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miércoles, 13 de abril de 2022

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. PUREZA

Pureza
Juan Ramón Jiménez
Edición de Rocío Fernández Berrocal
Editorial Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2022

 

DESNUDEZ

 

     La poblada nómina de investigadores literarios que aglutina la obra de Juan Ramón Jiménez tiene en Rocío Fernández Berrocal (Sevilla, 1974) su pilar teórico central. Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla con la tesis Juan Ramón Jiménez y Sevilla, defendida el 18 de enero de 2006 y publicada dos años después, ha ido recorriendo, con admirable solvencia y capacidad de trabajo, los entramados de un espacio creativo complejo, ambiguo en su semántica y abocado a mutaciones continuas por la incansable exigencia del escritor, siempre obsesionado con la idea de la obra perfecta. Así se han ido forjando destacadas publicaciones como  Guía del Madrid de Juan Ramón Jiménez (2007);  Escalas del regreso. Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí, 1958, Madrid: última tarde en la colina de los chopos, (2009), y Juan Ramón Jiménez y Andalucía. El sentimiento de eternidad. (2009). Son pautas, entre otras, de un proceso de análisis e indagación textual que se completa con la edición y rescate de textos inéditos.
   El volumen Pureza compila cuarenta y seis composiciones, con casi una veintena de textos no publicados. Pertenece a la etapa de la poesía pura, cuando Juan Ramón Jiménez moldea un ideario asentado en vértices conceptuales como la desnudez expresiva, el afán de verdad y la belleza; un enfoque de espiritualidad transcendida que despoja al poema de aditamentos retóricos para remansar la evocación y el viaje interior de las palabras. En el marco intimista de Moguer, la observación subjetiva propicia el continuo descubrimiento, la plenitud escueta de lo mínimo expandida en la dermis de los elementos naturales y en esos instantes vividos con la intensidad del goce.
  Redactado casi por completo en 1912, Pureza es un poemario inédito que aglutina, como se ha dicho, casi medio centenar de composiciones, diecinueve de las cuales se anticiparon en publicaciones literarias y en antologías selectas y parciales del autor. No se trata, por tanto, de una publicación contingente sino de un título cerrado, de revisión atenta y frecuente, que buscará sitio en el corpus central de Juan Ramón Jiménez para que encuentre solidez y permanencia.
  Organizado en tres tramos, marcados con asertos de sensibilidad temporal, “Amaneceres, “Desvelos” y “Tardes”, el libro muestra una compacta senda argumental que convierte a cada poema en una brizna de sol, en un afán de iluminar el proceso creativo, que Juan Ramón Jiménez define en esta breve nota de introducción: “Pureza. El puro afán de poesía pura, con la vaguedad que eso en lírica significaba para mí, me la dieron unas nubecillas rosas y doradas –borreguitos, decía mi madre- que veía las tardes encendidas en el cénit”. Se licúa en el mínimo esqueje reflexivo la mirada del poeta, ese proceso íntimo de nubosidad variable que asumen los sentidos para despertar al pensamiento.
  En la entrega cobra una singular relevancia el enclave físico. El poeta se ha retirado a Moguer en 1905 y en estos años de vida retirada escribe con fecundidad inagotable, a pesar de las recaídas de salud y los cambiantes estados de ánimo por las crisis nerviosas. Pasea, contempla, lee y mantiene un cálido contacto epistolar con Unamuno, los Machado, Azorín y otros nombres de primera línea que ya lo consideran un poeta reconocido y que animan los firmes pasos de una vocación literaria que nunca se detiene. El andaluz universal explora, construye un mundo interior que requiere el apoyo de las etiquetas críticas para definir sus rasgos. Rocío Fernández Berrocal integra Pureza en la “época sensitiva”, un momento creador caracterizado por la persistencia en un “modernismo romántico y simbolista”, en el que afloran la proyección de sentimientos en el entorno, un paisaje que remansa el tiempo y concede serenidad, equilibrio y disposición sensorial para captar la esencia de lo sencillo y cobijar en el poema sus sensaciones.
  La editora añade en el anexo final cuatro composiciones no integradas en libros, pero con una sensibilidad escritural colindante a Pureza, cuya edición, en el imprescindible catálogo de Letras Hispánicas, añade una nueva aurora al devenir poético del Premio Nobel de 1956. En su rescate emprende vuelo una incisiva estela de plenitud y transparencia. Poesía que exalta el mediodía sensitivo del paisaje y su comunión con el fluir de la conciencia. Reflexión sostenida y anhelo de conocimiento sobre el yo más puro.
 
José Luis Morante




 
 
 
 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

FRANCISCO GUTIÉRREZ CARBAJO. CANCIONES POPULARES AMOROSAS

Canciones populares amorosas
Francisco Gutiérrez Carbajo
Editorial Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2021

 

A QUIEN CONMIGO VA

 
   Catedrático de Literatura Española con una intensa dedicación docente y vértice esencial de la investigación literaria hispánica, Francisco Gutiérrez Carbajo ha desplegado en su ensayística un incansable semillero de intereses. El quehacer integra análisis sobre tradición e innovación del teatro español contemporáneo, María Zambrano y la hermenéutica del Quijote, las voces del 98 y el pensamiento regeneracionista, escritores raros y olvidados como Alejandro Sawa y, por atenuar más digresiones, la huella de César Vallejo en la lírica española de posguerra.
   En Canciones populares amorosas el estudioso se remonta al cauce alto de nuestra tradición para intuir el origen del cancionero sentimental y su pervivencia en el tiempo. El difuminado de la epifanía ha postulado distintas teorías sobre el proceso de expansión popular de las canciones a través de la mensajería oral, hábito que facilita su divulgación colectiva. Estas formas de creación poética entroncan con la música y la danza y originan distintas modalidades formales, estudiadas por una continua estela de investigadores que aglutina empeños como los de Menéndez Pidal, Dámaso Alonso, José Manuel Blecua, Emilio García Gómez o Vicente Beltrán.
  El hallazgo de las jarchas prodiga enlaces entre las canciones mozárabes, andalusíes, galaico-portuguesas y las canciones francesas; establece palpables semejanzas en el género de la poesía amatoria. Su implantación va adquiriendo en el devenir un continuo trasvase entre la poesía popular y la lírica culta, creando un acervo de esquejes argumentales y de identificación con el sentimiento de la colectividad. Además, estas manifestaciones de poesía popular serán núcleos generadores de abundantes obras del teatro clásico. De este modo, la poesía tradicional, resultado de múltiples elaboraciones,  conforma un estilo; se convierte en una aportación dinámica que propende a la refundición y alteración de su estructura originaria. Las distintas denominaciones- poesía popular, poesía folklórica  o poesía tradicional- exploran las rutas diferenciadas de un legado plural que se retroalimenta y fortalece como un organismo magmático. Así lo entienden creadores del 27, como Rafael Alberti, Luis Cernuda y Federico García Lorca y escritores contemporáneos como Luis Alberto de Cuenca o Luis García Montero que reconocen la validez artística de las canciones populares y su intacta presencia en la postmodernidad, con persistente voluntad creativa.
   El profesor Gutiérrez Carbajo dedica un apartado completo al análisis de la copla flamenca como modalidad de la canción popular, una tesis arraigada en Manuel Machado, Federico García Lorca, Luis Rosales o Luis Alberto de Cuenca. El magisterio de lo popular en el cante es resaltado también por los modernistas y Dámaso Alonso y por significativos investigadores de la lírica popular andaluza como José Manuel Caballero Bonald y Félix Grande. El mismo editor, Francisco Gutiérrez Carbajo ha completado aportaciones básicas sobre el discurrir diacrónico de la copla y su proceso de regularización formal.
   Desde su enfoque lírico, los temas  que centran el espacio esencial de las canciones populares emanan del sentimiento. El amor se construye como un principio orgánico vertebrador en sus diferentes manifestaciones anímicas: impulso, deseo, exaltación del cuerpo, sublimación de la belleza o aspiración a la unidad con el otro. Esta concepción plural del amor cristaliza en las canciones, donde se recrean sus elementos esenciales. Resulta así visible en las composiciones una exaltación gozosa del amor y una implosiva fuente de sentimientos marcada por la presencia y la ausencia, la posibilidad de unión con el ser amado y la aspereza del desamor y sus manifestaciones negativas: la melancolía,  las penas, la desesperación o la soledad, monólogos fragmentados de estados de ánimo que añaden a las canciones un tono trágico.
   La edición recoge una amplia selección de canciones populares amorosas, extraídas de diversas fuentes del cancionero, libros de música de los Siglos de Oro y recopilaciones de los siglos XIX y XX, con una notable representación de las obras de contemporáneos. Se corrobora así el esplendor de una parcela lírica que se ha preservado en el tiempo, manteniendo su tensión vital y su estilo directo, con una clara superación de contrastes entre lo singular y lo colectivo, entre lo popular y la lírica culta. La plenitud del cancionero, con su aura sentimental, vuelve a la luz del día para asumir esa sensación de paisaje abierto que genera el vuelo pasional en su largo recorrido por el tiempo, en su feliz culminación de la belleza. Al cabo, el sentir amoroso no es deriva contingente sino mutación de la esencia del ser.
 

JOSÉ LUIS MORANTE     


   

jueves, 23 de abril de 2020

JOAN MARGARIT EN EL DÍA DEL LIBRO

Arquitecturas de la memoria
Joan Margarit
Edición, selección y prólogo
de JOSÉ LUIS MORANTE
Editorial Cátedra, Colección Letras Hispánicas
Madrid, 2019 (2ª Edición)

JOAN MARGARIT EN EL DÍA DEL LIBRO


   La cercanía temporal en la concesión a Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938) de dos reconocimientos de gran repercusión cultural, el XXVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes 2019, requiere una clave preliminar que sosiegue el seísmo mediático y la polaridad de interpretaciones. Más allá del horizonte político peninsular y la fractura ideológica y social propiciada por el independentismo está la certeza, los ojos en el retrovisor del tiempo, de que en su dilatado recorrido poético nunca se ha generado hostilidad entre el catalán y el castellano. Como se refrenda en la edición crítica de Arquitecturas de la memoria (Cátedra, 2006) el arquitecto y profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona es un escritor bilingüe que crea en los dos espacios idiomáticos.
   Su obra forja pasadizos comunes entre ambas lenguas en un proceso creativo sometido a continua revisión, según queda constancia en El primer frío (Visor, 2004). La compilación recorre tres décadas, de 1975 a 1995, y contiene una severa poda selectiva. El prólogo recuerda que la voluntad de hacer poemas despierta en plena juventud en Tenerife, donde la familia se instalado en 1954, por asuntos laborales, inaugurando una etapa enriquecedora cuyas instantáneas serán rememoradas con frecuencia. Ya en Barcelona, se matricula en la Escuela Superior de Arquitectura pero el deseo de un destino literario es tan intenso que abandona las aulas para incorporarse a un trabajo editorial. Sin embargo, no se cumplen las inquietudes y vuelve a la universidad para concluir la carrera de Arquitectura, en la especialidad de Cálculo de Estructuras.
  Su formación científica arropa el planteamiento mental con que se acerca al material poemático: “Pienso que no es una coincidencia baladí que el Cálculo trate de lograr la máxima resistencia y estabilidad con el mínimo de materiales (en general acero y hormigón)  y que la poesía trate de decir el máximo con el mínimo de palabras: al igual que las matemáticas son las más exactas de las ciencias, la poesía es la más exacta de las letras”.
  El trayecto arranca en Crónica (1975), libro en castellano del que se recuperan varias composiciones reescritas y la etapa en esa lengua queda prácticamente abolida. Cinco años después, el autor regresa a la poesía utilizando el idioma vernáculo. Firma una decena de títulos y cosecha abundantes premios que lo convierten en protagonista relevante. También este segundo tramo ha sufrido un reajuste severo; del mismo se incluyen treinta y seis poemas bajo la denominación Restos de aquel naufragio. Será el poemario Luz de lluvia el que inaugure la etapa en la que el poeta reconoce plenamente la voz y en la que se integrarán Edad roja, Los motivos del lobo y Aguafuertes. El aserto “El primer frío” tiene como sustrato semántico el diálogo abierto entre camino existencial y escritura, eje orbital del ideario estético. El poema debe modelar un refugio para el protagonista verbal.
  En Llegas tarde a tu tiempo (Visor, 2010) se integra la cosecha escrita entre 1999 y 2002 que agrupa los libros Estación de Francia y Joana, un periodo donde se vislumbra una estricta concordancia entre el yo existencial y el sujeto poético: la palabra da fe de lo vivido; se utiliza el pasado como sustrato temático para que afloren los indicios de una realidad vital. El cúmulo de experiencias da paso a una meditación en la que predomina el sentimiento elegíaco y la certeza de una temporalidad ineludible que condiciona las distancias entre lo subjetivo y la otredad.
    La escritura cimenta un conjunto de obsesiones expandido mediante variables; el poema recurre a la clarividencia del matiz. En esta cercana exposición de la intimidad hay unos cuantos personajes referenciales. Cada uno cumple una función emancipadora del aporte sentimental del yo poético. Raquel – o Mariona- es la culminación de lo amoroso, el erotismo y la plenitud de una convivencia que no está libre de erosiones y envejecimientos, pero que ha proporcionado al yo un asidero, un puerto franco frente a la intemperie. Joana – la hija minusválida- es, en su fragilidad y en su condición vulnerable, el detonante de un aprendizaje que no concluye, ni siquiera con su desaparición; connota el fondo de invierno del dolor, el rostro de una belleza profunda y desconocida y la cercana presencia de la muerte. Tío Luis participó en la batalla del Ebro y tuvo un comportamiento heroico salvando a uno de sus compañeros; en la amarilla grisura de la posguerra es la figura donde lo ideal encuentra sitio, cuando el proceso de resignación y la renuncia a cualquier utopía parecen haber desvanecido la posibilidad de una causa. Tío Luis, por tanto, es la ética que se resiste a claudicar
   Con insólita fertilidad, los poemarios se suceden: Cálculo de estructuras, Casa de misericordia, No estaba lejos, no era difícil, Se pierde la señal, Amar es dónde, Misteriosamente feliz y Un asombroso invierno. Las entregas imbrican contenidos en los que la introspección se hace constante básica. Se recorren estratos indagatorios en lo vivencial, las travesías de la memoria y las sombras de espacios interiores como el vacío, la pérdida, el derrumbe y el cansancio. Además, siempre hay geografías afectivas para la música, el mar, los viajes, o la ciudad, como elementos conceptuales repletos de simbolismo.
   Desde una lucidez que objetiva la emoción, se busca en cada verso una expresión precisa, alejada del hermetismo, que se decanta por lo coloquial y propende a lo narrativo con una cuidada secuencia rítmica en la que no hay cambios bruscos. La poesía de Joan Margarit articula una identidad moldeada en el devenir que busca su razón de ser en el poema. Aquí el arte no es distinto que la vida. En cada palabra está la huella del hombre, la búsqueda de su permanencia sobre la finitud y la ceniza.


                                                           JOSÉ LUIS MORANTE

El artículo se publicó el 27 de diciembre de 2019 en
Los Diablos Azules, suplemento de Infolibre.es


  




viernes, 6 de diciembre de 2019

LUIS GARCÍA MONTERO. ROPA DE CALLE

Ropa de calle
Antología poética
(1980-2017)
Luis García Montero
Edición de  José Luis Morante
Cátedra, Letras Hispánicas
Madrid, 2018


POETA CON ROPA DE CALLE


   Existe en la perspectiva creadora de Luis García Montero (Granada, 1958) una clara propensión a hacer de la normalidad un distintivo. El sujeto del poema viste con ropa de calle; rechaza por igual la túnica del místico y la indigencia que disimula harapos detrás de un sermón de buenas intenciones. En su voluntad de desacralización rechaza la imagen del vidente, proclamada por Arthur Rimbaud,  y el mono de trabajo del realismo sucio.
   Este sosegado respirar no debe interpretarse como actitud acomodaticia sino como pertenencia a un vecindario; las palabras suenan en boca del portavoz de una ciudadanía con la que comparte rasgos cívicos. La premisa toma cuerpo en el repertorio teórico[1] y en las sucesivas artes poéticas:

                                   Ya sé que otros poetas
                                    se visten de poeta,
van a las oficinas del silencio,
administran los bancos del fulgor,
calculan con esencias
los saldos de sus fondos interiores,
son antorchas de reyes y de dioses
o son lengua de infierno.

Será que tienen alma.
Yo me conformo con tenerte a ti
y con tener conciencia.

       (“Poética”, Completamente viernes)

  El dominio lingüístico del granadino recorre distintas fases matizadas por la crítica con un amplio etiquetado: La otra sentimentalidad, la poesía de la experiencia, el realismo singular o el romántico ilustrado. La veta teórica de “la otra sentimentalidad” surge en Granada en 1983; integran el núcleo originario Álvaro Salvador, Javier Egea y Luis García Montero; los tres impulsan el manifiesto La otra sentimentalidad donde se pregona “la radical historicidad del discurso ideológico”, idea defendida en su ensayística por el profesor Juan Carlos Rodríguez. Recuperan el concepto de sentimentalidad expuesto por Antonio Machado a través del heterónimo Juan de Mairena: “Los sentimientos cambian en el curso de la historia y aun durante la vida individual del hombre. En cuanto resonancias cordiales de los valores en boga, los sentimientos varían cuando estos valores se desdoran, enmohecen y son sustituidos por otros”. Otro supuesto remite a Jaime Gil de Biedma: “el poema es  también una puesta en escena, un pequeño teatro para un solo espectador que necesita de sus propias reglas, de sus propios trucos en las representaciones”. Es decir, el arte de hacer versos es un simulacro, una mentira que deja en evidencia  a los que entienden “la poesía de la experiencia” como una página confesional.
   Deletérea en los contornos generacionales pero contundente en su definición práctica, y tendencia dominante en el cierre de siglo, “la poesía de la experiencia” fue una opción estética cuyo nombre deriva del ensayo de Robert Langbaum The Poetry of Experience, una indagación sobre el monólogo dramático en la herencia literaria moderna. Al repasar su quehacer lírico en “Dedicación a la poesía”, García Montero escribe: “La llamada poesía de la experiencia no surgió de un deseo biográfico, anecdótico, sino de la toma de conciencia de que la poesía es un género de ficción, en el que el personaje literario servía para adjetivar las meditaciones y los sentimientos particulares más íntimos, protagonizando así un proceso de conocimiento”.
  El rótulo “El realismo singular” se emplea por Luis García Montero al reflexionar sobre la individualidad y la historia, sobre la imbricación del yo cuando forma su educación sentimental en el espacio social. Para Darío Villanueva “el realismo constituye una constante básica de toda literatura, cuya primera formulación se encuentra en el principio de mímesis establecido por la Poética de Aristóteles”. La recreación de la realidad permite enfoques diferenciados, abre campo a la respuesta personal y a la perspectiva insólita que subrayan el carácter de construcción verbal; la voluntad del yo impulsa un principio activo que trasciende la mera observación. Comparto la aseveración de Jorge Riechman de que el realismo es una actitud frente a lo real y no un catálogo de procedimientos de representación; la escritura realista se define por su apertura hacia lo contingente.  
   El epígrafe “el romántico ilustrado” conexiona sentimiento y razón y los convierte en postulados complementarios. La herencia becqueriana se asocia con la lógica interior de una sensibilidad prisionera de su propio solipsismo; el individualismo se focaliza como paisaje irreductible; es Antonio Machado el primero en hablar del tú esencial, de esa otredad complementaria. Para un adecuado desarrollo moral el sujeto hace suyo el espíritu ilustrado, la melancolía de Jovellanos. El dominio de la razón plantea la pertenencia al mundo, el contrato social, la necesidad de la norma,
  También resulta válida la denominación “poesía urbana”; la ciudad funciona como un paisaje escénico del sujeto verbal, el sitio -Granada, Madrid, Nueva York- pertenece al imaginario callejero de la palabra; constituye un ámbito afectivo y relacional que hace memoria de lo cotidiano. No es la nocturna ciudad de Baudelaire, símbolo de soledad y desarraigo, ni el callejero inhóspito que Rafael Alberti cuestiona porque muda la identidad del sujeto hasta convertirlo en un hombre deshabitado. Al recorrer sus calles el yo poético advierte las dudas e incertidumbres del presente, la defensa de unas convicciones, las huellas de otros paseantes con itinerarios que marcan con sus dudas la conciencia de un tiempo. Como enuncia en el ensayo Los dueños del vacío: “La ciudad se configura como territorio de la modernidad poética porque es el lugar en el que se descubre la velocidad, la aceleración de la historia, pero en un movimiento sin sentido, que separa a la conciencia y sus verdades del trayecto determinante de los dogmas”[2]
   El epígrafe “poesía figurativa” destacan el rechazo a la vanguardia y la falsa novedad, y el empleo de un léxico coloquial y comunicativo. El fluir argumental abunda en temas reconocibles, elabora lo autobiográfico y crea de un protagonista verbal que encarna a una contrafigura del propio autor que se mueve en el espacio autónomo de la ficción.
   Las etiquetas enlazan su semántica con evidentes signos de continuidad y explican la gestación de un recorrido pautado y de una sensibilidad sin disidencias ni quiebras internas. De ahí que el protagonista del poema conserve su condición y “se considere marxista y pensativo, tiene el carácter fácil, está muy atado a la vida y cuando le preguntan por su trabajo suele responder que es profesor de literatura medieval”[3].
   Aunque hay similitudes entre el yo biográfico y el sujeto verbal existe una continua objetivación de la intimidad. El lector sabe que existe una convención principal por la que el escritor atribuye su enunciación a un sujeto imaginado. Esa es la lógica del mundo posible que erige el poema.
   Con un profundo sentido orgánico, esta voz personal se integra en una genealogía que enlaza el discurso ilustrado, el romanticismo, Antonio Machado, el espíritu vanguardista del 27, el realismo testimonial e impuro de Blas de Otero y Gabriel Celaya y la nómina casi completa de la generación mediosecular. Como ha escrito Laura Scarano “funda una palabra con vocación de novedad y conciencia de familia”. Según Luis García Montero: “las palabras están en movimiento, como la tradición y las obras de arte, según las conocidas ideas que Eliot expuso en “la tradición y el talento individual”. El escritor no sólo hereda una tradición, sino que rehace la tradición con una obra nueva, porque reordena el pasado con un cambio de perspectiva”.
    Esta tercera edición de Ropa de calle reúne una amplia muestra poética, desde el temprano Y ahora ya eres dueño del puente de Brooklyn (1980) hasta el libro A puerta cerrada (2018). En Ropa de calle se puede apreciar la fuerte trabazón entre intimidad, cultura y pensamiento y el avance al paso de una obra que hace de la poesía un ejercicio de conocimiento; la escritura propone una indagación en la identidad que quiebra los márgenes del yo ensimismado, supera la meditación del espacio privado y reafirma el nosotros porque es consciente de la crisis de valores y de la necesidad de resistir aportando su palabra al vocabulario social. Luis García Montero deja en su recorrido poético voluntad, búsqueda y poesía, el empeño por construir un porvenir habitable.


[1]  El texto “¿Por qué no sirve para nada la poesía? (Observaciones en defensa de una poesía para los seres normales)”  argumenta: “Es importante que los protagonistas del poema no sean héroes, profetas expresivos, sino personas  normales que representen la capacidad de sentir de las personas normales.”
En Luis García Montero y Antonio Muñoz Molina, ¿Por qué no es útil la literatura?,  Madrid, Hiperión,  2003.
[2] Luis García Montero, Los dueños del vacío, Barcelona, Tusquets, 2006, pág. 103.
[3] Poética en Postnovísimos, edición y antología de Luis Antonio de Villena, Visor, Madrid, 1986, págs.. 74-76.