miércoles, 28 de noviembre de 2012

MIGUEL ÁNGEL CONTRERAS. DESIERTO.

 Libro de precisiones
Miguel Ángel Contreras
Bartleby Editores, Madrid, 2012

El preludio que abre Libro de precisiones, de Miguel Ángel Contreras (Guadix, Granada, 1968) dibuja una situación de lugar, vivida a diario por los habituales del suburbano de la gran ciudad: el viaje constata que habitamos un vagón repleto de soledades, sin otra conexión que la cercanía física. De esa circunstancia contextual de mínimo contacto se puede hacer una lectura simbólica: el ser existencial vagando en las arenas de su propio desierto interior. De ese modo el protagonista textual deambula por un tránsito aleatorio en el que debe encontrar rutas hospitalarias, a pesar de que “El desierto se hace opaco, / como una incesante oquedad abierta, / una oquedad que se abre eterna / y se desmorona lentamente / casi de forma ingrávida”. El trascurrir propicia un paréntesis vital de conocimiento reflexivo; en esa suma de pasos aleatorios están algunas de las respuestas que esclarecen la identidad del yo, un ser semejante a una sombra de difuso contorno.
   Conocer nuestros límites enseña a buscar razones para no contaminarse por el humo de lo cotidiano, hecho de propósitos baldíos. Los estrechos logros que alientan las metas no sobrepasan la posesión material y contradicen aquel espíritu machadiano que predicaba la levedad, el caminar ligero de equipaje. Progreso y materialismo no son sino altares con falsos ídolos al sol.
   El desierto es un lugar físico, único a la aridez y a la intolerancia climática. Define nombres propios que están en las páginas de los estudios geográficos. Pero también el desierto es una sensación, una inquietud que habita en cualquier recodo del camino. El desierto es Petra y Cartago, Madrid o Barcelona, Lisboa o París; un subsuelo abierto que pone en comunicación con el tacto gélido de la soledad.
  Si los poemas iniciales comparten un clima escritural uniforme, definido por esa continua sensación de orfandad y retiro, el segundo conjunto poemático, “Variaciones en la piedra”, mantiene la indagación de la conciencia en su propio deambular. El protagonista textual se difumina, cede protagonismo al entorno. El ser ya no es el centro de gravedad de las palabras, sino la materia y el paisaje, las formas que aglutinan opciones entre el equilibrio y el caos. Ya no es la intimidad el lugar de la palabra sino el contexto, la geografía concreta, la soledad de la materia: “Vengo a la región de la materia, al espectro / visible que descubre el paisaje, / al caos y al equilibrio “.
   La impresión que domina en los breves poemas de Libro de precisiones es el esfuerzo baldío de un náufrago que lucha contra la corriente y que aflora a la superficie para llenar de aire los pulmones. Los versos que cierran el poemario dibujan un bregar esperanzado, capaz de poner un poco de calor en la piel del invierno. El futuro no es sólo una palabra: “no dejo de sentir cada mañana / que lo mejor siempre está por llegar.”

2 comentarios:

  1. Suena mucho este libro, es uno de mis pendientes.

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  2. Incansable amigo, una y otra vez tu latido cercano anima el blog. Entiendes además cuántas horas hay de lectura detrás de cada texto, cuántas letras perdidas se nos quedan en el bolsillo de lo no cumplido. Vuelvo en unos días a tus poemas. Necesito adivinar claves, justificar adjetivos, percibir el clima emocional... El lector es el yo desdoblado que perdimos en los estantes de cualquier biblioteca. Abrazos.

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