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PAN CON MIGA
(Apuntes sobre el aforismo)
El yo plural
Cada
sujeto personifica una identidad mudable, una vida ondulante, por decirlo con
un aserto de Ramón Eder. La escritura aforística no pasa de ser la larga sombra
de una fisonomía nómada que traslada la unicidad de lo diverso. Un estar en los
extremos buscando el centro.
Con Lemuel Gulliver
Cuando
duermo, las miniaturas cognitivas de la biblioteca trasladan mis aforismos a
Liliput, esa nación insular ficticia de ubicación aleatoria. Allí, sus claves
interpretativas ganan altura.
Intimismo
El tono
confidencial habla de todos. Recrea el intimismo de un hombre concreto que
habita callejones entre luces. Su estar en primer plano difunde rasgos de otros
hombres concretos. Cada gota de agua imita formas, texturas y humedades de
otras gotas.
En la diana
La conciencia reflexiva coteja el entorno desde la síntesis. Constata
un compromiso con las palabras. Da forma una meditación fragmentada. Lo mínimo
es un dardo.
Vocación
No recuerdo
una fecha exacta, pero los primeros aforismos de mi libro Mejores días (Mérida, 2009) nacieron hacia 2005, ya como textos
autónomos para integrarse en un libro futuro. Antes escuché con frecuencia que
muchos de mis poemas tienen un cierre aforístico; así que no fue una decisión
brusca en la escritura personal sino un ejercicio de libertad y obediencia; de
confianza en lo fragmentario para desobedecer la monotonía del todo desde las
partes.
Elogio de la soledad
En la soledad llama al timbre el decir breve.
Suele presentarse con un detonante concreto: una vivencia, una lectura, un
asunto laboral… Así alcanzan una primera redacción que después modifico varias
veces. La intuición es una brújula perezosa y poco fiable, aunque siempre llena
de matices. Con algo que decir.
Sobre el hermetismo
El
enfoque de la frase corta requiere concentración, saber acotar el sentido. El
aforismo no es un topo que busca sombras en medio de la noche.
Elementos de riesgo
La
columna verbal del aforismo soporta dos elementos de riesgo: el sobrepeso y el
esqueleto invertebrado.
Tradiciones
Las
pautas arbitrarias del gusto propio se contrarrestan con la tradición. Mis
estaciones de vuelta son mapas con una cartografía urbanizada. Friedrich Nietzsche,
Elias Canetti, Wilde, o Chesterton no monopolizan mi trayecto; dejan sitio a
los moralistas franceses, a clásicos y coetáneos que acercan al afán renacido
de mis pasos el alborozo intacto de un descubrimiento. Ellos propician la voz
cómplice, el verbo inconformista o la estricta reflexión.
Una novela de ideas
Con tantas definiciones válidas, me gusta
pensar que en esas convergencias y divergencias cabe la propuesta de entender
el aforismo como una novela de ideas, una ficción cuyo narrador omnisciente es
la conciencia del sujeto que deja hablar a sus convicciones éticas y estéticas
y cuyo argumento entrelaza interioridad y exterioridad y soporta un continuo
amotinamiento de los elementos textuales. El carácter autónomo de cada texto
concede al hilo argumental un rumbo imprevisible.
Sin derroche retórico
En el centro indagatorio del
aforismo la búsqueda de la transparencia, la voluntad de orden de los cantos
rodados y la apelación a la empatía lectora sin derroches retóricos. Ascetismo
verbal.
Procesos
Extendidos en el tiempo de la
digresión, hay procesos tediosos y aburridos. El aforismo es el racimo, no la
fermentación.
La vida es sueño
Calderón
confinó en un aserto metafísico las vicisitudes del despertar: la vida es
sueño. Y el axioma prosigue senda en el devenir. Se impone así la idea de la
representación. La escritura necesita una máscara, un escenario que siembre
pasos en situaciones ideales.
El
aforismo testifica esas situaciones y es preciso elegir el disfraz del
personaje. Toca ponerse el vestido pintoresco del payaso, el velo etéreo de la
evocación o la chaqueta gris del moralista. Abro el ropero.
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