lunes, 13 de abril de 2015

WILLIAM WORDSWORTH. POEMAS ESCOGIDOS

Poemas escogidos
William Wordsworth
Selección y traducción de José Manuel Mora Fandos
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015
 

POEMAS ESCOGIDOS 

   La iconografía romántica como movimiento literario se gestó en un dilatado paréntesis temporal que arranca en el último tercio del siglo XVIII. En él confluyen las aportaciones creativas de un reducido núcleo de precursores en el que se encuentran W. Wordsworth y S. T. Coleridge. Los dos escribieron en común Baladas líricas, una colección poemática que introdujo en los argumentos líricos los pormenores de lo cotidiano y la presencia de la subjetividad en mundos afectivos concretos; son rasgos que no tardarán en ser asumidos por el ideario romántico.
  Nacido en Inglaterra en 1770, William Wordsworth manifiesta desde la infancia un temperamento impulsivo y un carácter idealista que no tardará en sentir el seísmo histórico de la toma de la Bastilla. Por esa convulsión estimulante y progresista abandona sus estudios universitarios y marcha a Paris para vivir entre las barricadas de los bulevares el azaroso discurrir de la Revolución Francesa; pero los excesos no concuerdan con su configuración estética y alteran su confianza en el cambio social. Lleno de frustración regresa a Inglaterra donde se casa, forma una abundante familia y trabaja como sedentario funcionario hasta ser nombrado por la reina Poeta Laureado, pocos años antes de su fallecimiento en 1850.
  Es en su país natal donde escribe una extensa obra poética que aglutina composiciones muy populares como El Preludio. Otros poemas ya han sido traducidos a nuestro idioma, aunque nos parece del todo oportuna la reactualización de su legado en la selección y traducción de José Manuel Mora Fandos, poeta, doctor en Filología inglesa y paciente estudioso del legado poético de T. S. Eliot. Esta edición bilingüe de Poemas escogidos permite un recorrido al paso por la pautada evolución literaria del poeta. La muestra arranca con composiciones que tienen como protagonistas al niño y nos dejan una visión elegíaca de la infancia, una etapa de plenitud y sensibilidad despierta que tiene un aire próximo a las canciones y baladas populares de la tradición oral, con claro sentido musical y un sentido ético que enaltece algunos valores tradicionales.
   En la primera etapa de su poesía, el escritor opta por el poema breve y por formatos tradicionales, aunque después se va decantando hacia una lírica más reflexiva y descriptiva que entrelaza magisterios culturales y su propia experiencia vital. Livianas anécdotas se integran en el poema como excusas argumentales para una reflexión moral. Otro gran tema es la naturaleza como ámbito hospitalario cuyos ciclos vitales son ejemplos tenaces de plenitud y renovación.
   La muestra de José Manuel Mora Fandos concluye con  fragmentos de El preludio, el hito creador de Wordsworth. En su versión íntegra el incontinente poema sobrepasa los ocho mil versos, así que el editor, con buen criterio, recupera trazos significativos como la introducción que es un buen ejemplo del interiorismo biográfico del poema y de ese mantenido acercamiento a la naturaleza considerada como un don sagrado y enaltecido por el vuelo libre de imaginación y memoria, cuyos recorridos crean un clima de realismo suprasensorial.
    Poemas escogidos es un título clásico que celebra el despegue de una poesía que hilvana emoción y pensamiento; el poema describe la conciencia del yo como fuente de la voz poética. Palabra lírica, que deja sitio también al onirismo, la transcendencia y a una imaginación que convierte la realidad en un ámbito desvaído. William Wordsworth es un referente cultural de la tradición que, según Harold Bloom, fijó los parámetros de la poesía moderna.

domingo, 12 de abril de 2015

EN EL LIBRO DE ARENA

Lake Worth  Beach, 2015. Fotografía de Adela Sánchez Santana

EN EL LIBRO DE ARENA


Nadie fractura aquí
las voces del recuerdo.
Acuden resignadas
a que yo les conceda
senda abierta y sentido.

Inútil confianza.
Soy también espejismo
en el libro de arena
de otro sueño.

sábado, 11 de abril de 2015

BALANCE DEL SÁBADO

El Bohodón (Ävila)
BALANCE

Soy de pueblo y conservo
el carácter rural
de la vieja Vetonia.
Estudié con los curas
jerarquía y sintaxis,
asuntos de sujeto y predicado
y el cómplice rumor de la página escrita.
Crecí con Blas de Otero
y la armónica triste de Bob Dylan.
Como todos los jóvenes
exploré laberintos.
Hice la mili en Córdoba, en El Cerro Muriano,
erial vallado y nulo aprendizaje;
autoridades, gritos
y balas de fogueo.
Me enamoré muy pronto,
a ritmo de aguacero tropical.
Aparecieron grietas,
enemigos y afectos
enterrados después,
igual que yacimientos arqueológicos.
Decidido a buscar
ese lugar distinto a cualquier otro,
me extasiaron los viajes y los trenes.
El privilegio de la paternidad
me concedió dos hijas;
nunca tuve un patrimonio igual.
Durante algunos años
cobró cierta entidad mi ideología,
una red de verdades transitorias
que la experiencia
fue tergiversando.

Hoy salgo a respirar. No pido mucho:
convivir entre libros y objetos familiares,
amoldar el sosiego del jardín
-igual que hiciera Cándido-,
un drenaje que filtre
las aguas estancadas
y espiar los ocasos
con la escueta esperanza
de un porvenir que llegue
cualquier día.

   (Ninguna parte, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)

jueves, 9 de abril de 2015

FERNANDO MARÍAS. MIEDOS MUTUOS.


La isla del padre
Fernando Marías
 Seix Barral, Barcelona, 2015 

MIEDOS MUTUOS

   La vocación narrativa de Fernando Marías (Bilbao, 1958) comienza en 1991 con La luz prodigiosa, ficción llevada al cine –una de las grandes pasiones del novelista que todavía mantiene intacta- por el director Miguel Hermoso. Aquel debut inaugura un quehacer que integra Esta noche moriré, El niño de los coroneles, La mujer de alas grises, Invasor, El mundo se acaba todos los días, Todo el amor y casi toda la muerte, novelas reconocidas con importantes galardones a los que ahora se suma el Premio Biblioteca Breve logrado con La isla del padre.
  En las tramas habituales del escritor conviven como rasgos propios el dramatismo frío, la violencia explícita y el empleo de marcos urbanos sombríos por los que se mueven figurantes sin épica, con el saldo repleto de fracasos, soledad y derrotas. Aquí se gesta un evidente cambio de registro; en La isla del padre sorprende el intimismo y el tono autobiográfico. El libro es casi un soliloquio en el que la figura paterna se recupera tras la muerte para convertirse en una identidad decisiva y enternecedora, cuya visión de la existencia se refleja en los que le rodean. Mitificado en los días de infancia, el progenitor es una isla en medio del temporal de la inexistencia que permanece sólida entre las marejadas del recuerdo.
   El pulso accional tiene como detonante una sola palabra, una palabra que no se pronunció en el último instante, cuando el frío imprevisto de la muerte cortó el hilo del pensamiento. Y es el hijo escritor quien intuyó la misteriosa palabra, el que debe hilvanar la madeja de los recuerdos en una continua trasposición temporal que amplifica y depura las secuencias para construir, de paso, un minucioso autorretrato desde el niño al adulto.
   Nadie olvida la condición de testigo en esa contingencia esencial que separa la vida de la muerte; de ahí emana el sustrato sentimental que conlleva el relato, esa sensación de elegía en prosa en la que se refugian silencios interiores y los miedos mutuos. La evocación no es un azaroso coleccionismo de pormenores familiares sino la ruta por un cauce relacional de dos orillas; padre e hijo deben superar una distancia que nace en los años lejanos de la infancia y se extiende en el tiempo hasta el ahora. Una travesía hecha de silencios y sobreentendidos, de aceptaciones y secretas renuncias. El miedo mutuo alarga la distancia recelosa entre dos identidades que aprenden a conocerse, sin que sepan desde qué punto de vista se explora el interior de cada cual. La presencia del padre es intermitente por su profesión de marino mercante y el niño no acaba de aceptar el no lugar de quien solo por temporadas permanece en casa. Por eso la voz narrativa emplea esa expresión “miedos mutuos” para resumir en un único aserto todo el proceso evocativo de un modo conciso y exacto.
    La isla del padre propone un largo paseo biográfico por el mapa del tiempo. Es un homenaje formado por una eclosión de reflejos fugaces en el inconsistente espacio de la memoria, allí donde perdura a espaldas del olvido el aliento tenaz de lo que se compartió.

                                                      

martes, 7 de abril de 2015

MOTIVOS PERSONALES

Motivos personales
José Luis Morante
Aforismos, La Isla de Siltolá
Sevilla, 2015

MOTIVOS PERSONALES

No puedo imaginar nada más concentrado que el zumo de un poema, y más cuando quien lo produce es el poeta José Luis Morante, que escribió versos lúcidos y acaba resolviéndolos en máximas absolutamente atinadas, sentencias incontestables y aforismos capaces de elevar el conocimiento desde la categoría empírica de la fórmula hasta el humanismo ideológico más desarrollado.
 
LUIS FELIPE COMENDADOR

 

domingo, 5 de abril de 2015

DESPEDIDAS Y REGRESOS

Días en Florida, abril, 2015


HAIKU DEL REGRESO
                                           
                                 No dije nada. Solo un abrazo 

En tierra firme
una brisa de afecto
retrasa el vuelo.

sábado, 4 de abril de 2015

ORLANDO: DE MAFALDA A DISNEY WORLD


Disney Word, Orlando, 2015
 
ORLANDO. DE MAFALDA A W. DISNEY.

  Tras la jornada playera del jueves, marcamos Orlando como único destino para consumir un día completo en el parque temático de Disney World. No viajaremos a la ciudad porque ya conocemos su estructura urbana. Hace dos años, cuando marcamos el itinerario hacia San Agustín, primer enclave norteamericano creado por los colonizadores españoles, sumamos horas en su calle principal, junto al Museo de Historia, nos admiramos de su Biblioteca Principal y callejeamos por las líneas de cemento y cristal de la vigorosa ciudad nueva.
  Un día en el Parque Disney deja la mirada perpleja y propicia una reflexión a dos manos sobre el progreso, la desigualdad entre ricos y pobres, los eventos técnicos, la publicidad y los fuegos artificiales del iluminado bienestar. Como una tira de Quino, protagonizada por el pragmatismo futurista de Manolito y la prevención juiciosa de Mafalda, la vida, como un parque de Disney, es un hermoso espectáculo; aunque su cohetería sentimental y sus pormenores existenciales hacen demasiado ruido.