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lunes, 18 de abril de 2011

EL PULSO HUMANO DE DIONISIO RIDRUEJO


    Entre 1945 y 1947, Dionisio Ridruejo escribió páginas autobiográficas que más tarde titularía Diario de una tregua. Antes habían aparecido en la prensa diaria. Constituyen, según el autor “un libro pasivo y especular, donde la acción humana es tan escasa y la historia pasa de largo”. Es perceptible en los textos el afán de quedar en los márgenes y el desinterés por construir un retrato al gusto social; quien habla aparece como una identidad evadida en la lejanía.
   Esa predilección por lo áspero y desnudo tiene claras analogías con el paisaje estático del páramo castellano que preserva su misterio ante los ojos de quien lo contempla. Las anotaciones se suceden con monótona uniformidad, como si tuvieran una tendencia natural a la estabilidad y al gusto laborioso por el detalle, por la aceptación azoriniana de lo sensorial.
   Así el diario se va justificando a sí mismo, como el epílogo de una juventud reconstruida que sondea en la madurez la replegada  intensidad de la memoria.
   Son los años de la autarquía y de la consolidación forzosa del nacionalsindicalismo y la dictadura franquista. El país sobrevive, medroso y encogido, pero en estas páginas no hay sitio para la crítica o el asentimiento. Sólo se vislumbra un mundo rural, machadiano. La historia colectiva habla con un eco inadvertido; gotea el devenir diario de un hombre solo, el braceo cansado de un náufrago sin islas.  

martes, 1 de marzo de 2011

ANTONIO MACHADO EN LA POSGUERRA

 El poeta rescatado.
Antonio Machado y la poesía del “grupo de Escorial”
Araceli Iravedra
Biblioteca Nueva, 2001

   La contienda cainita de 1936 dividió la península literaria en vencedores y vencidos y condenó a los últimos a un solapamiento forzoso que no cesaría hasta el arranque de la década siguiente. Lo sufrieron Federico García Lorca, Miguel Hernández y también Antonio Machado. Pero la tradición es un continuo y desde muy temprano existen tentativas de rescate que en su mejor versión corresponden  a la dispersa poesía del exilio y en el interior a la que se denominaría “estética de la rehumanización”. Meses después de la implantación del régimen franquista, existió un claro intento manipulatorio de la herencia de Antonio Machado por parte de la cultura nacionalcatólica. Lo personifican los poetas aglutinados en torno a la publicación Escorial, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Leopoldo Panero y Luis Felipe Vivanco.
   Araceli Iravedra investiga este episodio en El poeta rescatado y analiza cómo se conforma su estética al canon oficialista en el prólogo que el director de la revista, Dionisio Ridruejo, escribe para la edición auspiciada por Espasa-Calpe en 1941. Empeñada en reconstruir la actividad creadora bajo postulados falangistas la revista Escorial deviene plataforma aglutinadora; se impone la perspectiva clásica, la vuelta de Garcilaso y los poetas del Siglo de Oro, el rigor formal y una suerte de intimismo transcendido que rechaza la deshumanización del arte. En ese contexto se produce la captación de Antonio Machado a través del artículo “El poeta rescatado” que firma Ridruejo en noviembre de 1940; el sesgado retrato borra cualquier reflexión ideológica o la enmascara bajo la hojarasca de lo sentimental.
  El magisterio de A. Machado en el transcurrir de la década se consolida, junto al de otros nombres de la generación del 98, como Miguel de Unamuno. Alcanza su apogeo en el homenaje de Cuadernos Hispanoamericanos, una iniciativa de Luis Rosales que conmemora el décimo aniversario de la muerte con un número doble. Todas las colaboraciones inciden en un enfoque similar al del grupo escorialense, salvo la de Eugenio de Nora, quien reivindica al sujeto verbal machadiano como portavoz de afanes colectivos.
   La indagación aporta cómo se concreta en el proceso evolutivo de cada trayectoria la recepción de influencias y concluye que, junto a los abundantes rasgos textuales (dedicatorias, citas, niveles léxicos e intertextualidad), Machado ejerce como modelo idóneo para el desarrollo de una lírica intimista y confesional que hace patente la dimensión existencial del lenguaje; cada verso es eco de un latido. También comparten con el maestro noventayochista la querencia por el verso que mana de lo popular, con ecos del romancero y de la tradición oral y un similar repertorio temático, sobre todo referido al tratamiento del paisaje.
  En el acontecer de la autarquía se buscan raíces y el aire de familia de los predecesores. La maniobra requiere la suma de herencias desgajadas por la guerra civil; con esa voluntad se gesta el episodio de Escorial. El ensayo de Araceli Iravedra proporciona un amplio cuadro contextual de ´la anexión del grupo a un magisterio cuya voz es palabra en el tiempo, aguja de navegar para el futuro.