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viernes, 7 de noviembre de 2025

IDA VITALE. HOMENAJE DE CUMPLEAÑOS

IDA VITALE (Montevideo, Uruguay, 1923)
Caja de las Letras, Instituto Cervantes, Madrid

 

 VOZ PERENNE

 
Poesía reunida (1949-2015)
Ida Vitale
Edición de Aurelio Major
Tusquets Editores, Austral
Barcelona, 2022
 
  El 2 de noviembre, Ida Vitale cumplía 102 años. Y fue muy grato celebrar la efeméride con los recuerdos de su estancia en Madrid, en marzo de 2023. La poeta de Montevideo regresaba a España, pese a la delicada fragilidad, para intervenir en varios eventos en torno al claro auroral de su poesía, un balance colmado que condensa setenta años de itinerarios abiertos en la espesura del lenguaje.
  Ediciones Austral celebró el longevo caminar compilando en Poesía reunida (1949-2015) todos los libros de la autora con edición de Aurelio Major. El volumen desanda el tiempo para hacer una radiografía en el discurrir. Aloja como punto de salida Antepenúltimos, selección de las composiciones más recientes, y como estación final La luz de la memoria, amanecida de una voz que buscaba sitio propio en 1949 y que no tardaría en convertirse en nombre referencial de la Generación del 45 uruguaya. Como es sabido, los integrantes de esta promoción se caracterizan por ofrecer en la constante incertidumbre del hecho poético un trato cercano con la emoción, frente al enunciado racionalista o el oscurecimiento del campo semántico. La solidez escritural de la promoción conforma una nueva identidad colectiva uruguaya cimentada en el quehacer de protagonistas como Mario Benedetti, Idea Vilariño, Amanda Berenguer y Humberto Megget.
  Integran el volumen trece salidas en total que hablan de una voluntad creadora con reconocimientos como el Premio Nacional en Uruguay, el Alfonso Reyes, Octavio Paz y el de Literatura en Lenguas Romances en México, país donde vivió muchos años a causa del exilio desde 1974, y en España los premios Federico García Lorca, Premio Reina Sofía y Premio Cervantes. Completa el listado el Premio Max Jacob, otorgado en Francia.
   La nota de edición recuerda que, aunque queden fuera algunas composiciones escritas en la década de los cuarenta, esta obra recoge la poesía que su autora considera asentada en su redacción definitiva y final, ajena a cualquier reelaboración y cambio que, a veces, enciende el afán de perfección  Este es el legado de quien entiende la poesía como quehacer esencial que “busca sacar de su abismo ciertas palabras que puedan constituir el tejido de cicatrización tras el que todos andamos sin saberlo”.
   La muestra postula una obra abierta cuyas claves son el silencio expresivo y la variedad temática que abarca desde el intimismo transcendido y la constante incertidumbre del discurrir existencial hasta la percepción celebratoria de una naturaleza impuesta por la lentitud de lo perdurable, cuyos elementos atestiguan un patrimonio intacto de verdad y belleza. Así nace el vehemente deseo de la poeta, no exento de cierto misticismo, que afronta indeclinable su tarea: “Abrir palabra por palabra el páramo, / abrirnos y mirar hacia la significante abertura, / sufrir para labrar el sitio de la brasa, / luego extinguirla y mitigar la queja del quemado”.  
  La voz natural de Ida Vitale huye de la impostura. Se arropa en la contención y el despojamiento. Quita peso a las palabras para que encuentren una presencia leve, casi etérea pero llena de luz, en la que se establece una continua poda de recursos: “El sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas aire contenido “. En sus entregas se percibe un diálogo directo con el acervo clásico y con la escritura de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pablo Neruda y César Vallejo como magisterios más próximos. La poeta no duda en emplear formas cerradas como la décima o el soneto, cuyo uso refrenda un artesanal dominio formal, pleno de exactitud y sentido musical; hay también una inclinación prolongada hacia el mundo clásico. Roma se convierte en motivo habitual con abundantes referencias a sus huellas culturales y arqueológicas.
    Poesía reunida (1949-2015) muestra el proceso creativo de Ida Vitale y las distintas etapas de su escritura. Un representativo quehacer que actualiza claves poéticas de la tradición y conmueve el ánimo con ámbitos esenciales como la naturaleza del yo en su despliegue sentimental y en sus reflexiones sobre los conceptos centrales de la existencia: la soledad, el tiempo, el amor y la muerte. La voz de Ida Vitale es palabra generadora, hoja perenne; eco sostenido en el aire, plenitud y misterio.
 

JOSÉ LUIS MORANTE
 


 

domingo, 14 de enero de 2024

IDA VITALE. POESÍA REUNIDA

Poesía reunida (1994-2015)
Ida Vitale
Edición de Aurelio Major
Tusquets Editores, Austral
Barcelona, 2023

 

 VOZ NATURAL


 
  En marzo de 2023, casi a punto de cumplir un siglo de existencia, Ida Vitale (Montevideo, 1923) regresaba a España, pese a la delicada fragilidad, para intervenir en varios eventos en torno al claro auroral de su poesía, un balance colmado que condensa casi setenta años de itinerarios abiertos en la espesura del lenguaje.
 Austral celebra el longevo caminar compilando en Poesía reunida (1949-2015) todos los libros de la autora con edición de Aurelio Major. El volumen desanda el tiempo para hacer una radiografía en el tiempo. Aloja como punto de salida Antepenúltimos, selección de las composiciones más recientes, y como estación final La luz de la memoria, amanecida de una voz que buscaba sitio propio en 1949 y que no tardaría en convertirse en nombre referenciales de la Generación del 45 uruguaya. Como es sabido, los integrantes de esta promoción se caracterizan por ofrecer en la constante incertidumbre del hecho poético un trato cercano con la emoción, frente al enunciado racionalista o el oscurecimiento del campo semántico. La solidez escritural de la promoción conforma una nueva identidad colectiva uruguaya cimentada en el quehacer de protagonistas como Mario Benedetti, Idea Vilariño, Amanda Berenguer y Humberto Megget.
  Integran el volumen trece salidas en total que hablan de una voluntad creadora con reconocimientos como el Premio Nacional en Uruguay, el Alfonso Reyes, Octavio Paz y el de Literatura en Lenguas Romances en México, país donde vivió muchos años a causa del exilio desde 1974, y en España los premios Federico García Lorca, Premio Reina Sofía y Premio Cervantes. Completa el listado el Premio Max Jacob, otorgado en Francia.
   La nota de edición recuerda que, aunque queden fuera algunas composiciones escritas en la década de los cuarenta, esta obra recoge la poesía que su autora considera asentada en su redacción definitiva y final, ajena a cualquier reelaboración y cambio que a veces enciende el afán de perfección  Este es el legado de quien entiende la poesía como quehacer esencial que “busca sacar de su abismo ciertas palabras que puedan constituir el tejido de cicatrización tras el que todos andamos sin saberlo”.
   La muestra postula una obra abierta cuyas claves son el silencio expresivo y la variedad temática que abarca desde el intimismo transcendido y la constante incertidumbre del discurrir existencial hasta la percepción celebratoria de una naturaleza impuesta por la lentitud de lo perdurable, cuyos elementos atestiguan un patrimonio intacto de verdad y belleza. Así nace el vehemente deseo de la poeta, no exento de cierto misticismo, que afronta indeclinable su tarea: “Abrir palabra por palabra el páramo, / abrirnos y mirar hacia la significante abertura, / sufrir para labrar el sitio de la brasa, / luego extinguirla y mitigar la queja del quemado”.  
  La voz natural de Ida Vitale huye de la impostura. Se arropa en la contención y el despojamiento. Quita peso a las palabras para que encuentren una presencia leve, casi etérea pero llena de luz, en la que se establece una continua poda de recursos: “El sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas aire contenido “. En sus entregas se percibe un diálogo directo con el acervo clásico y con la escritura de Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Pablo Neruda y César Vallejo como magisterios más próximos. La poeta no duda en emplear formas cerradas como la décima o el soneto, cuyo uso refrenda un artesanal dominio formal, pleno de exactitud y sentido musical; hay también una inclinación prolongada hacia el mundo clásico. Roma se convierte en motivo habitual con abundantes referencias a sus huellas culturales y arqueológicas.
    Poesía reunida (1949-2015) muestra el proceso creativo de Ida Vitale y las distintas etapas de su escritura, un representativo quehacer que actualiza claves poéticas de la tradición y conmueve el ánimo con ámbitos esenciales como la naturaleza del yo en su despliegue sentimental y en sus reflexiones sobre los conceptos centrales de la existencia: la soledad, el tiempo, el amor y la muerte. La voz de Ida Vitale es palabra generadora, eco sostenido en el aire, plenitud y misterio.
 
JOSÉ LUIS MORANTE
 
 

sábado, 16 de febrero de 2019

JOAN MARGARIT. PARA TENER CASA HAY QUE GANAR LA GUERRA

Para tener casa hay que ganar la guerra
Joan Margarti
Traducción al castellano de
Josep M. Rodríguez
Austral, Editorial Planeta
Barcelona, 2018


EL SUEÑO DE VIVIR


   Después de tantos poemarios escritos, es innegable resaltar la vinculación que existe entre la biografía personal de Joan Margarit (Sanaüja, 1938) y el espacio ficcional de su trayecto poético. El catedrático de Cálculo de Estructuras y arquitecto es un poeta mayor, una hipotenusa esencial que une vértices y expanden magisterios entre las generaciones más jóvenes; un poeta de puentes porque su escritura bilingüe constituye un patrimonio cultural perdurable; Joan Margarit escribe en catalán, su lengua de origen, el idioma de la memoria y de las emociones; y en muchas entregas él mismo ha versionado los poemas al castellano, con el cuidado de trascender lo literal para construir un poema nuevo. Aquí es responsable de la traslación al castellano el poeta y ensayista Josep M. Rodríguez, profundo conocedor del legado lírico de Margarit; por lo que la lectura tiene un fraseo rítmico muy natural; se preserva el matiz  en el que, de cuando en cuando, llega el rumor sugerido del poema.
  El broche narrativo Para tener casa hay que ganar la guerra no es la primera inmersión en prosa del escritor; en casi todos sus conjuntos versales una nota de autor, como prólogo o epílogo, trazaba coordenadas esenciales, ese hilo argumental que nace dentro del contexto histórico que enmarca en su justo significado el poema. Los textos del autor son incisiones necesarias que invitan a una lectura más profunda del yo poético. Además Joan Margarit escribió en 2009, un año después de que obtuviera el Premio Nacional de Poesía, Nuevas cartas a un joven poeta, ensayo epistolar que toma como modelo el conocido libro de Rainer María Rilke en torno a la realidad estética de la escritura y su asunto argumental.
  La cronología vivencial del libro integra tres etapas vitales: infancia, adolescencia y primera juventud. Pero el escritor, antes de focalizar su amanecida el día 11 de mayo de 1938, en plena contienda fratricida, reconstruye la genealogía de sus progenitores. Rehace la secuencia temporal de los abuelos a partir de un dietario de su madre y de algunas fotografías. Esta pobreza de recursos concede extrema importancia al material de la memoria y a su capacidad de comprensión de por qué este legado evocador se ha mantenido ileso en el devenir. De los orígenes surgen los lugares de procedencia de los abuelos maternos, La Cala, en el Delta del Ebro, y las geografías perdurables de Sanaüja y El Vallés, sitios originarios de la abuela y el abuelo paterno.
  Se describe con una voz lejana. El poeta recuerda que la indiferencia es una estrategia de ocultamiento para disimular el rechazo de nudos sentimentales que no sabe deshacer. El testimonio objetivo es ejercicio de supervivencia, una pared que resguarda y deja la impresión de gente adusta, de supervivientes de un espacio temporal de extrema dureza que marcó el temperamento familiar. A veces se manifiesta en un pronto fuerte y violento, en una encendida alteración de ánimo y rudeza seria. Joan Margarit se pregunta si esa carencia para expresar los sentimientos afecta a su poesía. Cree que es una fuerza oscura que define la pérdida, el verdadero punto de partida de sus poemas.
   Si La Cala, en el Delta del Ebro, ahora denominada Ametlla de Mar como relevante núcleo turístico catalán, es un enclave extraño y alejado, Sanaüja, en la Segarra, es la casa del padre, el hogar que refugia desde que el niño tuviese cuatro o cinco años y en el que permanece todavía, en el mirador sosegado de la madurez, ordenando recuerdos. La evocación adquiere sólida densidad al convertirse en el relato de un diario de guerra, cuyos personajes no son desconocidos en la obra poética: tío Lluís, el padre oculto y desertor, habitando una cabaña de Sanaüja, el ruido tenebroso de los bombardeos en el cercano frente de Aragón y el nacimiento del poeta en 1938, en ese clima atroz, como si la gravedad de la situación testificara, lóbrega, que la vida iba en serio. Las circunstancias extremas constituyen un patrimonio de fuerte anclaje: la madre aguanta sola, el padre huye a Francia y retorna por San Sebastián, donde cae prisionero y es encerrado en el penal de Santoña; todo el sosiego se disgrega para afrontar una posguerra de penalidades, donde la derrota es respiración diaria.
  Los cambios de domicilio familiar -Sanaüja, Rubí, Girona, Barcelona, Tenerife…- acentúan la sensación de soledad y ensimismamiento. El yo se convierte en un espacio interior y cerrado. La comunicación con los otros muchachos es frágil, provisional, y no establece lazos de pertenencia al grupo, más allá del tiempo escolar. La realidad no cambia mucho en el inicio del bachillerato porque la ausencia de los padres es una constante, como lo es la dependencia de los abuelos, o el incremento de la autonomía personal que transforma lo diario en aprendizaje y descubrimiento; las sensaciones tejen un orden personal interno en la conciencia individual. El desarraigo acentúa la madurez.
   La mudanza familiar a Canarias adquiere una fuerte valoración en la memoria. Los recién llegados despliegan rechazo y desconfianza hacia el entorno, como si percibiesen de continuo un contraste con el lugar de origen y un sondeo incansable en la añoranza. Es un tiempo para estar de paso, que solo encuentra justificación en lo laborable; pero los personajes son permeables al ambiente y al regreso son otros, como se lee en abundantes composiciones del poeta.
  Para tener casa hay que ganar la guerra configura la evocación del yo como un intento de comprenderse a sí mismo. Los lugares por donde camina pertenecen a la memoria y están llenos de personas y elementos reales ubicados en otro tiempo. Constatan la existencia como un complejo trazado de itinerarios, con abrumadores vínculos sentimentales; con referencias íntimas como la abuela en la infancia, y Joana –la hija- en la vida adulta. De esos recuerdos emana una visión poética que busca en su enunciado narrativo un equilibrio entre amor e inteligencia, la verdad que trasmite el destino aceptado del poeta. Las palabras sin voz de quien no se planteó nunca que su vida pudiera ser otra.