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jueves, 3 de febrero de 2022

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN. EL ÁRBOL DEL LENGUAJE

El árbol del lenguaje
Sobre la poesía de Julio Cortázar
Andrés García Cerdán
Editorial Visor
Biblioteca Filológica Hispana
Madrid, 2021


AGUJAS DE MAREAR


    Al sondear la suma literaria de Julio Cortázar es un error frecuente ubicar la poesía en un rincón inadvertido, casi oscurecido por completo por la apertura infinita de la narrativa bifurcada en relatos, novelas, ensayos y artículos. Al análisis de su dimensión real dedica Andrés García Cerdán, Doctor en Literatura por la Universidad de Murcia, profesor en la UCLM y voz esencial del mapa poético contemporáneo, el ensayo El árbol del lenguaje. Sobre la poesía de Julio Cortázar para festejar los cincuenta años de vida de Pameos y meopas, título que acoge las composiciones escritas entre 1944 y 1958. El trabajo ensayístico se suma a las exploraciones literarias anteriores, Discurso del método, método del no discurso. Sobre la poesía de Julio Cortázar (2010) y la indagación La muerte del lenguaje. Para una poética de lo desconocido (2018).
   El ensayista traza la línea argumental del volumen yuxtaponiendo reflexiones teóricas, con un pórtico poético. En la de amanecida “las oportunidades de la distracción” advierte que la sensibilidad poética es un inabarcable espacio de contradicciones que hace posible un despliegue del lenguaje introspectivo y expandido hacia las cosas. desde itinerarios proteicos, intuitivos, rupturistas con la racionalidad de una estética cerrada. Así sucede, según el ensayista, en el fluir poético de Julio Cortázar, siempre proclive al juego literario y la inmersión exploratoria en las posibilidades del lenguaje y en las coordenadas menos transitadas de la realidad.
   El árbol del lenguaje permite escalas subterráneas y aéreas. Construye un ámbito rizomático, disgregado. Desde esa perspectiva, Cortázar, según el estudioso, “atiende a las explosiones de una palabra febril, vertiginosa, matinal, palabra que no se consuma, como sucede en el uso instrumental del lenguaje, sino que permanece perpetuamente abierta hacia el interior de sí”. Por tanto, es esencial en el lenguaje el papel de apertura. Velar por la exclusión de un sistema canónico y fosilizado que erosione su dinamismo subversivo y el rol generador de otras dimensiones de lo real. Esto permite una obra poética permeable, en continua mutación que, sometida a una fuerte pulsión dialéctica, recorre una larga distancia formal entre la amanecida de Presencia hasta los frutos últimos de Salvo el crepúsculo.
   García Cerdán emplea una etiqueta crítica de Octavio Paz, la tradición de la ruptura, para integrar en ella la expresión creativa de Cortázar; su poesía repudia cualquier sumisión a cauces académicos, ideológicos o sociales para establecer un orden solar, una poética cuestionadora. Su obra está marcada por la intuición libre y por relaciones simbólicas con los estratos asimétricos de la realidad. No sería, por tanto, la creación artística un producto estético sino una inmersión en lo irracional, una búsqueda de estratos significativos, más allá de lo aparente y una red de planos de la realidad visualizada mediante el pensamiento analógico.  
   La sección “Baudelaire-Mallarmé-Rimbaud” remonta la ascendencia del inconformismo poético de Cortázar. El escritor mantiene una fuerte evolución, impulsado por su insatisfacción progresiva y su abierta fe en las posibilidades del lenguaje. Así lo manifiesta en su escritura: ”La poesía es una aventura hacia el infinito; pero sale del hombre y a él debe volver”. Su poética también se vincula a la llamada poética del delirio y al credo surrealista, como se subraya en el hermoso texto de “Teoría del túnel”.
   Toda creación sugiere una perspectiva que trasciende lo estético y define una posición, un humanismo crítico, una toma de conciencia. El ensayista recuerda que para Cortázar “la poesía es un camino de conocimiento y compromiso”, una respuesta ante la existencia y el devenir histórico que está en continua revisión.
   El ojo crítico de Andrés García Cerdán propone en El árbol del lenguaje una caracterización de la trayectoria poética de Cortázar como obra abierta, despojada de juegos retóricos y del intimismo reflexivo de la oratoria autobiográfica. Es una creación emancipada, hecha desde la voluntad de cambio y transformación. En ella se cobija la excepción como acceso a una realidad oculta, solo asequible bajo la piel porosa del lenguaje.
 
 
 JOSÉ LUIS MORANTE


 
 

sábado, 26 de diciembre de 2020

JOSÉ JURADO MORALES (ed.) CONCIENCIA Y MEMORIA. LA POESÍA DE ANTONIO JIMÉNEZ MILLÁN

Conciencia y memoria. La poesía de Antonio Jiménez Millán
José Jurado Morales (ed.)
Visor Libros  Biblioteca Filológica Hispana
Madrid, 2020
 

POETA DE FONDO


   La madurez vital y poética de Antonio Jiménez Millán (Granada, 1954) aloja una sólida arquitectura interior, un cuerpo expresivo forjado en un intervalo temporal de casi cinco décadas. Del análisis de ese bagaje lírico se ocupa el volumen Conciencia y memoria. La poesía de Antonio Jiménez Millán, compendio de sondeos críticos coordinado por el profesor universitario y editor José Jurado Morales. A él le corresponde contextualizar la raíz lírica, al hilo de los poetas profesores que alcanzaron su apogeo en la Edad de Plata, integrados en las etiquetas corales del 98 y del Grupo del 27, pero que han tenido en el devenir fuerte continuidad hasta el presente digital.
   El aporte de José Jurado Morales se ubica como umbral. Propicia un análisis minucioso de la travesía biográfica y el abordaje de la labor investigadora, diseminada en reseñas, catálogos, monográficos y antologías. Concluye con el muestrario completo de la obra, desde aquellos poemas tempranos del tardofranquismo, hasta los meandros más recientes, Biología, Historia (2018) y Línea de sombras (Poemas en prosa 1981-2019). Aporta además una síntesis orientadora de los textos integrados.
  Sirve de apertura la sección “Palabra de poeta” donde el escritor se postula como atento crítico con dos bifurcaciones: un autosondeo de claves estéticas, recogido en “Memoria y ficción: Una poética” y una conversación con quien esto suscribe, publicada en la revista Prima Littera. En ambas acotaciones afloran las coordenadas esenciales del trayecto: tendencia a construir una poesía urbana, impulsora de una sensibilidad que aglutina experiencia personal y modos de vida de la modernidad; búsqueda de una identidad poética cercana y comunicativa; confluencia de una concreción espacial y temporal en la escritura y fuerte sentido crítico en la toma de conciencia de la realidad y en las perspectiva del presente. Con nítida vigencia, perduran las observaciones del poeta en la entrevista “Juego de espejos”: “La imposición de un pensamiento único y de un orden que sólo se justifica a partir de intereses económicos convierte la escritura en una forma de defender la libertad individual, de rescatar, en cierta medida, el lenguaje y de establecer distancias con la ola de basura mediática que nos llega todos los días”. La mirada y la memoria son infieles. Exigen una reconstrucción escritural que capte la complejidad del legado vivencial y las meditaciones que propicia. Los sentimientos van cambiando a través de la historia y es preciso encontrar el lenguaje que defina tales mutaciones.
   La sección “Miradas al conjunto” está concebida como un lugar de encuentro. Las inflexiones sondean, casi siempre desde la proximidad afectiva, itinerarios plurales. Juan José Téllez diserta en torno a la generación del mayo francés y la confluencia entre el existencialismo, la teoría marxista, la sociología del movimiento beat y la cultura pop, tan presentes en la utilería expresiva de los novísimos. Recorre con pasos pautados el periplo biográfico en Granada, su activismo cultural y las relaciones con piedras angulares como Rafael Alberti, Jaime Gil de Biedma y coetáneos con los que compartió proyectos literarios y párrafos anecdóticos. Con clara perspectiva literaria, Francisco Díaz de Castro explora el aserto global, percibido como cuerpo unitario y coherente y centra su análisis en Biología, Historia, obra de madurez que aglutina memoria y reflexión moral. Pero también aborda la secuencia textual de Línea de sombras y los poemas en prosa que conceden una mayor amplitud narrativa.
  La reflexión de Almudena del Olmo gira en torno a la naturaleza dialéctica de la ontología del sujeto poético y al sustrato de proyecciones identitarias, siempre en proceso de reconstrucción introspectiva. Esa conciencia del yo vuelto hacia sí mismo es una constante que va forjando máscaras. En el poema hay una clara conciencia de temporalidad y una percepción de extrañamiento que hace de lo mudable la única certeza.
  El prólogo que Luis García Montero escribió para el balance Ciudades. Antología 1980-2015 (Renacimiento, 2016) se recupera por su profundidad de campo. Ambos escritores han compartido décadas de poesía y amistad y el conocimiento directo permite un despliegue de complicidad, más allá de la justificación coyuntural. Sirva de síntesis esta nítida certeza: “La poética de Antonio Jiménez Millán define su mirada al entender su vida lírica como el acto de verse vivir y de meditar sobre la vida. La escritura encuentra en esa apuesta su fuerza y su coraje”.
   La sección concluye con una recensión de Manuel Rico centrada en el epitelio histórico y en el análisis de la antología Ciudades, antes de internarse en el registro concreto de entregas que propone el apartado “El poeta libro a libro”. Es Álvaro Salvador quien abre el tramo recordando la irrupción de Antonio Jiménez Millán entre la floración novísima, desde un fuerte sentir ideológico confrontado con la asepsia culturalista. Por su parte, Andrés Soria Olmedo aborda La mirada infiel (1987), balance de la primera década de labor lírica, recordando el esencial magisterio del profesor Juan Carlos Rodríguez. El ejercicio crítico de Olga Rendón Infante focaliza Ventanas sobre el bosque (1987), epígrafe que alude al mirar introspectivo sobre los ámbitos de proximidad que conforman los laberintos interiores. Blas Sánchez Dueñas también elige Ventanas sobre el bosque como espacio indagatorio para resaltar su heterogeneidad compositiva y el tratamiento de la sentimentalidad como manifestación de una subjetividad escindida. Muy atinado resulta el rescate de un texto magisterial del profesor Juan Carlos Rodríguez en torno a Casa invadida, pletórico en su despliegue cultural. Sobre un poema de este libro “Night Shadow (Edgar Hopper)” se ubica el punto de fuga crítico de Luis Bagué Quílez, mientras que Felipe Benítez Reyes y Ambra Cimardi delimitan las lindes expresivas de Inventario del desorden (2003). De ese libro, José Jurado Morales desgaja el poema epilogal “Dominio de la herrumbre”, tributo a la memoria del padre, para anotar sus pulsaciones anímicas y reflexivas y explorar su dimensión simbólica. El poemario Clandestinidad impulsa los ejes discursivos de Francisco Javier Díez de Revenga, Fernando Candón Ríos y María Payeras Grau; la salida propicia el análisis conceptual del intermedio histórico que nutre el avance argumental y los estados de melancolía y desazón del protagonista lírico.
   Completan el estudio los trabajos de Josefa Álvarez Valadés, Antonio Lafarque, Marina Bianchi y Luis Melero Mascareñas. Diseccionan la reflexión en torno a la experiencia urbana que trasciende el marco escénico, el fluir temporal y “la deriva a sepia de las fotografías”; las redes intertextuales de Biología, Historia, y el ideario estético que aglutina memoria y ficción como producto de un tiempo histórico, junto al análisis de Línea de sombras (Poemas en prosa 1981-2019).  
   El recuento Conciencia y memoria. La poesía de Antonio Jiménez Millán es un calado intenso sobre la estela lírica del poeta de Granada y su clara conciencia metafísica. Explora un discurso verbal donde se dan la mano la meditación de la experiencia y el continuo trasiego del ser social en un entorno cambiante. Las secuencias indagatorias se yuxtaponen y complementan para perfilar el tránsito de una voz esencial. Antonio Jiménez Millán hace de la poesía una forma de resistencia; guarda entre las palabras epifanías y amanecidas; busca asideros fuertes a la conciencia de ser entre las quebradas aristas de los días.
 
JOSÉ LUIS MORANTE