domingo, 10 de mayo de 2015

PÁGINA DE SUCESOS

"Laberinto". Fotografía de José Javier González
PÁGINA DE SUCESOS
 
   Esa tarde Teseo rompió el hilo de Ariadna. Con manos sosegadas, deshizo la maleta, apiló libros, puso bajo las sombras una luz amarilla y habitó el laberinto. Ahora cada noche se escucha en su interior un solo de trompeta.

sábado, 9 de mayo de 2015

JAIME GIL DE BIEDMA. LA VIDA EN SERIO

Antología poética
Jaime Gil de Biedma
Prólogo de Javier Alfaya y selección de Shirley Mangini
Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo, 3ª edición
Madrid, 2015
JAIME GIL DE BIEDMA. LA VIDA EN SERIO
 
   Se cumplen veinticinco años de la muerte de Jaime Gil de Biedma ocurrida el día 8 de enero de 1990, tras una grave enfermedad, y cuarenta años del cierre de su edificio poético, clausurado con el libro Poemas póstumos. Es una conmemoración que Alianza Editorial anima en las librerías con la reedición por tercera vez de su antología poética. Se trata de un muestrario clave que propició desde su amanecida en 1981  la formación estética de las hornadas de los años ochenta y noventa. La breve obra del escritor no ha dejado de estar presente en el espacio lírico actual porque continúa ejerciendo un magisterio incansable en la nómina figurativa y en la corriente de la experiencia que desemboca en el cambio de siglo en una senda plural y remozada.
  Javier Alfaya repasa en la introducción el marco biográfico, bien conocido tras las investigaciones de Carme Riera, Pere Rovira y la semblanza, no exenta de sombras, que Miguel Dalmau publicó en 2004; además son aclaratorios los retratos de grupo que hicieron compañeros generacionales como Carlos Barral y José Manuel Caballero Bonald. Asimismo en 1974, Jaime Gil de Biedma publicó Diario de un artista seriamente enfermo (Editorial Lumen), memorias íntimas escritas en 1956, durante una enfermedad, que revelan momentos cruciales de la formación de su contexto generacional.
  Óscar Wilde escribió que un gran poeta es la menos poética de la criatura; pero el acontecer vital del escritor nacido en Barcelona en 1929 deja abundantes indicios de interés. Nacido en el seno de una familia burguesa de ascendencia castellana, con abundante patrimonio, cursa Derecho en la Universidad de Barcelona donde participa en tertulias e iniciativas culturales. Estas actividades serán el germen del grupo poético “La Escuela de Barcelona”, más tarde integrado en la generación del 50.  Con Carlos Barral, Gabriel Ferrater, José Agustín Goytisolo y el crítico Josep María Castellet alienta proyectos literarios y participa en el homenaje de Collioure que reivindica la poesía y el legado ético de Antonio Machado. Su quehacer laboral se centra en la empresa de la Compañía de Tabacos de Filipinas. Mientras desarrolla un afán poético que arranca en 1953 con el cuaderno Según sentencia del tiempo y, ya en 1959, con el libro Compañeros de viaje, obra en la que se perciben las características y temas básicos de su poética: tono conversacional, referencias autobiográficas, marco urbano, continuo enlace entre vida y literatura y un fuerte sentido crítico de la realidad social y política.
   La selección de Shirley Mangini nos deja poemas emblemáticos sobre la amistad con compañeros de viaje que forjaron una ética social muy crítica con el ambiente anquilosado y hostil de la dictadura franquista y que introdujeron en la literatura del momento nuevas preocupaciones poéticas y tradiciones europeas poco habituales en los estudios del momento. Jaime Gil de Biedma traduce  Función de la poesía y función de la crítica de T. S. Eliot, publicada por Biblioteca Breve en 1955, y acerca a las letras hispanas la obra de W. H. Auden y de voces alternativas que contribuyen a forjar un renovado arte poética, un nuevo batir de pasos. En Moralidades la influencia de Blas de Otero y Luis Cernuda afianza el confesionalismo del hablante lírico hasta crear un clima de confidencialidad y cercanía que traspasa emoción. En ese libro están composiciones como “En el nombre de hoy” y  “Barcelona ya no es bona o mi paseo solitario en primavera” en la que aflora con fuerza la conciencia social.
   Las últimas composiciones de esta muestra pertenecen a Poemas póstumos, libro editado en 1978. Son textos con una clara afinidad continuista. En sus versos permanece el personaje poético que tantos rasgos comparte con el yo biográfico, aunque ahora su voz despide un aliento crepuscular, una inquietante sensación de ocaso, como si quien compartiera confidencias fuese consciente de la proximidad de la intemperie. El orden de vivir se torna meditación y sentimiento elegíaco, ya descreído del severo discurso de las ideologías. A este libro pertenece uno de los textos nucleares del poeta: “Contra Jaime Gil de Biedma”; un severo soliloquio frente al yo desdoblado que tiene mucho de ajuste de cuentas personal. La escritura concluye aceptando la propia identidad y las mutaciones que en ella ha causado el discurrir: “Envejecer. Morir / es el único argumento de la obra”
  Reside en el último tramo de su vida en Ultramort (Gerona), alejado de las filas más relevantes de la literatura. Aunque la editorial Seix Barral prepara en 1975 una recopilación de su obra lírica bajo el título Las personas del verbo, que incluía una decena de poemas inéditos. También se agrupan los ensayos escritos entre 1955 y  1979 en El pie de la letra (Editorial Crítica). Poco más muestra su perfil creativo; como lector de la tradición hispana, Jaime Gil de Biedma revaloriza la poesía de Espronceda como fue autor de una antología poética; tradujo también la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood.
   Jaime Gil de Biedma cierra una obra breve pero esencial en la que resalta su aporte versal. Su poesía reconforta porque afecta por igual a las emociones y al pensamiento; la palabra se hace voz necesaria de lo autobiográfico; pero la intimidad concreta está ubicada en su dimensión histórica. El sujeto forma parte del tejido social y lo percibe con sentido crítico, desde un análisis objetivo y profundo.
  La lírica de Jaime Gil de Biedma tiene un valor fundamental. Incluye un puñado de poemas memorables cuya voz perdura viva e inalterable, como si fuese una forma de esencial continuidad en el tiempo, como si sonase, clara y firme, aquella convicción reconfortante que alentó su escritura: “escribir un puñado de buenos poemas es lo único que de verdad importa en la vida”. 
  

viernes, 8 de mayo de 2015

IDENTIDADES


Bachilllerato en Ávila. 1971

IDENTIDADES
 
                                          Álbum de fotos
 
Soy permanente
sucesión de mí mismo.
Tiempo gastado.

jueves, 7 de mayo de 2015

CRISTIAN DAVID LÓPEZ. LA PATRIA DEL HOMBRE

La patria del hombre
Cristian David López
Trabe, Oviedo, 2015

EVOCACIONES
                                      
  El escritor paraguayo Cristian David López (Lambaré, 1987) consiguió con La patria del hombre el Premio Asturias Joven de Narrativa en la conovocatoria de 2014. Era su primera incursión en la prosa, tras la edición de Reflexiones y epifonemas del escritor Rafael Barrett, la amanecida de algunos de sus poemas en textos colectivos y la coedición y traducción de Cantos guaraníes.
   La crítica suele hablar de “novela de aprendizaje” o bildungsroman al etiquetar propuestas narrativas de trazo autobiográfico que tienen como elemento central de la trama el recorrido personal desde la infancia. El punto de vista del relato se hace coincidir con el ideario del ego biográfico que así aparece como privilegiado acumulador de experiencias vitales expuestas en primera persona. En ellas contrasta la fragilidad del ser concreto con un entorno proclive a someter a interminables pruebas. De la superación de obstáculos emana un soporte cognitivo que dota a quien lo tiene de un epitelio fuerte que ayudará a superar otras posteriores.
   La patria del hombre, título que remite de inmediato al conocido verso de Rainer María Rilke, reconstruye un transfondo marcado por la  incertidumbre. El protagonista nace en el seno de una familia muy humilde y desde el comienzo están presentes el dolor y la soledad. El abandono del padre, los malos tratos, la huida, la acogida en La Congregación y el empeño diario del niño en salir al paso de cualquier necesidad son  hilos argumentales que definen un libro escrito desde la memoria. Los cambios vitales amanecen con un azaroso discurrir en el que apenas hay sitio para la reflexión. El estar se convierte en un complejo hilvanado de relaciones provisionales; las respuestas no permiten la pasividad sino el ejercicio de una voluntad activa para encontrar un lugar propio.
  Cada juicio del yo es la constatación de un estar solo que acrecienta el naufragio y va fomentando el proceso de maduración respecto a otros niños y a los adultos cercanos. La voz interna resuena en medio de la sombra para moldear un destino acorde.
   El volumen La patria del hombre se organiza en breves capítulos de clara autonomía. Son secuencias que, como tramos, se van yuxtaponiendo hasta construir un emotivo recorrido: en el andar de paso el cielo azul de la amanecida se va tiznando porque las ausencias esenciales, la madre y el padre, dejan al ser en formación sin los dos vértices más firmes. Esta falta de asideros hace sitio a presencias que así pasan a  construir un nuevo cominitario.
   “Lo bueno de ser niño es que el tiempo siempre te ofrece algo nuevo”, proclama con optimismo el sujeto confidente. Y en esa percepción de un transitar mudable se acumulan contingencias que van llenando el equipaje vivencial. Así fermenta la historia personal y su relación con la adversidad, esa costumbre de vivir a solas en el contraluz. El breve epílogo clarifica la naturaleza ficcional de estos relatos enlazados y da voz a una imaginación repleta de vislumbres lejanos. El constante uso de localismos intensifica con eficacia la sensación de pertenencia a La Congregación, erigida como centro; es una comunidad religiosa paraguaya ubicada en Repatriación (Caaguazú) que, desde su fundación, practica un cristianismo comunal y solidario, que acoge a los que soportan las máscaras de la injusticia. En ese peculiar centro, donde perviven usos y costumbres anclados en un ruralismo que refuerza su atmósfera singular, vivió en su infancia el autor, Cristian David López.
  La novela La patria del hombre con prosa emotiva, donde adquiere gran relevancia el sentimiento, recrea aquella realidad hecha refugio y fuente de conocimiento. Es un ejercicio íntimo y profundo que muda la escritura en gratitud.
   

martes, 5 de mayo de 2015

BAJO LA SOMBRA DEL YO

En Oviedo. Fotografía de Adela Sánchez

HETERÓNOMOS

Dentro de mí conviven, abocados
a una inmensa rutina sedentaria,
el yo que pienso y otro, el que parezco.
Un pacto, que firmaran con los ojos,
les conmina
a respirarse en cierta tolerancia,
y ambos han sido absueltos
de mencionar, siquiera,
cuál fue la última causa
que les diera la vida.
Cada uno tiene ya su enclave exacto:
el yo que pienso
habita, día y noche,
la intimidad de estas cuatro paredes.
Es semejante a un niño que olvidara crecer,
y por lo mismo
nada en el mar de una sabia ignorancia.
(“Acaso sea el invierno…
es razón suficiente para explicar el cosmos “)
Y balbucea. Ríe.
Se pierde en los espejos. Gesticula.
Colecciona recuerdos como si fueran conchas
que ha enterrado el olvido.
 
A veces llora y viste el jersey gris
de la melancolía;
entonces toma un folio,
donde  inicia el galope un sentimiento
y se hace reo de pertinaz tristeza,
hasta que traspapela la mirada
y descubre, cansado,
que afuera cae la lluvia
y mojan su perfil
unas livianas gotas de mi nube.

El que parezco
está en la calle de continuo.
Todos le conocéis
pues con todos comparte ese pan y esta sal
que, bajo el brazo, trae la vida;
las cotidianas dosis
de angustia existencial, trabajo y ruido.
Con él tropiezo,
una tarde cualquiera,
al doblar una esquina,
y tras justificarme torpemente
(“hallé la puerta abierta
y me aburría…”)
me despido gozoso y luego marcho
-el paso lento, sepultadas las manos
en los amplios bolsillos del vaquero-
a ver, sin más, el mundo por mis ojos.
 
   (Rotonda con estatuas, Madrid, 1990)
 

lunes, 4 de mayo de 2015

ROSA HUERTAS. SOMBRAS DE LA PLAZA MAYOR

Sombras de la Plaza Mayor
Rosa Huertas
Edelvives, Colección Alandar
Madrid, 2015
 
ENTRE LOS SOPORTALES

   El espacio urbano de la Plaza Mayor, sitio clave en la sociología diaria de Madrid y elemento central de su capitalidad, sirve de marco narrativo para la novela Sombras de la Plaza Mayor, última cita literaria de Rosa Huertas. La escritora es Licenciada en Filología Hispánica y Periodismo y comparte el ejercicio de la docencia y la escritura, por lo que conoce muy bien los trazos de la etapa juvenil. Así se manifiesta en su extenso trabajo creador;  ha publicado, junto a manuales didácticos destinados a fomentar hábitos lectores en el aula, las entregas Mala Luna, Tuerto, maldito y enamorado, La caja de los tesoros, El Blog de Cyrano, Los héroes son mentira, Theotocópuli. Bajo la sombra del Greco y el libro Sombras de la Plaza Mayor.
   Para el paseante habitual la porticada arquitectura barroca está repleta de tópicos: da vida a un enclave atestado de turistas que buscan la visión más superficial, esa pupila llena de bares abiertos, tiendas de recuerdos, mostradores filatélicos y grupos gregarios que no perciben otros pliegues identitarios. Ésa es la instantánea marcada en los planos turísticos, sin más relevancia que monumentos visibles como “la Casa de la Panadería” o la estatua ecuestre de Felipe III. Pero la autora sondea otra perspectiva, alejada del bullicioso ambiente y del reclamo idílico de las guías de viaje.
  La voz narrativa se hace testigo y protagonista curioso de la madrugada, cuando el silencio forma el telón de fondo y los rasgos diluidos de los edificios acogen un tiempo habitado por personajes sombríos, en el que unen sus lindes pasado y presente. Guiado por uno de los pintores habituales de la plaza, el joven Gonzalo recobra los acontecimientos del ayer, con sus leyendas y su inventario de sucesos dramáticos bajo los arcos de granito. Una realidad muy alejada de la imagen que mira el cielo azul de cada amanecida.
  Como lugar abierto, la plaza difunde salidas a otras paradas de interés que también son refugios de historias reseñables. Así sucede con las dependencias cercanas del instituto de San Isidro, en la calle Toledo; en ese centro educativo se citaron figuras de nuestras letras, como Lope de Vega y nombres propios del siglo XX que forman parte del acervo cultural: los Machado, Francisco Ayala, Vicente Aleixandre o Camilo José Cela. Entre su alumnado, Rosa Huertas elige a la principal figura de Sombras de la Plaza Mayor.
  El relato entremezcla amena erudición y aporte argumental, memoria del pasado e historia personal de un joven ilusionado en el aprendizaje vivencial y en esos sentimientos que afloran tras la adolescencia, incontinentes y profundos. Las mutaciones en el ánimo de Gonzalo no pasan inadvertidas para los amigos de siempre. La historia de Rodrigo, el pintor, y de su compañera de instituto Inés copa cada vez más su interés y convierte al narrador en una voz solitaria y callada, como si su existir se hubiese contagiado de las historias que guarda el mismo instituto de San Isidro, relatadas en uno de los episodios de Benito Pérez Galdós, o en las leyendas cortesanas que eligieron la Plaza Mayor como suelo de representación.
  El mapa creativo de Rosa Huertas se define con señas de identidad muy precisas: dicción selecta para abordar tramas que enriquecen su trazado lineal con asuntos complementarios, personajes de cuidado perfil y apuesta por asentar en el discurso ficcional actitudes solidarias y valores éticos como la amistad, el compromiso o el afán cultural. En Sombras de la Plaza Mayor estos caracteres emergen renovados, próximos y reconocibles. Nos cuentan que entre los soportales de ese lugar diáfano que asombra al visitante se cobija en la noche un mar de sombras, un oscuro rumor de gemido incansable bajo los pies del tiempo. 

domingo, 3 de mayo de 2015

TACTO DE MÚSICA

 
 
TACTO DE MÚSICA
 
                             Ellas, tacto de música
 
Sala vacía.
La soledad del aire.
Tacto de música.