SESIÓN DE NOCHE
Para Miguel y su chica;
para Ivana y su chico,
en la feliz butaca de los sábados
El argumento es fatuo, maniqueo, creíble.
Es casi madrugada. Una tenue luz rosa
recorta el contraluz de una silueta hermosa.
Ël no sabe qué hacer y hace lo previsible.
Alquilan un desván. En un combate loco
entrechocan los labios como espadas a muerte.
Agotado y feliz sueña que tuvo suerte
porque sobrevivió. Y ese botín no es poco.
El recuerdo atestigua una mujer al lado,
la habitación a oscuras, la difusa escalera,
el portazo después, la indulgente portera
que ahora le llama chulo y depravado
y su voz desmedrada le persigue en la acera.
A salvo. Ve el carmín varado en la camisa
e ignora a qué apostar -si todo a llanto, o risa-
porque ni está el reloj ni la cartera.
Algo triste, murmura que la vida es escuela.
Lo piensa, y mientras fuma en medio de la calle,
la cámara nos deja un plano de detalle,
los achinados ojos de alguien que se consuela
en la esquina más gris de la ironía,
con volutas de humo y escasa convicción.
Duermen en las butacas escombros del guión.
Las cervezas alivian sed y melancolía
porque esta vez la historia no ha terminado bien.
Irrumpe en la pantalla el salvador
The end.
Mapa de ruta, Granada, 2010