sábado, 7 de enero de 2023

ABRIR LAS ALAS

Ballet
Enciclopedia de la Naturaleza


 

ABRIR LAS ALAS
 
(Aforismos)
 
 
Solo habla consigo cuando hay un intérprete disponible.
 
La impaciencia aconseja hornear semillas.
 
El toldo del tragaluz es un oxímoron.
 
Entre los misterios de la inteligencia, el empeño de ocultarse a diario.
 
Quien no sabe dónde ir  mantiene siempre un inquebrantable compromiso con el traspiés.
 
La humildad cumple con mérito la función de ser nota a pie de página.
 
Rareza: una amistad sin ánimo de lucro.
 
Cuando aletea cerca, el optimismo recuerda la mínima vibración de una libélula.
 
Esas voces que visten a diario papel de lija y ganan altura cuando callan.
 
Acabé identificando su belleza con el vacío; en ella, todo es nada.
 
Es acaparador y avaro; cuando respira guarda el oxígeno y el anhídrido carbónico.
 
Qué triste la lectura volátil, la que no tiene huellas dactilares.
 
 
(José Luis Morante)


 
 
 



viernes, 6 de enero de 2023

DÍA DE REYES

Espera

 

DÍA DE REYES

Algo me dice que en los ojos del niño,
poniendo entre las sombras sus zapatos
y unos vasos de agua
para apagar la sed de esperados viajeros,
esta toda mi vida.

Han pasado los  años
y no sé de renuncias ni de claudicaciones:
jamás me fue posible vivir en otra casa
que no fuera tu sueño.

    (De Población activa, 1994)



jueves, 5 de enero de 2023

NATURALEZA VIVA

Escorpión gigante
Enciclopedia Naturaleza Viva

 NATURALEZA VIVA

Alguien levanta una piedra para que salga al día el escorpión.

Cuántos dobles en el rodaje de una misión imposible: ser feliz.

Indefensión. El tiempo carboniza las máscaras del héroe cuando muestran los huesos cansados, a punto de deshacerse.

Pretérito y porvenir son espejismos de plano largo.

La incertidumbre le provocó su estravismo. Cada ojo mira un sueño distinto.

El perezoso mental no desdeña el concurso del cine para fabricar utopías.

(Del libro Planos cortos. Aforismos y cine, Trea, 2021)





miércoles, 4 de enero de 2023

PILAR ARANDA. FLORES EN EL GANGES

Flores en el Ganges
Pilar Aranda
Dibujos de Susana Benet e Hilario Barrero
CUADERNO DE HUMO TREINTA Y SIETE
Brooklyin, NY, USA, 2022 


EL RÍO QUE NOS LLEVA


 
  El espacio creativo de Pilar Aranda, maestra de Primaria, y Licenciada en Derecho, mantiene en su despliegue un nítido talante humanista, ligado a las inquietudes existenciales y a la sensibilidad evocadora de la memoria. Su producción ensaya varios registros expresivos, desde la poesía, de la compilación lírica Las uvas amarillas (2016), al relato ilustrado, presente en ¿Y yo dónde canto?), y acogido en el catálogo de la Editorial Lastura, en 2019, junto al aforismo poético de Entrevelas, una publicación miscelánea que, tras el simbólico epígrafe que relaciona mar y tiempo, se edita en el cierre de 2020.
   La nueva entrega Flores en el Ganges articula una colección de sesenta aforismos, “sesenta flores que huelen a muerte y sesenta lumbres que abrasan nuestro corazón” Define un bosque de textos con la mirada de la introspección y el viaje interior. La realidad está ahí, prosaica, materialista y sensorial; pero tras su apariencia se ocultan vetas de espiritualidad y transcendencia que nos recuerdan la finitud del camino por andar y la necesidad de ubicar la libertad de acción del sujeto en un tránsito de reflexión y conocimiento, como enuncian los signos reflexivos de “Ofrenda”: “Pienso en el Ganges, en las barcas al amanecer: son como madres llevando flores y velas para orar por sus hijos. Antes de que entre el alba, en la orilla, junto al humo sobrado de la noche, los elegidos se purifican, se sumergen y hacen ofrendas. Luego, mientras pasa el amanecer, el silencio está clavado en los ojos del Ganges.”. La conciencia camina descalza, se despoja de la contingencia para acercarse, desde la contemplación y la concentración ensimismada, a ese fuego interior que marca la raíz del existir. La búsqueda del sentido vital descubre pronto que somos lumbre viva, abocados sin más a la ceniza. Somos flores marchitas mecidas por la corriente, que beben del agua del olvido. Borran que un día fueron esperanzas, sueños, emociones o afectos.
  Los estados anímicos del hablante verbal dan pie a una estela argumental muy prolífica; los pensamientos practican un agitado nomadismo. Los itinerarios al paso hablan del odio, el amor o los recuerdos, como vértices temáticos que alumbran una indagación inacabable, casi convertida en semillero del decir lacónico. Vivir es un espejo, donde el hablante verbal deposita los hilos sueltos de su ética personal: “Cuando el odio se desplaza hacia la indiferencia, se le allana el camino al olvido”, “No hay engaño, solo misterio en los suspiros de las palabras”. Las circunvoluciones del decir breve no enuncian dogmas, solo viajes pensativos de ida y vuelta que, de cuando en cuando, se contradicen o exploran rincones aparentemente en disonancia. El ahora adopta una imaginería heterogénea; lo vivido se convierte en un continuo encuentro con más preguntas, pero también en una geografía habitable para forjar de nuevo ilusiones y sueños. Las palabras asientan un territorio donde los lugares de la memoria dejan la certeza incontestable de un fluir en el tiempo que permite reconciliarse con el pasado y sumar pasos en los caminos de la razón. Así nacen excelentes aforismos que huelen a sabiduría y espera: “La auténtica humildad nace sola, sin que el humilde lo sepa”; “Exigir de más al porvenir es ofrecer ventaja al desengaño”, “La flor no escoge el jardín ni el color de sus pétalos. Tampoco el ser humano la fuente de su dolor o su alegría”, “Sueña la monotonía con levantarse en un día equivocado”.
   Río sagrado y centro de la vida espiritual del hinduismo, el Ganges es un ritual de purificación, expiación de culpas y liberación del ciclo de la vida y la muerte. Así convoca una incontinente multitud de peregrinos que preserva en su identidad colectiva la fuerza simbólica del fluir. Una pulsión que también está presente en los textos hiperbreves de Pilar Aranda. La escritora madrileña deja en la brevedad de Flores en el Ganges las sensaciones del agua. Las palabras buscan en ese caminar del tiempo un poco de permanencia, como si fuera posible despojarse de adherencias circunstanciales y oír a solas la voz del silencio. Los aforismos son flores secas, mecidas por la corriente del pensamiento, a la intemperie, mientras la soledad se hace palabra.    
 
JOSÉ LUIS MORANTE






martes, 3 de enero de 2023

AUDÍFONOS

Tertulia en el jardín


 

AUDÍFONOS 

 

   Ausente habitual en el silencio, se puso a leer la carta personal con interés creciente. “Los audífonos serán una extensión del cuerpo, una abertura para recuperar en lo diario el canto de los pájaros, el gotear de un grifo mal cerrado, o el mismo caer inadvertido de las hojas…”. La cadena de precisiones saltó por encima de su incredulidad, advirtiendo que, cerca, ocurren maravillas insólitas, como en los dormidos itinerarios de la inocencia. No se desanimó ante la compleja instalación manual en el pabellón auditivo. Todo era difícil. Por el ventanal del salón percibió una mañana de luz oblicua, sesteando en el jardín. Salió fuera. Buscó un sillón y acogió distraído un libro de poemas de José Hierro para la espera. No recordaba el canto de los mirlos. Una hora después, el reloj comenzó a prodigar algún bostezo. No sucedió nada. En el jardín, los signos de reconciliación con el sonido se mantienen al margen. Suspiró sin exigir. Nada justifica la duda o el desengaño, todavía. A veces, la esperanza no es más que un intento de fuga.

(De Cuentos diminutos)




lunes, 2 de enero de 2023

JOSÉ HIERRO. UNA DEDICATORIA PERSONAL

Dedicatorias de José Hierro
Rivas Vaciamadrid
Fotografía
de 
Adela Sánchez Santana

 

  

                                   UNA DEDICATORIA PERSONAL EN AGENDA

 

   La niebla de los años no ha borrado un encuadre visual ambientado en la madrileña feria del libro, a principios de los años noventa. Por los alrededores de las casetas, espejea la circular grisura de algún charco. Después de la lluvia, el cielo viste un impecable traje azul y una corbata de claridad. El animado ir y venir de los transeúntes se multiplica ante los mostradores abrumados de libros, repletos de portadas coloristas. Es por la tarde, pero quedan todavía dos o tres horas para el ocaso. Conocidos autores firman ejemplares de reediciones y novedades. En una de las casetas está José Hierro. Frente a él, una fila de animados lectores aguarda con paciencia una dedicatoria personal. La espera es gozo que enaltece el inminente diálogo con el escritor. Una intuición vislumbra que aquel hecho anecdótico es una reducida semilla para el recuerdo. Las dedicatorias de José Hierro no son apresuradas ni circunstanciales; la receptiva sensibilidad del poeta se afana en hacer de cada firma un asunto doméstico, cuajado de complicidad. Compro Agenda. Es una publicación cuidada, aparecida en Ediciones Prensa de la Ciudad, de portada celeste y pasta dura, según diseño de Fernando de Miguel. Pilota la colección José Antonio Gabriel y Galán. Cuando me llega el turno, hablamos unos minutos; los suficientes para aseverar que la poesía no existe de espaldas al lector y que el verso adquiere su pleno significado si se integra en el mundo intelectivo y sentimental de quien lo lee. Vuelvo al libro. Sobre la tercera página la mano del poeta se esmera en concluir una minúscula marina con aguados trazos y mínimos elementos: una cercana línea de horizonte, un mar de olas sosegadas, la oronda inmovilidad de un gran sol amarillo de bordes difuminados y tres esqueletos de barcazas, con mástiles enhiestos. Me despide el poeta con gesto afectuoso. Un instante después ya no existo para su concentración, vuelvo a la multitud; a distancia contemplo como una y otra vez José Hierro  repite actitud legando a cada uno de aquellos militantes del entusiasmo el peculiar tesoro de un trabajo plástico.
   Ya en casa, pienso que hace muchos años que la poesía de José Hierro tiene una estancia alquilada en mi memoria. La comparte con media docena de nombres de la primera promoción de posguerra; es un territorio que no han colonizado autores posteriores. Me gusta el poeta social José Hierro, el que afirma reiteradamente que el dolor es la conciencia de estar vivo, el que caligrafía el contexto histórico en el que ha nacido, el que testimonia un ámbito de miseria y no se encierra en la confortable sala de espera del esteticismo ni pone a dormitar su conciencia crítica. Así se ha ido gestando esa biografía que comienza en Madrid, el 3 de abril de 1922 pero que se vincula a Cantabria con una fuerza indeclinable porque apenas dos años más tarde, por asuntos laborales del padre, la familia se traslada a Santander.
   Cuando en una andadura se manifiesta la preferencia por una parada concreta, se corre el riesgo de que los demás nos bauticen como dogmáticos y excluyentes. En el caso de Hierro uno no puede serlo porque conozco la urdimbre que entrelaza ética y estética y sé que los versos se condimentan con la experiencia de lo cotidiano. Rastreo en el recordatorio varios momentos biográficos: al finalizar la guerra civil su apoyo a un grupo de presos y su pertenencia a una organización clandestina origina su encarcelamiento hasta 1944. Después se traslada a Valencia donde realiza trabajos editoriales y más tarde crítica de pintura. Ya en Santander, participa en la creación de la revista Proel y en 1947 publica su libro auroral Tierra sin nosotros. Desde 1952 colabora en un programa radiofónico y compagina este quehacer con la escritura de Las piedras en el viento, Quinta del 42 y Cuanto sé de mí.
   Hasta 1991 no publica Agenda. Han transcurrido veintisiete años de silencio y el poemario se espera con una inusitada expectación que el libro no desmerece en absoluto. Es una obra de madurez que ha ido goteando composiciones por antologías y revistas.
   El epígrafe agenda nos sugiere un instrumento de conocimiento, un espacio de representación que busca profundizar en la vida propia y en la ajena mediante anotaciones sistemáticas. El libro no se aleja mucho de este postulado. En algún momento tiene una configuración metaliteraria. Su temática reflexiva sobre la escritura  se prologa con una composición que equipara la labor del poeta y la del entomólogo; ambos oficios persiguen una apariencia de vida. El poeta rescata lo transitorio desde la palabra; el entomólogo da a la contemplación de la muerte la apariencia natural del latido. El argumento es la defensa de una vieja idea: el arte como sustitutivo de la vida. Hay en “Elementos para un poema” una definición clarificadora: “los cirujanos de la estilística, del formalismo, del estructuralismo, sajan, separan y analizan para demostrar lo que está claro: que el poeta es aquel que dice más de lo  que dice (significantes y significados; que las palabras cautivan antes de que captemos su sentido”.
   En el primer apartado predomina lo espacial; una y otra vez se dan cita nombres geográficos de un itinerario soñado cuya significación se nos escapa porque es un desplazamiento alógico, hacia el interior y hacia el exterior. El interior archiva el umbral del pasado, la música que hiberna en el silencio, la cárcel, el frío, el desvalimiento y el recinto natural de la infancia; un compendio de imágenes que retratan  al hombre desde dentro.
    La segunda sección de Agenda, subtitulada intermedio sombrío tiene la peculiaridad formal de la prosa poética que incrementa el signo meditativo y ensayístico de las cinco composiciones. En realidad es un único poema fragmentario a partir del cual se hace un análisis del destino del hombre que recuerda a un recurso de semejanza: la sinécdoque. La cabeza es el individuo, el individuo la especie; la subjetividad de un individuo vive en tono menor un destino colectivo marcado en la intemperie del tiempo.
    En la tercera parte, bajo el epígrafe “Nombres propios” conviven personajes que habitan en el envés del calendario, lejos del cansancio de las horas. En una ciudad atemporal conviven personajes trasmutados en símbolos: Pablo Iglesias, Joan Miró, Brahms, Verdi, Chopin y George Sand… Son los habitantes del arte, moradores censados, que han trascendido con su legado artístico y vital el concluso paréntesis de una existencia.
   En el epílogo nuevamente irrumpe la resignación y el acatamiento a las reglas del juego: la casa, arquetipo de hospitalidad, permanencia y firmeza, va firmando su inadvertida rendición ante el desengaño de la madurez, igual que un cuerpo va sumando advertencias del declive y sus arrugas certifican la ceniza y la sombra de los días.
   Agenda reitera claves sustanciales del pensamiento estético del poeta: hay onirismo y preocupación existencialista, se descubren avatares históricos que están en la raíz de la angustia de ser y se vuelve al entorno del ahora. Hay intimismo confesional y esos sustantivos que sobrevuelan coordenadas espaciales y temporales.
   Siete años después firma Cuaderno de Nueva York, el título que supone el reconocimiento universal de una obra que trasciende etiquetas. Ya se ha teorizado muchas veces sobre esos polos críticos llamados alucinación y reportaje que constituyen un binomio paradójico; esta concepción resquebrajada tiene fronteras imprecisas que a veces se confunden o se superponen en lo que Aurora de Albornoz ha denominado realidad alucinada, un término que restaura la identidad lírica de Hierro. Todo poeta es plural y en su personalidad convergen una diversidad de voces y registros. Cuaderno de Nueva York será el detonante de una serie de inacabables reconocimientos públicos y privados y una catarata de vanidades que el poeta tolera con la mirada llena de escepticismo porque sabe que cualquier viaje existencial es la crónica de un tiempo de derrotas; la vida no se hace de descubrimientos sino de pérdidas. El brillo de la mirada encierra una radical desolación.
    El destino se empeña en lo celebratorio y José Hierro es elegido miembro de la Real Academia para ocupar el sillón G. Pero su discurso de ingreso nunca se hizo público como si no quisiera despedirse, como si la última palabra tuviera siempre la posibilidad de ser pronunciada para revelar lo que no sabe. Hoy la sombra de Hierro, vitalista y tenaz, moja de nuevo la punta del rotulador en una copa de aguardiente para inventar, con la mesura de una tarde de feria, la puesta en escena de una dedicatoria personal.


JOSÉ LUIS MORANTE


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

domingo, 1 de enero de 2023

CONVIVENCIA ENTINTADA

Playa abierta
(Oropesa del Mar, Castellón, 2022)
Fotografía
de
Adela Sánchez Santana

 

 

TOLERANCIA

 

   El reconocimiento de que nunca tuve conmigo una convivencia fraternal. Solo la compañía contingente de quien se desplaza con los mismos pies, pisa bordillos entre acera y calle, o planta su soledad en playa abierta. Aprendo a no huir de mí y a cubrir a diario, con alguna solvencia, el monólogo de necesidades básicas.  En la tolerancia, no me doy tregua. Habito en el perfil de mi costado, con voluntad cumplida. Tallado por la lógica, el tiempo me convence perentorio, con un argumento funcional, capaz de disculparme : sin mí estaría más solo.

(De Cuentos diminutos)