La madurez vital y poética de Antonio Jiménez Millán (Granada, 1954)
aloja una sólida arquitectura interior, un cuerpo expresivo forjado en un intervalo
temporal de casi cinco décadas. Del análisis de ese bagaje lírico se ocupa el
volumen
Conciencia y memoria. La poesía
de Antonio Jiménez Millán, compendio de sondeos críticos coordinado por el
profesor universitario y editor José Jurado Morales. A él le corresponde
contextualizar la raíz lírica, al hilo de los poetas profesores que alcanzaron
su apogeo en la Edad de Plata, integrados en las etiquetas corales del 98 y del
Grupo del 27, pero que han tenido en el devenir fuerte continuidad hasta el
presente digital.
El aporte de José Jurado Morales se ubica como umbral. Propicia un
análisis minucioso de la travesía biográfica y el abordaje de la labor
investigadora, diseminada en reseñas, catálogos, monográficos y antologías.
Concluye con el muestrario completo de la obra, desde aquellos poemas tempranos
del tardofranquismo, hasta los meandros más recientes,
Biología, Historia (2018) y
Línea
de sombras (Poemas en prosa 1981-2019). Aporta además una síntesis
orientadora de los textos integrados.
Sirve de apertura la
sección “Palabra de poeta” donde el escritor se postula como atento crítico con
dos bifurcaciones: un autosondeo de claves estéticas, recogido en “Memoria y
ficción: Una poética” y una conversación con quien esto suscribe, publicada en
la revista
Prima Littera. En ambas
acotaciones afloran las coordenadas esenciales del trayecto: tendencia a
construir una poesía urbana, impulsora de una sensibilidad que aglutina
experiencia personal y modos de vida de la modernidad; búsqueda de una
identidad poética cercana y comunicativa; confluencia de una concreción
espacial y temporal en la escritura y fuerte sentido crítico en la toma de
conciencia de la realidad y en las perspectiva del presente. Con nítida
vigencia, perduran las observaciones del poeta en la entrevista “Juego de
espejos”: “La imposición de un pensamiento único y de un orden que sólo se
justifica a partir de intereses económicos convierte la escritura en una forma
de defender la libertad individual, de rescatar, en cierta medida, el lenguaje
y de establecer distancias con la ola de basura mediática que nos llega todos
los días”. La mirada y la memoria son infieles. Exigen una reconstrucción
escritural que capte la complejidad del legado vivencial y las meditaciones que
propicia. Los sentimientos van cambiando a través de la historia y es preciso
encontrar el lenguaje que defina tales mutaciones.
La sección “Miradas al conjunto” está concebida como un lugar de
encuentro. Las inflexiones sondean, casi siempre desde la proximidad afectiva,
itinerarios plurales. Juan José Téllez diserta en torno a la generación del
mayo francés y la confluencia entre el existencialismo, la teoría marxista, la
sociología del movimiento
beat y la
cultura pop, tan presentes en la utilería expresiva de los novísimos. Recorre
con pasos pautados el periplo biográfico en Granada, su activismo cultural y las
relaciones con piedras angulares como Rafael Alberti, Jaime Gil de Biedma y
coetáneos con los que compartió proyectos literarios y párrafos anecdóticos. Con
clara perspectiva literaria, Francisco Díaz de Castro explora el aserto global,
percibido como cuerpo unitario y coherente y centra su análisis en
Biología, Historia, obra de madurez que
aglutina memoria y reflexión moral. Pero también aborda la secuencia textual de
Línea de sombras y los poemas en
prosa que conceden una mayor amplitud narrativa.
La reflexión de Almudena del Olmo gira en torno a la naturaleza
dialéctica de la ontología del sujeto poético y al sustrato de proyecciones
identitarias, siempre en proceso de reconstrucción introspectiva. Esa
conciencia del yo vuelto hacia sí mismo es una constante que va forjando
máscaras. En el poema hay una clara conciencia de temporalidad y una percepción
de extrañamiento que hace de lo mudable la única certeza.
El prólogo que Luis García Montero escribió para el balance
Ciudades. Antología 1980-2015 (Renacimiento,
2016) se recupera por su profundidad de campo. Ambos escritores han compartido
décadas de poesía y amistad y el conocimiento directo permite un despliegue de complicidad,
más allá de la justificación coyuntural. Sirva de síntesis esta nítida certeza:
“La poética de Antonio Jiménez Millán define su mirada al entender su vida
lírica como el acto de verse vivir y de meditar sobre la vida. La escritura
encuentra en esa apuesta su fuerza y su coraje”.
La sección concluye con una recensión de Manuel Rico centrada en el
epitelio histórico y en el análisis de la antología
Ciudades, antes de internarse en el registro concreto de entregas
que propone el apartado “El poeta libro a libro”. Es Álvaro Salvador quien abre
el tramo recordando la irrupción de Antonio Jiménez Millán entre la floración
novísima, desde un fuerte sentir ideológico confrontado con la asepsia
culturalista. Por su parte, Andrés Soria Olmedo aborda
La mirada infiel (1987), balance de la primera década de labor
lírica, recordando el esencial magisterio del profesor Juan Carlos Rodríguez.
El ejercicio crítico de Olga Rendón Infante focaliza
Ventanas sobre el bosque (1987), epígrafe que alude al mirar
introspectivo sobre los ámbitos de proximidad que conforman los laberintos
interiores. Blas Sánchez Dueñas también elige
Ventanas sobre el bosque como espacio indagatorio para resaltar su
heterogeneidad compositiva y el tratamiento de la sentimentalidad como
manifestación de una subjetividad escindida. Muy atinado resulta el rescate de
un texto magisterial del profesor Juan Carlos Rodríguez en torno a
Casa invadida, pletórico en su
despliegue cultural. Sobre un poema de este libro “
Night Shadow (Edgar Hopper)” se ubica el punto de fuga crítico de
Luis Bagué Quílez, mientras que Felipe Benítez Reyes y Ambra Cimardi delimitan
las lindes expresivas de
Inventario del
desorden (2003). De ese libro, José Jurado Morales desgaja el poema
epilogal “Dominio de la herrumbre”, tributo a la memoria del padre, para anotar
sus pulsaciones anímicas y reflexivas y explorar su dimensión simbólica. El
poemario
Clandestinidad impulsa los
ejes discursivos de Francisco Javier Díez de Revenga, Fernando Candón Ríos y
María Payeras Grau; la salida propicia el análisis conceptual del intermedio
histórico que nutre el avance argumental y los estados de melancolía y desazón
del protagonista lírico.
Completan el estudio los trabajos de Josefa Álvarez Valadés, Antonio
Lafarque, Marina Bianchi y Luis Melero Mascareñas. Diseccionan la reflexión en
torno a la experiencia urbana que trasciende el marco escénico, el fluir
temporal y “la deriva a sepia de las fotografías”; las redes intertextuales de
Biología, Historia, y el ideario
estético que aglutina memoria y ficción como producto de un tiempo histórico,
junto al análisis de
Línea de sombras
(Poemas en prosa 1981-2019).
El recuento
Conciencia y memoria.
La poesía de Antonio Jiménez Millán es un calado intenso sobre la estela
lírica del poeta de Granada y su clara conciencia metafísica. Explora un
discurso verbal donde se dan la mano la meditación de la experiencia y el
continuo trasiego del ser social en un entorno cambiante. Las secuencias
indagatorias se yuxtaponen y complementan para perfilar el tránsito de una voz
esencial. Antonio Jiménez Millán hace de la poesía una forma de resistencia; guarda
entre las palabras epifanías y amanecidas; busca asideros fuertes a la
conciencia de ser entre las quebradas aristas de los días.
JOSÉ LUIS MORANTE