miércoles, 8 de agosto de 2012

HILARIO BARRERO. LIBRO DE FAMILIA.


Libro de familia
Hilario Barrero
Colección Abezetario, El Brocense, Cáceres, 2012

   El transcurrir poético de Hilario Barrero (Toledo, 1948) parece tener un cierto carácter discontinuo. Su carta auroral, Siete sonetos, se edita en 1976, dos años antes de su traslado a Nueva York, donde desempeñará una fértil labor docente en la universidad. Ya en 1999 publica In tempore belli y abre el tramo de madurez con las entregas Luz Ilesa, el cuaderno Agua y humo y su aportación más reciente, Libro de familia, volumen que compendia la lírica de la última década.
   Todas las composiciones de la sección inicial, “Predadores”, incluyen la palabra “luz” y comparten un similar enfoque elegíaco. No es una claridad auroral, de amanecida, sino la luz de la casa encendida en el regreso; la mirada de vuelta que hace balance de mudanzas. Quien retorna es otro y siente su cuerpo apagado y distinto. De esa condición frágil se derivan las estampas situacionales en las que también los sentimientos llevan fecha de caducidad. La imagen del protagonista verbal en la madurez contrasta con la ufanía de un muchacho apoyado en la esquina de la plenitud, todavía inconsciente de que cualquier emoción antes o después se integrará en el río del olvido.
  Resalta en este apartado el poema “Predadores”, con un cierre para la memoria del lector: “Que entre la destrucción al menos queden / tus ojos, la fecha y el nombre que te di, / que quede nuestro amor. / Nada perdurará y tú lo sabes. / Ni siquiera este amor ".
 En “Silla para la muerte” los matices del desgaste se acentúan; el ser de las cosas adquiere un epitelio de moho y abandono y el sujeto textual se convierte en observador de la carencia. La decrepitud se multiplica; está entre los fondos pictóricos de una pinacoteca, en la sombría quietud del cementerio, entre los viejos sentados a la puerta de un casino o en el ajuar gastado de un museo diocesano. Son escenarios diferenciados, pero todos cobijan los netos indicios del ser para la muerte.  
   La parte final, “Libro de familia”, ofrece un panorama desencantado y sombrío de la sociedad finisecular. La voz poética se objetiva para narrar con precisa sencillez observaciones capturadas en el quehacer existencial comunitario. De este apartado se hace materia prima el joven desconocido que conserva en su representación plástica la atemporalidad de una belleza inmarcesible, pero también lo oscuro, el dolor de los padres que en la sala de espera, tras el resultado de una operación quirúrgica. Se incorporan al devenir poético biografías ajenas en las que se cumple el ciclo de la vida, no sólo en el deterioro de la fisiología sino en el desconcierto de tantas esperanzas que el musgo de los días recubrió sin cumplimiento. Más introspectivos, los poemas de cierre de “Libro de familia” dibujan un autorretrato, hecho de referencias temporales que se convierten en lejanas secuencias, como si fuesen el patrimonio afectivo de un desconocido. Las composiciones ralentizan el tenebrismo, ese instante del encuentro con una muerte real, cercana, vencedora, capaz de borrar la existencia de la madre, o de dar cita al recuerdo de las vivencias compartidas.
   Hilario Barrero se ha ganado el aprecio de todos al verter a nuestro idioma la poesía de Jane Kenyon, Ted Kooser y Donald Hall y ha dejado muestras de otras facetas de su escritura en sus abundantes páginas autobiográficas y en su libro de relatos breves. Ahora, con Libro de familia completa retrato literario con poemas hechos de heridas sentimentales, tachaduras y rescoldos. Poesía cernudiana, de aire clásico, tanteos de una meditación evocativa que mide el paso de lo temporal.

2 comentarios:

  1. Muchas gracias! A punto de volver a NY me llevo conmigo esta mirada tuya tan penetrante e incisiva.

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    1. Gracias por tu hermoso regalo, al que no he podido corresponder todavía. Si no nos hemos visto en el sosiego de Rivas o en calor estival de Madrid, nos veremos entre las líneas verticales de Nueva York, una ciudad que siempre invita al regreso. Un abrazo fuerte.

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