, otro personaje para la historia doméstica de los aficionados, merece convertirse en un personaje literario. Se busca escritor; el argumento espera. 

martes, 11 de enero de 2011

Aforismos



Las falsas verdades dejan ruinas que se veneran largo tiempo.

Alza construcciones con andamios de humo.

Las ideas de saldo necesitan un lenguaje primario, como esos productos que se adquieren en los minoristas chinos

La edad permite ser testigo del itinerario del deseo: arte, memoria y estado carencial.

El cinismo transforma la sonrisa en una inscripcion ilegible.

El insomnio acumula ruidos con cautelosa paciencia.

Los recuerdos describen caracterizaciones imaginarias disfrazadas de entidades concretas.

Los actos mezquinos necesitan coartadas grandilocuentes.

sábado, 8 de enero de 2011

J. M. COETZEE: UNA ESCRITURA PARA EL DESASOSIEGO

  Cuando se conoce la literatura de John Maxwell Coetzee (Ciudad del Cabo,1940),  la aproximación a  entregas posteriores sugiere inquietud por la certeza de que en esta narrativa no hay pausas ni tiempos muertos; cada propuesta ficcional convierte al lector en un ser desasosegado.
  Los libros de Coetzee son parábolas sobre el comportamiento, subrayados oscuros que destacan, con abundantes matices, que en el hombre  se refugian actitudes ejemplares, pero también las aristas más herrumbrosas de lo sórdido.






UN DISCÍPULO DE MONTAIGNE

Verano
J. M. Coetzee
Mondadori, Barcelona 2010

   Cuando Miguel de  Montaigne prologaba sus ensayos incluyó una advertencia previa para constatar una objetividad limitada: “yo mismo lector, soy la materia de mi libro”. De igual modo, en la novela Verano – tercera entrega sobre el yo existencial- J. M. Coetzee recurre como fuente a unas anotaciones redactadas entre 1972 y 1975, enriquecidas décadas más tarde con epígrafes en cursiva que habrían de desarrollarse cuando emprendiera la tarea de completar la narración de sus días. Para convertir al sujeto en objetivo único inventa a un supuesto biógrafo inglés que emplea como base de su investigación los cuadernos trascritos y los testimonios orales de testigos y vecinos.
   Es sabido que en los años setenta en Sudáfrica el represivo régimen del apardheit  estaba en pleno apogeo y el gobierno del país estaba controlado por una minoría blanca que aplicaba leyes estrictas a la ciudadanía negra, mientras Nelson Mandela estaba confinado en la isla de Robben, y en los centros penitenciarios los activistas eran tratados como terroristas. Faltaba mucho tiempo para abolir la segregación racial.
   En esa década, el yo desdoblado del escritor era un solitario huraño, sin concesiones hacia la vida pública, que usa sandalias y gafas, trabaja como profesor a tiempo parcial y tiene un aspecto muy poco atractivo. Vive con su padre en la  urbanización Tokai de Ciudad del Cabo, en una casa muy tosca que perteneció a un agricultor y precisa continuas reparaciones y nuevos materiales de construcción. Los años han convertido al padre, ya en la senectud y con notables carencias físicas, en un escéptico; el contexto no le interesa y no emite juicios ni refrenda opiniones ajenas sobre las consecuencias de la segregación en el acontecer cotidiano porque ha perdido la curiosidad y se limita a estar. El hijo, por su parte, apenas comparte tareas con el vecindario; no obstante agota una relación sentimental con Julia que proporciona valiosos datos en un largo cuestionario para entender la personalidad del autor. Tambien la prima Margot cobra una dimensión estelar en el nucleo humano mas próximo.
Si la mayoría de las autobiografías optan por la linealidad cronológica y por el enfoque directo de la primera persona, Verano resulta muy novedosa en su estructura. Es un viaje introspectivo a distancia, donde se moldea a si mismo como creación verbal. No enfatiza su estatura, pocas veces enaltece su carácter; más bien aparece como un sujeto menor que nada hace  por disimular carencias, y de quien resulta difícil sospechar el posterior trayecto literario y la repercusión de su trabajo intelectual.
    El pasado sirve  para dar forma a las circunstancias del presente. Pero sobre todo vislumbramos un retrato doméstico, una sensibilidad vuelta sobre sí misma que hace suyas, como  buen discípulo, las enseñanzas del  moralista Montaigne: “Quiero que me vean en mi manera de ser, simple, natural y común, sin estudio ni artificio”.

                                                                      

miércoles, 5 de enero de 2011

VÍSPERA DE REYES MAGOS

Miro atrás con nostalgia, buscando aquel tiempo de mentiras que debieron ser ciertas. En la niñez se busca asombro y no sentido lógico en las cosas; por tanto los Reyes Magos no son los padres sino la generosidad que confirmaba que portarse bien tenía premio. Entonces los mapas de la realidad tenían provincias de colores y yo no sabía que  El Principito definía a los adultos como tipos extraños que ven sombreros donde hay boas que se han comido un elefante.
Después dejé la infancia en medio de ninguna parte y escribí este poema:

                        6 de enero

                        Algo me dice que en los ojos de un niño,
                        poniendo entre las sombras sus zapatos
                        y unos vasos de agua
                        para apagar la sed de esperados viajeros,
                        está toda mi vida.

                        Han pasado los años
                       y no sé de renuncias ni de claudicaciones:
                       jamás me fue posible vivir en otra casa
                      que no fuera tu sueño.

                                                          (De Población activa, 1994)


                                           





      

lunes, 3 de enero de 2011

JULIO MARISCAL

   Entre las variables del olvido está la falta de lectores; es la estrategia más efectiva para borrar el rastro de un escritor y afecta a muchas obras hoy convertidas en arqueología.  El virus contamina a individuos aislados y a promociones enteras. Por ejemplo, la generación del 50 sigue firme desde un núcleo central, La Escuela de Barcelona, con varias identidades complementarias, Ángel González, José Manuel Caballero Bonald, Francisco Brines y José Ángel Valente, pero ha dejado en semipenumbra a itinerarios que sólo emergen en los rastreos de investigadores universitarios, en la copia autorizada de la epigonía y en el recuerdo firme de algún lector entusiasta.
   Uno de los cincuenta poetas del 50 fue el arcense Julio Mariscal Montes, ya casi una sombra sólo mitificada por los cualificados lectores y paisanos: Pedro Sevilla y José Manuel Sánchez Ribas. Pedro Sevilla caligrafió un emotivo homenaje al maestro que a mí siempre me transporta a mis días laborables en Arcos de la Frontera, cuando vivía bajo una peña de geografía provisional. Con José Manuel Sánchez Ribas he pasado una tarde de tertulia, lúcida, incisiva y crítica con un presente que construye su discurrir con procedimientos de reciclaje.
   Tras un largo paseo entre la niebla, vuelvo a casa. Anoto en el cuaderno de "asuntos pendientes": volver a los poemas de Julio Mariscal. 

domingo, 2 de enero de 2011

GESTOS


   Los gestos personales emiten palabras nítidas y claras, comunican pensamientos. Lo capta muy bien esta fotografía de José Javier González tomada en 2009, en una terraza madrileña próxima al Museo Reina Sofía. Mis manos hablaban de los aforismos de Mejores días. Aquella cálida mañana estrenaba libro; había amanecido en una colección extremeña, De la Luna libros, gracias al empeño de Marino González Montero.
Unos cuantos amigos brindaban conmigo mientras la ciudad acumulaba ruidos con cautelosa paciencia.

sábado, 1 de enero de 2011

EL IDEARIO DE JOSÉ SARAMAGO

Comienza a caminar el nuevo año y madrugo para llevar a mi hija Irene hasta el aeropuerto. En las calles de Rivas, todavía sin sol, algunos noctámbulos vestidos de fiesta esperan la llegada del autobús. El trayecto por la autopista es muy rápido, la despedida breve, y no tardo en acomodarme frente al ordenador. Pero ni siquiera el café espolea la página en blanco del cerebro.
Sobre la mesa los títulos que leo o he leído: Verano, el libro semibiográfico de J. M. Coetzee, dos o tres revistas, y la extensa indagación sobre el pensamiento de José Saramago.



  1. José Saramago en sus palabras
    Edición y selección de Fernando Gómez Aguilera
    Alfaguara, Madrid, 2010

       Para quienes tuvimos la fortuna de asistir al homenaje celebrado en Rivas-Vaciamadrid, el l8 de octubre de 2010, el volumen José Saramago en sus palabras no es sino el justificado pretexto central de aquella convocatoria que por su desarrollo permanecerá mucho tiempo en el recuerdo.
       La edición de Fernando Gómez Aguilera es una amplia muestra de pensamientos personales y literarios entresacada del itinerario creador del portugués y del material perecedero de los medios de comunicación. La multiplicidad de juicios permite esbozar con nitidez el perfil intelectual de una conciencia comprometida con el tiempo histórico que le tocó vivir. Es un legado que conexiona con los ejes vertebradores de la realidad social del yo; no estamos aislados, todos formamos parte de un universo global e interactivo.
       Pocos datos del escritor resultan desconocidos: el origen humilde y campesino en una de las comarcas más pobres de Portugal; la formación primaria y la temprana incorporación a un oficio manual, antes de trabajar primero como traductor y después como redactor y la tardía eclosión de un escritor que sólo en la madurez entrega sus mejores obras y consigue el reconocimiento mundial.
       Pero la literatura es también el trayecto del ciudadano, los encuentros con asuntos comunes. Con todos ellos establece un sutil diálogo. En la cartografía personal hallamos tres nombres geográficos: Azinhaga es el pueblo natal, la tradición del Alentejo y el sustrato rural de los antepasados; Portugal es el país, la lengua y la cultura, también la controvertida relación con la clase política conservadora y con la hostilidad de la iglesia; Lanzarote es el lugar de acogida, la casa hospitalaria en la que vivió con Pilar del Río, el gran amor de su vida y la eficiente colaboradora que veló por los intereses del autor. Sobre la militancia comunista y el rigor crítico se asienta buena parte de su status social. El escritor se posiciona con los humildes y los desfavorecidos porque piensa que “Auschwitz no está cerrado, está abierto y sus chimeneas siguen soltando el humo del crimen que cada día se perpetra contra la humanidad más débil”; el escritor no quiere ser cómplice desde el silencio. Un capítulo singular nos deparan sus convicciones iberistas. Para Saramago la geografía peninsular desde la historia le parece desgajada del resto de Europa, hoy convertida en un territorio especulativo del liberalismo económico. España y Portugal deben orientarse, por tanto, a recuperar lazos con los países de ultramar y a velar por un entendimiento en todos los órdenes con la realidad iberoamericana.
       Los propósitos estéticos de cada entrega ayudan a conocer detonantes argumentales o a ser testigos de la génesis de protagonistas que establecen con el escritor una relación viva y sostenida, en especial sus identidades femeninas, singulares y pujantes.
       José Saramago en sus palabras como libro de cierre es un recapitulatorio que permite formular una ética . Confirma el ideario de una voz que habló siempre alto y claro para condenar la apatía y la inacción de los que no saben que el futuro comienza a construirse en el ahora.