CON MANO IZQUIERDA
Mi mano izquierda se ha enfadado conmigo, parapetada tras oscuras
razones. Permanece ajena a cualquier intento de acción de mi mano derecha. Su
ociosidad de ancla, como una ruina triste, desconcierta. No puedo tomar el
pulso sosegado del trajín diario ni las ráfagas urgentes de la vida doméstica.
Su insumisión es un mal ejemplo para otras partes de mi cuerpo; sospecho que ya imitan
su actitud contemplativa y cuartean el mapa inútil de mi voluntad. Por conjura fraterna,
bajo la monotonía de la tarde, algunas comienzan a dispersarse y me dejan atrás.
Ya no soy uno.
(De Cuentos diminutos)

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