domingo, 14 de abril de 2013

HAIKU REPUBLICANO.


HAIKU REPUBLICANO
 

            ( La austeridad severa de Antonio Machado,
sin palacios ni tronos infectados de moscas;
el verbo a campo abierto
de Miguel Hernández;
el desasosiego existencial
de Luis Cernuda;
el triste ceño de Juan Ramón Jiménez,
que apura soledad
esperando la mano de Zenobia,
habrían celebrado el día de hoy…

Yo,  también)

 
La misma luna
y el azul de sus días.
Tiempo posible.

     (inédito, 14 de abril, 2013)

viernes, 12 de abril de 2013

ARTE POÉTICA.

Plaza Mayor de Madrid, marzo 2013
Contra viento y marea

El poema, contra todo pronóstico,
burló el feroz asedio de la noche.
Perdió en la fuga varias metonimias,
una excelsa metáfora,
fragmentos de una elipsis
y dos comparaciones ajadas por el uso.
Pero salvó sin mácula el misterio,
el latido tonal de la emoción
y un argumento breve, necesario,
para no aparecer como un asunto
nebuloso y hermético.
Después se tendió al sol de la mañana
y tomó nuevas fuerzas para el viaje
campo a través de la caligrafía.
Del futuro destino hallamos rastros
en cierta librería anticuaria,
o en los ojos de un joven que sospecha
que acaso pueda repetir la huida.
 
   (De Causas y efectos, Sevilla, 1997)

miércoles, 10 de abril de 2013

EL PUBIS DE LAS PELIRROJAS.

 

El pubis de las pelirrojas
 
   Con sustantiva alegría, Rodrigo concluyó el relato en el que había consumido su última semana. Buscó un título de impacto; apuntó: "El pubis de las pelirrojas". Lo guardó en el cajón y se impuso demorar la relectura otra semana. Satisfecho, esbozó una cubierta de encendido color: un pubis triangular, pajizo intenso.
   La gravitación solar del dibujo monopolizó la mirada de Celia, mientras reordenada la mesa. También los folios en el cajón entreabierto. Imaginó algún paraje oscuro y catastrófico en su relación sentimental. El tiempo se ralentizó. Sintió la duda y el desánimo y una inquietud punzante que desaconsejó adentrarse en aquella confesión. Dedicó la jornada a recordar el rostro de conocidas pelirrojas. No encontró a nadie. Poco a poco llegó al dormitorio y bajó una maleta. Pensó llevarse algunas pertenencias. No lucharía por nada. Todo lo que tenía ya no estaba.
   A media tarde regresó Rodrigo. Extrañó la soledad y el silencio y habitó de inmediato la buhardilla para concluir la redacción definitiva de su cuento. Quiso añadir la imagen. Se había tachado el título  y, con letra deforme, alguien rotuló sobre el dibujo: "La estupidez y tú. (valga la redundancia)".   
 

lunes, 8 de abril de 2013

EL VIGILANTE.


El vigilante

   Llega cuando el silencio
reclama minuciosas precauciones:
el manojo de llaves, un revólver sombrío
y el teléfono móvil.
Acampa en galerías marginales
bajo una luz frugal.
Es el raro exorcismo
que amortigua los miedos.
A flote en la vigilia
su fortaleza impone un lugar propio.
Alta seguridad, cerco blindado,
acceso restringido
a cámaras secretas
que clausuran los sueños.
Nada escapa al rigor de su pupila;
pero nadie tan solo.

( De Un país lejano, DVD ediciones, Barcelona, 1998)

sábado, 6 de abril de 2013

NUBES. (HAIKUS)

Nubes, José Luis Morante
Diseño de cubierta Carmen Peralto
Corona del Sur Ediciones
Málaga, 2013 


Brillan hogueras
en el aire nocturno.
Fulgor de plata.

 
Atardecer.
Impacientes suburbios,
y despedidas.
 

Manso rompiente.
Las palabras del agua
velan silencio.
 

Noche. Planicie.
Tan igual a sí misma
como el desierto.
 

El miedo ignora
los caminos del agua.
El viento, brújula.

miércoles, 3 de abril de 2013

DANIEL RODRÍGUEZ MOYA. GESTOS.

Las cosas que se dicen en voz baja
Daniel Rodríguez Moya
Visor, Madrid, 2013
XXXIX Premio Ciudad de Burgos 

   Lo que hace singular a un libro como Las cosas que se dicen en voz baja es su capacidad para generar interrogantes y expectativas que reflejen las huellas digitales del presente. Su autor, Daniel Rodríguez Moya, nació en Granada en 1976. Su labor creadora se compone de los poemarios Oficina de sujetos perdidos, El nuevo ahora y Cambio de planes, que han propiciado su inclusión en muestras como Poesía ante la incertidumbre. Además ha preparado aproximaciones al mapa lírico nicaragüense y una antología de Ernesto Cardenal.
  El título de su último poemario, reconocido con el Premio de poesía Ciudad de Burgos, es un eco de un conocido verso de Ángel González: “Me acostumbré muy pronto a quejarme en voz baja”. Predomina en estas composiciones un tono existencialista que en su inicio está ligado al sentido de la palabra poética, a su esfuerzo por dialogar con lo esencial de las cosas que hallan puerto franco donde guarecerse, cuando la confusión pone telarañas sobre el pensamiento.La realidad se muestra fragmentaria, oculta la claridad del sentido y siembra indicios en un desorden manso que difumina el itinerario de la conciencia. La intuición es esencial para captar el murmullo de fondo que encubre los gestos cotidianos.
   Si en el primer tramo, los versos formulan sentimientos e ideas sobre las palabras, en el siguiente apartado, "Apuntes para un retrato generacional”, irrumpe el rumor inquieto de lo social. El yo poético no es un sujeto abstraído frente a las formas vivas de la realidad ambiental; las palabras se adaptan a las circunstancias externas, ya sea el lento declinar del exilio, tras la guerra civil, o la situación dramática de la pobreza que busca en los raíles hacia el norte un camino de esperanza. Los versos,descriptivos y testimoniales, aportan relumbres de esperanza en rincones aparentemente desconectados entre sí.
   Frente a la zona umbría de lo real, llena de óxido y aristas, existe un espacio diáfano y habitable, no contaminado por la fragilidad, en el que sucede el hecho extraordinario de la normalidad –del que tanto escribiera Jorge Guillén-, que depara sensaciones gozosas y propicia versos celebratorios. Abunda esta visión auroral en el último tramo de Las cosas que se dicen en voz baja. Pero, como sucede en apartados anteriores, los hilos temáticos no son uniformes; está el amor, esa felicidad con tacto de lluvia, y está la muerte, en el hombre tendido en la playa, con los labios morados y los ojos sin luz. A veces la celebración se hace homenaje al recrear los años infantiles, una cronología edénica llena de puentes hacia la felicidad, o se torna gratitud hacía el magisterio poético de Claribel Alegría, la gran poeta nicaragüense.
   Eduardo Chirinos, José Emilio Pacheco, Gonzalo Rojas, César Vallejo, Roque Dalton… Casi todo el paratexto del poemario alude a la copiosa tradición lírica transoceánica. En ella encuentra Daniel Rodríguez Moya amistades y magisterios, para hablar en voz baja, con esa calidez sostenida que ensancha la libertad creadora. 

 

martes, 2 de abril de 2013

LIBROS CON ALIENTO DE AJO.

"Ajos", 2012, Hilario Barrero
 
LIBROS CON ALIENTO DE AJO

En el prólogo, un temperamento de conflicto bélico.

Soy cortés; ignoro su aliento de ajo.

Las erratas contagian miradas oblicuas. 

El escritor de diarios imagina un árbol viejo, cuajado de frutos crepusculares.

Su autobiografía imita la rejilla de un confesionario. 
 
Aprendió la teoría en Ovidio: los versos se conducen con mano vibrante.

Ninguna nota a pie de página advierte que es la reflexión ensayística de un fumador activo. Está llena de humo. 

Libros con la cojera de un pupitre de escuela pública.

Angustia; estoy perdido en un poema desapacible.

Lectura con el tono sosegado de una conversación de ascensor.

En la página abierta, el rostro de quien lee.