lunes, 12 de marzo de 2018

ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA. CUIDADOS INTENSIVOS

Cuidados intensivos
Arturo Gutiérrez Plaza
Ediciones Lugar Común, Lancini
Caracas, 2014


CUIDADOS INTENSIVOS

  En el inicio de Cuidados intensivos se agrupan citas de Enrique Lihn, Seamus Heaney, Wislawa Szimborska y Czeslaw Milosz, como si el aserto coloquial del título, sugeridor de motivos confesionales, se arropara en el abrazo de una tradición diversa que permite caminar entre una soledad acompañada. Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962), poeta, ensayista y profesor universitario, ha protagonizado un amplio quehacer literario. Sus propuestas líricas arrancan en los años noventa con Al margen de las hojas (Monte Ávila, 1991). Aquella entrega abría puertas a una etapa anclada en la memoria vital y en las difusas fronteras del pensamiento evocativo, pero también en el sondeo cómplice de una biblioteca cercana que aposenta compañeros atemporales. Ya en el umbral de la década retorna a la poesía con De espaldas al río (1999) y prosigue con Principios de contabilidad (2000), Pasado en limpio (2006) y la obra que ahora nos ocupa, Cuidados intensivos (2014). Son libros que permite explorar la continuidad en el tiempo de una mirada lírica sin fracturas en su discurrir y sin cambios bruscos en la consolidación de un espacio reconocido con espaldarazos como el Premio de Poesía Mariano Picón Salas, el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz y el Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana.
  Al indagar el legado de Arturo Gutiérrez Plaza se percibe en el orden cronológico un venero argumental que aglutina el desconcierto del sujeto al habilitar pactos imposibles con la realidad, la derrota de los sueños, la renuncia a la inocencia o la soledad de un protagonista que se vislumbra a sí mismo sometido a un ventisquero desapacible. Existir es erosión y pérdida.
  En Cuidados intensivos se despliega con lucidez un sondeo en los espacios interiores de la identidad que aglutina siete secciones. En la primera, “Antesala sin diván” la voz poética nunca pierde de vista el desgaste cotidiano; no hay grandeza épica sino asunción de un fracaso que requiere la terquedad de una leve ironía para huir del patetismo, con esa distancia objetiva que propicia la madurez que aprende a convivir con el roce de los recuerdos.
   Cuando el ahora se convierte en marco temporal se confirma su estar desangelado; su discurrir deja el cauce de un tiempo de pérdidas que convulsiona profundamente la dermis del hablante. Se percibe en composiciones como “Urgido en ti”, una elegía que medita sobre la oscura despedida que propicia el silencio final. Excluida la complacencia en la espera cotidiana, la melancolía deja oír su voz apaciguada en una caligrafía de recuerdos como los acogidos en los apartados “Anotaciones de invierno” y “Postales del Midwest” que se convierten en “efímeros testimonios de una vaga intimidad”, pero también en un enunciativo retrato del contexto americano que en algunos momentos recuerda a la plástica de Hooper o a los concisos poemas inquietantes de Raimond Carver.
   El conjunto poético “Obreros en la vía” añade una mirada social, hecha con los trazos asimétricos que marcan nuestro tiempo. En el escenario poliforme de México el poema “Renuncien a defender las buenas costumbres” contiene de forma casi literal las respuestas del narco Marcola, uno de los jefes de los cárteles del narcotráfico que legitima su oficio entre la miseria periférica de la urbe, la migración, el control territorial de las bandas ante la ineficacia del poder político y la ausencia completa de cualquier rastro de conciencia: “Renuncien a defender las buenas costumbres. / Estamos en el centro de lo insoluble. / Como dijo el divino Dante: “Pierdan las esperanzas, estamos en el infierno”. La emulación de la prepotencia verbal del hablante refuerza una opinión trasgresora, un enfoque que asienta el alcance de lo paródico. Otra composición, “Paseo de la Reforma” concede al hilo narrativo una ubicación concreta al mencionar la avenida más importante y emblemática de Ciudad de México, centro de celebraciones, hechos históricos, manifestaciones populares y actividades cívicas.
  La coherencia temática de ese apartado convierte a la urbe en ubicación espacial. Los poemas contienen diversos elementos plásticos y resaltan impresiones en las que domina el sentido crítico. Otra vez la ciudad se hace lugar desapacible, adquiere el sentido de sitio germinal del desamparo. Véase, por ejemplo, “Los secretos vicios de Tenochtitlán”, donde los secundarios que pueblan el poema semejan identidades acuosas. Como si reiterase el retorno de Ulises a Ítaca y su síndrome del viajero continuo, los versos acogen el impacto emocional de la extrañeza, tan bien reflejado en “El extranjero”; cada sujeto es un ciudadano común de trazos indescifrables, incapaz de adaptarse al entorno.
  En “Confesionario” se agrupan las composiciones que refrendan el amor como un pacto de solitarios. Da igual si la otra identidad es una forma imaginada en la espesura del sueño, o una piel habitable que cruza las aceras del deseo; la voz del sujeto encuentro en sí una implosión sentimental capaz de argumentar sentidos en el afán diario.
   La disposición temática del poemario convierte al tramo “Anteversus” en un apartado metaliterario que inquiere las razones del poema. Pero lo poético no se percibe desde el mirador hermenéutico de la teoría conceptual sino desde una voluntad cercana, empeñada en cobijar en el poema el paso consciente de la realidad, “esa trama de instantes indispuestos al olvido”, una red de palabras empeñadas en descifrar los misterios del yo para explicar el mundo.
  En los textos de “Abrevadero” se respira un aire aforístico. Los poemas en prosa se resuelven como mínimos islotes en los que dialogan lírica y filosofía: “La escritura no es anterior a las palabras, no obstante siempre estuvo en su interior, esperando germinar”. El poema en prosa se acerca a la máxima, busca en lo mínimo destellos en los que vibran juntos el pensamiento y la emoción: “Aprender a escuchar el silencio. No hacer silencio sin escuchar”.
  Al abordar el cierre del poemario se evidencian dos aspectos que mantienen una rigurosa coherencia con la escritura de Cuidados intensivos: unas breves notas en las que se comentan los pormenores que estuvieron en el germen de algunas composiciones y el epílogo crítico de Miguel Gómez, junto a una posdata de Arturo Gutiérrez Plaza. 
  Subjetiva y existencial, la voz lírica de Cuidados intensivos aborda un despliegue de opciones en el que se entrelazan el paso autobiográfico del sujeto y la dimensión social de la actualidad histórica. Nace así una poesía de dicción coloquial, una meditación lúcida que profundiza en los espesos enigmas de siempre: el amor, el tiempo, el lenguaje y la muerte, esas estaciones que jalonan el deambular hacia la atardecida.




        

4 comentarios:

  1. Los seguidores del blog y los lectores saben ya mi admiración por la geografía poética de Venezuela y mi dedicación a nombres esenciales de la lírica actual. Debo esa actitud a la poeta Gabriela Rosas, que me demostró que mi conocimiento parcial necesitaba nuevas puertas. también agradezco la generosidad editorial de Marlo Ovalles y David Alejandro Malavé, que han llenado mi casa de excelentes títulos... Un gran abrazo y seguimos trabajando juntos.

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  2. Muchas gracias a ti por leernos y tomarte el tiempo para reseñar títulos de nuestra geografía poética, de una forma tan variada y completa. Valiosa lectura y paisaje nos ofreces. Es maravilloso contar con compañeros que también se empeñan en compartir este gusto por nuestro trabajo. Te dejo un fuerte abrazo, agradecido. Seguimos. Juntos somos más.

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  3. Gracias José Luis por acercarnos con tus análisis la poesía de compañeros que parecen tan interesantes. Como dice el comentario anterior Juntos somos más. Abrazos amigo!!

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    1. me paso media vida leyendo, querida Luis; la otra media descanso mientras leo: Y un placer encontrar siempre una mirada receptiva y cómplice, como la tuya. Un fuerte abrazo, poeta.

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