jueves, 22 de marzo de 2018

ÁNGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA. VENTANA DE EMERGENCIAS

Ventana de emergencias
Ángel Manuel Gómez Espada
Huerga y Fierro Editores, Poesía
Madrid, 2018


SIEMPRE ES LUNES

   Codirector de la revista digital El coloquio de los perros y opositor activo para integrarse en la docencia, Ángel Manuel Gómez Espada (Murcia, 1972) se incorporó a la poesía en la amanecida del nuevo siglo con Melodías en la otra orilla. Casi tres lustros más tardes aparece Cocinar el loto, que sirve de apertura a una etapa creadora en la que se suceden plaquettes y libros como Postales en un cajón de galletas, todavía inédito, la reedición de Los hijos de Ulises y el cuaderno  Hotel Baudelaire. Son entregas en las que emana una perspectiva existencial marcada por la circunstancia histórica, que podría integrarse en el marbete crítico, siempre difuso en sus límites, “poesía de la conciencia”, o, con mucha más precisión conceptual, en los esteros del  neorrealismo social, cuyos temas básicos son la habitable frialdad de lo contemporáneo, tan necesitada de ventanas de emergencia, la objetividad de un entorno que ha perdido el asombro y marca un tiempo donde siempre es lunes y el poblado laberinto interior, repleto de sombras e incertidumbres, casi nunca contagiado por las coordenadas sentimentales.
  Ángel Manuel Gómez Espada descubre de inmediato su manera de entender el hecho literario. Así lo muestran con lapidaria objetividad los dos poemas-pórtico que sirven como destructores de tópicos. En “visita inesperada” se recupera un asunto jaleado por la historiografía ensayística: el concepto de inspiración. Frente al ideal romántico del poeta perdido en la ensoñación y en las nubes de lo trascendente, el enfoque neoclásico postulaba una escritura que hace de la razón principio cardinal para regular el vuelo creativo con itinerarios de sencillez y contención. El poeta murciano concibe el término como una noción íntima en la que habita el concepto de resistencia personal; la voluntad del sujeto es capaz de mudar las circunstancias individuales en emoción estética, en un oficio capaz de “desnudar las dudas”.
   El espacio urbano y sus mutaciones se convierte en el líquido amniótico del poema, pero no para dispersar elementos formales sino para propiciar un espacio existencial en el que se expande el oxígeno de lo personal. Es un lugar de encuentro en el que se entrelazan la umbría, los afectos, y ese espejismo esperanzado que hace del futuro semilla y certidumbre. Pero en él caben también los desahucios de tantas utopías y los daños colaterales de la crisis que convirtió a muchas identidades en náufragos incapaces de hallar la tierra prometida: Nunca busques supervivientes / entre las ruinas. / Podrías encontrar / a quien menos te lo esperes. / A ti mismo, / por poner un ejemplo”
   El profundo surco de lo cotidiano obliga a diseñar algunas estrategias de supervivencia. En ellas juegan papeles esenciales la evocación, aunque nunca idealice esos latidos del tiempo pasado, o las presencias afectivas que dejan en el hombro con hombro un lugar habitable. La amistad sabe el color del silencio. Así lo refleja el poema “Reencuentro con amigos” que aborda con acierto la necesidad de una textura sentimental que propicie anclajes en la fragmentación de una realidad absorbida por lo erosivo.
   El poemario se cierra con una serie ambientada en ese perfil laborable de la derrota personal en el que van tomando cuerpo incisiones y cortes. Son las arritmias del existir que tanto contribuyen a cegar los ventanales de la amanecida.
   Concluyo. Una cuestión esencial de la poesía contemporánea es la construcción del personaje poético. Su moldeo marca el punto del salida del poema y concede a los versos una naturaleza congruente. En el hablante verbal de Ángel Manuel Gómez Espada, más allá de las afinidades especulativas entre biografía y escritura, resalta su mirada crítica y su sentido desmitificador de la realidad. Alguien mira por la ventana, pero el porvenir no llega nunca.


  
    

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